Subcommittee on Human Rights - Subcommittee on Human Rights Ordinary meeting Event on Transnational Repression: Mapping Trends and Improving Responses - Room: SPINELLI 1G2
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Por favor, tomen asiento; vamos a empezar. Me gustaría darles la bienvenida a todos y agradecerles su presencia aquí, en el Parlamento Europeo. Damos también la bienvenida a quienes siguen este acto a distancia.
Quisiera agradecer igualmente a la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Bruselas, cuya directora, Cristina Meinecke, se encuentra aquí a mi lado, y al SEAE, por haber coorganizado con nuestra Subcomisión este acto de diálogo político sobre la represión transnacional en el Parlamento.
Mañana se celebrará un foro de expertos en la Oficina de Naciones Unidas en Bruselas para proseguir el debate de hoy a un nivel más técnico. Recientemente, la Unión Europea y la comunidad internacional han reconocido el creciente peligro que representan las prácticas de represión transnacional y han tomado la iniciativa.
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Luchar contra este fenómeno, coordinar las acciones y colmar lagunas en la protección de los derechos de las personas defensoras de los derechos humanos y de otras personas frente a la represión transnacional, tanto a escala nacional como de la Unión Europea. Esta reunión se convoca ante el aumento de la represión transnacional y el uso por parte de los perpetradores de métodos avanzados de tecnología digital, como programas espía y plataformas en redes sociales. Asimismo, la represión transnacional plantea amenazas sistémicas para los derechos humanos, para la sociedad civil, para las instituciones democráticas y para el Estado de Derecho, y a menudo socava la seguridad nacional y la soberanía de los Estados.
Como saben, en nuestra Subcomisión DROI hemos encargado un estudio sobre la represión transnacional de las personas defensoras de los derechos humanos. Hay copias impresas disponibles en la sala; este informe se publicó en junio. Contamos también con una resolución de prevención aprobada en el Pleno el 13 de noviembre con una abrumadora mayoría del 80 % de los eurodiputados. En dicha resolución formulamos una serie de recomendaciones concretas dirigidas al SEAE, a la Comisión y a los Estados miembros de la Unión, cuestiones que también debatiremos durante este encuentro. Damos la bienvenida a nuestra colega Chloé Ridel, que ha sido la ponente de la Subcomisión.
Asimismo, la Comisión de Asuntos Exteriores ha encargado otro estudio sobre la represión transnacional como fenómeno más general, no solo contra las personas defensoras de los derechos humanos, y nuestra colega Hannah Neumann, que nos acompaña, será la ponente en esa comisión. Las Naciones Unidas también abordan esta cuestión y han publicado una nota al respecto. La señora Meinecke hablará de las iniciativas de Naciones Unidas. El SEAE y la Comisión otorgan igualmente a este tema un lugar destacado en sus programas. El señor Matthews, jefe de división de derechos humanos, y representantes de la DG INTPA y de la DG JUST de la Comisión presentarán sus prioridades estratégicas en materia de represión transnacional. Asimismo, tendremos ocasión de conocer qué hacen los Estados miembros para abordarla de forma más coordinada y para mejorar la protección de las víctimas. Daremos también la palabra a las organizaciones de la sociedad civil, que realizan un excelente trabajo sobre el terreno y con las que mantenemos un contacto cotidiano. Hacemos todo lo posible para que su voz se escuche y se apoye su labor, conscientes de que es un momento difícil para la sociedad civil a escala mundial.
Permítanme ahora dar la palabra a la señora Meinecke para sus observaciones preliminares, agradeciéndole de antemano su intervención.
Muchas gracias. Gracias también por la colaboración. Señor Presidente, señoras y señores diputados, queridos colegas: es un honor dirigirme a ustedes en nombre de la Oficina Regional para Europa del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre un tema, ya mencionado por el Presidente, cada vez más acuciante para nuestra Oficina, para los Estados y también para las personas defensoras de los derechos humanos a nivel internacional: la represión transnacional. Nuestra Oficina, junto con los mecanismos de Naciones Unidas, ha prestado especial atención a esta cuestión desde hace muchos años como parte de nuestros esfuerzos para realizar un seguimiento, promover y proteger el espacio cívico y a los actores de la sociedad civil a nivel internacional y también sobre el terreno.
El Alto Comisionado, Volker Türk, ha expresado en numerosas ocasiones su preocupación por la represión transnacional e insta a todos los Estados a aplicar una política de tolerancia cero. En junio de 2024, nuestra Oficina presentó el primer informe sobre la represión transnacional: en él se define el fenómeno, se aborda quiénes son las víctimas y constatamos cómo ha aumentado y cómo se ha exacerbado con nuevos medios, incluidas las tecnologías digitales, durante los últimos años. ¿Qué es la represión transnacional? Ocurre cuando los Estados, incluso a través de agentes interpuestos, intimidan o causan daño a personas que viven en otros países.
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Estos individuos suelen ser periodistas, defensores de derechos humanos, opositores políticos, miembros de minorías o personas ordinarias que ejercen simplemente su derecho a la libertad de expresión, o que son percibidas como contrarias a un régimen. Los expertos de nuestra propia oficina, de nuestro mecanismo, de otras oficinas regionales y de la sociedad civil documentan toda una serie de prácticas de este tipo, incluidas la vigilancia digital, los delitos cibernéticos y el acoso en línea. También se observa acoso dirigido a los miembros de la familia que permanecen en el país de origen; el uso de sistemas administrativos, la extradición, los procedimientos de inmigración, las demandas estratégicas contra la participación pública (SLAPPs) y otras medidas financieras; y, en los casos más graves, secuestros, detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones y asesinatos.
Durante las últimas décadas hemos observado todo tipo de represión transnacional. Las tácticas utilizadas son cada vez más digitales, más transnacionales y más coordinadas. Nos preocupa, además, la existencia de formas menos visibles y más sutiles, en las que es muy difícil probar los hechos y asegurar la rendición de cuentas. Hay incidentes en todas las regiones del mundo, y Europa no es una excepción. Este fenómeno reduce las opciones de la sociedad civil para actuar de forma segura, obstruye la participación democrática, restringe el espacio cívico y lleva a que los miembros de la diáspora dejen de ejercer sus derechos. Asimismo, vulnera el principio de que las personas deben poder colaborar con las Naciones Unidas sin miedo a represalias.
Presentamos estas preocupaciones al Consejo de Derechos Humanos, donde el asistente del Alto Comisionado señaló que se trata de un asunto que nos preocupa gravemente. Documentamos intimidaciones en 11 casos de personas que trabajaban con las Naciones Unidas, así como contra sus familiares. Se registraron vigilancia, acoso, confiscación de bienes y otros intentos de obstaculización, así como casos en los que no se reconoció el estatus de refugiado. Todo ello socava la cooperación internacional, el buen funcionamiento de los sistemas de asilo y la integridad de las infraestructuras tecnológicas y digitales.
Nuestro estudio formula una serie de recomendaciones para los Estados a fin de abordar este reto creciente: reconocer y definir el fenómeno en los marcos nacionales; no condonar actos perpetrados más allá de las propias fronteras; limitar la exportación de tecnologías de vigilancia; y no aceptar órdenes de extradición que faciliten estas prácticas. Deben garantizarse procedimientos de asilo seguros, vías seguras, acceso a la justicia y protección frente a ataques tanto físicos como en línea. Es imprescindible buscar la rendición de cuentas mediante investigaciones independientes, sanciones cuando proceda y cooperación con los mecanismos internacionales. Por último, debe reforzarse el seguimiento a nivel internacional, incluidos los organismos internacionales y la sociedad civil, para documentar, establecer tendencias y prevenir la impunidad. Estos pasos no son optativos: reflejan obligaciones de los Estados conforme al derecho internacional.
No sólo los Estados que se ven afectados por este fenómeno deben actuar; también las empresas y la sociedad civil tienen un papel importante a la hora de apoyar y participar en las respuestas estatales. En el Consejo de Derechos Humanos y en la Asamblea General se ha subrayado la necesidad de una respuesta coordinada para garantizar la rendición de cuentas y una mejor protección de quienes son víctimas de estas prácticas.
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La declaración conjunta aprobada en julio, y hoy también hay un acto paralelo en Ginebra organizado por Canadá. Los mecanismos de derechos humanos de Naciones Unidas también tienen en cuenta esta cuestión: el Comité contra la Desaparición Forzada y el Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias acaban de publicar una convocatoria para alimentar una declaración sobre las desapariciones forzadas en el contexto de la represión transnacional. Les aliento a todos a que contribuyan a este trabajo.
Señorías, permítanme insistir: la represión transnacional no es una cuestión marginal que afecte solo a algunos Estados o a unos pocos individuos; es un fenómeno global, un reto que requiere una respuesta internacional. Debemos garantizar que las leyes y políticas existentes no exacerben los riesgos, sino que permitan sensibilizar, mejorar la resiliencia y reforzar nuestras capacidades de respuesta.
Necesitamos liderazgo, colaboración y asociaciones para que estos compromisos se apliquen en la práctica. La Unión Europea puede desempeñar un papel clave tanto a nivel regional como global. La participación de las diferentes instituciones europeas en esta cuestión, y su disposición a mejorar las respuestas, se refleja en el evento de hoy: la colaboración entre esta Subcomisión, el SEAE, el Parlamento y la sociedad civil es lo que ha permitido reunirnos y demuestra que estamos dispuestos a afrontar este reto juntos. Estamos comprometidos a seguir apoyando la resiliencia, documentar las violaciones, ofrecer orientaciones, trabajar con los mecanismos de Naciones Unidas y aumentar los intercambios a nivel regional y nacional, con los Estados y con actores no estatales. Actuemos juntos para reforzar nuestra capacidad y afirmar que el ejercicio de los derechos humanos no termina en las fronteras. Debemos defender a quienes defienden los derechos humanos para que puedan trabajar y vivir con seguridad, sin miedo, allí donde se encuentren. He logrado leerles un texto a toda velocidad, texto que, por cierto, no tenemos en cabina.
Muchas gracias. Chloé Ridel, que no podía estar físicamente aquí, insistía en intervenir a distancia. Chloé, tienes la palabra. Tienes cinco minutos.
Señor Presidente, espero que me oigan bien. Es un placer intervenir esta mañana, aunque no pueda estar físicamente presente. Me alegra que este evento se haya podido organizar junto con el SEAE y con Naciones Unidas. Considero fundamental que la Unión Europea y Naciones Unidas trabajen codo con codo para combatir el fenómeno de la represión transnacional, que va en aumento no solo en el mundo, sino también en Europa.
Como se ha señalado, fui ponente de un informe para la Subcomisión de Derechos Humanos sobre la represión transnacional, el primer informe de iniciativa aprobado por el Parlamento Europeo sobre este tema, que permitió ofrecer una primera definición de la represión transnacional, un concepto que aún no existe en el derecho de la Unión, pero que ya es objeto de una posición del Parlamento Europeo. En ese informe formulamos recomendaciones para que exista por fin una política europea real y políticas nacionales que luchen contra esta forma de represión transnacional, que afecta a muchas personas refugiadas en territorio europeo.
La represión transnacional son ataques y amenazas que emanan de Estados y de intermediarios más allá de sus fronteras. Fue el 13 de noviembre cuando el informe se aprobó con una amplia mayoría —alrededor del 80% de los diputados—, lo que muestra el consenso político sobre la urgencia de actuar.
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Buscan controlar y silenciar a disidentes y opositores políticos, militantes, periodistas, defensores de los derechos humanos y miembros de la diáspora. Y lo hacen con múltiples métodos, ya se ha dicho aquí: métodos físicos —asesinatos, secuestros, violencia, acoso, desapariciones forzosas, retornos o repatriaciones forzosas— y también mediante formas de represión transnacional no física: acoso jurídico, instrumentalización de procedimientos de extradición, abuso del sistema de notificaciones de Interpol, así como métodos digitales de vigilancia, intimidación y chantaje, incluidas amenazas a las familias.
Con este informe nos negamos a que, en Europa y en nuestros países, regímenes autoritarios puedan acosar a sus opositores con impunidad. Demasiadas veces esta represión transnacional despierta indiferencia e incluso cierta complicidad de algunos gobiernos europeos, y esto tiene que terminar.
Disponemos ya de datos para medir su envergadura. En mi informe me he basado en un banco de datos de la ONG estadounidense Freedom House, que muestra que una cuarta parte de los gobiernos del mundo practica esta represión y que hay diez países responsables del 80% de los casos, entre ellos China, Turquía, Tayikistán, Rusia, Camboya, Turkmenistán, Uzbekistán, Irán y Bielorrusia. Esta represión es inaceptable y va en aumento a medida que los regímenes autoritarios ganan terreno, también en el ciberespacio, mediante el uso de software espía.
No podemos cerrar los ojos. Necesitamos una estrategia europea para combatir la represión transnacional, con políticas de visado y de asilo a la altura. Pedimos que los Estados miembros concedan visados humanitarios a los defensores de los derechos humanos objeto de esta represión; que garanticen una protección efectiva y que no den curso, de manera abusiva, a extradiciones de personas perseguidas por su compromiso en sus países de origen.
Solicitamos igualmente que en todos los Estados miembros se creen unidades especializadas en las fuerzas policiales para identificar, seguir y proteger a las víctimas de represión transnacional, prestándoles asistencia letrada, apoyo psicológico y formación en ciberseguridad. Proponemos, además, prohibir la exportación de software espía a regímenes autoritarios y reforzar el control de exportaciones, especialmente de productos desarrollados en Europa.
Planteamos también la debida responsabilización de las plataformas digitales, aplicando la Ley de Servicios Digitales, respecto de la difusión de contenidos que ponen en riesgo a personas víctimas de represión transnacional.
Por último, propongo extender el mandato de Europol a la represión transnacional. Actualmente Europol no es competente en este ámbito; deberíamos permitirle pronunciarse sobre el carácter abusivo o no de las notificaciones rojas de Interpol, que, aunque concebidas para delincuentes y terroristas, se utilizan también contra defensores de los derechos humanos. De esta manera, el criterio de Europol podría ser tenido en cuenta por los Estados miembros en su ejecución.
No me extiendo más. Creo que hemos abierto una vía sólida para luchar conjuntamente contra esta represión. La señora Hannah Neumann continuará profundizando en este tema.
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Creo que es un tema de soberanía europea. Ahora esperamos que la Comisión, el Consejo y los Estados miembros recojan nuestras propuestas y presenten una verdadera estrategia europea. Gracias. Chloé, es verdad que se ha superado el tiempo asignado, pero le voy a ceder la palabra a Hannah Neumann para no perder tiempo.
Gracias. La verdad es que está bien cambiar de lugar de vez en cuando y sentarse aquí arriba. Gracias también a Chloé por el enorme trabajo realizado en relación con la represión transnacional contra los defensores de los derechos humanos. Es una base muy buena sobre la que podemos apoyarnos en nuestro informe en AFET para abordar este tema en términos más generales.
Voy a intentar explicar qué es la represión transnacional, porque es un término muy técnico y, de alguna forma, oculta lo que está sucediendo. Tenemos regímenes represivos como Irán, China, Rusia —por desgracia, la lista es cada vez más larga— que reprimen a sus propios ciudadanos, y nosotros seguimos enviando notas para que dejen de hacerlo. Pero ahora están ejerciendo esa presión también en territorio de la Unión, contra comunidades de la diáspora, refugiados, empresarios, e incluso contra nacionales europeos que no tienen nada que ver con esos países y que simplemente apoyan a los defensores de derechos humanos.
Y yo me pregunto: ¿cómo se atreven? Francamente, esta es la Unión Europea, esta es nuestra casa. ¿Cómo podemos permitir que practiquen esta represión dentro de la Unión Europea? La situación empeora: hay cada vez más represión y, además, los regímenes se retroalimentan. China, Rusia, Venezuela… incluso mantienen vínculos con redes de delincuencia organizada. Utilizan las mismas redes, trabajan a nivel transfronterizo, mientras que las responsabilidades y competencias para responder son en gran medida nacionales.
Una cosa es decirle a un dictador que deje de reprimir en su país —para lo cual disponemos de pocos medios—, pero lo que no podemos hacer es permitir que suceda en la Unión Europea, porque aquí sí tenemos medios. Somos los legisladores; son nuestras instituciones. No podemos aceptar una mentalidad de “lejano oeste”. Por eso estamos trabajando en este tema y agradezco que, por fin, el Parlamento Europeo haya decidido abordarlo desde DROI y desde AFET.
El problema es que los defensores de derechos humanos, los opositores y los refugiados de la diáspora, cuando vienen aquí, no se sienten seguros. Esto es muy lamentable, porque necesitamos a estas personas; si creemos en la libertad, la democracia y los derechos humanos, debemos pensar en ellas y protegerlas. Y por ahora no lo estamos haciendo.
Quisiera destacar, en línea con lo que decía Chloé, que esta represión no es nueva. Sabemos que siempre ha habido ataques, incluso asesinatos de opositores ya en los años ochenta —si no antes—. Pero con las tecnologías digitales esto va en aumento: tenemos regímenes que nos espían con programas espía; hay represión transnacional a través de campañas de difamación en Internet; tenemos ciberataques contra nuestras propias instituciones. A mí me han atacado personalmente. Y los ataques a las instituciones son también represión transnacional. Debemos responder. Es verdad que no podemos dar una respuesta policial al uso, pero sí necesitamos una estrategia, a toda costa.
Habiendo puesto las cosas en contexto, quisiera explicar qué proponemos en el informe AFET. En primer lugar, lo que queremos es...
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Basarnos en la experiencia de las víctimas es fundamental. Hay víctimas que acuden a la policía y, a través de ellas, obtenemos más información que por los canales oficiales. Queremos aprovechar ese conocimiento informal para entender mejor el fenómeno de la represión transnacional y reunir más datos, porque no disponemos de suficientes; hasta ahora prácticamente solo contábamos con los de Freedom House, por lo que debemos seguir trabajando en este ámbito. También debemos analizar la dinámica entre los distintos regímenes que reprimen. Es importante aumentar la concienciación: es alentador ver esta sala llena y contar con el apoyo de las instituciones. Si los regímenes autoritarios cooperan entre sí, nosotros debemos cooperar aún más y mejor. A menudo se oye que “no es asunto de los Estados miembros”, pero no podemos permitirnos esta fragmentación: necesitamos un enfoque común. No solo en el Consejo; también en la Comisión y entre sus Direcciones Generales, porque ahora mismo recibimos informaciones contradictorias sobre quién se ocupa de qué. Debe existir un responsable claro, una cooperación efectiva y, además, aprender de nuestros socios, con el objetivo de proteger a quienes no se sienten seguros. Estamos recopilando información de ONG, de víctimas y de instituciones de Naciones Unidas. Disponemos de una nueva dirección de contacto que pueden utilizar para enviarnos todos los datos pertinentes. Gracias por el trabajo que realizan; estaré encantada de responder a sus preguntas.
Gracias, Hannah. Igualdad perfecta en cuanto al tiempo de palabra con Chloé. Tiene ahora la palabra el señor Mažylis, por cinco minutos.
Muy buenos días. Gracias a la Comisión por organizar este acto, que llega en un momento muy oportuno, en paralelo a un informe parlamentario y a otro sobre la lucha contra la represión transnacional. Gracias a las señoras Ridel y Neumann por sus informes y su compromiso. Como ya se ha señalado, la represión transnacional es un fenómeno creciente que preocupa seriamente: afecta al Estado de derecho y a los valores sobre los que se funda la Unión Europea. Así lo confirman los datos que nos han aportado la sociedad civil y, ahora, el Parlamento. Hablamos de formas de persecución ejercidas fuera de las fronteras de la UE que, sin embargo, también nos alcanzan dentro de ellas. No se trata de casos aislados, sino de una práctica sistémica que afecta a defensores de derechos humanos, periodistas, estudiantes, académicos, artistas y personas exiliadas. Necesitamos una respuesta coherente; esto queda claro en el informe, y por eso estamos trabajando con los colegas de la comisión en esta dirección.
En el Plan de Acción sobre la Democracia estamos reforzando la protección de las personas defensoras de derechos humanos. Desde 2024 contamos con directrices que proporcionan un marco para ello, incluyendo los riesgos de represión transnacional, incluso fuera del país de origen. Nuestro enfoque ha sido coordinar la acción diplomática, las medidas de emergencia, el seguimiento de casos y otras formas de apoyo para hacer frente a este fenómeno. También ofrecemos formación a los diplomáticos en nuestras delegaciones y guías sobre cómo reconocer y abordar estos casos, haciendo hincapié en la necesidad de coordinarnos a nivel de la Unión Europea, con países afines y con las organizaciones de la sociedad civil. Asimismo, integramos este tema en nuestros diálogos.
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Trabajamos con socios en materia de derechos humanos, incluso con aquellos que podemos considerar autores de esta represión, y también con otros países que deseen ayudarnos a nivel internacional a combatir este fenómeno. Contamos además con un foro multilateral: colaboramos con Naciones Unidas en Ginebra y en Nueva York. Este trabajo se ha recogido en las conclusiones del Consejo y en cuatro declaraciones en el Consejo de Derechos Humanos. Participamos activamente en organizaciones como el Consejo de Europa, el G7 y otras.
La acción política que estamos realizando incluye un mecanismo de protección de personas defensoras de derechos humanos. Supongo que luego las y los colegas de la Comisión les darán más datos, pero desde que la Unión Europea puso en marcha este instrumento ha ayudado a 94.000 personas en el mundo que son víctimas de represión transnacional.
El informe del Parlamento, creo, orienta útilmente lo que debemos hacer para reforzar las normas nacionales y la rendición de cuentas, y lo que debemos impulsar en Interpol, por ejemplo, para evitar la criminalización del activismo, dentro y fuera. También hay que contemplar todo el alcance del fenómeno: el acoso en línea, las campañas de desinformación, los ciberataques y demás tácticas destinadas a silenciar voces disidentes. Debe integrarse la dimensión de género. El objetivo fundamental es que todas y todos estén protegidos y que ningún régimen quede impune. Este informe pide una definición clara, la recogida de datos y mecanismos de notificación, entre otros aspectos.
Queremos trabajar con los Estados miembros, la Comisión, el Parlamento, la sociedad civil y las personas defensoras de derechos humanos para crear un enfoque más sistemático, utilizando este informe y el próximo como bases de trabajo. Esta lucha requiere un esfuerzo conjunto y queremos contribuir para que haya libertad en Europa y podamos combatir verdaderamente la represión transnacional.
Gracias por haber respetado el tiempo asignado. Tiene ahora la palabra el señor Philippe Dam, director para la UE de Human Rights Watch. Cinco minutos, como los demás.
Muchas gracias a esta Subcomisión por organizar este evento y gracias también a la diputada Chloé Ridel, cuyo informe es el documento más completo que se ha redactado hasta ahora sobre el refuerzo de la respuesta europea. Gracias asimismo a Hannah Neumann, que sigue trabajando en este tema y con la que ya colaboramos en la legislatura anterior.
En inglés ahora. No voy a hacer una intervención para señalar a nadie con el dedo. Tenemos una lista de países documentados en el informe que publicamos el año pasado, y otro sobre Ruanda que publicamos hace poco. Basándome en ello, conviene ver dónde está la respuesta europea. Ha habido ciertos avances en los últimos años: más compromisos con el SEAE, sobre todo con referencias a las conclusiones del Consejo de Asuntos Exteriores. Por primera vez, en julio el Consejo adoptó sanciones en relación con Irán y emitió también una declaración pública sobre la represión transnacional en China. Esto es positivo.
Quisiera referirme asimismo al Consejo de Derechos Humanos: trabajamos a través de los mecanismos; tenemos un trabajo sobre Guatemala y el Relator Especial sobre Eritrea dedicó una sección completa de su último informe a la represión transnacional. La atención es creciente. Todo esto está muy bien, pero no debe ocultar que la respuesta de la Unión Europea en política exterior sigue siendo demasiado limitada y que las respuestas nacionales son prácticamente inexistentes. Hay que hacer mucho más para que la Unión Europea presione seriamente a los gobiernos para que pongan fin a esta práctica, protejan verdaderamente a las víctimas y se garantice la rendición de cuentas cuando se produzcan casos de represión. Y ahora quisiera centrarme en tres respuestas. Primero, la necesidad de…
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La Unión Europea debe actuar como bloque para garantizar un verdadero seguimiento y un sistema de cartografía global de los casos de represión transnacional. La información que recoge la Unión Europea es fundamental: las delegaciones de la UE y las embajadas pueden ofrecernos una imagen más clara de las tendencias mundiales, cuáles son las formas y los patrones, quiénes son los autores, dónde está sucediendo y quiénes son las víctimas. Todo esto exige compromisos para reforzar y capacitar a los puntos focales nacionales, en las delegaciones y embajadas, y también en el SEAE, de modo que dispongamos de un panorama más nítido de esta represión y podamos elaborar respuestas de política pública.
Ahora bien, los informes de la sociedad civil siguen siendo esenciales para documentar las formas más ocultas de represión transnacional —incluida la vigilancia digital y el acoso administrativo—, para colaborar mejor con las víctimas más expuestas y para comprender el impacto en las comunidades afectadas. A la luz de los cambios de financiación en el sector de la sociedad civil, hacemos un llamamiento a la Unión Europea y a sus Estados miembros para que refuercen la capacidad de la sociedad civil, de modo que pueda desarrollar experiencia en represión transnacional y seguir operando y contribuyendo a la formación de los debates políticos a nivel nacional.
En segundo lugar, es necesario integrar todos estos elementos en la política exterior de la Unión Europea, con especial atención al marco normativo. Deben denunciarse los patrones y los casos individuales a través de canales diplomáticos y, cuando sea seguro para las víctimas y las comunidades, mediante declaraciones públicas. Esto debe reflejarse en los compromisos bilaterales —incluidos los diálogos políticos, los consejos de asociación y también los encuentros de alto nivel— cuando se aborde la represión transnacional y exista una expectativa clara por parte de la Unión hacia esos países. Ha de quedar claro que las evaluaciones basadas en derechos humanos y la debida diligencia deben incluir la represión transnacional en cualquier cooperación con los gobiernos responsables; esto es fundamental en los contextos de migración, extradición, justicia y seguridad, en los que la cooperación entre la Unión Europea y dichos países puede tener una gran repercusión en la propia represión transnacional.
Por supuesto, debe mantenerse la aplicación de los regímenes de sanciones. En Ginebra, el Consejo de Derechos Humanos debería asumir el liderazgo de una declaración o resolución conjunta interregional en su próxima sesión y seguir alentando mecanismos que presten atención a esta cuestión.
Por último, dentro de la Unión Europea debemos seguir reforzando la prevención y la respuesta frente a la represión transnacional, garantizando la rendición de cuentas en toda actuación de la UE. Deben seguir aplicándose las herramientas para proteger a las personas defensoras de los derechos humanos, incluidas las Directrices de la UE sobre defensores de los derechos humanos. Asimismo, es preciso cerrar la brecha de protección, asegurando apoyo —también financiero— a las víctimas o potenciales víctimas, y facilitando el reasentamiento u otras vías de migración para las personas en situación de riesgo. Debe garantizarse que la política de asilo aplicada en los Estados miembros no contribuya a la represión transnacional ni sea cómplice de ella; esto es esencial en el debate sobre el concepto de “país tercero seguro”.
Es igualmente esencial garantizar una mejor cooperación entre los Estados miembros, pues sigue siendo insuficiente. Las autoridades responsables de policía, seguridad, justicia, política exterior, migración e inteligencia tienen un impacto directo en la represión transnacional, y es necesario fortalecer la cooperación a nivel de la Unión y entre los Estados miembros. Debe facilitarse el trabajo de los distintos grupos de trabajo del Consejo; se han celebrado algunos debates sobre amenazas híbridas, pero aún no se ha consolidado un trabajo sistemático. En el ámbito de Justicia e Interior y en lo relativo al papel de Interpol, tampoco se ha avanzado lo suficiente.
Existen, no obstante, algunas acciones inmediatas que pueden emprender los Estados miembros: trabajar con las comunidades locales para reforzar su resiliencia; formar al personal competente; y considerar medidas legislativas para criminalizar la represión transnacional. Lo dejo aquí; espero que podamos continuar este trabajo conjuntamente.
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