Congreso Futuro 16-01-2026

Congreso Futuro - 16-01-2026 - 16 de enero de 2026

16 de enero de 2026
12:57
Duración: 70h 41m

Vista pública limitada

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Durante millones de años, la vida siguió su curso. Olas que respiraban, bosques que aprendían, organismos que encontraban formas de persistir. De esa larga historia surgimos nosotros, un destello en la corriente del tiempo, un animal que sueña, que crea, que transforma. Hoy, el cambio se acelera. La tecnología moldea la mente y la materia, y el planeta responde a cada movimiento. El progreso corre, pero la conciencia tropieza. Entre la luz de los algoritmos y la sombra de la desigualdad, buscamos una brújula que vuelva a orientarnos. Congreso Futuro 2026 es ese punto de encuentro donde la ciencia se hace palabra, la palabra se hace diálogo y el diálogo, camino compartido. Porque el verdadero progreso no está en crear más poder, sino en darle propósito. Humanidad, ¿hacia dónde vamos? La ruta está abierta, el rumbo aún por decidir.
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Durante millones de años, la vida siguió su curso. Olas que respiraban, bosques que aprendían, organismos que encontraban formas de persistir. De esa larga historia surgimos nosotros, un destello en la corriente del tiempo, un animal que sueña, que crea, que transforma. Hoy, el cambio se acelera; la tecnología moldea la mente y la materia, y el planeta responde a cada movimiento. El progreso corre, pero la conciencia tropieza. Entre la luz de los algoritmos y la sombra de la desigualdad, buscamos una brújula que vuelva a orientarnos. Congreso Futuro 2026 es ese punto de encuentro donde la ciencia se hace palabra, la palabra se hace diálogo y el diálogo, camino compartido. Porque el verdadero progreso no está en crear más poder, sino en darle propósito. Humanidad, ¿hacia dónde vamos? La ruta está abierta, el rumbo aún por decidir.
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Durante millones de años, la vida siguió su curso. Olas que respiraban, bosques que aprendían, organismos que encontraban formas de persistir. De esa larga historia surgimos nosotros, un destello en la corriente del tiempo, un animal que sueña, que crea, que transforma. Hoy, el cambio se acelera. La tecnología moldea la mente y la materia, y el planeta responde a cada movimiento. El progreso corre, pero la conciencia tropieza. Entre la luz de los algoritmos y la sombra de la desigualdad, buscamos una brújula que vuelva a orientarnos. Congreso Futuro 2026 es ese punto de encuentro donde la ciencia se hace palabra, la palabra se hace diálogo, y el diálogo, camino compartido. Porque el verdadero progreso no está en crear más poder, sino en darle propósito. Humanidad, ¿hacia dónde vamos? La ruta está abierta, el rumbo aún por decidir.
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Bienvenidos, bienvenidas a la quinta jornada de este Congreso Futuro 2026. ¿Hacia dónde vamos como especie? De pronto, querida humanidad, tenemos solo una cosa clara: ya llegamos al día viernes. Antes de continuar, queremos compartir una excelente noticia, porque por segundo año consecutivo, la señal de Congreso Futuro puede verse en vivo en Colombia, Paraguay y Ecuador. En esta edición 2026, se suma Perú, ampliando de manera significativa el alcance regional del evento gracias a la señal de Claro. A ello se suma, por supuesto, la transmisión especial en vivo para miles de hogares en Chile a través de los canales 114 y 701 de BTR, y 49 y 549 de Claro, habilitados desde hace 11 años de forma exclusiva para Congreso Futuro, en el marco de la alianza estratégica entre Claro, BTR y Congreso Futuro. Enviamos un saludo muy especial a nuestra audiencia internacional y a todas las personas que nos siguen a través de las diversas plataformas que transmiten Congreso Futuro 2026: el canal de YouTube y Facebook Live de Congreso Futuro, así como las señales y plataformas de Cooperativa y Cooperativa Ciencia, USTV, UChile TV, TV Senado, El Mostrador, Súbela y Megatiempo. Volvamos ahora a lo nuestro. Como muchas veces ocurre, llega el día viernes y hay gente que se porta medio mal. El primer bloque de la jornada se llama "Maleducados". En este caso, vamos a conversar sobre instancias algo más profundas. Cuando la amabilidad y la empatía quedan al margen, ahí es cuando surgen los problemas sociales. En este bloque...
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Vamos a explorar cómo el individualismo y la indiferencia afectan la convivencia y dificultan la búsqueda de soluciones reales. Nuestra primera invitada es una destacada socióloga y filósofa eslovena, doctora en Derecho, cuyo trabajo ha sido reconocido internacionalmente gracias a su interés en el encuentro de psicoanálisis, ética y política, con foco en la ansiedad, la elección y la cultura del consumo. Los invito a darle un fuerte aplauso a Renata Salecl. Hola, voy a comenzar con una pequeña historia. Un amigo turco estaba en un metro muy hacinado, y una mujer joven, justo al lado de ella, la pisó con sus tacos altos. Mi amiga sacó su pie con dolor, esperando que le pidiera disculpas, pero más bien recibió una serie de palabras maleducadas y acusaciones de que ella deliberadamente había puesto su zapato debajo de la joven. Desde entonces, mi amiga ha adoptado una posición defensiva en el transporte público. Se para así, se cruza de brazos y mantiene los codos como si fueran un escudo. Lo hace no solo en el metro, sino también en las calles, porque la gente rara vez se hace a un lado cuando se acerca, y si alguien la choca, al menos sus codos la protegen de una colisión más fuerte. Quiero comenzar aquí porque muestra algo importante. La mala educación no solo es una categoría moral, es un clima. Se ha vuelto cada vez más común, y debido a ello, la gente ajusta sus cuerpos, sus expectativas y su disposición a defenderse, a autodefenderse. Desde la perspectiva psicoanalítica, esto puede ser significativo, porque nuestro cuerpo sabe antes que nuestra mente; la postura se adopta antes de dar argumentos. Cuando el mundo se siente impredecible, se genera la necesidad de ser vigilante. Los codos son una pequeña señal de angustia o ansiedad, un manejo de esa angustia en un entorno que se siente desregulado. Probablemente ustedes han visto imágenes así en los buses y en los metros: jóvenes y también no tan jóvenes que no ceden los asientos a pasajeros mayores. No es un acto de crueldad, sino que están absorbidos en sus teléfonos, y el entorno no existe para ellos. En este momento, mucha gente diría que tenemos que enseñarle a la gente más reglas, que tenemos que penalizar una conducta poco educada. Estos conceptos son comprensibles, pero hoy quisiera sugerir un enfoque levemente distinto. Lo que llamamos mala educación no es algo personal, sino un síntoma social y político, porque la mala educación ha surgido en muchos lugares y contextos a la vez. Lo vemos en las calles, en los lugares de trabajo, en línea y cada vez más en la política. Al final de cada año, los políticos a menudo solicitan solidaridad y más respeto, pero esas apelaciones no funcionan, porque la mala educación se ha convertido en un modo dominante de comunicación vinculado a cambios políticos e ideológicos que hemos experimentado y vivido en las últimas décadas. Aprendemos cómo comportarnos.
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A través de la socialización, internalizamos reglas escritas y no escritas, y también las resistimos. En el último siglo, este proceso de cómo internalizamos las reglas ha cambiado dramáticamente. Una influencia importante es que estamos viviendo en una sociedad de competencia constante, caracterizada por una cultura llena de métricas. A menudo, esto se describe con la ideología neoliberal, que promueve la competitividad y el individualismo. Asimismo, la autoridad ha cambiado; las autoridades tradicionales, como los padres, profesores y líderes comunitarios, que solían influir en la conducta de las personas, han perdido su poder, y nuevas autoridades han surgido, como los influencers y líderes populistas. Las plataformas de Internet también han transformado la manera en que circula la información y cómo se comunican las personas. No es que Internet cause esta mala educación, sino que, de alguna manera, los sistemas actuales lo recompensan tanto en línea como fuera de ella. El psicoanálisis nos proporciona un lenguaje útil para entender esta dinámica. Nuestro mundo social no es solo económico o político; es también un mundo de signos, normas, expectativas y, especialmente, de lenguaje. Jacques Lacan, el psicoanalista francés, se refirió a este fenómeno como nacer en un sistema cultural que es tanto visible como invisible. Hay elementos visibles e invisibles que internalizamos. Cuando este orden simbólico es estable, las personas apenas saben qué es lo que está permitido y qué no. Sin embargo, cuando se vuelve inestable y comienza a cambiar, las personas tienden a probar límites cada vez más. En este sentido, la vida pública comienza a sentirse menos regulada, a pesar de que aún existen leyes. Uno puede percibir esta inestabilidad en la rapidez con que las conversaciones se interrumpen y se convierten en desacatos. El último año, la palabra del año fue "mordida por ira", un término que captura cómo la comunicación privilegia la ira, la rabia, la provocación y la confrontación, en lugar de un análisis profundo y una conversación amable. Si se observa cualquier sección en los diarios o medios en línea, se puede notar que el debate sustantivo es raro y que el desacuerdo a menudo se expresa con un tono de humillación. Además, ha cambiado la percepción de la conducta incivil, que se vuelve cada vez más aceptable, incluso cuando era considerada maleducada. No solo los políticos se dirigen al público de manera grosera o ruda, sino que también las personas se comunican entre sí de esta forma. Esta lucha por la atención ha prevalecido sobre la lucha por el entendimiento. La ira, por tanto, se convierte en algo socialmente productivo, ya que genera atención, pertenencia y, para algunos, un sentido de identidad. También ha habido un cambio de la humillación verbal a la humillación visual, amplificada por nuevas aplicaciones y herramientas de creación de imágenes. Hoy en día, las personas generan imágenes humillantes de otros, especialmente de mujeres, y las hacen circular para entretenimiento. Quiero mencionar esto cuidadosamente, no para provocar una sensación negativa, sino para reflexionar sobre las implicaciones de estos cambios en nuestra sociedad.
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El costo de la crueldad ha caído. Usted puede humillar a alguien de maneras anónimas, rápidas y fácilmente compartibles. Un clic y se propaga. Esto es una parte importante de la atmósfera más amplia que es observable en la actualidad. La humillación se ha convertido en algo estiloso y la atención se ha transformado en una recompensa. La grosería o mala educación no solo implica un cambio en los estándares de educación, sino que se conecta con una ideología que enfatiza el individualismo, glorifica la riqueza material, idealiza la felicidad y promueve la idea de que las opciones correctas conducen automáticamente al éxito y a la satisfacción. En este contexto capitalista, esta mala educación se ha vuelto constante en el lugar de trabajo. Pensemos en cómo la humillación ha sido envasada en el espectáculo y en la entretención. Donald Trump se hizo famoso por su crueldad en el ámbito laboral, con sus icónicas palabras del programa "The Apprentice": "Usted está despedido". Este mensaje se ha propagado; si usted falla, es culpa suya, porque todos pueden tener éxito si así lo desean. Una década atrás, el político estadounidense Paul Ryan afirmaba que los pobres necesitaban un coach de vida para salir de la pobreza. Por su parte, Oprah Winfrey sostenía que, al ser despedido, uno debía agradecer, ya que la pérdida del trabajo supuestamente ofrece un nuevo inicio. Haga una pausa en esto por un momento: uno pierde su medio de vida y, supuestamente, debe estar agradecido. Desde una perspectiva psicoanalítica, esto se convierte en un mandato moral que penetra en la psiquis. No solo se le indica qué hacer, sino que se le permite sentir. La ira se vuelve ilegítima y la tristeza ya no es válida. Cuando los afectos no se permiten, no desaparecen; retornan en forma de angustia, ansiedad, depresión o agresión desplazada hacia los más vulnerables. Consideremos ahora la economía del delivery. Desde la pandemia, muchos ciudadanos han observado un crecimiento en este sector. Motocicletas y bicicletas rápidas transportan paquetes de alimentos y otros productos. Aquí comienza una especial mala educación. Los peatones sienten que pueden ser atropellados, mientras que al trabajador se le monitorea por un cliente que exige rapidez. La interacción es totalmente impersonal, como si estos servicios fueran realizados por un robot cuyo único objetivo es ser veloz. Esta actitud del cliente se manifiesta como indiferencia e ignorancia, hasta que la persona del delivery llega tarde, momento en el cual fácilmente se convierte en rudeza o grosería. Esta ideología de "tómelo o déjelo", que permea nuestras condiciones de empleo, también transforma las actitudes hacia el trabajo. Muchos ya no sienten esa dedicación. Sin embargo, existe un compromiso a nivel inconsciente, a menudo expresado como ansiedad, culpa y el deseo de ser reconocido. Esta contradicción emocional puede ayudar a explicar el burnout, el agotamiento y el desgaste. No solo es la cantidad de trabajo lo que causa el burnout, sino la humillación, el mensaje de que uno es reemplazable y la falta de reconocimiento. Cuando las personas se sienten invisibles, desprotegidas y reemplazables, la grosería o la rudeza se convierten en un síntoma y mecanismo de defensa.
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Aquí el psicoanálisis agrega otra capa. Lo que es esta maleducación o grosería puede ser una defensa contra la vergüenza. Si yo me siento empequeñecido, sin poder alguno expuesto, una forma de escapar de este sentimiento es sacarlo hacia afuera. Entonces, yo hago que alguien más sea pequeño; desplazo lo que no puedo tolerar internamente, produciéndolo externamente. Ahora, la crueldad y la grosería no están confinadas solo al lugar del trabajo, sino que se normalizan en nuestro ambiente cultural. Casi no hay programas de televisión sin un elemento de crueldad: un moderador que interroga, un miembro del jurado que es pesado, humillando públicamente. Acuérdense de los shows de cocina, de chefs y de talentos, que generalmente están estructurados en torno a la humillación. ¿Quién es bueno? ¿Quién es ridículo? ¿Quién tiene que ser excluido? ¿Quién decide? Esto es relevante porque la cultura no solo refleja la sociedad, sino que también entrena nuestros reflejos emocionales, lo que nos hace reír, lo que toleramos y lo que empezamos a ver como normal. Ahora, voy a volver a Freud, a Sigmund Freud. En términos muy sencillos, su idea era que es una ilusión esperar la eliminación de la agresión en una relación interpersonal. Freud enfatizó que la agresión es parte de nuestras relaciones con otros y, a menudo, no se dirige solamente a los otros, sino también hacia uno mismo. El psicoanálisis tiene como objetivo ayudar a los individuos a reconocer emociones agresivas dentro de sí mismos, para tratar de verbalizarlas y no responder a ellas con violencia hacia otros o hacia uno mismo. La hostilidad, que era la razón de Freud, puede ser sublimada, transformada en una búsqueda creativa, tal vez a través del arte, o convertida en ironía o humor. Si vivimos en una comunidad que enfatiza la empatía y donde hay un sentido de justicia social, también puede ocurrir que un individuo reprima la hostilidad en la inconsciencia y la conciencia. El actuar consciente es empático. Freud también notó que la idea de justicia social y la igualdad en la sociedad se basa en que los individuos se autolimiten, pero con la expectativa de que otros también se limiten a sí mismos. Las reglas no escritas enseñan a las personas a no dañar. Todo esto es parte de la red simbólica social en la cual vivimos y trato de describir. En la época de Freud había muchos problemas con la sífilis, pero no hace mucho tiempo que tuvimos problemas con el COVID. Freud dio un ejemplo muy interesante de alguien que está infectado por sífilis y está muy enojado. Él está infectado y los otros no, lo que puede generar una sensación de envidia, de que los demás están viviendo una vida normal y él no. Sin embargo, debido a que la persona ha internalizado estas reglas no escritas de que no debe infectar al resto, reprime este sentimiento agresivo y envidioso, y conscientemente protege a los otros. Este ejemplo tiene una fecha, pero no la estructura, porque la civilización depende de la cultura.
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De la capacidad de aceptar límites y no simplemente hacer lo que a uno se le ocurra y quiera hacer. No hay nada malo con tener sentimientos agresivos, pero estos sentimientos no demandan o no necesitan que uno actúe sobre ellos. Pueden ser observados, reflexionados y expresados en palabras. Sin embargo, el problema hoy día es que la esfera pública no está estimulando la reflexión, sino la reacción. Las plataformas en línea están diseñadas para privilegiar la ira y la rabia, buscando más clics y "me gusta". Este tipo de comunicación, que carece de un intercambio educado, obtiene mayor visibilidad. La lucha por la atención prevalece sobre nuestra lucha por el entendimiento, y todo esto afecta el espacio simbólico en el cual vivimos. Cuando los algoritmos dan visibilidad a una comunicación agresiva, donde se presentan actos humillantes o cuando los políticos utilizan discursos vulgares, los estándares morales se remodelan y reformulan. En este contexto, el espacio simbólico de nuestra cultura, que debería promover la educación y el tacto, no solo debe verse como una amabilidad moral, sino como una regulación simbólica distinta de goce, diferente de aquella que promueve la grosería o la rudeza. Cuando somos groseros, no solo violamos la ética, sino que también estamos testeando este marco simbólico que regula qué se puede decir y qué no. La educación restringe la expresión, mientras que el lenguaje provocativo busca disfrutar de la transgresión de límites. El lenguaje grosero subyace y esta grosería introduce un momento de shock, alterando un discurso establecido. A través de puntos de acceso y mediante el lenguaje rudo, este lenguaje experimenta una fuerza que revela que hay algo en él que va más allá del significado. Es decir, un discurso pesado va directo al impacto. La rudeza individual puede ser una forma de buscar goce en la transgresión, pero también puede servir como formador de grupos. Pensemos en los grupos o pandillas criminales, que forman una identidad a través de esa rudeza. Además, puede ser un intento desesperado para escapar de la apatía o para dar forma a una comunidad dormida. Si la grosería ha jugado un rol en las normas transgresivas, ha habido un cambio, ya que también ha sido promovida por líderes autoritarios. La crueldad de los líderes ya no está oculta; por el contrario, se muestra públicamente. La rudeza se convierte en una rebelión contra las reglas, y se dice que las reglas no son obligatorias, no solo para los líderes, sino que la gente también se dice que no son obligatorias para ellos. Esto nos lleva a la pregunta central: no solo es relevante por qué las personas son groseras o rudas, sino qué sociedad está recompensando esto. En la estación del metro de Londres, he observado recientemente signos que recuerdan a los pasajeros que miren a su alrededor y ofrezcan el asiento a aquellos que lo necesitan, porque las discapacidades a menudo son invisibles. Cuando muchos pasajeros solo miran su teléfono y no notan a su lado, tales signos son intentos desesperados para combatir la ignorancia. Si las normas de la educación colapsan, la vía hacia la violencia abierta se hace más ancha y más grande. Y sí, nos podemos proteger con los codos, así como...
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Como lo hace mi amiga en Turquía, pero también con la razón y con el pensamiento, podemos tener una capacidad de pausar. Voy a terminar con tres formas de resistencia que son asimilables. Primero, insertar una pausa entre el sentimiento y la reacción. Segundo, rechazar la humillación como entretenimiento; no la compartan, no la amplifiquen. Y tercero, un pequeño acto de reconocimiento diario: dígale a alguien "gracias", "perdón", haga contacto ocular. En tiempos más difíciles, uno puede recurrir a los libros. Es importante leer a escritores significativos como Bertolt Brecht, a 70 años de su muerte. Él insistió en que las cosas no deben permanecer como son, y que la duda es bella y el pensamiento trae cambios. Las preguntas de Brecht en épocas oscuras son relevantes. ¿Habrá canciones en tiempos difíciles? Sí, habrá. Pero lo más importante es el mensaje que él también nos dejó: "el que lucha puede perder, el que no lucha ya ha perdido". Gracias. Junto con agradecer la tremenda presentación de Renata, vamos a inaugurar ahora un nuevo bloque de este viernes de conocimiento: tecnologías en la mira. En un mundo donde la innovación avanza tan rápidamente, resulta vital entender los límites y riesgos de la tecnología. Analizar críticamente estos desarrollos desde la evidencia y la ética aplicada nos permite distinguir qué avances impulsan el bienestar y cuáles requieren mayor cautela para proteger a la sociedad. El próximo orador es chileno, bioquímico, PhD en ciencias farmacéuticas y profesor de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile. Su área de investigación se centra en la toxicología de nanomateriales con potencial uso farmacéutico. Recibamos a Simón Guerrero Rivera. Buenos días, gracias por su presencia. Hoy me complace estar aquí para hablar un poco sobre los nanomateriales. El título de esta presentación es "Pequeños gigantes: dilemas de una tecnología invisible". La idea es hablar sobre cómo los avances tecnológicos son, curiosamente, hasta contradictorios. Estamos hablando de que avanzamos a pasos agigantados, gracias a nuestra capacidad de manipular la materia a una escala muy pequeña. ¿Y cómo ocurre esto? Esto va de la mano del descubrimiento y las capacidades actuales para manipular la materia a la escala nanométrica, lo que está relacionado con los avances tanto en investigación como en desarrollo. Debemos hacernos una pregunta: ¿qué es nano? Para quienes no lo saben, "nano" es un prefijo que hace referencia a 10^-9, una palabra de origen griego que significa pequeño. Para visualizar un nanómetro, imaginen la punta de un alfiler y divídanla en un millón de partes iguales; una de esas partes correspondería a un nanómetro. Aunque no podemos visualizarlo, gracias a los avances tecnológicos, sí podemos utilizarlo y manipularlo hoy en día. Una buena pregunta es: ¿sabían que los nanomateriales siempre han estado presentes con nosotros? La verdad es que sí. Desde el inicio del universo, los nanomateriales han estado presentes, y en nuestro planeta, todas las actividades que han ocurrido dinámicamente, como las erupciones volcánicas y las erosiones sobre la materia, generan nanomateriales que nos rodean. Para que tengan una idea, alrededor del 95-99% de estos nanomateriales están, de alguna u otra manera, en interacción con nosotros. Un ejemplo interesante son los virus; recordemos el SARS-CoV-2, que en realidad es una nanostructura, ya que tiene alrededor de 100 nanómetros de tamaño. Gracias.
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