Les damos una cordial bienvenida en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Estamos muy contentos de recibirlos hoy aquí. Soy Teresa Ruiz Tagle, directora ejecutiva de CLG Chile, y junto con el Global Methane Hub y el Ministerio de Medio Ambiente, estamos organizando este evento. Damos inicio al seminario "Precio al Carbono, Inversión en Movimiento", instancia que aborda la implementación de instrumentos de precio y mercado de carbono en el marco del artículo 6 del Acuerdo de París y su potencial para activar inversión climática en Chile.
Antes de comenzar, quisiera dar unos pequeños avisos. Les pedimos, por favor, silenciar sus teléfonos y mantener el volumen de voz al mínimo, para que la transmisión pueda ser lo más limpia posible.
En nombre de la organización, saludamos especialmente a quienes nos acompañan hoy: al subsecretario del Ministerio de Medio Ambiente, Maximiliano Proaño; al subsecretario de Energía, Luis Felipe Ramos; a la embajadora designada de Suiza en Chile, Charlotte Bleisch; al embajador de Japón en Chile, Sone Kenko; a la superintendente del Medio Ambiente, Marie Claude Plumer; al CEO de Colbún, José Ignacio Escobar; al CEO del Global Methane Hub, Marcelo Mena; y, por supuesto, a nuestro anfitrión, el vicedecano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, señor Enrique Mansur. Agradecemos también la presencia de todos los asistentes.
Representantes del sector público, de empresas, academia y sociedad civil, estamos muy contentos de todo el quórum que hemos logrado el 29 de enero de este año, lo cual no es menor. Este seminario, como les mencionaba, es coorganizado por el Ministerio de Medio Ambiente, CLG Chile, el Global Methane Hub y, como media partner, el Diario Financiero. Para dar la bienvenida institucional y abrir oficialmente esta jornada, dejamos con ustedes al señor Enrique Mansur, vicedecano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, FEN.
Muchas gracias. Muy buenos días. Para no repetir los vocativos, saludo a los subsecretarios y al embajador, quien me mencionaba que lleva tres meses en Chile y está aprendiendo el idioma. Voy a hablar en español y tratar de hacerlo lo más claro posible. Es un honor recibirlos hoy en nuestra facultad.
Estamos muy contentos, como deben saber, ya que acaba de terminar el proceso de admisión a la universidad y la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile se alzó como la facultad que ha matriculado a más alumnos de la Universidad de Chile. Por primera vez, pasamos a ser la facultad con más nuevos alumnos en nuestras tres carreras de pregrado: Ingeniería Comercial, Información y Control de Gestión, y Contador Auditor.
Hago esta mención porque lo que estamos viendo hoy día es cómo el tema ambiental se relaciona con temas financieros y económicos. La facultad tiene una larga trayectoria de involucramiento con este tema a través de lo que ha sido el CLG, como mencionaba anteriormente su directora. El Grupo de Líderes Empresariales, así es el nombre del CLG para la Acción Climática, se formó en 2009 gracias a la gestión conjunta de la Embajada Británica, la Cámara Chilena Británica de Comercio y la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.
Cuenta con la participación de 24 destacadas empresas que representan los más diversos ámbitos productivos y de servicio del país, pero que todas tienen en común el estar profundamente comprometidas con los temas ambientales y la acción ante el cambio climático. En general, la gran fortaleza de este tipo de iniciativas ha sido su carácter convocante y participativo, en el que se busca generar espacios de diálogo e interacción fructíferos entre las empresas, los gobiernos y la academia.
El título del evento que nos convoca hoy, "Precio al Carbono: Inversión en Movimiento", es un ejemplo de ello. En particular, veremos cómo una institucionalidad robusta y reglas claras, como las establecidas en la Ley Marco del Cambio Climático y la hoja de ruta de instrumentos de precio, son capaces de transformar metas de mitigación en señales concretas de inversión, pasando de la teoría a la práctica. Hoy conoceremos cómo la implementación de parte del articulado del Acuerdo de París, a través de la cooperación con Suiza y Japón, ya está movilizando una inversión cercana a los 1.400 millones de dólares en proyectos aprobados. Esto demuestra que los mercados de carbono, con estándares de integridad y transparencia, son un motor real para el desarrollo de tecnología clave como el almacenamiento de energía, la electromovilidad y la reducción de metano.
Como facultad, nos enorgullece facilitar este diálogo que busca acelerar la transición hacia una economía baja en emisiones. Esperamos y estamos seguros de que esta jornada sirva para seguir construyendo confianzas y atraer nuevos actores a este desafío. Sean muy bienvenidos y muchas gracias.
A continuación, tendremos las palabras de apertura y contexto de política pública, avances, señal de mercado y perspectivas para impulsar la inversión climática, a cargo del señor Maximiliano Proaño, subsecretario del Ministerio del Medio Ambiente. Muchas gracias. Muy buenos días.
Saludar especialmente a las autoridades presentes, así como a nuestros socios internacionales de la Embajada de Suiza y Japón, y a representantes del sector privado, de la academia y de la sociedad civil, hoy reunidos en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Como podrán ver, no soy la ministra Maísa Rojas; mi nombre es Maximiliano Rovaño, secretario de Medio Ambiente. Ella me pidió que la reemplazara el día de hoy, ya que está acompañando al presidente en una política pública muy relevante que hemos desarrollado durante nuestro período. En esta ocasión, se está presentando la red de salarios protegidos en el contexto de la estrategia nacional del litio, lo que ha requerido su presencia.
Es fundamental que entendamos el desafío y el momento que estamos atravesando como país, así como a escala global en relación con los mercados de carbono. En primer lugar, quisiera destacar dos mensajes clave. Primero, los mercados de carbono, que se habían discutido en abstracto durante mucho tiempo, hoy son una realidad. En segundo lugar, nuestro país se encuentra muy preparado para jugar un rol de liderazgo en este ámbito, pasando de la etapa de planificación a la de implementación. Hemos generado una estructura y certezas, un marco para movilizar inversión en mitigación, y ya contamos con ejemplos concretos de que esto está sucediendo con montos significativos.
Es importante señalar que un 28% de las emisiones globales ya están bajo algún mecanismo de precio al carbono, lo que ha permitido movilizar más de 100.000 millones de dólares en inversiones para el año 2024. Este mercado internacional se está consolidando rápidamente, impulsado por decisiones internacionales recientes. El artículo 6 ha permitido avanzar de la etapa de planificación a la de implementación, y como país asumimos un desafío importante en esta dimensión.
Para nosotros, esto significa pasar de las reglas propiamente tal a la implementación, con un enfoque en la integridad, la trazabilidad y la prevención de la doble contabilidad. Es crucial entender que estos aspectos son lo que marcan la diferencia. Actualmente, existe una alta demanda por certificados de carbono de alta calidad, y creemos que como país podemos desempeñar un papel relevante en este contexto. La integridad ambiental y social, la trazabilidad y el resguardo contra la doble contabilidad son requisitos intransables.
Para los inversionistas, esta es una señal clara: quienes ingresen temprano y aprendan a estructurar portafolios robustos capturarán la ganancia potencial cuando este mercado escale significativamente hacia el año 2030. La progresividad normativa para mitigar emisiones en los países también avanza, lo que implica adelantarse a las normativas para aquellos que hoy dan el paso adelante.
Para canalizar este interés, en la pasada COP30 presentamos nuestra hoja de ruta de instrumentos de precios y mercados de carbono. El objetivo es articular el mercado para que el capital ingrese más rápido y con mayor confianza al país. Además, contamos con un marco aún mayor, la Ley Marco de Cambio Climático, que ha jugado un rol fundamental en esta etapa.
Planificación y los planes sectoriales de mitigación, los planes regionales, comunales, nuestra NDC, nuestra estrategia climática a largo plazo y toda la normativa asociada, reforma tributaria, el impuesto verde. Como mencionaba, todo este marco requería señales claras en cómo implementarlo, y por eso esta hoja de ruta de instrumentos de precio y mercado del carbono juega un rol tan importante. La hoja de ruta se sostiene en tres pilares: un marco regulatorio habilitante que resguarda la NDC y da certeza, la articulación de instrumentos nacionales e internacionales, y el fomento de la participación del sector privado.
Nuestra base es sólida gracias a la Ley Marco de Cambio Climático, que habilita instrumentos como las normas de emisión y el sistema de compensación y certificación voluntaria HuellaChile. Esta hoja de ruta proyecta metas ambiciosas hacia el año 2035, con una mitigación promedio de 10 millones de toneladas de CO2 equivalente por año, lo que podría apalancar inversiones por 10 mil millones de dólares. Hoy ya vemos los primeros frutos; esta articulación ha permitido la inversión acelerada de 1.400 millones de dólares. Para poner esto en perspectiva, en el año 2023 proyectábamos solo 100 millones de dólares en el acuerdo inicial con Suiza, y hoy son 1.000 millones. Este crecimiento exponencial demuestra que los marcos regulatorios claros y una gobernanza transparente son los motores que realmente movilizan el capital climático.
En cuanto a los avances concretos, los instrumentos que hemos desarrollado para movilizar inversiones en mitigación de emisiones han tenido resultados tangibles. Gracias al reglamento nacional del artículo 6, publicado en diciembre del año 2025, hemos consolidado un portafolio robusto. A la fecha, contamos con más de 30 consideraciones previas, 22 solicitudes ingresadas, 17 al alero del acuerdo con Japón y 5 del acuerdo con Suiza, además de un proyecto autorizado y cuatro nuevos proyectos aprobados. Estamos orgullosos de ser el primer país de Latinoamérica y el Caribe en autorizar una actividad bilateral bajo el artículo 6. Este se refiere al proyecto de recambio de calderas de la planta IANSA en la región de Ñuble, que reemplaza carbón por biomasa y mitigará más de 454.000 toneladas de CO2 al año 2030.
Además, el Comité Nacional del artículo 6 ya se encuentra constituido y ha informado recientemente la aprobación de actividades de mitigación y proyectos. Uno de ellos, en almacenamiento, destaca el proyecto de Colbún y SIP, con un sistema de baterías de gran escala en las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama. Este proyecto, adyacente al parque solar Diego de Almagro Sur, mitigará casi 600.000 toneladas al desplazar generación fósil en horas punta.
En electromovilidad, el programa Ceroca habilitará la inversión para 800 camiones, 1.000 vans y 5.000 motocicletas eléctricas, además de 700 buses urbanos e interurbanos de alcance nacional. Un eje vital también es la reducción de metano. El proyecto de KDM en el relleno sanitario Loma Los Colorados capturará biogás para generar energía, mitigando más de 660.000 toneladas de CO2 equivalente. Esto es clave, ya que el metano es un contaminante que impacta la temperatura, especialmente en el corto plazo. Esta magnitud de inversión es comparable a la mitad de todos los proyectos de energía que entraron en operación en Chile durante el año 2025.
Mirando hacia el futuro, el siguiente salto es alcanzar mayor escala y diversificación. Queremos consolidar acuerdos que abran puertas a una demanda internacional confiable y constante. El llamado a los desarrolladores e inversionistas es a utilizar nuestras listas de actividades priorizadas y contraindicadas presentes en la hoja de ruta como guía para generar portafolios sólidos. No queremos dejar a nadie atrás, por lo que estamos impulsando con fuerza los programas de actividades. Estos permiten agrupar múltiples proyectos pequeños bajo un mismo paraguas, reduciendo costos de diseño y facilitando su implementación.
Las iniciativas más atractivas para el financiamiento institucional representan una oportunidad que va más allá de la reducción de emisiones; se trata de una herramienta para el desarrollo económico, la creación de empleos y la modernización de nuestra infraestructura. Chile ha demostrado que, con un trabajo serio, técnico y confiable, donde la política climática se trata como una política de Estado, podemos seguir trabajando juntos para que esta inversión climática permanezca en Chile y genere beneficios para todas y todos.
Muchas gracias, subsecretario Proaño. A continuación, quisiera darle la palabra a la embajadora designada de Suiza en Chile, señora Charlotte Bleisch, quien nos presentará acerca de la cooperación internacional Suiza-Chile.
Estimado señor subsecretario del Medio Ambiente, Maximiliano Proaño Ugalde. Estimado señor subsecretario de Energía, Luis Felipe Ramos. Embajador Sone Konke, estimadas autoridades, distinguidos representantes de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, estimados participantes. Es un gran honor para mí dirigirme a ustedes en este encuentro dedicado a un tema tan central para el futuro climático y económico de nuestros países. Nos reunimos en un momento de clara urgencia climática, pero también de oportunidades concretas.
El artículo 6.2 del Acuerdo de París se ha consolidado como una herramienta clave para traducir la ambición climática en acciones reales, medibles y verificables; acciones que no solo reducen emisiones, sino que también movilizan inversiones y generan desarrollo. Hoy reconocemos y celebramos algunos de los avances alcanzados a nivel bilateral. Que podamos mostrar avances tangibles en su implementación es especialmente significativo. Esto demuestra que Chile y Suiza han sabido construir una alianza estratégica basada en la confianza, la transparencia y el respeto mutuo, una cooperación que va más allá de los compromisos formales y que se traduce en resultados concretos.
Quisiera destacar de manera muy especial el liderazgo del Ministerio del Medio Ambiente de Chile y el compromiso sostenido de sus equipos técnicos, así como de los otros ministerios que han formado parte de la Task Force. La calidad del diálogo y la solidez institucional han sido determinantes para generar condiciones de confianza y credibilidad. Para Suiza, esta cooperación tiene una dimensión estratégica de largo plazo. Hasta la fecha, hemos suscrito acuerdos bilaterales que activan el artículo 6.2 con catorce países, y la implementación con Chile está, por cierto, entre las más avanzadas y con mayor potencial.
Nuestro país reafirma su voluntad de continuar profundizando la colaboración tanto a nivel político como técnico. Por la fortaleza de sus instituciones, su economía estable y sus ambiciones climáticas, Chile es para nosotros un socio prioritario en la política climática exterior y un aliado clave para fortalecer el régimen climático internacional. Esta ambición política compartida se apoya en una arquitectura institucional clara y bien coordinada en Suiza. La cooperación entre la Oficina Federal de Medio Ambiente, el Departamento Federal de Asuntos Exteriores y la Fundación CLIC permite integrar competencias normativas, técnicas y de política exterior.
El Federal de Asuntos Exteriores aporta su experiencia diplomática y en relaciones bilaterales. La Fundación CLIC, por su parte, tiene el mandato de desarrollar e implementar proyectos de mitigación, transformando los acuerdos en acciones concretas sobre el terreno. Sobre esta base institucional robusta, en 2025 se alcanzó un hito histórico para la región cuando Chile se convirtió en el primer país de América Latina en autorizar la ejecución de un proyecto bajo el artículo 6.2 del Acuerdo de París en cooperación con Suiza. Suiza considera el artículo 6.2 del Acuerdo de París una herramienta eficaz para canalizar inversión climática hacia proyectos concretos, con reglas claras, alta integridad ambiental y resultados verificables.
La cooperación con Chile se traduce hoy en resultados tangibles: cinco proyectos en curso que en conjunto representan una inversión superior a 950 millones de dólares y más de 3 millones de resultados de mitigación transferidos internacionalmente. Estas cifras muestran el inicio de una cooperación a largo plazo, ya que existen más proyectos que esperan su implementación hasta 2030. Lo anterior demuestra que el artículo 6 no es solo un mecanismo normativo, sino una herramienta eficaz para movilizar inversiones, generar reducciones de emisiones reales y contribuir de manera concreta a los objetivos climáticos. En otras palabras, estos proyectos no solo ayudan al clima y a reducir la polución, sino que también atraen grandes inversiones económicas a Chile.
Un elemento central de este compromiso es la calidad de los proyectos, la sólida institucionalidad chilena, junto con procesos claros de autorización, monitoreo y verificación, que resguardan el cumplimiento de la integridad ambiental y de los derechos humanos. Esto permite asegurar que los resultados de mitigación transferidos internacionalmente generados correspondan a reducciones de emisiones reales, medibles y de alta calidad. Este enfoque combina acción climática concreta, certeza regulatoria y confianza para los actores involucrados, alineados con los objetivos del Acuerdo de París.
Desde una perspectiva climática global, los avances alcanzados por Chile y Suiza envían una señal muy clara a la comunidad internacional. Demuestran que el artículo 6.2 puede implementarse de manera rigurosa, transparente y plenamente coherente con los objetivos del Acuerdo de París, contribuyendo efectivamente a la reducción de emisiones y evitando la doble contabilidad. Agradezco sinceramente a la Facultad de Economía y de Negocios de la Universidad de Chile por acoger este encuentro. El aporte de la academia es esencial para acompañar la toma de decisiones, fortalecer capacidades y asegurar que estos mecanismos cuenten con legitimidad y respaldo técnico.
Suiza reafirma su compromiso de seguir trabajando estrechamente con Chile para profundizar esta cooperación, ampliar su impacto y demostrar que cuando el precio al carbono se diseña con rigor, responsabilidad y confianza, la inversión se pone en movimiento en beneficio del clima, del desarrollo sostenible y de las futuras generaciones. Muchas gracias. A continuación, le damos la palabra al embajador de Japón en Chile, Sone Kinko. Muy bienvenido, por favor.
Buenos días. Soy Sone Kenko, Embajador de Japón en Chile. Lamento hablar muy poco español, así que hablaré en inglés.
Es un gran placer y honor unirme aquí hoy para este importante evento. Quisiera extender mi sincera apreciación al Ministerio de Medio Ambiente de Chile y a todos aquellos que han contribuido tanto para hacer posible este encuentro.
En primer lugar, deseo expresar nuestras más profundas condolencias a los afectados por los incendios forestales en las regiones de Biobío y La Araucanía, y enviar nuestros mejores deseos para una pronta recuperación de las áreas dañadas.
El evento de hoy aborda un tema de significativa importancia: el progreso en la implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París y la movilización de inversiones privadas a través de los mercados de carbono. Para Japón, esta es una valiosa oportunidad de participar en esta discusión.
Como ustedes saben, el 16 de enero, junto al Ministro de Relaciones Exteriores, el Sr. Alberto Van Klaveren, firmamos el Memorando de Cooperación sobre el Mecanismo de Crédito Conjunto (JCM) entre Chile y Japón. Este acuerdo actualiza el marco que se ha implementado desde 2015. No se trata solo de una simple actualización; lo consideramos un nuevo paso hacia el logro de nuestros objetivos comunes, construidos sobre la confianza mutua desarrollada a lo largo de décadas.
Actualmente, hay diecisiete proyectos relacionados con el JCM en marcha entre Chile y Japón. Esto demuestra claramente que Chile es un socio estratégico dentro del marco global del JCM japonés.
El JCM es un modelo pionero para la cooperación internacional en los mecanismos de mercado bajo el Artículo 6 del Acuerdo de París. Incorpora elementos clave como la integridad ambiental, la transparencia y la responsabilidad. Japón y sus países socios en el JCM han contribuido a establecer y mejorar enfoques y reglas internacionales apropiadas para la implementación del Artículo 6, mediante la discusión conjunta de las normas, la verificación a través de proyectos concretos y el intercambio de resultados con la comunidad internacional.
La cooperación Japón-Chile en el JCM también está ganando reconocimiento internacional como un marco que logra simultáneamente reducciones concretas de emisiones y atracción de inversiones.
Entendemos que la Hoja de Ruta del IPMC, anunciada por Chile en la COP30 en noviembre del año pasado, sistematizará un enfoque práctico e integrado para vincular los mercados de carbono nacionales e internacionales con la realización de sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs). Al integrar instrumentos nacionales con mecanismos internacionales y reducir las incertidumbres relacionadas con la contabilidad, elegibilidad y trazabilidad, se envía una señal clara al mercado para atraer inversiones privadas.
Esta visión se alinea plenamente con los principios que el JCM ha promovido consistentemente. Los sectores prioritarios en la hoja de ruta del IPMC representan áreas donde las capacidades tecnológicas de Japón pueden contribuir significativamente.
Las fuentes renovables y el entorno de mercado pueden generar sinergias significativas. Este año, Japón comenzará la implementación completa de su Sistema de Comercio de Emisiones de Transformación Verde (GX ETS). A través de este mecanismo, esperamos utilizar créditos del JCM como créditos de compensación. Confiamos en que esto alentará a más empresas japonesas con tecnologías innovadoras a participar en proyectos del JCM. Considerando los avances realizados por ambos países, esperamos que la cooperación entre Chile y Japón bajo el JCM se expanda hacia una gama más amplia de sectores, más allá de los proyectos solares actualmente en curso.
Antes de trabajar aquí en Los Ángeles, fui cónsul general promoviendo la tecnología de hidrógeno de Japón. En este momento, Chile es el único país socio en América del Sur que implementa el JCM con Japón. Creemos que esta cooperación no solo puede traer beneficios bilaterales, sino también convertirse en un modelo para la descarbonización y la cooperación internacional en toda la región. A medida que el mercado madura y la predictibilidad aumenta bajo la hoja de ruta del IPMC en Chile, esperamos que más entidades del sector privado, incluidas las empresas japonesas, puedan invertir con mayor confianza. Ningún país por sí solo puede lograr la descarbonización; se requiere cooperación internacional con acciones concretas, así como una movilización efectiva de fondos privados.
El memorando de cooperación del JCM recientemente firmado entre Chile y Japón refuerza esta base práctica. Japón reconoce a Chile como uno de sus socios más importantes en materia de descarbonización y desea profundizar aún más nuestra cooperación, no solo en inversión, sino también a nivel institucional y tecnológico. Espero que este evento sirva como un punto de partida para la siguiente etapa de nuevos proyectos y nuevas inversiones.
Muchas gracias. A continuación, le damos la palabra a José Ignacio Escobar, CEO de Colbún, quien nos presentará acerca de la inversión y almacenamiento energético. Muchas gracias.
(Aplausos)
Gracias. Buenos días a todas y a todos. Me sumo a los vocativos. Voy a hablar en español, pero despacio para que puedan entender. Lo primero, antes de contarles sobre Diego Almagro, queremos agradecer desde Colbún. La verdad es que para nosotros ha sido un proyecto y una experiencia nueva. Agradecemos a todo el equipo que está aquí, especialmente a Evelyn, quien lideró el equipo. Ha sido un lujo trabajar con el gobierno suizo, a quienes agradecemos profundamente por ser ahora nuestros clientes. También al gobierno japonés, que siempre ha apoyado este tipo de proyectos, así como al Ministerio de Energía, al Ministerio del Medio Ambiente, SOFOFA, CLIC, Sherpas y a don Marcelo, a través del Global Methane Hub, que siempre nos ha apoyado.
Es un privilegio poder mostrar que desde Chile hay proyectos que son observados por el mundo para llevar a cabo este tipo de procesos tan importantes. ¿Y por qué son tan importantes? Porque llevo casi 25 años en este mercado y recuerdo conversaciones que tuve con don Arturo entre 2005 y 2007, en Laguna Verde, o con Marcelo, en viajes a Canadá, con Carol Meneta, con Nicola y con Marina. Siempre discutíamos cómo podíamos desde Chile incentivar la transición energética y la inversión en energías renovables, mirando la experiencia de Europa, que hace 20 o 25 años estaba comenzando, o lo que estaba haciendo Estados Unidos. En todos esos mercados, generalmente había procesos regulados, como los feed-in tariffs o los PTC en Estados Unidos, así como subsidios.
Que claro, esos países lo podían hacer. Tenían los recursos para poder introducir subsidios, muy necesarios, por cierto, para hacer desarrollos tecnológicos incipientes y avanzar en ciencia. Sin embargo, desde Chile nosotros queríamos buscar la forma de hacerlo con mecanismos de mercado, que fueran el mercado, los clientes y la sociedad quienes generaran, de alguna forma, la inversión en tecnologías eficientes y renovables, descarbonizando así nuestra matriz energética.
Y bueno, veinte años después, estamos aquí celebrando la concreción de estos proyectos. La verdad es que creo que Chile ha sido bastante pionero en este ámbito. Nos alegra mucho ser parte de los primeros proyectos en Chile, junto a Suiza, pero también lo que está haciendo Japón, profundizando en nuevos mecanismos donde existe un sentido para todas las contrapartes involucradas.
Le voy a robar palabras que estaba escribiendo Marcelo en su notebook, que no es casualidad que esto se haga en Chile. Efectivamente, tiene todo el sentido que esto ocurra aquí, porque hemos logrado, con mucho esfuerzo y con muchos errores y desafíos, que las cosas sucedan, ya que realmente a todas las partes les hace sentido. Los proyectos renovables son coherentes para los clientes, para la sociedad, para el medio ambiente y para la autoridad.
Es fundamental rescatar este aspecto. Cuando alguna de las partes no encuentra sentido en las cosas y se siente forzada, estas no caminan. Lo podemos ver en nuestra vida cotidiana. ¿Estamos todos en esta sala completamente comprometidos con el cambio climático, con el medio ambiente, con la transición y con la descarbonización? Ciertamente, somos la punta de lanza en el mundo en este sentido.
Sin embargo, ¿cuántos de los que estamos aquí tenemos autos eléctricos o híbridos enchufables? ¿Por qué no tenemos todos vehículos de bajas emisiones? Porque no nos hace sentido, ¿cierto? O no nos cuadran los costos, o no nos cuadra la forma de financiarlo. Cuando realmente les haga sentido, evidentemente se cambiarán a un vehículo eléctrico. Esto aplica a las empresas, a los clientes, a los países y al planeta.
La transición energética y la descarbonización deben hacer sentido: sentido económico, sentido medioambiental y sentido social. Este mecanismo nos hizo sentido a nosotros, y le hizo sentido a Suiza que está comprando los bonos. Nos hace sentido a nosotros que podemos acelerar nuestras inversiones en baterías, y le hace sentido a los entornos sociales y ambientales donde estos proyectos se desarrollan. No debemos perder ese norte.
Cuando se hacen las cosas a la fuerza, sin sentido, los resultados tienden a ser complejos. Miremos lo que nos pasó en la industria con la estabilización tarifaria. Se decidió, arbitrariamente, congelar la tarifa eléctrica durante cinco años, lo que ha resultado en un descalabro que nos ha tenido rompiéndonos la cabeza para resolverlo. Se decidió dar un subsidio, y no tengo nada en contra de eso en particular, pero a un cierto tipo de tecnología solar de pequeña escala, lo que ha generado una tremenda distorsión de mercado.
Siempre tratemos de buscar, desde el mundo académico, las autoridades y las empresas, mecanismos que fomenten la innovación y el emprendimiento, que permitan que las cosas surjan de forma espontánea y por la creatividad del ser humano. Esto, de alguna forma, refleja lo que estamos tratando de lograr.
Para no demorarme mucho más, este es un proyecto muy importante. Hablamos de los proyectos de almacenamiento, y esto lo conversamos con el ministro Pardo, cuando empezaron a surgir grandes vertimientos de energía en Chile. Chile tiene un problema de sobrecapacidad de generación eléctrica, que se habla bastante poco. En Chile se producen cuatro veces más electrones de los que somos capaces de consumir. De esos cuatro veces más electrones, tres son renovables.
Esto no significa que tengamos solo la oportunidad de desplazar electrones fósiles, que es el objetivo medioambiental, sino que debemos preguntarnos qué hacemos con esa tres veces más de oferta de electrones, todos renovables, que provienen del agua, del viento y del sol, y que en horas del día simplemente no sabemos cómo manejar. No tenemos dónde almacenarlos ni cómo transportarlos, entre otros desafíos.
Este es el gran reto que enfrenta Chile. Desafortunadamente, en Corbura hemos recorrido el mundo entero buscando respuestas a estas preguntas, y no existen muchas soluciones, ya que pocos países tienen el nivel de penetración de energía solar que tiene Chile. Muy pocos en el mundo tienen el nivel de penetración de todas las fuentes renovables que ha alcanzado Chile, y sobre todo la velocidad con que se han integrado.
Este año, para 2025, ya llegaron los datos oficiales del ministerio, y cerraremos con un porcentaje significativo de energías renovables. Dos tercios de la capacidad ya es renovable y más de dos tercios de la generación también lo es, y eso que fue un año seco. Si este año resulta ser húmedo, toquemos madera.
Probablemente el 80 o 85% de la generación va a ser de fuentes renovables. Hemos reducido a menos de la mitad las emisiones de CO2 por megawatt hora en menos de una década. Todas estas iniciativas, que son prometedoras en el papel, deben traducirse en beneficios para los clientes, la sociedad y el medio ambiente, y eso es lo que nos debe movilizar. ¿Cómo logramos que esos electrones lleguen a nuestros clientes y a la sociedad, permitiendo un suministro energético competitivo, sostenible, con las menores emisiones posibles y que sea seguro?
El apagón del año pasado y los recientes cortes de luz debido a las lluvias de enero evidencian que nuestro sistema es frágil, y debemos avanzar en ello. Este tipo de proyectos, apoyados por el gobierno, pueden acelerarse y aumentar el volumen de su implementación. Un ejemplo es el proyecto Diego Almagro Sur, que utiliza tecnología e-storage de Canadian Solar, con una capacidad de 230 megas por cuatro horas, produciendo aproximadamente 330 gigawatts hora al año. Esta cantidad de energía es equivalente al consumo de una ciudad de 50.000 casas, lo que representa el consumo de una minera mediana o de una cadena de supermercados en todo Chile. Este consumo significativo será almacenado en sistemas de batería para su uso cuando el sistema lo requiera, lo cual es de suma importancia.
Chile necesita replicar lo que se logró exitosamente en las décadas de 1970, 1980 y 1990, al generar una gran capacidad hidroeléctrica que nos permitió contar con un centro sur con abundante energía almacenada en agua. Dado que en el norte no contamos con agua, pero sí con una gran capacidad solar y eólica que se ha ido desplegando rápidamente, es necesario construir embalses solares o de energía eólica, tal como se hizo en el sur de Chile durante varias décadas.
En Diego Almagro y Arica, estamos desarrollando proyectos que no solo permiten desplazar combustibles fósiles en las horas pico, sino que también optimizan el uso de nuestros abundantes recursos renovables, que a menudo se desperdician. Esto facilita un acceso más asequible, competitivo y seguro a la electricidad para los hogares, ya que el consumo no se produce cuando hay viento o sol, sino cuando se requiere. Las industrias y los hogares demandan energía en horarios específicos, por lo que contar con este tipo de proyectos es fundamental.
Es importante que estos proyectos también tengan una mirada social. En la zona entre Copiapó y Diego Almagro, donde existen alrededor de 40 a 50 plantas solares, hemos enfrentado diversas dificultades, desde problemas con proveedores hasta la inestabilidad de las redes. Actualmente, el sistema exige que aproximadamente 4.000 megas por hora sean desplazados por energía solar, y gestionar este proceso no es trivial. No se trata simplemente de apagar las centrales que generan esa energía, sino de realizar una gestión cuidadosa para que los usuarios no perciban la transición de la matriz energética, que debe pasar de depender de carbón, gas y agua a funcionar en un 80-90% con energía solar.
Este proceso también se repite en las tardes, cuando el sol se oculta y las centrales solares deben ser reemplazadas rápidamente por otras tecnologías. Esto exige una dinámica y flexibilidad que, en muchas ocasiones, no están disponibles. Debemos innovar y desarrollar nuevas soluciones. Existe un ecosistema de emprendedores chilenos, muchos de ellos reconocidos a nivel internacional, que están buscando alternativas para liderar esta transición en la segunda década que estamos viviendo.
De cara al 2030, la penetración de energías renovables se vuelve más compleja. Los primeros 10.000 megas de renovables en Chile fueron relativamente fáciles de implementar, ya que se ubicaron en terrenos más accesibles y con mejores recursos. Sin embargo, los siguientes 10.000 megas que estamos avanzando son considerablemente más complicados. Ya no somos el nuevo vecino en el ámbito de las energías renovables; ahora enfrentamos un escrutinio social y público que nos obliga a ser más eficientes y a buscar la innovación constante.