Buenas tardes, bienvenidos a esta reunión de la Comisión SANT. Damos la bienvenida a los miembros titulares y suplentes.
Punto 1. Aprobación del orden del día. ¿Lo podemos dar por aprobado? Aprobado.
Punto 2. Comunicaciones de la Presidencia. No hay.
Punto 3. Aprobación de las actas. Me refiero a las actas del 1 de septiembre de 2025. Dichas actas ya se les han hecho llegar por parte de la Secretaría; se enviaron el 5 de diciembre. ¿Las podemos dar por aprobadas? Aprobadas.
Pues entramos en materia. Queridos colegas, los países miembros de la OMS han empezado a trabajar para elaborar un nuevo instrumento global con el fin de proteger a la ciudadanía: se trata de proteger a las comunidades y a los países de posibles futuras pandemias. Este instrumento, conocido como el Acuerdo, tiene como objetivo mejorar la prevención, la preparación y la respuesta a futuras pandemias a nivel mundial. La OMS aprobó el Acuerdo sobre pandemias en mayo de 2025, en la 78ª edición de la Asamblea Mundial de la Salud. La OMS está negociando en estos momentos un sistema de acceso a los patógenos y de participación en los beneficios, que formará parte del Acuerdo.
Se trata de un punto pendiente del Acuerdo de Pandemias, en forma de anexo. Una vez que dicho anexo haya sido aprobado, el Acuerdo de Pandemias quedará preparado para las firmas y las ratificaciones por todos los Estados miembros. Una vez que ese instrumento quede ratificado, será vinculante y formará parte de la Constitución de la OMS.
Hoy recibimos aquí a Américo Zampetti, ministro consejero de Salud Mundial de la Delegación de la Unión Europea ante las Naciones Unidas. Nos va a contar las últimas novedades acerca de las negociaciones en torno al anexo del Acuerdo de Pandemias. El señor Zampetti va a tomar la palabra para hacer una presentación y, después, podrán intervenir los diputados y diputadas para plantear sus preguntas. Nuestro debate, como siempre, se basará en intervenciones espontáneas; cada uno tendrá dos minutos para su pregunta y, si quiere intervenir, basta con que levante la mano. Señor Zampetti, tiene ocho minutos. Adelante.
Gracias, presidente, señorías. Muchísimas gracias por invitarme y darme la posibilidad de contarles las últimas novedades acerca de las negociaciones del anexo al Acuerdo de Pandemias.
En primer lugar, la Unión Europea y sus Estados miembros han formado parte de estos esfuerzos para conformar un sistema sanitario mundial más sólido, a través de enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional y del propio Acuerdo de Pandemias de la OMS. Son dos hitos que suponen grandes avances a la luz de las lecciones aprendidas durante la pandemia de la COVID y, además, reflejan los objetivos recogidos en la Estrategia de Salud Global de la Unión Europea. Sigue haciendo falta cooperación internacional, así como multilateralismo y solidaridad en el contexto de la sanidad mundial.
La modificación de la normativa sanitaria mundial y el Acuerdo de Pandemias reflejan las responsabilidades y competencias de los distintos Estados miembros de la Unión Europea. Los Estados miembros de la OMS aprobaron el Acuerdo de Pandemias en la 78ª Asamblea Mundial de la Salud, que se celebró en mayo de 2025, como ya decía el presidente. En esa misma Asamblea decidieron establecer un grupo de trabajo intergubernamental con el fin de negociar un punto pendiente de ese acuerdo: el anexo sobre acceso a los patógenos y participación en los beneficios. Una vez que esas disposiciones sean acordadas, se dará por finalizado el Acuerdo de Pandemias y estará listo para su ratificación. Si todo va bien, esa propuesta de anexo se presentará en la 79ª Asamblea Mundial de la Salud, en mayo de 2026.
En lo que se refiere al calendario, ese objetivo es ambicioso. El grupo de trabajo intergubernamental se ha reunido ya en cinco ocasiones: julio, septiembre, octubre, noviembre y diciembre; la semana pasada, concretamente, tuvo lugar la última reunión. La Comisión sigue ejerciendo de negociadora, ya que cuenta con una autorización del Consejo, recogida en la Decisión del Consejo de marzo de 2022. La primera reunión de este grupo se centró en cuestiones de organización y, posteriormente, los debates de contenido comenzaron en septiembre. El texto en sí mismo empezó a debatirse en noviembre y continuó en la reunión de diciembre.
En lo que se refiere a la Unión Europea, la clave para el éxito en estas negociaciones es centrarse en crear un sistema significativo, factible y que pueda alcanzar resultados tangibles sobre el terreno. Hacen falta disposiciones jurídicas claras y bien elaboradas y, al mismo tiempo, objetivos realistas. Dentro de este enfoque se incluyen varios elementos clave. Primero, el sistema de acceso a los patógenos y participación en los beneficios tiene que permitir y mejorar el acceso a los patógenos, a las muestras y a las secuencias génicas, de modo que puedan servir para la investigación científica, la innovación y la I+D. De este modo, se podrá desarrollar más rápidamente tratamientos, vacunas y sistemas diagnósticos para posibles pandemias.
En segundo lugar, tiene que suponer una participación en los beneficios más equitativa, de modo que las vacunas, los tratamientos y los sistemas de diagnóstico estén a disposición de la OMS durante las pandemias y, además, para que la comunidad internacional esté mejor preparada para responder y frenar cualquier posible emergencia. Este sistema PABS, además, debe fomentar la participación voluntaria de la industria farmacéutica a través de contratos de participación en los beneficios con la OMS.
Las negociaciones, de momento, son difíciles, ya que hay perspectivas muy divergentes en cuanto a los parámetros básicos del sistema PABS, principalmente sobre cómo y cuándo se pueden firmar contratos con los fabricantes interesados. Por nuestra parte, defendemos un enfoque abierto en cuanto al acceso a los patógenos y a la secuenciación digital, de modo que no se frene el ecosistema actual de investigación y desarrollo, lo cual sería enormemente perjudicial para todos nosotros. Pero, en el otro bando, hay muchos que defienden que el acceso a las muestras de patógenos y a la información de secuencias sea condicional y se base en los contratos firmados con la OMS y en los compromisos adquiridos en materia de participación en los beneficios. También proponen mecanismos de seguimiento para que se hagan cumplir esos compromisos. A nosotros nos parece que esto es innecesario y, además, contraproducente.
Las empresas farmacéuticas acceden a los patógenos con fines de I+D por muchos caminos y desde muchos lugares, y preferirían acceder a la información relacionada con los patógenos y las secuencias a través de sistemas más ágiles y más abiertos.
En octubre de 2025, la Unión Europea y sus Estados miembros presentaron una serie de disposiciones para el anexo ante el grupo de trabajo. El objetivo era que la perspectiva y los parámetros presentados por la Unión Europea se tuvieran en cuenta y sirvieran de directriz para este proceso, de modo que el sistema resultante pudiese ser objeto del apoyo de la Unión Europea. Vamos a seguir trabajando en esa línea con todos nuestros socios para alcanzar el éxito en esta negociación.
Nuestro objetivo es que el marco para compartir información acerca de los patógenos sea sólido y justo, y que la comunidad internacional esté preparada de cara a una posible futura pandemia. Gracias.
Muchas gracias, señor Zampetti. Abrimos la ronda de intervenciones de los eurodiputados. En primer lugar, el señor Vytenis Andriukaitis, del Grupo S&D.
Muchas gracias, presidente. Gracias, ministro Zampetti; le agradezco su presentación. Es un tema muy polémico. En estos momentos nos enfrentamos a numerosos retos. Yo, la verdad, no soy muy optimista en lo que se refiere a la ratificación del acuerdo o a la posibilidad de conseguir que suficientes países lo ratifiquen como para que el acuerdo sea vinculante. Ya tenemos experiencias pasadas en ese sentido, como por ejemplo con el convenio en torno al tabaco. El acuerdo, en este caso, ha sido más débil, especialmente comparado con lo que han presentado la Unión Europea y la ONU. La situación a nivel mundial es gravísima, y no hablo únicamente de Estados Unidos; en muchos sitios se está decidiendo no vacunar a los ciudadanos contra la hepatitis y otras enfermedades infecciosas. Eso puede suponer graves retos a nivel mundial, porque todos sabemos cómo pueden transmitirse esas enfermedades si seguimos por ese camino.
Vamos con mi pregunta: teniendo en cuenta los distintos Estados miembros y Parlamentos nacionales, ¿qué espera usted que pase a nivel europeo? ¿Cuál va a ser la velocidad de ratificación? ¿Es usted optimista o más bien cauto? Gracias.
Tiene la palabra la señora Stine Bosse, del Grupo Renew. Muchas gracias.
Y gracias por venir. Muchas gracias a la OMS por su liderazgo constante en torno a estos temas. De lo que se trata es de reforzar la red de solidaridad mundial y garantizar un acceso equitativo a los patógenos y a los beneficios derivados. Tengo una pregunta: para empezar, me sumo totalmente a lo que acaba de decir el señor Andriukaitis. Muchos de nosotros estamos perplejos ante lo que está pasando, por ejemplo, en el seno de la administración Trump. ¿Podría decirnos algo acerca de la postura de la Unión Europea? La Comisión SANT iba a visitar la OMS; también queríamos repasar algunas cifras y vimos que la Unión Europea es y seguirá siendo uno de los grandes patrocinadores de la OMS. Pero ¿cómo podemos trabajar juntos para ir más allá de eso? ¿Qué ámbitos le parecen a usted más importantes, por ejemplo, en el contexto del Marco Financiero Plurianual (MFP)? ¿En qué ámbitos, trabajando juntos, podemos marcar la diferencia? Me refiero concretamente a la preparación, especialmente en los tiempos que corren. Hay, además, elementos que se pueden utilizar en nuestra contra, Dios no lo quiera. ¿Cómo cree usted que podemos incrementar nuestro impacto?
¿Alguien más? La señora Metz.
Muchas gracias, presidente. Señor Zampetti, el acceso a los patógenos y la participación en los beneficios está en el núcleo del acuerdo sobre las pandemias. Y, según hemos oído, hay falta de acuerdo en cuanto a esa participación en los beneficios, igual que sucedió en el pasado en el contexto de la pandemia. Durante la COVID, los países de renta alta consiguieron vacunar a más del 70% de su población, mientras que más del 85% de los africanos no habían recibido ni siquiera una dosis. Según la revista Nature, el acopio de vacunas pudo haberse cobrado un millón trescientas mil vidas, especialmente en el Sur Global. El Sur Global, evidentemente, exige un mayor nivel de equidad en cualquier mecanismo. Distintos actores, por ejemplo la sociedad civil, han expresado preocupación por la opacidad del sistema de negociación. Esto no está salvaguardando el proceso de negociación. Se está produciendo una asimetría informativa que permite a la industria farmacéutica operar en las sombras, en lugar de en un contexto transparente y abierto a todos. Esa es mi primera pregunta: ¿cuál es su opinión al respecto? ¿Cree usted que la Comisión está intentando que la sociedad civil pueda participar de forma activa? Por otra parte, me preocupa la dinámica de la negociación y el riesgo para la reputación de la Unión Europea. Hemos oído que, a nivel de la Comisión, hay un bloqueo porque algunos Estados miembros se están absteniendo o están retirando el mandato que le otorgaron a la Comisión. Las perspectivas son cada vez más divergentes, lo cual es preocupante. ¿Cuál es su opinión? Gracias.
Gracias, Tilly. Tiene la palabra el señor Zampetti para responder a las preguntas que se le han planteado.
Muchas gracias por estas preguntas, todas importantísimas. Haré algunas observaciones, por lo tanto. Estos contactos, efectivamente, están siendo complejos, por así decirlo. Hay visiones divergentes, como seguramente es natural en negociaciones de este tipo.
Lo que pretendemos como resultado de las negociaciones en curso es un anexo para tratar estos temas y generar posibles mejoras concretas sobre el terreno, es decir, reforzar la capacidad de respuesta en caso de que venga otra pandemia. Nos inspira un sentido de urgencia, pero también de modestia respecto de lo que realmente es viable, sabiendo que tenemos poco tiempo y la tarea que tenemos ante nosotros.
El resultado último de las negociaciones se calibrará en función de si se ha conseguido o no integrar a los productores de vacunas, terapias y diagnósticos en una estructura clara, bien diseñada y con buenas relaciones mutuas, de modo que, si llega otra pandemia, la OMS tenga esos contactos y no vuelva a enfrentarse a la situación difícil en la que tuvo que improvisar contramedidas médicas. Como se ha señalado, en el momento de la COVID-19 el reparto no fue precisamente uniforme.
Pensamos que, si ahora definimos una estructura jurídica de relaciones entre las partes, ello sería beneficioso para todos, porque sería más equitativa. También incluiría la capacidad de la OMS de actuar, junto con otros actores globales de salud, y, esperamos, facilitaría un desarrollo rápido de las contramedidas necesarias. Nadie puede prever cuándo llegará una nueva pandemia.
Se trata de una modestia que nos permita ser ambiciosos, porque queremos dar un salto importante y mejorar enormemente la respuesta la próxima vez, evitando medidas ad hoc e improvisaciones. COVAX, con todo el excelente trabajo realizado, se lanzó con rapidez, pero tuvo sus limitaciones. Por ejemplo, si el sector farmacéutico actualiza contratos marco con la OMS, las contramedidas de la OMS podrían ser mucho más rápidas y completas; eso sería una enorme mejora respecto de la situación actual.
Por ello queremos calibrar la ambición: evitar poner en jaque el objetivo principal, pero también evitar quedarnos cortos. Si se introducen demasiados elementos en la mesa de negociación, aumenta el riesgo de fracaso del objetivo principal, que es mejorar de manera importante la situación actual. Si lo conseguimos y el resultado de estas negociaciones es realista, sólido y sensato, espero que el instrumento quede bien encauzado para seguir avanzando a partir de ese resultado.
Si se genera mucha polémica y se intentan añadir cuestiones periféricas al objetivo principal, la perspectiva de éxito, en cualquier calendario, se vería muy reducida; lo digo con toda sinceridad: esa es nuestra preocupación.
No corren buenos tiempos, además. Estados Unidos está aplicando una política muy bilateral, no multilateral por naturaleza, y pensamos que ello no será beneficioso para la comunidad internacional.
A escala mundial, en general, quizá tampoco le salga a cuenta al propio Estados Unidos; pero ese es el entorno, el ambiente que hay, y no es favorable. Por eso queremos insistir en conseguir un resultado de mínimos, con el tiempo que tenemos, pero sólido; el plazo concluye en mayo. Se trata, así, de lograr que el acuerdo sobre pandemias avance y pueda entrar en vigor.
Señor ministro, señor Zampetti, gracias por todo el trabajo y por la excelente contribución al debate de hoy. Sabemos que el debate a nivel mundial sobre el anexo al acuerdo sobre pandemias es complicado, y cruzamos los dedos para que las negociaciones avancen bien y para que usted pueda seguir desempeñando el papel de liderazgo que ya ejerce en el grupo de la OMS. Muchísimas gracias por su tiempo, señor ministro.
Gracias, presidente. Señorías, pasamos al siguiente punto del orden del día de hoy: la audiencia pública sobre las respuestas al reto de la innovación contra la resistencia antimicrobiana, AMR por sus siglas en inglés. Sabemos que la resistencia antimicrobiana es una de las amenazas sanitarias más graves que afrontamos. Se trata de plantear cómo avanzar en la reducción del uso de antibióticos, mejorar los sistemas de supervisión y vigilancia, financiar la investigación de nuevos tratamientos, así como reforzar las medidas de prevención de las infecciones. Tenemos también como objetivo identificar lagunas o incoherencias, así como mejores prácticas que permitan que la respuesta a nivel de la Unión Europea sea más coordinada y eficaz. La Comisión SANT quiere explorar posibles líneas de política sanitaria que estimulen la investigación y aseguren una inversión sostenible en el desarrollo de nuevos antimicrobianos. Hemos invitado a expertos líderes del ámbito universitario y de la industria, y esperamos poder entender mejor cómo luchar contra la resistencia antimicrobiana.
Esta audiencia pública tendrá dos bloques, dos mesas redondas: una dedicada al análisis de políticas sanitarias y otra con un enfoque industrial. Al final, también daremos la palabra a la Comisión. Empezamos con la primera mesa redonda, Análisis de Políticas. Doy la bienvenida al catedrático señor Emmanuel André, así como al catedrático señor Carlo Tascini.
El profesor Emmanuel André es doctor en medicina y microbiólogo en el Hospital Universitario de Lovaina (UZ Lovaina), así como catedrático en la Universidad de Lovaina, aquí en Bélgica. Su trabajo clínico y su investigación se centran en prevenir, controlar y tratar las enfermedades infecciosas. Dirige el laboratorio de referencia de la Universidad de Lovaina sobre microbiología clínica, así como el Centro de Referencia belga sobre patógenos respiratorios, y ha sido elegido recientemente copresidente de la Comisión Asesora de la Unión Europea sobre emergencias de salud pública.
El señor Carlo Tascini es catedrático asociado de enfermedades infecciosas y jefe de la Clínica de Enfermedades Infecciosas en el Hospital Universitario de Udine, en Italia. Es investigador y experto clínico con amplia experiencia en resistencia antimicrobiana, microbiología clínica y gestión de enfermedades infecciosas.
Aquellos de ustedes, señorías, que deseen intervenir, indíquenlo a la Secretaría o a mí mismo. Damos la palabra al primer orador, el profesor Emmanuel André. Dispone de ocho minutos.
Muchas gracias, también por esta invitación. Al preparar esta presentación no sabía hasta qué punto quienes me van a escuchar son expertos en microbiología o enfermedades infecciosas, pero quisiera repasar —y me excusarán si ya los conocen— una serie de conceptos fundamentales en la materia. Me voy a centrar, de forma muy sucinta por el tiempo disponible, en tres bloques: primero, la situación general; segundo, la identificación de algunas estrategias para nuevos antimicrobianos; y tercero, los modelos económicos relacionados con la crisis de los antimicrobianos, cuestión que debemos abordar y que justifica que nos hayamos reunido hoy.
¿Cuál es la carga de las enfermedades infecciosas en Europa y en el mundo? Se han logrado grandes resultados a lo largo de la revolución sanitaria de los últimos dos siglos, con una reducción masiva de la carga de las infecciones. Más recientemente, en menos de cien años, se introdujeron contramedidas farmacéuticas —antibióticos y vacunas—, disponibles gracias a que hemos identificado cómo funcionan los patógenos que causan la enfermedad. A su estela llegaron grandes revoluciones médicas, como la oncología y la cirugía, cuyos avances dependerían igualmente del control de las infecciones; sin la posibilidad de tratarlas, esas revoluciones no habrían sido viables.
La razón por la que nos reunimos hoy es que nos encontramos en un punto de inflexión. Por primera vez en mucho tiempo, el peso de las enfermedades infecciosas a nivel estructural vuelve a ser muy presente. La razón fundamental es la emergencia de la resistencia antimicrobiana y, no solo su aparición, sino su evolución continua en el tiempo. Esta es la crisis; la pandemia de COVID-19 nos la ha recordado. Además, asistimos a la emergencia de nuevas enfermedades, se ponen a prueba la solidaridad internacional y nos enfrentamos a una situación en la que la economía de la salud adquiere un papel cada vez más determinante para impulsar —o no— la innovación.
Los antibióticos actúan interfiriendo con vías metabólicas clave de las bacterias; son herramientas fundamentales que utilizamos a diario para tratar a pacientes con enfermedades infecciosas. ¿Cómo surge la resistencia antimicrobiana? Una causa habitual son las adaptaciones y mutaciones que modifican el lugar diana donde el antibiótico se uniría. Las bacterias mutan y evolucionan con rapidez, de modo que el antibiótico deja de afectarles. Otro mecanismo frecuente en la práctica clínica es la degradación del antibiótico mediante enzimas bacterianas antes de que pueda ejercer su efecto. Lo sabemos gracias a amplios programas de vigilancia en salud pública y en hospitales, que a menudo se basan en análisis genómicos de muestras. La multirresistencia aumenta con cada uso de antibióticos por la presión selectiva que ejerce su utilización.
Durante la “edad de oro” del descubrimiento de antibióticos éramos capaces de identificar nuevas moléculas a un ritmo que permitía seguir tratando la mayoría de infecciones. Hoy ese ritmo es mucho más lento, y las bacterias se han vuelto resistentes incluso a los antibióticos de último recurso. La crisis es aún más grave porque estos mecanismos de resistencia pueden difundirse mediante elementos genéticos móviles que las bacterias comparten entre sí, por ejemplo a través del agua, propagándose entre especies y regiones.
¿Por qué estamos en esta situación? Porque en el ámbito clínico, en ocasiones, se utilizan antibióticos sin un diagnóstico previo, dada su disponibilidad y la necesidad de tratar con rapidez en contextos de incertidumbre. En los hospitales, la presión antibiótica es enorme y la concentración de pacientes vulnerables favorece la selección de organismos multirresistentes que aumentan la mortalidad. Existen además otras fuentes de presión, como el uso de antibióticos en el sector ganadero para promover el crecimiento, lo que también genera resistencia. Todo ello tiene efectos a nivel local y global. Hemos visto repetidamente cómo organismos resistentes que surgen en una región del mundo acaban apareciendo en Europa u otros continentes en pocas semanas, meses o años.
¿Cómo se descubren nuevos antibióticos? Una estrategia frecuente es optimizar antibióticos existentes: se modifica su estructura química, se añaden grupos funcionales y se mejora o restaura su actividad bactericida, ampliando así el arsenal disponible. Sin embargo, hacen falta avances más profundos: nuevas dianas, nuevos modos de acción y, en definitiva, nuevas tecnologías.
Se está utilizando la inteligencia artificial para identificar nuevos puntos de unión para moléculas —por ejemplo, de pequeño tamaño—, así como para bacteriófagos y otros enfoques. Esto lo hacemos en la Universidad de Lovaina, donde se han identificado numerosos compuestos con actividad antiviral en múltiples casos. No se trata solo de financiar la investigación, sino de dotar a los investigadores de experiencia clínica, sistemas de vigilancia, un entorno de investigación sólido y duradero, y una red mundial. Gracias a todo ello, en Lovaina hemos descubierto una serie de antivirales que hoy se utilizan de forma generalizada en todo el mundo.
Los ingresos de la comercialización permiten seguir invirtiendo, aumentar capacidades y avanzar hacia la industrialización de la investigación. Hoy podemos generar muchas ideas —por ejemplo, mediante inteligencia artificial y el cribado de grandes catálogos—, pero para pasar a la producción a escala hacen falta centros de investigación de tamaño industrial. Y contamos con uno aquí, en Lovaina, a 25 kilómetros.
Otro elemento de la crisis es la economía del sector sanitario. Las empresas no están dispuestas a invertir en el descubrimiento de nuevos antibióticos pese a la necesidad existente. Se pensaba que las farmacéuticas invertirían al principio y reinvertirían luego los ingresos de las nuevas moléculas; sin embargo, los antibióticos son tratamientos de corta duración, de uso restringido por motivos de salud pública, y generan resistencias. Hay que cambiar el modelo: hablamos de generar incentivos, con mecanismos de tipo «pull» y «push», para atraer más inversión.
En Europa, el sector farmacéutico está fragmentado y se ha desinvertido en el ámbito de las enfermedades infecciosas. Cada vez se depende más de la investigación universitaria y de organizaciones de investigación, no solo europeas, sino también de economías emergentes. Por ello, debemos plantearnos si queremos seguir apoyando a empresas farmacéuticas que subcontratan la investigación fuera, o si preferimos invertir directamente en el ecosistema europeo de investigación que ya existe. Hace falta una visión a largo plazo para crear y mantener un entorno de investigación resiliente y competitivo, complementando los sistemas de ayudas más a corto plazo utilizados por pymes y universidades, y estableciendo prioridades claras.
Para terminar, necesitamos mecanismos dentro de la investigación —por ejemplo, «pools» o fondos comunes de compuestos— que faciliten el paso a ensayos clínicos, un tránsito que no siempre es sencillo y que tampoco están asumiendo las grandes farmacéuticas. He remitido una nota más detallada; no dispongo de más tiempo y pido disculpas por haber excedido el turno. Gracias, señor André.
Señor Carlo Tascini, catedrático, tiene usted también ocho minutos. Muchísimas gracias por la invitación. Preferiría hablar en italiano, dado que solo dispongo de ocho minutos.
El tema que nos ocupa es la innovación y la resistencia antimicrobiana. En un futuro próximo nos enfrentaremos a una amenaza que no será infrecuente: muchas personas se infectarán, especialmente las de edad avanzada. Esta es una estimación del ECDC sobre infecciones por gérmenes polirresistentes, con una cuantificación del número de muertes atribuibles. Estamos en un nivel de DALY equivalente al de la tuberculosis y la malaria. ¿Cuáles son los gérmenes más importantes? Es importante conocerlos a nivel técnico: Escherichia coli…
Las resistencias a las cefalosporinas de tercera generación y las neumonías causadas por bacterias resistentes, que no responden a los fármacos más comunes de uso clínico, siguen aumentando. En diferentes países observamos distintas cifras de vidas perdidas, con un claro gradiente norte‑sur cuando se analizan las resistencias a cefalosporinas y otros antibióticos, así como en patógenos como Klebsiella. En países en desarrollo, como la India, la proporción de gérmenes resistentes a los carbapenémicos alcanza cerca del 40%. Falta conciencia pública sobre la magnitud de este problema y, en consecuencia, la inversión es insuficiente. En Italia también se aprecia un gradiente norte‑sur, especialmente en Escherichia coli resistente a las cefalosporinas o a los carbapenémicos.
La difusión de estos gérmenes exige disponer de fármacos innovadores y de intervenciones eficaces para el control de las infecciones, en particular un uso adecuado de los antibióticos. Es fundamental reforzar estas prácticas. Asimismo, el análisis de aguas residuales permite identificar qué gérmenes presentan resistencia y constituye un indicador muy útil para detectar en qué zonas está aumentando la resistencia a los fármacos. No debemos perder de vista los principales mecanismos: KPC, OXA‑48 y las metalo‑β‑lactamasas NDM (New Delhi metallo‑β‑lactamase).
Se ha descrito un caso clínico en un hospital: una persona con enfermedad hepática que acude para un trasplante llega colonizada por un microorganismo resistente y se produce la transmisión a otros dos pacientes (marcados en azul en la figura). Gracias a las medidas de control de infecciones se consigue cortar el brote. Esto ocurre en numerosos hospitales europeos: pacientes que se desplazan entre países pueden transmitir estas resistencias. En este caso, los gérmenes de los tres pacientes resultaron ser idénticos, como demostró la secuenciación; la biología molecular, mediante la secuenciación bacteriana, permitió confirmar que se trataba de la misma cepa. Es imprescindible invertir en laboratorios capaces de realizar seguimiento adecuado con secuenciación rápida y métodos de detección molecular.
Varias iniciativas impulsadas durante la pandemia han quedado incompletas. Necesitamos una estrategia que permita la identificación temprana de estos patógenos: sistemas de diagnóstico molecular y una vigilancia epidemiológica molecular reforzada, tanto en el ámbito medioambiental como en el clínico.
En cuanto a los antibióticos y su uso clínico, disponemos de fármacos, pero deben optimizarse. Un ejemplo: un antibiótico ha salvado muchas vidas frente a Klebsiella productora de KPC; no se desarrolló para este germen, sino para otras infecciones (enterales, urinarias y otras). Con su uso en Italia, retrospectivamente se determinó que era superior a tratamientos precedentes y, posteriormente, otro estudio lo corroboró.
Efectivamente. La administración por vía parenteral sería mucho más eficaz. Por lo tanto, el fármaco contra el gen KPC se ha adaptado; ya estaba aprobado para la variante de Nueva Delhi. No obstante, solo se ha estudiado en cinco pacientes infectados con este patógeno. Asimismo, se ha recurrido a otro fármaco, cefepime/taniborbactam, que se había estudiado para infecciones del tracto urinario, pero no causadas por productores de carbapenemasas.
Esto conviene acelerarlo para que pase por los organismos reguladores de forma más rápida. Si detectamos una bacteria multirresistente, necesitamos que los procedimientos de aprobación de fármacos sean más ágiles, especialmente cuando se trata de medicamentos ya conocidos.
Ejemplo: paciente de 75 años portador de un dispositivo de asistencia ventricular izquierda (LVAD), un “corazón” externo cuyos tubos, que penetran en el cuerpo, permiten bombear la sangre. El dispositivo se implantó en 2019. En 2021 presentó dos infecciones bacterianas, localizadas en el punto de entrada de los tubos. En enero de 2024 sufrió la sexta infección del torrente sanguíneo por Pseudomonas aeruginosa. No puede sustituirse el dispositivo y el paciente es demasiado mayor para un trasplante de corazón. En enero de 2024 se recurre a un antibiótico; en el hospital se monitoriza también la concentración plasmática y, a diario, recibe el antibiótico en su domicilio.
Solicitamos bacteriófagos para combinarlos con los antibióticos —que por sí solos no logran erradicar todas las bacterias y, de hecho, favorecen la aparición de resistencias— con el objetivo de atajar la infección crónica. El comité ético tardó tres meses en comunicarnos que no se podían usar los bacteriófagos por tratarse de un fármaco asociado y por el coste. Respondimos que, si se prepara como formulación galénica (preparación magistral), no es un medicamento industrial. Finalmente, autorizaron su uso de enero de 2024 a julio de 2025.
El profesor Pirnay, en el Hospital Militar Reina Astrid, produce estos bacteriófagos. Tratamos al paciente con la combinación de bacteriófagos y antibiótico durante 15 días y, posteriormente, hasta finales de septiembre, se mantuvo solo el antibiótico. Desde entonces no ha presentado fiebre. Llevamos dos meses y medio con un paciente portador de LVAD sin infección.
En conclusión, necesitamos nuevas normas que permitan emplear nuevos tratamientos —anticuerpos monoclonales, bacteriófagos y otros—, y también reglas actualizadas para que los hospitales puedan utilizar pruebas moleculares rápidas que identifiquen cuanto antes el germen infectante. Y, para terminar, no podemos gestionar los antibióticos como los fármacos oncológicos: además del paciente, tenemos al germen; por tanto, el procedimiento de aprobación debe ser distinto. Gracias.
Ronda de intervenciones. Interviene el señor András Tivadar KULJA (PPE). Muchas gracias por estas excelentes ponencias sobre la resistencia antimicrobiana y las enfermedades nosocomiales. Tengo una serie de preguntas que plantear. Primero: tengo experiencia en microbiología —estudié medicina— y me surgen varias dudas. ¿Es muy alta la tasa de enfermedades e infecciones nosocomiales?