Congreso Cultura y Patrimonio Cultural

Congreso - Cultura y Patrimonio Cultural - 16 de enero de 2026

16 de enero de 2026
16:00
Duración: 3h 0m

Contexto de la sesión

Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural - «Primer reconocimiento a los Centros Musicales Culturales Criollos del Perú» - Ubicación: Edificio Juan Santos Atahualpa. - Auditorio Alberto Andrade Carmona

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Damas y caballeros, tengan todos ustedes muy buenos días. El Congreso de la República y la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural les da la más cordial bienvenida a la ceremonia del primer reconocimiento a los Centros Musicales Culturales Criollos del Perú. Para dar inicio al evento, tenemos las palabras de bienvenida a cargo de la presidenta de la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural, la congresista de la República, Sucén Paredes Piqué. Muchas gracias. Bienvenidas y bienvenidos al Congreso de la República, a la casa de todos ustedes. Señoras y señores presidentes de los centros musicales, sociales y culturales del criollismo aquí presentes. Distinguidos expositores: doctor Alejandro Reyes, ingeniero Jorge Luis Castillo, señor Mauricio Pineda, doctor Luis Rojas Valle, representante de los centros musicales. Es un honor para mí estar hoy aquí en mi calidad de presidenta de la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural del Congreso de la República del Perú. Hace meses esperaba estar reunida con ustedes en el mes de octubre, por el Día de la Canción Criolla; sin embargo, no se pudo debido a las propias actividades, ya que es un mes de alta carga de trabajo para los centros musicales y para los artistas. No quisimos insistir, pero ahora que estamos en el mes del aniversario de Lima, me pareció que era el momento adecuado para iniciar el reconocimiento a los centros musicales, culturales y sociales, que son la célula básica de la conservación de la cultura del criollismo en el Perú. ¿Qué sería de Lima sin el criollismo? No tendría la identidad que tiene. A partir del siglo XIX, en esta ciudad se han vivido una serie de mezclas: lo europeo, lo indígena, lo afroamericano y lo afrodescendiente en general. Todas estas culturas se reúnen con sus artistas, quienes provienen de diversas regiones y tradiciones, generando así el movimiento del criollismo en el Perú. Estas canciones hablan del sentimiento y han hecho de nuestras vidas, según la historia del criollismo, lugares de encuentro cultural, así como de penas, alegrías y celebraciones. También han descrito momentos históricos. Hay valses que han narrado la historia de la ciudad de Lima y de sus artistas. Cada vez que voy a una fiesta, a eso de las dos de la mañana, quiero cantar "Luci Smith". Es un vals que me emociona profundamente, recordando a una gran artista que falleció de manera trágica. Estas melodías han contado nuestra historia y reflejan nuestros problemas; por ejemplo, en el Perú, cada día mueren seis personas por tuberculosis.
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Escribió un clásico de la música criolla que se llama El Tísico, en el cual se describe una realidad. Lamentablemente, por la crisis política y el desgobierno que enfrentamos, imagínense, ocho presidentes en siete años, es una desgracia. ¿Qué política pública puede sostenerse en este contexto? Actualmente, hay seis muertos diarios por tuberculosis en el Perú, y estamos como cuando Pinglo compuso El Tísico. Estos valses no solo son la música criolla que anima nuestras fiestas y fechas del calendario oficial de Lima, sino que son nuestra historia viva. Por esta razón, en el año 2022, el Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la música y canción criolla, incluyendo sus saberes, prácticas y espacios de transmisión en Lima Metropolitana y El Callao, a través de una resolución viceministerial. Este reconocimiento resalta su valor como elemento central de la identidad peruana, abarcando géneros como el vals, la marinera limeña y la polca, así como los lugares donde se crean y difunden. El reconocimiento que hoy les otorgamos es simbólico, pero es el primero que realiza otro poder del Estado, ya que este es el Congreso de la República. El Ejecutivo lo otorgó desde el Ministerio de Cultura, y queremos brindar este reconocimiento a los centros musicales. Nuestro interés con esta ceremonia ha sido tender un puente entre los promotores del criollismo y nosotros, los congresistas, como representantes del Estado. Es preocupante la próxima desaparición de la Comisión de Cultura. La mayoría de este Congreso, al crear la bicameralidad, ha decidido que en la Cámara de Diputados no habrá una comisión de cultura, lo cual es terrible. ¿Por qué hay industria del turismo en el Perú? Por nuestra cultura. Los turistas vienen a visitar Machu Picchu, las ciudades coloniales y el Centro Histórico de Lima. ¿Y eso qué es? Es creación cultural. No es posible eliminar la Comisión de Cultura. Ahora se llamará Educación, Deporte, Cultura y no sé qué más. La cultura es fundamental. Por eso, hoy levanto mi voz como la última presidenta de una Comisión de Cultura en el Congreso de la República. Esto se puede arreglar si los próximos senadores y diputados deciden modificar la ley del reglamento y reponer la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural del Perú. Sin embargo, lamentablemente, esta mayoría, que en mi opinión es poco educada, ha eliminado esta comisión ordinaria. En lo que nos queda de la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural, quiero reconocer al congresista Héctor Acuña Peralta. Cuando lo visité en su domicilio, él, ya mayor, me decía que no podía ofrecerle nada más que un diploma. En realidad, el presupuesto hasta julio nos limita, pero debemos trabajar en una agenda pendiente en los sectores de productores del arte y la cultura. Quiero decirles que siento esto como un insulto, como una afrenta hacia nuestra comunidad. No se queda solo en mi indignación; hace dos semanas le hice un reconocimiento a Carlos Gasol. Gracias.
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Tiene 96 años, un gran actor peruano, y los reconocimientos hay que darlos en vida, porque no se trata de reconocer a los muertos. Mi saludo al congresista Héctor Acuña, vicepresidente de la Comisión de Cultura. Lo aprueba el Congreso, pero quien administra el dinero es el Ejecutivo, es decir, el Ministerio de Economía y Finanzas. Entonces, no es posible que los artistas tengan que mendigar, y lo digo así con dolor, por una pensión de gracia. O tengan que llamarme y decirme que tal persona está en la calle. A veces tramitamos para que vayan a un hospicio, pero los hospicios están llenos. ¿Por qué tenemos que llegar a esa situación? La jubilación es un tema complicado si ellos no están en planilla permanente. ¿Y cuál es el problema? Los obreros de construcción civil tampoco están en una planilla permanente. ¿Cómo trabajan? Por obra, igual que los actores, por espectáculo. Eso se llama trabajo intermitente. He presentado un proyecto de ley y espero que en la Comisión de Trabajo se apruebe rápidamente, porque no es posible que trabajadores y trabajadoras del arte mueran en la indigencia tras años de trabajo. Hay gente indolente que dice: “¿Por qué no han ahorrado, si han sido famosos y han tenido plata?”. La gente no entiende que hay épocas buenas y épocas malas. Un artista no llega y se presenta sin más; ha ensayado horas, ha tomado el tiempo en componer, en hacer los arreglos, en crear la coreografía, y recién después de eso se produce la presentación artística. Son horas de trabajo. ¿Cuál es el antecedente laboral para la ley de jubilación del artista? El trabajo intermitente de otro gremio muy importante que tiene su ley de jubilación: los obreros de construcción civil. Este proyecto de ley no se me ha ocurrido de la nada. Cuando tuvimos un problema con la ley del artista, la actriz Elvira De la Fuente, quien fue congresista y autora de la ley del artista, me explicó que ella había trabajado, pero no le dio el tiempo para que la ley incluyera la jubilación. Por eso es que los artistas no tienen jubilación. Hay quienes me dicen: “¿Pero cómo van a tener que pagar? ¿Que tienes que pagar las pensiones de tus hijos? ¿Que tienes que pagar la hipoteca de la casa?”. ¿O qué creen, que somos extraterrestres los artistas? No es así. Entonces, ¿por qué en México viven dignamente? Porque se respetan sus regalías y porque tienen una ley laboral que los protege. Nosotros ya tenemos las regalías, aunque hay problemas todavía, pero lo que no tenemos es jubilación del artista. Por esa razón hemos presentado este proyecto de ley. Voy a reconocer a otros artistas que todavía están vivos y quiero que sepan que, así como hemos dado un minuto de silencio a este músico, Jesús, del grupo Los York, que fueron famosos en 1968, hay un legado que nos han dejado. He puesto música y todos nos hemos recordado. Un artista tiene que ser homenajeado hasta el último día de su vida, y después de fallecido, sigue siendo parte de nuestras vidas cuando escuchamos sus canciones, cuando nos hacen llorar o nos hacen felices con sus piezas. Quiero agradecer a la señora Luz Melba, la voz de la pasión, que me ha regalado un grupo de CDs que he escuchado. Muchas gracias. Un aplauso para Luz Melba. Le agradezco, porque los medios de comunicación no ponen nuestra música, y si lo hacen, es lo mismo, lo mismo, lo mismo.
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Seis artistas, seis compositores. Aquí el congresista Héctor Acuña es promotor de una ley, junto con el congresista Alex Flores de Ayacucho, para que los medios de comunicación incluyan un 30% de programación de música nacional en las radios y la televisión. Nos criticaron, decían: ¿de dónde van a sacar tanta música? O sea, que para algunos la música peruana solo es buena si es de ciertos géneros. No, hay jazz, hay cumbia, hay música criolla, hay todo. Sin embargo, parece que solo se les da beneficio a los extranjeros, y por eso no hay regalías y nuestros artistas tienen poco tiempo para generar ingresos. El compañero Héctor Acuña, le digo compañero porque desde que ingresamos al Congreso hemos trabajado juntos en la Comisión de Cultura, ha sido un defensor de artistas como Alicia Maguiña, una cantante y compositora que no ha recibido el reconocimiento que merece en el Perú. Aquí, todo es Chabuca Granda, pero Alicia Maguiña hizo grandísimas contribuciones a la música criolla y a la marinera limeña, y creo que ella requiere de un mayor reconocimiento. Era muy estricta en mantener la tradición y la pureza de la marinera. Hoy vamos a hablar de la historia del criollismo y de la marinera limeña, de los barrios donde nacieron. Mi preocupación es que la gente seguirá bailando marinera, pero mi obsesión es que ustedes cultiven esa jarana, ese canto de jarana donde uno le contesta al otro. Eso solo se aprende jaraneando, no se aprende en la universidad. Si los centros musicales no se les da la suficiente importancia, ¿de dónde van a aprender las nuevas generaciones? Nuestra amiga Ana Espinoza, de Ambiente Criollo, es una joven percusionista criolla que también está aquí. ¿De dónde van a aprender si no van a los centros musicales a beber de las fuentes auténticas del criollismo? Por esa razón, esta mañana realizaremos la presentación de un libro, comentarios de investigación y también el reconocimiento a esas células básicas del criollismo que son nuestros centros musicales. Gracias. A continuación, tendrá la palabra el congresista de la República, Héctor Acuña Peralta, vicepresidente de la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural. Muy buenos días, distinguida concurrencia. Muy buenos días, estimados investigadores, historiadores y artistas. En verdad, es un día de mucha importancia para la Comisión de Cultura y, en mi caso, como miembro de la comisión, agradezco a toda una historia. ¿Por qué no continuar? Como tú me dijiste, vamos a continuar, pero no esperaba que fuera así tan seguido.
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Sé que le ibas a alternar más, pero me parece muy bien que, en este último tramo que te toca presidir la comisión, recojas las experiencias. De alguna forma, creo que estás haciendo lo que muchas veces no hemos hecho nosotros en el tiempo, que nos ha faltado y nos seguirá faltando tiempo para hacer el reconocimiento a tantos artistas que tenemos en el país. Como todos ya lo hemos mencionado, nos falta el reconocimiento en vida. Esto es algo de lo que muchas veces nos lamentamos cuando ya no están nuestros familiares o las personas que hicieron mucho por el país. En este caso, ustedes, que en verdad nos alientan, nos animan, nos alegran y nos hacen volver a vivir, merecen toda nuestra consideración. Esperemos que esta propuesta, esta iniciativa legislativa, sea un éxito. Debemos hacer todo lo posible para que se convierta en ley. Creo que todavía tenemos tiempo, aunque no mucho, pero sí el necesario para concretizarlo. Tal vez podamos también retomar el tema de la participación en los medios de comunicación, que no sea el 30% como hemos dicho en varios escenarios, sino que al menos sea mayor a lo que ahora está establecido, que muchas veces no se cumple, que es el 10%. Si logramos llegar al 20%, ya sería un avance significativo. Teniendo a grandes personalidades en nuestra mesa de honor y en este lindo auditorio, les daremos el espacio y el tiempo para que compartan lo que más saben. De mi parte, distinguido público, muchas gracias por su presencia y por darme esta oportunidad. Que Dios los bendiga. A continuación, tenemos la disertación sobre la historia de la música criolla, a cargo del investigador cultural, el señor Mauricio Piñeiro Uribe. Ex guitarrista criollo, ha sido distinguido como socio honorario del Centro Musical Barrios Altos y del Centro Musical Los Amautas, instituciones representativas de la tradición criolla. Desde el año 2018, ejerce como presidente de los representantes de los centros musicales y de las distintas asociaciones culturales que se dan cita hoy aquí. Permítanme hablar un poco sobre la historia de nuestra música criolla. Más que ofrecer una disertación exhaustiva, quiero dar algunos alcances, teniendo en cuenta que lo criollo es la fusión de lo español con lo nativo, sumado a lo afrodescendiente. Nuestra música criolla tiene raíces que se remontan a hace mucho tiempo. Soy presidente y fundador de la Asociación Cultural Criollos en el Perú, una organización dedicada a la difusión y preservación del arte criollo. Asimismo, me desempeño como investigador de la historia de la música criolla peruana, aportando al conocimiento y valoración de este género como parte esencial de la identidad cultural del país. Buenas tardes, señores congresistas, señor profesor Paredes, señor Héctor Acuña, compañero Duarte. En el año 1820, quienes crearon el himno nacional ya habían compuesto una canzoneta conocida como "La Chicha", que es un primer registro con tintes de música italiana, pero que además está emparentada con el panalibio. Esta canzoneta era un fervor popular donde se hablaba de las comidas y de las formas de conducirse en la época de la independencia del Perú. Sin embargo, a veces tenemos en el imaginario que la música criolla es solamente el vals. Lamentablemente, por un dictamen de la Iglesia en su momento, los curas que diagramaban y partituraban los temas solo lo hacían con música sacra.
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y hacer partituras de la música popular. Eso no nos ha dejado tener registro y se ha perdido mucho de nuestro patrimonio. Con el tiempo, una de las canciones más conocidas que algunos deben tener en su retina es la de don José Bernardo Alcedo. Sin embargo, ritmos más antiguos como el festejo, la zanguaraña, el agüe nieve y las cuadrillas ya eran parte de nuestro constante manejo musical. A mediados del siglo XIX, el vals entra y se adapta a nosotros, bajando de los salones para llegar con un fervor popular. Se cambia el uso del piano, y nosotros comenzamos a usar la vihuela y luego la guitarra. Otro personaje importante que deja registro es el presbítero Matías Maestro, quien elabora un documento donde diagrama algunas piezas populares, aunque son muy pocas. También algunos músicos italianos como Claudio Rebagliati y el maestro Bolognesi dejan su huella. Con la entrada del vals, hay un auge que separa el vals primigenio, marcando un parteaguas en lo que se conocía de los personajes de la Guardia Vieja, como Miguel Almenerio, Fianzón y los hermanos Suárez. A veces no nos damos el tiempo de buscar, y es lo que mencionó la congresista: no hay solo veinte piezas de música criolla, tenemos un sinfín de piezas que deberíamos escuchar. Se habla principalmente de las grabaciones que realizaron los maestros Montes y Manrique en 1900, donde aparece don Felipe Pinglo Alba, nacido en el barrio de Saltos en 1899. Pinglo dejó un vasto legado musical y logró amalgamar ritmos foráneos como el one step y el foxtrot, que estaban causando furor por las películas que se estaban produciendo. Adaptó estas melodías, añadiendo letras en castellano y modificando algunas piezas para que tuvieran un nexo criollo. Mientras se piensa que Pinglo era un conservador, en realidad era un vanguardista. Registró, al igual que Pancho Fierro con sus óleos, temas sociales como la lucha de clases. También compuso una marinera limeña para la Alianza Lima, y dejó casi 180 piezas musicales grabadas en Nueva York. Posteriormente, Víctor también grabó en 1913, 1915 y 1917, creando referentes que son conocidos hasta hoy. Es importante mencionar a nuestro querido y recordado Darío Mejía, quien desinteresadamente adquirió muchos discos de carbón que existen y los subió a plataformas como SoundCloud y YouTube. Démosnos el tiempo de investigar para enriquecer este pasado. En algún momento, tuve la suerte de visitar la famosa catedral del criollismo, donde encontramos ese repertorio que, hasta hace algunos años, no contaba con grabaciones vigentes. Existen historias como la de un joven que, en la servidumbre, mató a sus patrones porque el patrón maltrataba a su hermana, lo que inspiró una canción. O el caso de Jorge Chávez, quien, al caer en los Alpes, también se convirtió en tema musical. Todas estas narrativas están por rescatarse. Hay libros que ya están disponibles en PDF en las redes o en las páginas del ministerio y de la municipalidad. Mucho por leer, mucho por revisar. En lo que respecta a la historia que estamos abordando, todo esto ha ido mutando. Es distinto escuchar un vals grabado por Montes y Manrique en 1911 que escuchar a los hermanos Ascuez o al padre de Teresita Pini grabar en 1928, y totalmente diferente a las grabaciones que se realizaron en Argentina en 1946.
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Por los trabajadores del norte, ¿no? De eso a lo posterior de José Escajadillo y Félix Pasache, el vals ya no se asemeja casi nada a lo que inicialmente escuchábamos. Las grabaciones en vals jamás se habían dejado de lado. Pude escuchar valses de don Pedro Azuela y de Miguel Almenirio, y con el tiempo se han podido grabar, estando los registros también en YouTube, que enriquecen y nos dan cuenta de un pasado que para nosotros es lejano. El caso de Alejandrino Montes, por ejemplo, fue un caso sonado a inicios del novecientos, donde la música criolla se convirtió en una forma de comunicación de las noticias. Grandes voces como las de los embajadores y los cholos, así como las cinco grandes, se distinguían por tener identidad, una forma única de cantar y de expresar un mismo tema. Un tema grabado por los morochucos no tenía la misma forma como lo grabó luego Fiesta Criolla. A veces perdemos eso por seguir lo que hizo otro; tenemos que ponerle un poco de identidad a la forma de cantar y a la forma de tocar. Siempre se considera que Montes y Manrique son los patriarcas de nuestra música criolla, y sin embargo, lo que ellos más grabaron en Nueva York fueron yaravís. El mayor cúmulo de grabaciones de ellos es de este género. No estaba separado lo andino de lo criollo, pero con el tiempo ha habido una separación. En el momento más fuerte del auge de la discografía y de la radio, esto nos sirvió para tener una fuerte difusión. Muchos conjuntos, muchos tríos, como los morochucos y el conjunto espectáculo, han contribuido a la actualidad de nuestra música. Vemos que hay una resistencia de los centros musicales, que siguen siendo también las caranas en las casas. Antes, para entrar a un centro musical, era necesario ver al padrino que te hiciera pasar. Ahora, los centros musicales se han aperturado y cualquier persona puede acercarse a disfrutar de nuestra música criolla, pudiendo escuchar no solo valses, polkas o huaylas, sino también marinera limeña y nuestros cantos de contrapunto de contestación. Es importante la presencia de todos aquí y el esfuerzo que hacen por mantener en la actualidad nuestra música criolla, por difundirla, por quererla y por darle espacio a los jóvenes, que veo muchos ahora en los centros musicales. Esta es la parte más importante en este recorrido que he hecho desde el inicio, que comienza alrededor de 1540, desde que se empieza a hacer música criolla, aunque lamentablemente no tenemos registros hasta la actualidad. Reconocido por el Ministerio de Cultura y la Universidad Nacional del Folclor José María Arguedas, presidente de la Asociación Cultural Somos Jarana, su trayectoria de educación y como educador está basada en el pensamiento, la disciplina y la danza consciente. Honorables autoridades del Congreso de la República, estimada congresista Susel Paredes, cuya sensibilidad por nuestra cultura nos convoca hoy, maestros, cultores, familias jaraneras y guardianes de esa llama invisible, pero invencible, que llamamos peruanidad. Reciban ustedes el saludo fraterno de la Asociación Cultural Somos Jarana. Quienes la conformamos somos cuatro personas que hemos difundido y seguimos difundiendo nuestra música peruana. Está Elsa López Huapaya, Jorge Alberto Talaviña, que no ha podido venir porque está en plena difusión dando clases de marinera limeña, y la señora Cecilia Gurmendi, que recientemente viajó a Chile para dar clases de vals y marinera limeña. Como Asociación Cultural Somos Jarana, nos toca seguir adelante, pensando en darle un segundo aire a nuestra música con todos los jóvenes y las personas que continuarán creando música criolla. Muchas gracias. A continuación, se llevará a cabo la disertación sobre el origen de la maquinaria.
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A cargo del señor Jorge Luis del Castillo, ingeniero especialista en comunicaciones, empresario, gestor cultural y campeón de campeones de vals criollo y marinera limeña. Fuimos no solamente a dar clases, sino a ser jurados también de los concursos de marinera que se están llevando a cabo. La grata sorpresa ha sido observar una gran cantidad de jóvenes, inmensos jóvenes, que disfrutan de la guitarra criolla, el vals peruano y la marinera limeña. Cada vez que hay una presentación tipo peña, el lugar se encuentra lleno y abarrotado de jóvenes que no solo tocan, sino que también cantan y bailan marinera limeña. Es más, se juntan y viajan aquí al Perú para reunirse con los maestros y aprender de ellos. Esto nos hace sentir una identidad y un gusto por lo nuestro. Estoy en este recinto, donde se legisla el destino de nuestra nación, y no es un hecho menor. No venimos aquí solo a recibir un diploma o una medalla; venimos a traer el aroma del callejón, el repique del cajón y el susurro de las guitarras, que durante siglos han sido el verdadero parlamento del pueblo. Aceptamos este reconocimiento con la humildad del obrero que sabe que su obra es colectiva. Este honor no es para nosotros, los que hoy venimos o vestimos de gala, sino para aquellos que ya no están, para aquellos maestros que, en la precariedad de un cuarto de quinta o en la oscuridad de una peña de barrio, mantuvieron encendida la antorcha de nuestra identidad cuando el mundo miraba hacia otro lado. "Somos Jarana" no es solo un nombre, es una declaración de principios, porque la jarana no es desorden, es la armonía de las diferencias, es el encuentro de las sangres y, sobre todo, el ejercicio más puro de libertad que tiene el limeño, que tiene el peruano. Hablar de nuestra música es inevitablemente hablar del vals criollo peruano. Pero, ¿qué es el vals para nosotros? No es solo una estructura musical de tres cuartos; el vals es la página más sensible de nuestro diario íntimo como ciudad. Nuestra historia nos cuenta que el vals llega de Europa, de los salones dorados de Viena, con sus tules y sus modales aristocráticos. Sin embargo, Lima, que tiene esa magia de transformarlo todo, lo llevó de los espejos de palacio a los patios de tierra. Allí, donde el bandoneón no llegó, apareció nuestra bendita guitarra de madera. En esa transición, el vals dejó de ser un baile de distancia para convertirse en un abrazo de barrio. Nació en los balcones de Monserrate, se curtió en el callejón de un solo caño y se hizo eterno en los Barrios Altos. Allí, el vals aprendió a hablar su jerga, esa jerga de pueblo, de barrio. No podemos mencionar nuestra identidad sin inclinarnos ante la figura de Felipe Pinglo Alva, el maestro. No solo compuso canciones; él redactó nuestra sociología. Con "El plebeyo", el vals dejó de ser un romance para convertirse en protesta, en dignidad y en el reclamo de un lugar en la historia para el hombre común. Décadas después, nuestra inmensa Chabuca Granda le dio al vals una nueva arquitectura, lo estilizó, lo hizo caminar por el Puente de los Suspiros y lo vistió de seda, demostrando que lo criollo no tiene límites de clase ni de fronteras. El vals es nuestra melancolía alegre, esa capacidad que tenemos los peruanos de llorar cantando y de celebrar la nostalgia, porque en cada rasgueo, en cada bordón de guitarra, hay una afirmación: aquí estamos, somos.
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Somos costeños y nuestra voz tiene el peso de los siglos. La coreografía del vals criollo se caracteriza por un desplazamiento suave y elegante sobre la pista de baile, donde los movimientos fluyen como un río de emociones. Los bailarines se desplazan en un movimiento frontal, circular y ondulante, aprovechando cada giro y contragiro para transmitir sentimientos profundos. Es algo tan silencioso y misterioso como la química de la vida misma; es una filtración del mensaje de la música directamente a tu torrente sanguíneo. Es la comunicación entre dos cuerpos, lleno de significado y disfrute. Eso es lo que bailaban nuestros abuelos, nuestros ancestros, y lo seguimos bailando, lo seguimos sintiendo, porque es puro sentimiento. Hoy, en pleno siglo XXI, el vals sigue siendo la crónica de nuestras calles. No es una pieza de museo, es el refugio donde el limeño se reconoce cuando el mundo corre demasiado rápido. Si el vals es la crónica del alma, la marinera limeña es el diálogo de nuestra inteligencia. Es, sin duda alguna, la danza más sofisticada que ha parido esta tierra, porque en ella se resume el mestizaje absoluto, la elegancia del requiebro español, la fuerza del zapateo africano y la picardía del ingenio criollo. La marinera limeña no se baila con los pies, se baila con la mirada y se cuenta con el pañuelo. A diferencia de otras variantes hermanas, nuestra marinera es de distancia corta. Es un juego de seducción donde el respeto es la regla de oro. Como bien decía Rosa Mercedes Ayarza, es la danza de la picardía contenida. Ustedes lo saben bien, la marinera limeña tiene una estructura sagrada: la primera, segunda y tercera de jarana, que nos retan a la improvisación al momento del baile y requieren un oído fino para culminar en la explosión de la resbalosa y la fuga. Es un proceso de persuasión. El hombre no conquista por la fuerza, sino por el garbo; la mujer no cede por capricho, sino por la gracia. En la Asociación Cultural Somos Jarana defendemos la marinera no como un espectáculo, sino como una filosofía de vida. En la marinera se aprende a escuchar al otro, se aprende a esperar el turno, se aprende que la elegancia es una forma de resistencia. Esa gracia y sazón, ese sabor especial, ese toque de distinción que no se compra en ninguna escuela, es lo que nos define. Cuando un pañuelo se eleva en una marinera limeña, no se está moviendo una tela, se está agitando una bandera de libertad; se está diciendo que somos un pueblo que sabe enamorar, que sabe retar y que sabe convivir en la armonía de un mismo compás. Es la demostración viva de que el arte popular puede ser y es profundamente intelectual y sofisticado. Señores congresistas, el patrimonio no se hereda como una cuenta bancaria que se guarda bajo llave; el patrimonio se cultiva. Es el pegamento social que nos mantiene unidos cuando las crisis intentan dividirnos. Por eso, este reconocimiento del Congreso de la República debe ser también un compromiso de Estado para seguir impulsando los espacios donde la cultura viva respira. Para finalizar, quiero agradecer nuevamente a la congresista Susel Paredes y a este honorable público que nos acompaña. Indicarles que el vals criollo y la marinera se suda y se comparte. Desde la Asociación Cultural Somos Jarana hemos asumido la responsabilidad de que estas manifestaciones no se conviertan en cenizas. Trabajamos para que el vals y la marinera sigan siendo fuego vivo. No enseñamos solo pasos de baile, formamos ciudadanos, porque un joven que conoce la historia de su música es un ciudadano que respeta sus raíces.
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