1.- Bol.N° 17348-37 Iniciar la discusión en general y en particular del proyecto de ley, en primer trámite constitucional, que declara el 8 de diciembre de cada año como el "Día Nacional para la Conmemoración de las Víctimas del Incendio de La Compañía" (Boletín N° 17.348-04). En esta ocasión ha sido invitada la escritora, señora Francisca Solar.
2.- Bol.N° 15278-24 Iniciar la discusión en general del proyecto de ley, en segundo trámite constitucional que autoriza construir un memorial y circuito de memoria, en la comuna de La Reina, en recuerdo de las víctimas de la Caravana de la Muerte (Boletín N° 15.278-24).
En esta ocasión ha sido invitado el Alcalde de La Reina, señor José Manuel Palacios.
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En nombre de la patria, la Comisión de Cultura, Patrimonio, Arte, Deporte y Recreación. Bien, señor secretario, ¿tenemos cuenta? Sí, presidente. En cuenta, en primer lugar, hay urgencias que se han hecho presentes para proyectos que están en tramitación en la comisión, como el que modifica la Ley 19.327, de derechos y deberes en los espectáculos de fútbol profesional. También hay una solicitud del diputado Jorge Guzmán para continuar con la tramitación del proyecto mencionado, así como de la senadora Paulina Núñez, quien solicita dar tramitación a un proyecto de ley que fue iniciado en moción y que ya ha suscrito. Asimismo, se cuenta con el apoyo de los senadores Allende y Pascual, quienes están vinculados al proyecto que convoca a esta comisión en su primer punto.
Luego, hay excusas para asistir a esta sesión de aquellos que fueron invitados. En primer lugar, la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, señora Carolina Redondo, no podrá asistir. Lo mismo ocurre con el diputado Tomás Hirsch, uno de los autores del proyecto de ley que se encuentra en segundo lugar en la tabla, quien explica que en este momento está en sesión la Cámara de Diputados, donde se está viendo la acusación constitucional en contra del ministro Diego Simpertelli, razón por la cual no puede asistir.
Adicionalmente, hay solicitudes de audiencia de la Agrupación Memorial Adriana Toloza (AMAT) en relación con el segundo punto de la tabla, así como de Cecilia García Huidobro, directora ejecutiva de la Corporación Municipal Sitio Patrimonial Mundial de Valparaíso, para exponer sobre las materias vinculadas a la gestión, protección y preservación del sitio área histórica de la ciudad de Valparaíso.
Finalmente, en relación con el proyecto sobre la modificación a la Ley 18.356 para incorporar expresiones de artes marciales o defensa personal, se ha reiterado la solicitud de representantes del estilo Choy Li Fut y del gran maestro Tat Mau Wong, Andrés Tovar Troncoso, para exponer su visión en representación de la Escuela de Artes Marciales Chilenas.
Eso es, presidente, la cuenta. Muchas gracias, señor secretario. Sobre la cuenta, senador Keitel. Sí, presidente. Muchas gracias. Quisiera hacer un breve comentario sobre el último punto que ha mencionado el señor secretario, en relación con la derogación de la Ley 18.356.
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Esa ley, que es tan antigua y fue promulgada durante la dictadura, complica enormemente a las personas que practican y enseñan artes marciales, quienes dependen directamente de la Dirección General de Movilización Nacional. Por lo tanto, creo que sería pertinente, presidente, que pudiésemos avanzar en el segundo trámite de este asunto. Lo comenté hace un par de meses y considero que estamos muy frenados en temas deportivos, especialmente en algo tan necesario después de 40 años, donde nuestros artistas marciales, entrenadores y formadores de jóvenes están limitados.
En segundo lugar, presidente, y en relación con la última sesión que tuvimos sobre deporte, la última comisión fue el 4 de junio. Entiendo que hay mucha contingencia nacional y actividades que debemos abordar, y estamos en un periodo importante para el patrimonio cultural. Por ello, le solicito que, en las semanas que nos quedan, podamos dedicar tiempo a este proyecto o a otros asuntos pendientes, sin saber lo que vendrá después del 11 de marzo con la comisión.
Agradezco su atención y respeto, como siempre. Para abordar su propuesta, junto con este tema en particular, comparto el objetivo del proyecto. Hay otros proyectos sobre deporte que deberíamos considerar, y me comprometo a consultar con los miembros de la comisión para citar eventualmente el miércoles por la tarde, antes de la sesión, a fin de despachar uno o dos proyectos que no deberían ser muy complejos.
Les recuerdo que inicialmente hemos estado sesionando dos veces en la Comisión de Cultura y Deporte, lo cual no ha sido fácil, pero me gustaría retomar esa posibilidad en lo que queda de esta legislatura.
Ahora, señor secretario, procedamos con el primer punto de la tabla: iniciar la discusión en general y en particular del proyecto de ley que declara el 8 de diciembre de cada año como el Día Nacional para la Conmemoración de las Víctimas del Incendio de La Compañía. Esta moción fue presentada por las senadoras Núñez, Allende, Pascual, Proboste y Sepúlveda, y su tramitación comenzó el 15 de enero de este año en el Senado. Su objetivo es establecer este día como un gesto de reparación simbólica hacia más de 2.000 personas que perdieron no solo sus vidas, sino también la dignidad de un sepulcro nominal.
Los antecedentes que acompañan a este proyecto de ley recuerdan que esta tragedia ocurrió el 8 de diciembre de 1863, durante una misa en honor a la Inmaculada Concepción. Según la escasa documentación de la época, se estima que las víctimas fueron entre 2.200 y 2.500 mujeres, la mayoría de las cuales no fueron identificadas, y cuyos restos fueron enterrados en una fosa común del Cementerio General, cuya ubicación exacta se desconoce.
Las autoras del proyecto concluyen que, a pesar de la evidencia de negligencia y actos punibles, una resolución de la Corte Suprema calificó el origen del incendio como un accidente, estableciendo que no podían sindicarse responsables debido al fuero eclesiástico vigente, lo que contribuyó a que no se realizaran investigaciones exhaustivas y la tragedia quedase en el olvido.
Quisiera dar la bienvenida a la escritora Francisca Solar. Antes de escucharla, me gustaría pedir a la senadora Sepúlveda, una de las mocionantes, que comparta algunas palabras. Después, procederemos a escuchar a Francisca Solar y, si mis colegas están de acuerdo, avanzar en la votación del proyecto. Agradezco, presidente, que haya colocado este proyecto en tabla, permitiéndonos reflexionar sobre lo ocurrido ese día. Recomiendo a todos leer el libro de Francisca Solar, quien no solo ha contribuido con su obra, sino que también ha sido una voz importante en esta conmemoración.
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Con el propósito de contar una historia, es fundamental recopilarla a través de distintos documentos que permitan entender la incidencia de lo ocurrido el 8 de diciembre y los días previos a esa tragedia. A nuestro juicio, nada fue casualidad; existen responsables y una institucionalidad que, de alguna manera, estimuló esta situación y no tomó las medidas preventivas necesarias para proteger a las personas que se encontraban en el lugar.
Es significativo que estemos discutiendo este proyecto aquí, en el lugar donde ocurrió el incendio, en lugar de haberlo hecho en Valparaíso. A pocos metros de aquí se encuentran las campanas que fueron testigos de ese momento terrible en la ciudad de Santiago. La escritora Francisca Solar ha señalado que las víctimas fueron mayoritariamente mujeres, quienes no escribieron la historia en ese tiempo y, por ende, no se relevaron los hechos que efectivamente ocurrieron. Murieron mujeres, niños y familias completas, representando aproximadamente el 2% de la población de Santiago en ese entonces.
Además, es importante recordar que no existían las condiciones adecuadas para prevenir esta tragedia; no había cuerpos de bomberos en la época, y a raíz de este incendio se estableció el cuerpo de bomberos de Santiago. Quiero expresar mi agradecimiento a Francisca por su emotiva lectura, especialmente en la parte final, donde se refleja el fervor del catolicismo de esa época y la carga de culpabilidad que ha recaído sobre las mujeres.
Este proyecto de ley, que firmamos en el Congreso, busca visibilizar a las mujeres y reconocer la crueldad que vivieron en ese momento. Muchas de ellas fueron enterradas en fosas comunes, lo que dificultó la identificación de los cadáveres. Espero que todos los colegas voten favorablemente por este proyecto.
Agradezco al presidente y a todos los integrantes de la comisión por haber puesto en tabla este proyecto de ley, que es tan sensible y significativo para mí. Estoy convencida de que el incendio de La Compañía es una de las tragedias humanas más importantes de la era contemporánea. No se trata solo de historia de Chile, sino de historia universal, no solo por la violencia del hecho, sino también por el número de fallecidos, que oscila entre 2.200 y 2.500, cifra que supera a la de las víctimas del Titanic y se asemeja a la de los ataques a las Torres Gemelas.
Este evento no fue solo una catástrofe local o nacional, sino que tuvo repercusiones internacionales, siendo cubierto por numerosos diarios de todo el mundo, como lo demuestra la portada del New York Times del 18 de enero de 1864.
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Está en plena guerra de secesión, en plena guerra civil. Por lo tanto, el New York Times, evidentemente, y sus titulares y portadas siempre son pura guerra. Sin embargo, el 18 de enero de 1964, el mismo New York Times para las prensas y le dedica su portada completa y todos los titulares al incendio de la Compañía en Santiago de Chile. Esto es extraordinario y muy inédito para el New York Times, ya que no sucedió en ningún otro momento en toda la historia de este periódico. Literalmente, pararon las prensas solo por el incendio de la Compañía, lo que refleja el nivel de impacto internacional que tuvo este evento y la cantidad de muertes.
Es fundamental entender que el incendio de la Compañía es un hito internacional, parte de la historia mundial y de la historia universal. Por lo tanto, es preocupante que nosotros mismos no conozcamos este hecho. Somos los primeros que deberíamos saber, conocer y manejar todos los detalles del incendio de la Compañía, dado su impacto tanto a nivel nacional como internacional.
En cuanto a las víctimas, lamentablemente, nunca tendremos un número certero, ya que las víctimas se encontraron post-incendio en un estado de desintegración y carbonización que impidió su identificación. Por ende, todos esos cuerpos fueron llevados a una fosa común en el cementerio general. Así, tenemos más de 2.000 víctimas completamente anónimas en una fosa común, cuya ubicación exacta ni siquiera conocemos, lo que es parte del problema.
A través de mi investigación, que se basa en múltiples listas de víctimas elaboradas en la época, he podido consolidar información. No hubo una sola lista centralizada, sino que se hicieron varias listas paralelas. La policía y la Intendencia de Santiago elaboraron su propia lista, mientras que un periódico importante de la época, El Ferrocarril, hizo la suya. Mi trabajo consistió en triangular toda esa información, verificar los nombres y apellidos, y finalmente realicé una lista consolidada de identidades que quedó en 1.353. Esto significa que hay cientos de víctimas de esta terrible tragedia de la que nunca vamos a saber absolutamente nada. Estas identidades son presuntas, ya que sus cuerpos no pudieron ser identificados, y la información fue entregada de forma voluntaria por sus familiares. Esta es una de las razones por las que hay tantas personas de las que no sabemos nada.
De esta lista, podemos concluir que la gran mayoría de las personas fallecidas eran mujeres, cerca del 90%. El resto son niños y hombres. Es importante destacar que esta tragedia, donde murieron familias completas, tuvo una abrumadora mayoría de mujeres entre las víctimas. Por ello, el incendio de la Compañía se considera un hito femenino, una tragedia femenina, dado que la mayoría de las víctimas eran mujeres.
La importancia de este proyecto de ley radica en el desconocimiento masivo de la ciudadanía sobre esta tragedia. Es insólito que, a pesar de la magnitud del incendio de la Compañía, haya tan poca bibliografía al respecto. Hoy en día, si entramos a cualquier librería de Chile, podemos encontrar fácilmente 15 o 20 novelas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, mientras que no hay nada, absolutamente nada, sobre el incendio de la Compañía. Esto es un hito suficientemente grande y complejo como para generar no solo ficción, sino también una considerable investigación. La escasa bibliografía existente es lamentable y refleja que este evento no ha sido lo suficientemente relevante para motivar un mayor estudio. Aquí presento dos de los libros más importantes en investigación contemporánea: "Del infierno al cielo", del profesor Roa, y "Qué hacer con Dios en la República", de Sol Serrano.
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Un libro sobre el incendio de la Compañía le dedica un buen segmento de la investigación, pero más que esto no hay. Lo que les muestro ahí atrás son las fuentes más importantes respecto al incendio, que son contemporáneas al hecho mismo, del siglo XIX. Tenemos el resumen histórico sobre el incendio realizado por Nicacio Esquerra, y el libro de Benjamín Vicuña Mackenna, que es una de las fuentes más relevantes. Recordemos que Benjamín Vicuña Mackenna fue testigo presencial del incendio; él lo relató en primera persona. Además, integró el primer directorio del Cuerpo de Bomberos de Santiago, a consecuencia de esta tragedia. Por último, Daniel Riquelme, conocido por sus análisis sobre la Guerra del Pacífico, también escribió sobre el incendio de la Compañía a fines del siglo XIX. Sin embargo, hay muy poca bibliografía y la investigación es escasa, lo que limita el análisis. Esta es una de las razones por las cuales la ciudadanía desconoce el incendio de la Compañía.
Es importante señalar que, a pesar de ser un hito significativo, este evento no es parte del currículum de historia en los colegios chilenos, lo que ha llevado a que generaciones de chilenos ignoren su existencia.
En cuanto al tratamiento misógino y falaz de este hecho, el relato oficial sobre el incendio se divide en dos. Un grupo de personas recuerda el incendio porque es el hito que da pie al primer cuerpo de bomberos de Santiago. Saben que se quemó una iglesia y que hubo muchas víctimas, y por eso tenemos bomberos en Santiago. Esto es correcto, pero el incendio pasa a segundo plano; lo importante en ese relato es la creación del cuerpo de bomberos.
El segundo grupo, que es el que más me impactó en mi investigación, repite constantemente que se quemó una iglesia en el centro, hace mucho tiempo, y que murieron muchas mujeres, culpando a sus vestidos. Se ha dicho que las mujeres llevaban crinolinas, vestidos grandes y pesados, que les impedían escapar. Esta idea ha llevado a que, durante más de 160 años, se culpe a las víctimas de su propia muerte, minimizando la tragedia a un accidente por vanidad.
Es relevante destacar que el porcentaje de mujeres con crinolinas presentes en la misa ese día no supera el 20%. Estas mujeres eran de alta alcurnia, pertenecientes a familias aristocráticas. La gran mayoría de las mujeres fallecidas en esta tragedia eran personal de servicio: institutrices, doncellas, cocineras y lavanderas, quienes no utilizaban crinolina.
Por lo tanto, la tesis de que las mujeres murieron por sus vestidos se desmorona al analizar con datos concretos la realidad de la época. La razón principal por la que más de dos mil personas quedaron atrapadas en el templo de la Compañía y no pudieron salir, lamentablemente, fue la rápida expansión del fuego, no las crinolinas. Lo principal aquí son las puertas y todos los accesos.
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Estaban primero cerrados por acústica, lo cual era algo habitual en la época, ya que todas las iglesias presentaban una pésima acústica. Por ello, era común que los sacerdotes solicitaran cerrar las puertas durante la misa. Así, no solo las puertas estaban cerradas, sino que, lo más relevante, todos los accesos de la Compañía eran puertas de bisagra simples que se abrían hacia adentro. Imaginen dos mil personas en pánico tratando de escapar, empujando hacia afuera. Todos los accesos del Templo de la Compañía de Jesús se bloquearon inmediatamente, lo que hizo imposible el rescate. Se logró rescatar a algunas personas, sí, se pudo abrir una de las puertas por calle La Bandera, lo que permitió evacuar a un pequeño número de personas, pero la gran mayoría quedó atrapada dentro del templo debido a la disposición de las puertas.
Es importante señalar que quienes más conocen este aspecto son los estudiantes de arquitectura en Chile, ya que una de las primeras enseñanzas para los arquitectos es que, a raíz del incendio de la Compañía, se estableció por primera vez en el país la obligación de contar con puertas batientes, es decir, bisagras dobles que se abren tanto hacia adentro como hacia afuera. Esta normativa se implementó en Santiago y posteriormente se extendió a todo Chile, como consecuencia del horror del incendio.
Asimismo, es crucial abordar el desprecio y la negligencia respecto a los sitios de memoria. Hablamos de la fosa común donde yacen más de dos mil personas que murieron quemadas vivas en este incendio, cuyos cuerpos quedaron tan carbonizados que resultaron imposibles de identificar. Todos esos cuerpos están en una fosa común en el Cementerio General. El problema es que nadie puede afirmar con certeza hoy dónde se encuentra esa fosa. Según ciertos documentos, la fosa original estaría en lo que hoy es la intersección de las calles Valdivieso y Dávila dentro del cementerio. Allí estaba originalmente la fosa común.
Lamentablemente, toda la señalética que indicaba la ubicación de la fosa fue erradicada a fines del siglo XIX. Nos queda solo especular, ya que no hay registro alguno de lo que estoy mencionando; solo contamos con algunos documentos que sugieren que esto se estaba preparando, pero no existen registros oficiales del Cementerio General que lo corroboren. Al parecer, la fosa, por su tamaño y ubicación en un área con alto potencial de crecimiento inmobiliario, fue movida por la administración del cementerio, considerándola un obstáculo para dicho crecimiento. Esto se realizó mediante una exhumación irregular, ya que insisto, no hay registro oficial de que esto haya ocurrido. La exhumación se llevó a cabo en las intersecciones de las calles Dávila y Bello, que se encuentran a dos o tres cuadras de la ubicación original. Lamentablemente, no tenemos ningún registro, certificación o garantía de que se haya realizado un traslado completo de los restos.
Lo más probable es que el movimiento haya sido parcial, lo que explica las exhumaciones irregulares. Además, se produjo una segunda exhumación irregular en 1928, impulsada por el Teniente de Bomberos Alberto Ruiz, quien, no con la intención de recuperar la memoria de las víctimas, sino con el propósito de establecer un lugar para que los bomberos pudieran conmemorar el 8 de diciembre, decidió actuar en contra de la administración del cementerio. Esto lo relata en su propia autobiografía, donde menciona que, sin contar con el permiso de la administración, aprovechando un periodo de inestabilidad política en Chile, tomó la decisión unilateral de trasladar restos de la fosa común a lo que hoy conocemos como Plaza de la Paz. En una fotografía antigua se puede observar cómo era el memorial originalmente, ubicado fuera del Cementerio General, en la entrada principal, donde se erige el monumento al dolor, el primer monumento en conmemoración a las víctimas. Es un memorial que ofrece un espacio de paz y reflexión.
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