Sesión ordinaria citada con objeto de:
1. Recibir a la Ministra de la Culturas, las Artes y el Patrimonio, señora Carolina Arredondo Marzán -o a quién designe en su representación- y a la Subsecretaria del Patrimonio Cultura y Presidenta del Consejo de Monumentos Nacionales, señora Carolina Pérez Dattari, con el objeto de abordar las acciones, planes y programas estatales destinados a la reparación, mantención y conservación de la Casa Museo y Mausoleo de la poetisa Gabriela Mistral, en la localidad de Monte Grande, comuna de Paihuano, así como las proyecciones y escenario administrativo que enfrentan los sitios patrimoniales de la comuna de Paihuano y la trazabilidad histórica de las medidas que se han aplicado en relación con dichas dependencias.
2. Iniciar el estudio del proyecto de ley, originado en moción de los diputados señores Rivas, Castro, Eduardo Durán y Videla y de la diputada señora Delgado, que Fomenta el respeto a la profesionalización de la carrera actoral, correspondiente al boletín N°17635-24.
Invitados: *Ministra de la Culturas, las Artes y el Patrimonio. *Subsecretaria del Patrimonio Cultural y Presidenta del Consejo de Monumentos Nacionales.
*Se ha invitado al señor Alex Walter Rivera Ponce, Licenciado en Artes Actor Universidad de Chile.
Lugar: Sala Pedro Pablo Álvarez-Salamanca
tercer nivel (Sesión presencial)
Vista pública limitada
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Se da cuenta de:
- Oficio remitido desde esta Comisión con motivo de la transmisión del concierto de Kidd Voodoo desde el Estadio Chinquihue de Puerto Montt. El canal público comunica que es para ellos un gran orgullo contribuir a la visibilización de los artistas nacionales y de la riqueza cultural del país.
- Oficio del Ministerio de Minería, por el cual se informa que los recursos destinados al apoyo de la pequeña minería para el año 2025 se ejecutan a través de un convenio con Sercotec, organismo encargado de seleccionar y financiar a las organizaciones beneficiadas. Se detalla un listado de 29 organizaciones de distintas regiones, con un monto asignado de más de diecisiete mil millones de pesos. Respecto de las rendiciones de cuentas, se señala que aún no pueden ser remitidas, pues los gastos se ejecutan entre noviembre y diciembre de cada año, por lo que esa información estará disponible en los próximos meses. Ello fue un requerimiento de esta Comisión.
- Oficio del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, por el cual se informa que, conforme a la solicitud de la Comisión, se revisó la situación de las organizaciones comunitarias funcionales y juntas de vecinos en el marco de la Ley N° 19.418 y se determinó que, desde la Subsecretaría de Vivienda, las SEREMI y los Servicios de Vivienda y Urbanización, no se les han realizado transferencias de recursos; por lo tanto, no existen montos, fechas de asignación ni rendiciones de cuentas que informar. Se remite una minuta de la División de Finanzas de ese Ministerio con la información solicitada.
- Correo electrónico del Gabinete del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, mediante el cual se excusa la inasistencia a esta sesión de la señora ministra y de la subsecretaria, por compromisos agendados con anterioridad.
Eso es todo, Presidenta.
—¿Alguien desea la palabra?
—Diputado Durán: Presidenta, sobre la cuenta, no quedó muy claro si fue una carta o una respuesta a un oficio lo de fondos por rendir de Sercotec. No sé si fue un oficio la respuesta. Y si nos pueden entregar copia. ¿Y eso fue de una organización social o cultural que solicitó financiamiento a Sercotec?
—Presidenta: Todos los oficios que están en la cuenta están a disposición de las diputadas y los diputados en la página web de la Comisión; efectivamente, los podemos revisar. Estas son respuestas a oficios enviados desde la Comisión respecto de la totalidad de proyectos de los respectivos ministerios, en el caso de Minería y de Vivienda y Urbanismo, relativos a fondos canalizados a través de Sercotec.
—Diputado Durán: Perfecto.
—Presidenta: Efectivamente, son respuestas al oficio N° 960 de esta Comisión. Tenemos tanto el oficio matriz como la respuesta; se lo podemos entregar en copia por correo individual. Muchas gracias. Lo que pasa, diputado, es que, en lo personal, como Presidenta, remití a la Contraloría a todos quienes no habían respondido a esta Comisión. Entonces nos están llegando oficios antiguos también. Por eso es que tenemos este de Sercotec. Pero lo va a tener.
5:00
La Presidencia:
En Puntos Varios se ofrece la palabra. No habiendo, pasamos a la Orden del Día. Dado que la Ministra y la Subsecretaria se han excusado, iniciaremos el punto 2 y daremos inicio al estudio del proyecto de ley originado en moción de los diputados señores Rivas, Castro, Eduardo Durán y Videla, y de la diputada señora Delgado, que fomenta el respeto a la profesionalización de la carrera actoral (boletín N° 17635-24). Se encuentra presente el señor Alex Rivera, licenciado en Artes y actor, Universidad de Chile, para referirse a esta iniciativa. Tiene la palabra. Prenda su micrófono, por favor.
Señor Alex Rivera:
Muchas gracias, señora Presidenta. Saludo a las señoras y señores diputados y agradezco profundamente la invitación a participar en esta sesión. Mi nombre es Alex Rivera, soy licenciado en Artes de la Universidad de Chile, y valoro la oportunidad de aportar desde mi experiencia profesional al análisis de este proyecto de ley que, como bien señaló la Presidenta Delgado, promueve y protege la profesionalización de la carrera actoral.
La actuación no es solo un oficio o una vocación; es una disciplina que requiere formación técnica y conlleva una responsabilidad cultural. Quienes estudiamos actuación dedicamos años al dominio de la voz y del cuerpo. Sin ir más lejos, en la malla curricular de la Universidad de Chile tenemos asignaturas como psicología, estética, semiología, historia comparada de las artes, danza clásica, baile, artes marciales y esgrima.
Pasar por una academia, por una formación, otorga la capacidad de interpretar y de tener un punto de vista. Ese punto de vista, que nace de la formación universitaria y de los centros de enseñanza, es la base de la cultura y del acervo patrimonial; es, en definitiva, una radiografía del país en un momento determinado. Por ello, para crear obras de calidad y resguardar el patrimonio cultural, es fundamental contar con formación.
Cuando hacemos una película, entramos a las casas de los chilenos sin pedir permiso; entramos al living, al lugar más resguardado de la familia. Eso merece respeto, y ese respeto pasa por no precarizar el trabajo de quienes tienen formación, evitando reemplazarlos por personas aficionadas o amateurs. No está mal que alguien lo haga por amor; si tienen talento, que se eduquen, que se formen. De lo contrario, ¿qué señal damos a la juventud? ¿Para qué me voy a formar o a estudiar si puedo pararme frente a una cámara sin haber pasado por la escuela? ¿Entonces cerramos la escuela y dejamos de formar gente? Esa es una de las grandes preguntas que esta iniciativa viene a abordar. Como ya he señalado, en nuestro país persiste esa realidad preocupante.
10:00
Hoy observamos que en medios de comunicación, productoras y plataformas audiovisuales se utilizan personas sin formación para desempeñar roles. Ahora, me voy a referir a algo sumamente importante: definir cuáles son los roles dentro de una narrativa, dentro de un arco dramático. Cuando uno cuenta una historia, los roles protagónicos —el protagonista y su antagonista, quienes sostienen el viaje del héroe y el eje actancial— no pueden ser interpretados por alguien que no ha pasado por la escuela, que no tiene formación.
Nosotros entramos, y repito, entramos a las casas de las y los chilenos sin pedir permiso; nos ubicamos en el centro, en el living, a través de un televisor o de un computador. Y faltamos el respeto a la familia chilena si no ponemos en ese lugar a verdaderos profesionales de la simulación. Porque nosotros hacemos simulación: hacemos que la historia que estamos contando sea verosímil, sea real. ¿Y cómo lo hacemos? Porque tenemos oficio, porque tenemos una educación detrás: semiología, historia comparada de las artes, danza, esgrima; hablamos de Kant, de Goethe. Esa formación nos permite crear una simulación creíble.
Cuando hablo de roles importantes no digo que la gente aficionada no pueda hacer lo que estime en las plataformas que considere; está muy bien. Me refiero a cuando aparecemos en la televisión nacional, en el cine, en la radio, en el teatro y en instancias financiadas con recursos públicos. En esos espacios, que son públicos, el lugar debiera pertenecer a quienes tienen formación. Estoy hablando de los roles importantes: no de los roles terciarios o de apariciones, que puede interpretar cualquiera, sino del eje actancial, del arco dramático, de quienes cuentan la historia; esos roles —el tronco de la historia— deben ser desempeñados por profesionales. Esa es la cuestión.
Si seguimos colocando a gente aficionada en esos lugares, vulneramos la profesión y erosionamos el valor de la cultura. Lo que pedimos es simple: si existe una formación profesional, debe existir un reconocimiento a esa formación. El proyecto que hoy se discute no pretende excluir ni restringir la creatividad; busca asegurar estándares mínimos cuando se requiera un rol actoral profesional, es decir, en el eje de acción.
En concreto, se propone que quienes interpreten estos personajes en televisión, radio, cine, teatro, publicidad y en diversos formatos, incluidos los nuevos, cuenten con la formación necesaria cuando se trate de roles protagónicos o del eje actancial, en coherencia con lo que ya ocurre en otras disciplinas artísticas y técnicas del país. Nadie le va a pedir a un fotógrafo que interprete —que baile— El lago de los cisnes en el Municipal; entonces, ¿por qué permitir que aficionados interpreten roles fundamentales en las plataformas ya mencionadas?
Reconocer la profesionalización actoral no es un privilegio; es una necesidad cultural: fortalece la industria, protege a las nuevas generaciones de artistas, dignifica el trabajo escénico y resguarda el desarrollo cultural del país.
Agradezco nuevamente la invitación y quedo a completa disposición para responder sus preguntas. Esta conversación enaltece el debate.
15:00
Gracias por su exposición. ¿Algún diputado o diputada desea la palabra? Diputado Teao, y luego diputado Durán.
Saludo, por su intermedio, al invitado que acaba de exponer. Según lo que usted ha señalado en esta discusión respecto del proyecto, parecería que el talento se forma; que, sin una formación formal, no se podría ejercer un oficio. Le haré varias preguntas, para tener un buen debate.
Según lo que usted dice, hoy día no podríamos tener al Presidente que tenemos, porque no se tituló en la universidad y, sin embargo, dirige el país. No me quiero meter en la parte democrática… —Se ruega ceñirse al punto—. Gracias. El invitado acaba de afirmar que, si no se pasó por una formación, no se podría llegar a tener un oficio o ser escogido para realizar algo. Entonces, ¿qué mensaje les damos a los jóvenes que aspiran a ser actores si no superan una prueba o no cuentan con una certificación, según lo que propone este proyecto de ley? ¿Por esa lógica, el Presidente no podría ser Presidente? Lo digo con altura de miras.
¿Quién decide quiénes trabajan en un teatro, en una radioemisora, en televisión y otros medios? Muchas veces los directores miran su elenco y ven tremendos profesionales, pero también buscan, para un personaje, aquello que soñaron o imaginaron junto al autor de la obra. ¿No podría existir otro talento —sin formación formal— que llegue a la altura de lo que ese director artístico necesita?
Sigo con otra pregunta: muchos actores y actrices han descubierto su faceta escénica porque, en algún momento, un amigo los llevó a un casting para publicidad, cine, televisión abierta o redes sociales. Gracias a esa oportunidad, descubrieron su vocación y llegaron a ser actores o actrices. De los casos más recordados, por ejemplo, está Carolina Arregui, que fue descubierta y hoy tiene una tremenda trayectoria. Entonces, si no se permite ir a un casting por no contar con una formación certificada, ¿no estaríamos dejando fuera talentos que pueden ser descubiertos?
¿Quién decide eso: el público, los formadores, los profesores, el lugar de trabajo? Creo que este proyecto tiene un sesgo respecto de esa realidad.
Además, ¿cómo lo harán los jóvenes de Juan Fernández o de lugares aislados o extremos donde no hay centros de formación para estudiar estas disciplinas, y que, por lo mismo, quizá nunca podrían haber descubierto su pasión o demostrado su talento? Lamentablemente, donde viven no hay centros de formación y deben trasladarse, por el centralismo, para poder estudiar. ¿Cómo accederán a una certificación para dedicarse a lo que quieren, sea actuación, danza, etcétera?
Y, por último, ¿quién califica a una academia de baile que tiene un tremendo talento juvenil, jóvenes que, en vez de estar en otras cosas, ensayan constantemente, cuidan su dieta y su preparación para lograr mejores coreografías? ¿Esa academia podría entregar una certificación para que luego puedan trabajar en televisión, en una obra de teatro o en un musical? Son preguntas que me surgen a propósito de este proyecto.
20:00
De leer el artículo único, que además establece la sanción respecto de quienes contraten personas que no han pasado por una academia. Por eso digo que dejemos abierta esta discusión para seguir reflexionando. Esas son mis preguntas, Presidenta.
Gracias, diputado. Vamos a hacer la siguiente dinámica: como la pregunta tiene varias aristas y reflexiones, se responderá a cada diputado que intervenga. Tiene la palabra para responder.
Agradezco mucho su intervención; me parece lógica su duda. Pero quiero decirle que talento siempre va a haber, y es bienvenido. Ahora bien, estamos hablando de industria. Por ejemplo, Argentina, Brasil, España, países con una industria audiovisual importante, tienen una premisa clara: si no te dedicas, no te subas. Hay un respeto por el escenario y por la gente en su casa; nosotros entramos a los hogares. No me cabe duda de que hay personas con trayectoria, pero lo que usted plantea se puede modificar y mejorar. Aquí no estamos diciendo quién entra y quién no. Talento siempre hay, pero si tienes talento, edúcate, fórmate. De lo contrario, damos una pésima señal. Es cierto, la industria ha funcionado de cierta manera, pero puede mejorar y alcanzar niveles competitivos si lo logramos.
Las industrias audiovisuales robustas no permiten que una persona que no haya pasado por la academia se presente frente a una cámara. Por ejemplo, usted no llamaría a un bailarín para operar la cámara. En muchas áreas —un dentista, un abogado, un periodista— nadie llamaría a alguien de la calle para reportear una noticia nacional. ¿Por qué sí ocurre en la actuación? Si profesionalizamos esto, vamos a generar una industria audiovisual mucho más potente, con un futuro más sólido, donde podremos incluir a las nuevas generaciones que se han dedicado a esto, que han hecho carrera y han pasado dos, tres, cuatro años estudiando. La señal que damos es muy poderosa si tomamos esta decisión. No sé si le contesté. Muchas gracias.
Tiene la palabra el diputado Eduardo Durán.
Gracias, Presidenta. Quiero comenzar diciendo que ser actor es una profesión que se estudia en una universidad o en institutos. Y si bien es cierto que siempre han existido casos de personas que, con el tiempo, han llegado a ser renombradas por desarrollar una carrera en estos medios sin tener la profesión, ser actor, insisto, es una profesión que se estudia. Y no por ser actor, dedicado a un área específica, es menos que un ingeniero que estudió ingeniería, o un arquitecto que estudió arquitectura, o un médico que estudió medicina. Entonces, para mí, desde ese punto de vista...
25:00
Creo que este proyecto, si bien es perfectible, debe propender a que la carrera actoral sea desarrollada por personas competentes y que estudiaron para ello. El señor que expuso se refirió precisamente a los roles que marcan el protagonismo de la obra; no a los extras ni a personas de segunda o tercera línea, sino al elenco que constituye la base de una obra teatral, una teleserie o una película.
Una persona con gusto por la construcción o el diseño no puede por sí sola ir a la municipalidad a presentar un proyecto de edificación: debe ser firmado por un arquitecto. De la misma forma, se requiere un ingeniero calculista. Ni siquiera un enfermero puede operar; tiene que ser un médico. Por lo tanto, creo que la carrera actoral merece respeto y debiera ser ejecutada, en sus roles protagónicos, por personas que estudiaron. Hay una malla de estudios, una serie de ramos que cursan, para lo cual tuvieron que prepararse y esforzarse, con todo lo que implica una carrera universitaria o de un instituto profesional.
Pienso que este proyecto tiene sentido en esa parte, guardando la posibilidad de que gente que no ha estudiado formalmente, pero que tiene talento, pueda integrarse en algunas situaciones; no, sin embargo, en lo que corresponde a la base de una obra ni en los roles protagónicos, como se ha señalado. Porque así funciona el sistema. Discrepo, en ese sentido, del ejemplo planteado por el diputado Tuiti respecto del Presidente: para ejercer un cargo político a ninguno de nosotros nos piden una profesión; son cargos que dependen de la voluntad popular, que decide si somos electos para representarlos en esta instancia. Pero, respecto de una profesión, insisto: para la cual la gente se formó, se educó y se preparó, deberá contemplarse, dentro del esquema —que también desconozco en detalle—, los cargos que correspondan para que puedan desempeñar esa función, sin dejar de lado que personas con talento y habilidades puedan integrarse, pero no ser el foco ni el centro de este tipo de representaciones.
—Gracias, diputado, por su reflexión. ¿Tiene algo que acotar? Porque es una reflexión más que una pregunta.
En ese mismo sentido, creo que mi experiencia puede aportar un antecedente valioso. He estado delante y detrás de la cámara; he sido director de cine, actor, etcétera. No viene al caso el currículum ahora; estamos en confianza. El asunto es lo siguiente: me ha tocado trabajar para HBO; hice el casting de Prófugos en sus dos temporadas. Y cuando estábamos enviando el casting a Estados Unidos, a Miami —porque la gente de HBO no estaba en Chile—, y los actores chilenos no eran conocidos, todos los actores —Pancho Melo, Alonso, Alfredo Castro— tenían que pasar por el casting. Cuando tomábamos las decisiones, enviábamos tríos de personajes, paquetes de personajes, para que resolvieran en Estados Unidos.
Muchas veces me tocó, como decía el diputado Tuiti, hacer el casting para gente recomendada: “Este joven es muy bueno, tiene una gran presencia; creo que lo hará increíble”. Voy a contar una historia que ilustra esto, porque cuando un actor hace este casting...
30:00
El tipo con talento innato hace la escena y uno dice: “Vaya, Robert De Niro, increíble”. Por suerte encontramos a un “Robert De Niro”. Repetimos la escena: cuando el tipo de la calle la repite, la primera toma sale bien, luego baja, y a la tercera baja aún más. En cambio, el actor formado mantiene el nivel —o lo eleva— en cada toma. Cuando tú le pones la cámara, ha ensayado, tiene el texto; la escena está. Todos podemos hacer una escena buena, incluso increíble, pero si para lograrlo se requieren cien tomas, es muy caro. Lo que quiero decir es que, sin formación, se pierden tiempo y recursos; incluso se encarece la producción. Ese es un detalle importante.
Diputada Serrano tiene la palabra.
Muchas gracias, Presidenta. Muy buenos días. La verdad es que yo, al menos, tengo hartas dudas sobre el proyecto de ley y me gustaría que pudiésemos abrir la conversación, tal como usted nos invitó. Primero, creo que este proyecto podría afectar el principio de igualdad ante la ley, porque propone una discriminación que, hasta el momento, podría ser arbitraria si no la trabajamos y no queda bien fundamentada. Claro, uno puede comparar con otras profesiones —usted mencionaba un dentista, un médico—, lo que no es en desmedro de otras áreas, pero ahí se trata de temas de salud pública, y no es lo mismo que el ejercicio de la creación artística. Creo que es importante abrir ese debate acá.
Además, tengo dudas prácticas sobre cómo se implementaría. Entiendo el fin del proyecto: dignificar, fortalecer la industria y evitar que, muchas veces, se prefiera ahorrarse un par de pesos antes que reconocer la profesión de algunos actores. Pero, por ejemplo, en las salas de teatro también se presentan talleres artísticos u otras instancias, plataformas de formación popular que hoy no necesariamente están reconocidas por una casa de estudios o un centro de formación técnica. Pongo un ejemplo sencillo: en el Teatro Municipal de La Pintana muchas veces se presentan obras que no necesariamente pasan por personas profesionalizadas. Aun si damos ese debate, en términos prácticos su aplicación podría ser compleja.
Quisiera dejar varias dudas sobre la mesa para que las conversemos. Si buscamos dignificar y ponerle coto a prácticas de la industria que se aprovechan, también falta trabajar el reconocimiento del Estatuto de Trabajadores y Trabajadoras.
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Contenido restringido
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