Gracias, presidenta. Senador, buenos días. La citación de hoy, la convocatoria de hoy es para dar inicio al estudio de las indicaciones presentadas al proyecto de ley, en primer trámite constitucional, para la protección de la infraestructura crítica del país (Boletín N° 16.143-02).
Una perspectiva sobre las medidas de protección respecto del uso de redes sociales por parte de niños y niñas. Quisiera referirme a algunos aspectos generales y particulares respecto del marco normativo e incluso algunos resultados de las últimas investigaciones o encuestas que existen con cierta periodicidad sobre el uso que hacen los niños de redes sociales y las características de ese uso. Espero no extenderme más de la cuenta, ya que este es un tema contingente y muy importante. Valoramos positivamente la apertura de esta comisión para debatir sobre la relación de los niños con las redes sociales, y ojalá este debate se pueda ampliar, dado que involucra a muchos actores, no solo a los niños y sus familias, sino también a la producción de información y las desviaciones que pueden surgir, como el uso indebido de información confidencial, la transferencia de información privada, así como las acciones de bullying y funas en redes sociales.
Hemos escuchado información preocupante sobre niños afectados por bullying en las redes sociales, que incluso han terminado, desafortunadamente, en suicidio. Este es un tema complejo que no siempre es manejado adecuadamente por todos los involucrados. Es fundamental considerar tanto el uso de las redes como la provisión de entornos digitales seguros para los niños.
Existen dos líneas de abordaje en este tema que pueden ser complementarias. Una de ellas se centra en discutir las prohibiciones del uso de redes por parte de los niños. Hay experiencias internacionales interesantes que se han desarrollado, aunque no necesariamente han mostrado resultados concluyentes. La última experiencia que hemos conocido es la australiana, donde se ha implementado una ley que prohíbe el uso de redes sociales para menores de 16 años. Esta legislación no solo establece la prohibición, sino que también regula el mercado de las plataformas, exigiendo que estas cuenten con controles parentales y la posibilidad de cancelar cuentas de menores de edad.
Las dos experiencias más recientes en esta línea son la de Australia y una iniciativa en el estado de Florida, en Estados Unidos, que también busca restringir el acceso de los menores de 14 años a las redes sociales. Aunque esto puede parecer una afirmación sencilla, al llevarlo a la práctica y al revisar las legislaciones, se presentan muchos bemoles, ya que no se trata solo de establecer una prohibición genérica, sino de asegurarse de que existan las regulaciones necesarias para que dicha prohibición se cumpla efectivamente.
Revisar y fiscalizar. Por otro lado, la otra línea que se ha ido desarrollando con el tiempo, particularmente en América Latina, se inspira en la regulación de la Unión Europea. Se trata de una legislación conocida como protección integral en el uso del internet y de las redes sociales, lo que la convierte en un tema más complejo que define principios de actuación y establece cuáles son los derechos en juego. Muchos de estos derechos están relacionados con el uso de datos personales y el derecho a la libertad de expresión.
En este contexto, Brasil ha avanzado significativamente, y Bolivia ha comenzado a abordar delitos sexuales. Uruguay y Argentina también han optado por regular el uso de datos, sin necesariamente prohibir el acceso a internet o a las redes. Es importante distinguir entre el acceso a internet, que es más amplio, y el acceso a redes sociales, que implica plataformas específicas.
Existen dos líneas de política pública: una que busca prohibir el acceso, con todas las regulaciones que eso conlleva, y otra que se enfoca en una legislación más integral en el uso de internet y redes sociales, incluyendo el uso de inteligencia artificial en relación con los niños. Esta lógica de protección integral es, en nuestra opinión, más comprensiva que la mera prohibición, y se relaciona con el establecimiento de principios de seguridad en el uso de la información personal, así como con los derechos del niño y el uso apropiado de las redes según su edad.
El país más avanzado en América Latina en este ámbito es Brasil, cuya ley entrará en vigencia en marzo del año 2026. Cualquier legislación en esta materia debe adecuarse al contexto normativo de cada país y considerar todas las normativas involucradas, directa o indirectamente. La autorización de los padres es un aspecto fundamental en este proceso.
En Chile, actualmente no contamos con una normativa específica sobre esta materia, aunque existen algunos intentos y elementos relacionados principalmente con la protección de datos personales. La nueva ley, la 21.719, que entrará en vigencia en diciembre de este año 2026, es una ley de protección de datos personales que presta especial atención a los datos sensibles y a aquellos relativos a niños, niñas y adolescentes. Esta ley establece que el tratamiento de datos personales de menores de 16 años requerirá el consentimiento de sus representantes legales, lo que representa un avance en la protección de datos, aunque no es una solución completa.
Asimismo, la ley de garantía, la 21.430, en su artículo 29, establece que los prestadores de servicios de telecomunicaciones deben entregar información para identificar situaciones de riesgo derivadas del uso de nuevas tecnologías de información y comunicación, así como las habilidades, herramientas y estrategias para afrontarlas. Por lo tanto, el tema ya estaba contemplado en la ley de garantías, aunque más como una orientación.
Esta mención a los prestadores de servicios de telecomunicaciones. Yo quiero ilustrar la situación actual, por lo menos de los datos que se tienen, en un informe que se llama Radiografía Digital de Niños, Niñas y Adolescentes, que en general realiza la Fundación Claro, con la colaboración de la Universidad de Chile, la Universidad Católica y otros actores. Esta radiografía digital se ha estado realizando durante bastante tiempo y abarca toda América Latina. Los últimos datos, que corresponden al año 25, son preocupantes y solo quiero compartir los titulares, después podremos revisar los detalles. El informe es una presentación bien didáctica, pero extensa, lo que incrementa la preocupación.
Por una parte, se ha detectado que se ha rebajado la edad en la que se inicia el uso de dispositivos electrónicos, como celulares y tablets. Más de la mitad de los niños declara que su primer contacto con un artículo electrónico es antes de los siete años, lo cual es similar a lo que se observaba en el 24, pero más alto que en años anteriores. Esto tiene una relación con factores socioeconómicos. Sin embargo, las neurociencias indican que se debe limitar el uso de dispositivos electrónicos en los niños hasta una edad mayor; incluso los últimos estudios sugieren que esto debería ser hasta los 14 años, lo cual, en mi opinión, es difícil de implementar.
Por otro lado, hay un hallazgo importante respecto del uso intensivo de internet por parte de los niños en tiempos de ocio, es decir, no solo para realizar tareas, sino también para la recreación. La cantidad de horas que pasan conectados es considerable. Los propios niños reconocen que creen que pasan demasiado tiempo en línea, y que combinan juegos en línea con aplicaciones de inteligencia artificial y redes sociales, lo que ocurre a distintas horas del día y de la noche.
Un dato relevante de la encuesta del año 25 es que el 20%, es decir, uno de cada cinco adolescentes, al ser consultados sobre internet y su sensación de expresión, destacan que el internet es un espacio en el que se sienten más cómodos para expresarse que en el entorno no virtual. Esto es preocupante, ya que si un adolescente se siente mejor en internet que interactuando con otros seres humanos en la vida real, es un indicativo alarmante.
Además, se ha observado un cambio en el uso de redes sociales. Facebook, Snapchat y Discord han disminuido significativamente en popularidad, mientras que YouTube y WhatsApp son las plataformas más utilizadas. Aunque hay algo de actividad en TikTok e Instagram, los niños más pequeños suelen ser usuarios pasivos que hacen comentarios, pero no necesariamente suben contenido, a diferencia de lo que se observa en estudios realizados en España y otros países europeos, donde los niños pequeños también están generando contenido.
Por último, hay un reconocimiento creciente entre los niños sobre los riesgos que conlleva la conectividad. Ellos han llegado a la conclusión de que pasar mucho tiempo en internet los expone a riesgos como el fraude y el bullying. Por lo tanto, ha avanzado la conciencia de que el uso excesivo de las redes puede generar riesgos significativos. En cuanto al uso de internet para tareas o aprendizaje en línea, se estima que los niños utilizan un promedio de 2,4 horas diarias con este propósito.
Un 10% declara que sin internet no tendría cómo completar sus tareas, ya que es la única fuente que utilizan para realizar sus trabajos escolares. Es importante destacar que hay un avance significativo en el uso de inteligencia artificial, como ChatGPT, para actividades de aprendizaje, especialmente entre niños y adolescentes, quienes lo emplean de manera intensiva para sus tareas escolares.
Respecto a las acciones que ha emprendido la Subsecretaría de la Niñez, en el año 2024 se realizó un estudio sobre niños, niñas y adolescentes y las tecnologías digitales. Los resultados evidencian un incremento en el uso de estas tecnologías y una escasa distinción que hacen los niños entre la realidad virtual y la presencial, manejándose más bien en un continuo. Muchos de ellos expresan que sin redes sociales les resulta difícil mantener relaciones interpersonales, incluso afirmando que en el colegio prefieren comunicarse a través de WhatsApp en lugar de interactuar directamente.
Este estudio se discutió también con los niños de los consejos consultivos. Por otro lado, la política nacional de niñez y adolescencia, aprobada el año anterior, tiene un objetivo estratégico orientado al buen trato y a la protección contra la violencia, abordando de manera integral la violencia en redes sociales, lo cual es de suma importancia.
Adicionalmente, participamos en una iniciativa denominada "Conversatorio sobre Políticas Públicas para el Uso Seguro de Internet por parte de los Niños", bajo el alero del Instituto Interamericano del Niño y de la Organización de Estados Americanos (OEA). En este espacio, hemos podido intercambiar experiencias con otros países en materia de ciberseguridad y derechos digitales de los niños. La conclusión común es que no se puede dejar únicamente a los niños la responsabilidad del control autónomo sobre lo que utilizan, sino que es necesario establecer reglas donde los adultos también asuman un rol activo.
Es fundamental resaltar que limitar o prohibir el acceso a internet es una medida útil, pero insuficiente para garantizar la sostenibilidad de las conductas de los niños en el uso de redes sociales. Por lo tanto, es imperativo que esta labor se realice en conjunto con los adultos, quienes también están haciendo un uso intensivo de estas plataformas, lo que dificulta dar orientaciones sobre la interacción social fuera de ellas.
Eso, Presidenta. Muchas gracias. ¿Alguna pregunta? No. Gracias, Presidenta. Quiero saludarla a usted y a los colegas, desearles un feliz año, aunque ya han pasado algunos días, lo hacemos con mucho cariño, también a la subsecretaria Carla. El estudio es revelador y refleja la realidad que vivimos diariamente, especialmente quienes somos padres y madres de niños preadolescentes, donde las comunicaciones se realizan extensivamente a través de plataformas digitales. Ante esto, me surge la pregunta: ¿cuáles son las medidas que estamos tomando para prevenir la entrada de niños a estas plataformas a una edad más temprana?
Que es un tema muy preocupante, pero a su vez, cómo a través de distintas coordinaciones se puede motivar el salir a la calle, el salir fuera, el salir a socializar con niños y niñas, entendiendo que hay diferencias bien concretas. Primero, hay menos niños y niñas en nuestro territorio, en nuestro entorno. A mí me pasaba, y perdonen la autorreferencia, pero yo vengo de un pueblo pequeño, que es Cabrera, donde no había ninguna otra posibilidad de jugar si no era con los amiguitos. A uno le tocaba, a tempranas horas, andar tocando puertas buscando amiguitos para poder hacerlo. Hoy día es muy difícil, si uno mira en el entorno, encontrar niños y niñas que quieran salir a jugar, o que puedan ir a las casas de otros niños a jugar, porque hay una serie de limitantes, entre otras, de seguridad. Es decir, voy a dejar a mi hijo en una casa donde no tengo a quién poder mandarlo y encomendarle su cuidado. Eso hoy día es sujeto de consulta, y las familias permiten que estén en su casa, probablemente frente a la pantalla del televisor o del celular. Entonces, ¿cómo hacemos para romper esa mecánica que hoy día se está dando?
Lo segundo que quiero hacer presente es cómo las plataformas están siendo utilizadas por los servicios en general de acceso y de necesidad para los usuarios en el ámbito público. Yo que represento a una región rural como la región de Ñuble, créanme que hay muchos adultos que están absolutamente fuera del sistema, porque no tienen una plataforma o porque no saben utilizarla. Cuando acceden a los servicios, les dicen que esto tiene que hacerse online, no hay otra manera. Estamos acarreando de esta manera las necesidades más urgentes hacia las plataformas. Entonces, ¿qué le voy a pedir yo a un niño, cuando al final del día, él es el canal comunicador entre una postulación o un subsidio, porque el nieto o la nieta sabe usar el celular? Le estamos acarreando una responsabilidad a menores. Esto puede parecer extraño, pero es lo que me toca vivir. Adultos mayores me dicen que tienen que esperar a ver si viene su nieto, porque tienen que verificar si les resultó algo, o si necesitan ayuda para reprogramar el televisor.
Estamos haciendo que haya una carga en los niños y niñas respecto a acciones en las que, a lo mejor, nosotros como Estado debiéramos prevenir o advertir que no hay otra forma. Y con esto termino, querida Presidenta y subsecretaria, pero insisto en algo que me tocó vivir. Como curadora enviada por un tribunal, realicé una entrevista a un menor a través de WhatsApp, lo cual denuncié. Hay un sistema hoy día en el que el abuso de las plataformas es evidente, incluso en conexiones que son de total relevancia, cuando se habla de la tutela de un menor. Se están haciendo informes por WhatsApp. Creo que ahí, como defensor de la niñez, hay algo que hacer. No es posible que desvirtuemos el sentido del objeto de cuestiones tan relevantes a propósito de estos sistemas. Solo me quedo advirtiendo esto y preguntando respecto a las propuestas que hoy día están a la vista para abordar esta situación.
Gracias. Quisiera hacer una consulta. ¿Cree usted que con la legislación que ya existe es suficiente, o debemos seguir legislando no solo en redes sociales, sino también en juegos en línea y en comunidad, que son un peligro para los niños? Lo hemos vivido, creo que se llamaba el juego de la ballena, que hacía que los niños cometieran actos peligrosos. También hay otros juegos que se dirigen a las niñas, donde supuestamente se convierten en ángeles y realizan acciones cuestionables. Es necesario legislar sobre los juegos en comunidad.
Gracias por las preguntas. Creo que los comentarios y preguntas de las senadoras ratifican la idea de que si hay que tomar medidas, estas deben ser en distintos ámbitos de forma simultánea y no ir, por decirlo coloquialmente, parchando distintas cosas.
No funciona. Empezando por la segunda pregunta, los juegos en línea son juegos en línea, pero también hay algunos que son comunitarios, es decir, requieren acciones que no son solo en línea, sino que impulsan actividades fuera de línea. Como lo que usted señala, hay países que han abordado esto con mayor dedicación, como el caso de España. Después de un estudio realizado en una de las comunidades autónomas, lo que hacen es publicar periódicamente una lista respecto al nivel de adictividad de determinados juegos en línea, junto con recomendaciones de salud mental para los adultos sobre si esos juegos generan riesgos y, en caso afirmativo, en qué medida.
Nosotros no contamos con un sistema similar aquí; probablemente ni siquiera tenemos formalmente a alguien que catalogue los software y juegos en línea. Uno va aprendiendo de lo que le cuentan, y hay juegos que son muy adictivos, lo que genera problemas significativos en niños más pequeños, aunque los utilicen con un adulto. En esta línea, entiendo que hubo una moción parlamentaria, que creo haber escuchado en la Comisión de Familia o en Desarrollo Social de la Cámara, respecto a la necesidad de etiquetar los juegos. Considero que esto es un elemento importante, pero debe estar alineado con un procedimiento que evalúe adecuadamente para no etiquetar indistintamente juegos que son más pedagógicos.
Definitivamente, en el caso de España, se señala la edad, el nivel de adictividad y los elementos que el juego genera. Los juegos en línea no están diseñados al azar; están pensados para generar adhesión. Algunos permiten que los niños ganen puntos y con esos puntos compren otros niveles, lo que implica un proceso científico detrás de cómo se genera la adicción y la competencia. No es simplemente jugar.
Esto debe ir acompañado, como bien dice la senadora Carvajal, de otras iniciativas que no están necesariamente en la realidad, que tienen que ver con ofrecer a los niños actividades de juego presenciales y de esparcimiento. Es un poco lo que discutimos en sesiones anteriores sobre el propósito de los servicios de cuidado infantil, que deberían generar oportunidades para que los niños se encuentren en un ambiente que no sea el escolar. Aunque el ambiente escolar es importante, tiene su propia atmósfera. Si los niños están hasta las 8 de la noche en el colegio, aunque participen en otras actividades, siguen en el mismo entorno y tienden a reproducir las conductas que allí se generan.
Sería ideal poder implementar programas o intervenciones públicas que fomenten estos espacios en el barrio. A propósito de lo que mencionó la senadora Carvajal sobre la natalidad, siempre que hablo de este tema, me refiero a la cantidad de hijos únicos que tenemos. No tengo nada en contra de los hijos únicos; al contrario, pero lo que quiero señalar es que estos niños, a pesar de sus virtudes, enfrentan dificultades en la socialización. En el pasado, los niños se socializaban con hermanos o primos que vivían cerca. Hoy, deben esperar al colegio o al jardín para socializar, lo que es complicado, ya que no tienen muchos iguales con quienes interactuar.
Se va a ir intensificando la cantidad de niños que no tienen hermanos, lo cual va creciendo con el tiempo, dado que la natalidad está disminuyendo. Esto hace más importante generar espacios donde los niños puedan compartir con otros, que sean comunitarios y cercanos al barrio, en lugar de tener que trasladarlos a distintos lugares, ya que esto es fundamental para su socialización.
En este sentido, hemos estado tratando de abordar esta situación, aunque no nos ha ido tan bien. Los propios niños nos indican que son los adultos quienes no comprenden lo que sucede en las redes. Es necesario capacitar a los adultos, no solo en el uso de la tecnología, sino en entender cómo funcionan las redes, qué son los puntajes y los desafíos. Muchos niños están casi seguros de que sus padres o cuidadores no entienden bien en qué están involucrados cuando están en internet, y que están más preocupados por limitar su tiempo en línea y quitarles los dispositivos, que en comprender qué es lo que realmente están haciendo.
Por lo tanto, hay un trabajo importante que realizar en términos de formación, socialización y diálogo sobre estos temas. Se habla poco de ello, y la atención se centra en la edad en que los niños deben tener un celular y en la cantidad de horas que deben pasar frente a la pantalla. El verdadero problema radica en lo que están haciendo mientras están conectados.
Es fundamental generar espacios para que los adultos participen en esta conversación. Sin embargo, esto también está acompañado por el mal ejemplo que damos los adultos, ya que la cantidad de horas que pasamos en internet, incluso en los espacios comunes de la casa, donde cada uno está con su teléfono, es preocupante. Es común ver que las familias se reúnen para comer, pero no conversan entre sí, lo que lleva a cuestionar por qué se reunieron si podrían haber comido en casa y cada uno ver su teléfono.
La vida cotidiana gira en torno a estar conectados, y creo que sería beneficioso llegar a un acuerdo nacional sobre los puntos centrales que debemos considerar y ajustar las legislaciones pertinentes. No sé si es necesario crear una legislación especial, pero es crucial asegurarse de que se aborden todos los aspectos relacionados con este tema, incluidos los servicios públicos en línea.
Estoy de acuerdo en que debemos modernizar y hacer más eficientes nuestros procesos, pero siempre debe existir una opción presencial. Nada puede reemplazar la confianza que se genera en una atención cara a cara. No hay posibilidad de que la tecnología, por avanzada que sea, sustituya la interacción humana, la capacidad de preguntar y recibir respuestas directas, en lugar de tener que marcar un número y esperar en línea.
Para concluir, quiero enfatizar que, aunque se trata de los niños, el tema no se limita solo a ellos; es un mensaje más amplio que debemos considerar.
Muchas gracias. Ahora, tenemos al Subsecretario de Telecomunicaciones, Claudio Araya. Adelante, tiene la palabra.
Gracias, presidenta. Saludo a los senadores presentes y a los demás invitados en la comisión. La verdad es que, al recibir la invitación, nos costó un poco encontrar el enfoque adecuado para nuestra intervención. La subsecretaria Silva ha abordado ya los aspectos relevantes en esta materia. Por lo tanto, me corresponde señalar lo que no podemos hacer.
Ha habido un intento, en relación a las apuestas en línea que son ilegales, y la Corte Suprema ha ordenado bloquear ciertos sitios.
La efectividad de hacer bloqueos a nivel de las redes de comunicaciones es profundamente cuestionable. Si se adopta alguna decisión, por ejemplo, en el sentido de que los niños menores de 16 o 14 años puedan acceder a ciertos tipos de plataformas, podría existir la tentación de verificar esto a través de bloqueos en las redes de telecomunicaciones, lo cual resulta poco efectivo.
Contamos con una regulación que ha sido muy exitosa a nivel global, que es la neutralidad de la red. Esta regulación permite que cualquier tipo de contenido pase a través de las redes sin discriminación, y solo es factible bloquear contenidos ante una orden judicial. Sin dicha orden, no se pueden bloquear contenidos. Desde el punto de vista regulatorio, esto es muy significativo, ya que para cambiar esta realidad sería necesaria una modificación legal.
En la práctica, cuando los tribunales ordenan algún tipo de bloqueo, estos son vulnerables y frecuentemente vulnerados. Un ejemplo claro son las casas de apuestas en línea, donde un fallo de la Corte Suprema declara que son ilegales y, por lo tanto, deben ser bloqueadas. Sin embargo, basta con que cambien el nombre del sitio para que el bloqueo se vuelva inefectivo, transformándose en una carrera en la que se bloquea un nombre de sitio, se altera y se bloquea el siguiente, sin lograr el efecto buscado de impedir el acceso.
Al trasladar esta realidad a lo que se discute hoy, y considerando el informe que presentó la subsecretaria con datos de Claro y VTR a nivel de Latinoamérica y Chile, es evidente que debemos apuntar a una regulación que permita hacer efectiva la prohibición, si esa fuese la línea que se adoptara. Esto debe hacerse mediante mecanismos que involucren a los adultos responsables. Un ejemplo que he observado en muchos colegios es que los niños, al ingresar a la sala, dejan su teléfono en un cajón y lo retoman al salir del recreo. Estas son medidas mucho más efectivas que intentar aplicar bloqueos o restricciones de acceso desde las redes de comunicaciones.
El diagnóstico es claro: hoy la neurología indica que debemos retrasar el momento en que los niños acceden a las pantallas, y la realidad muestra que esto se está adelantando. Por lo tanto, parece necesario tomar medidas al respecto. Existe un proyecto de ley que prohíbe los teléfonos en las aulas, pero creo que la cuestión va más allá de eso. Hay una contradicción en lo que queremos, ya que, por un lado, nos interesa que la formación de nuestros niños y adolescentes los prepare para el mundo real al que se enfrentarán. No tener una formación en tecnologías digitales es una desventaja, especialmente cuando se enfrentan a la educación superior y al mundo laboral.
Por lo tanto, es necesario que haya formación en el ámbito digital, pero siempre bajo una supervisión y un programa de estudios bien definido que no genere riesgos neurológicos ni de adicción, que son evidentes en algunos casos. Así, consideramos que es necesaria una regulación que no debería ser una modificación de la ley general de telecomunicaciones, sino una regulación directa a las plataformas que ofrecen estos servicios, que actualmente no están reguladas. Hoy no existe una regulación para las plataformas, y aquí se incluyen todas las plataformas, como las de juegos en línea, redes sociales y plataformas de apuestas, que deberían contar con algún tipo de regulación que proteja a la infancia y a la adolescencia de estas adicciones. Eso es cuanto puedo decir.
Senadora, lamento no poder aportar más, pero me parece que la subsecretaria Silva fue muy contundente en todo lo que presentó. Senador Walker, adelante.
Muchas gracias, Presidenta. Agradezco a ambos subsecretarios por la exposición. Creo que el tema es muy interesante y también quiero agradecer los informes de la Biblioteca del Congreso, tanto el de derechos de niños, niñas y adolescentes en entornos digitales, de Paula Truffelo, como el de regulación de contenido y protección de menores en el derecho comparado, de Raimundo Roberts, Marcela Cáceres y Pamela Cifuente.
Es un tema relevante, como mencionaba el subsecretario, más allá del proyecto de ley que se discute en general respecto del uso de celulares en las aulas, que sigue los lineamientos de la legislación europea. Es importante, si bien siempre es relevante discutir estos temas en abstracto, también es bueno abordarlos en concreto. Quizás la Biblioteca del Congreso nos puede ayudar a identificar si hay mociones parlamentarias en el Senado o en la Cámara que ya se han presentado al respecto, y si no, podríamos discutir una de manera de poder hacerlo en el marco de alguna moción parlamentaria concreta o algún mensaje del Ejecutivo. Siempre es bueno aterrizar estas discusiones, que a veces son muy académicas, en la técnica legislativa.
Hoy día, efectivamente, el uso de dispositivos es una herramienta muy útil. Lo mencionaba bien la senadora Carvajal: la brecha digital con los adultos mayores y la falta de alfabetización digital generan que muchas veces estos recurran a sus hijos o nietos. Yo, en ocasiones, recurro a mis hijos para que me ayuden a realizar algún trámite en Internet, y ellos lo resuelven en 30 segundos, lo que a mí me tomaría media hora. Por lo tanto, creo que es una discusión muy válida y actual, y sería bueno traer a la vista las mociones que se han presentado al respecto. Si no, podríamos tener nosotros iniciativas en estas materias. Muchas gracias.
Tengo una pregunta. Quisiera preguntarle si ustedes, como Subsecretaría de Telecomunicaciones, no pueden regular estas plataformas, ¿quién debiese regularlas?
Presidente, esa pregunta tiene una respuesta muy compleja. En nuestra institucionalidad como país, el Estado no tiene una única entidad responsable de lo que sucede en materia de tecnologías digitales. Por ejemplo, la ciberseguridad está bajo la ANCI, y pronto la protección de los datos de las personas estará en una agencia de protección de datos personales. Las materias asociadas al desarrollo y procesamiento de datos de inteligencia artificial, que son herramientas básicas para este tipo de plataformas, están radicadas en parte en ciencias y en la definición de políticas de desarrollo, y en parte en economía.
Al no haber una entidad que mire el ecosistema digital en su conjunto, hoy día no es posible definir quién debería realizar esta labor. Pareciera que la futura Agencia de Protección de Datos Personales podría asumir una parte de esto, pero no es evidente que esto pueda suceder así. La ley que crea la Subsecretaría de Telecomunicaciones establece que su ámbito es el fomento de las redes de telecomunicaciones, que es, por decirlo así, la capa física por donde transitan las comunicaciones. Esto nos niega facultades sobre lo que ocurre en las redes, que son las plataformas, que en la jerga se llaman OTT (over the top). Sobre estas redes están TikTok, YouTube, Facebook, y están expresamente fuera del ámbito que tiene hoy.