Buenas tardes. Les doy la bienvenida a nuestra reunión y audiencia pública sobre los servicios de computación en la nube. En primer lugar, doy la bienvenida a los representantes de la Comisión Europea y les agradezco su participación en esta audiencia pública.
El objetivo de esta sesión es debatir en general la situación actual de los servicios en la nube en el mercado interior, con especial atención a la aplicación de los artículos 34 y 35 de la Ley de Datos, que prevén el desarrollo de normas armonizadas para la operación e interoperabilidad. Tendremos dos paneles de expertos. Después de las intervenciones de los invitados, habrá una sesión de preguntas y respuestas de treinta minutos cada una.
Empezamos con el primer panel: “Los servicios en la nube en el Mercado Único Digital: oportunidades, barreras y experiencia de usuario”. Voy a dar la palabra a Benjamin Ledwon, jefe de la Representación de Amadeus ante la Unión Europea. Seis minutos. Adelante.
Gracias, señor Doleschal. Tengo una presentación PowerPoint que espero esté disponible; si no, empezaré igualmente, ya que solo disponemos de seis minutos. Gracias por la invitación. Brevemente, a modo de introducción, voy a presentar a Amadeus.
Somos una empresa de software y servicios informáticos con sede en Europa que da empleo a 22.000 personas —la mayoría en Europa— y con presencia en todo el mundo. Para ilustrar la escala de nuestras operaciones, dos cifras: damos servicio a más de 400 aerolíneas y a más de 200 aeropuertos a nivel global. Somos una compañía que utiliza y desarrolla servicios en la nube y, en consecuencia, tenemos requisitos de infraestructura muy exigentes, a los que me referiré en un momento. Como ejemplo de cómo escalamos tecnologías junto con nuestros socios, hemos desarrollado una serie de proyectos piloto utilizando ya la cartera digital europea.
Amadeus es un buen ejemplo de empresa tecnológica europea de éxito. Primero, es importante abordar los problemas específicos de la industria mediante asociaciones dentro del propio sector. Segundo, partir de la normativa sectorial para escalar a nivel global. Y, por último, invertir en investigación y desarrollo, especialmente en software, elemento clave señalado en el informe Draghi. En nuestro caso, esa inversión supone más del 22% de los ingresos anuales. Esa es la perspectiva que aportamos a este debate.
Permítanme ofrecer una visión del ecosistema internacional en el que operamos. En viajes y transporte, Europa es líder. Como destino, más de 900 millones de visitantes llegan o parten de Europa, y también somos líderes en términos económicos: más de 22 millones de empleos en el sector generan más del 10% del PIB de la Unión. Por tanto, somos por definición una industria multicapa y competitiva.
La nube es un buen ejemplo. En el sector existe un alto nivel de adopción de esta tecnología debido a la presión por innovar y a los beneficios que aporta. Señalo dos: la eficiencia operativa, que facilita el desarrollo e innovación de productos y servicios; y, desde el punto de vista de la seguridad, la capacidad de reaccionar y corregir problemas a medida que surgen.
En cuanto a los requisitos de empresas como la nuestra, destaco tres cifras: gestionamos más de 3.000 millones de solicitudes diarias en los momentos pico; contamos con más de 200 terabytes de datos; y tratamos 150.000 transacciones por segundo a escala global. Hace pocos años migramos a la nube: fue la principal transformación digital que afrontó Amadeus. Nos llevó varios años y requirió una inversión muy significativa.
Esto me conduce a nuestra visión estratégica sobre el marco de soberanía. Respaldamos explícitamente la agenda de competitividad de la Unión Europea. Es un cambio importante para impulsar la economía digital. El paquete de simplificación digital, el paquete ómnibus y la ley de desarrollo de servicios en la nube deben ser pilares de esa nueva agenda. Abogamos por un debate centrado en soluciones, pragmático. En el ámbito de la nube, esto significa mantener la apertura, garantizar la igualdad de condiciones, preservar el acceso a la tecnología y evitar costes adicionales. En cuanto a la definición de soberanía, para nosotros se trata de la seguridad de los datos y de los elementos técnicos. La interoperabilidad es la respuesta a muchos de los retos actuales.
Por ello participamos desde hace tiempo en proyectos industriales, tanto en el marco de la Unión Europea como en los Estados miembros, por ejemplo en los IPCEI sobre infraestructura en la nube, y esperamos que así sea también en los próximos proyectos IPCEI. Queremos seguir invirtiendo en interoperabilidad, y nuestro compromiso en este ámbito continúa.
Europa es líder en la digitalización empresarial, especialmente en las industrias verticales. Debemos potenciar esa fortaleza, apoyando el crecimiento y la escala global. Cualquier intervención debe evaluarse para determinar si su impacto en el ecosistema industrial y en las operaciones globales podría ser negativo. Con esto concluyo y quedo a su disposición para el debate. Muchas gracias por su interés.
Gracias, muy interesante. Con esto doy la palabra al señor Lobrano.
Buenas tardes y gracias por la invitación. Nuestra asociación, ITI, representa a 80 empresas tecnológicas globales de todos los niveles: proveedores de servicios en la nube, fabricantes de microchips, empresas de seguridad y proveedores de telecomunicaciones. La adopción de la nube es esencial para la industria y es una parte fundamental de las ambiciones de ITI. Es un motor de innovación, pero Europa va rezagada en su adopción. Debemos apoyar la disponibilidad de soluciones competitivas y avanzadas para permitir que las empresas operen e inviertan en Europa y que los consumidores puedan beneficiarse de todas estas posibilidades.
La infraestructura es compleja y, si observamos el marco jurídico europeo, también lo es; esto afecta no solo a los productos y a la inversión, sino también al nivel de adopción por parte de los consumidores y al impacto de los avances recientes. Por ejemplo, algunas disposiciones sobre la nube han generado incertidumbre en torno a definiciones clave. Además, el desarrollo de la infraestructura en Europa avanza lentamente. La demanda de capacidad computacional se espera que se multiplique por tres de aquí a 2030, mientras persisten barreras como requisitos onerosos, conectividad apoyada en redes ya obsoletas y altos costes energéticos.
¿Qué recomendamos? Primero, simplificar. La agenda de simplificación puede y debe tener un impacto positivo en la adopción de la nube y en la digitalización de Europa. El Ómnibus Digital recientemente publicado es un paso importante, pero debemos hacer mucho más para reducir la complejidad. Recomendamos al Parlamento que trabaje para que el Ómnibus sea aprobado lo antes posible y que respalde decididamente la agenda de simplificación. El Ómnibus tiene una razón de ser: reforzar las capacidades europeas y permitir desarrollar y adoptar nuevas tecnologías con confianza. En materia de gobernanza de datos, el capítulo sobre la nube es útil, pero hace falta más ambición. La Ley de Datos es positiva, pero la falta de normas y de claridad genera una enorme complejidad e incertidumbre; por ejemplo, en su interacción con el reglamento de protección de datos, en la definición de la voluntariedad de ciertos sistemas y en la cuestión de los contratos fijos. Algunos elementos del Ómnibus, en lugar de simplificar, introducen confusión.
Saludamos, no obstante, las propuestas del Ómnibus que aportan flexibilidad respecto a los servicios en la nube hechos a medida del usuario, pues reflejan mejor la realidad del sector. Más allá del paquete Ómnibus, necesitamos más orientación y más tiempo para aplicar la Ley de Datos. Queremos trabajar con los colegisladores para garantizar que la aplicación no genere una carga excesiva, sino que cree las condiciones adecuadas para el desarrollo de estos servicios.
En cuanto a la infraestructura, necesitamos condiciones más favorables para construir la necesaria y atender así las necesidades de clientes y proveedores de servicios en la nube. En suma, esta ley representa una oportunidad.
Es fundamental generar un entorno regulador que traiga consigo certidumbre y haga de Europa un entorno de inversión atractivo. Hay que centrarse en la capacitación; por ejemplo, en permitir inversiones y en la armonización en todo el mercado, y también hay que garantizar que CAIDA sea coherente con otras medidas sobre sostenibilidad de los centros de datos y digitalización de las redes. Concluyo. Quiero destacar lo importante que resulta mantener un entorno competitivo y dinámico. La confianza y un planteamiento basado en los riesgos son cruciales. Debemos evitar un enfoque restrictivo que excluya a proveedores, porque eso no garantiza avances. Hemos visto, por ejemplo, cuestiones relativas a la soberanía en el contexto de CAIDA, o en la contratación pública y las propuestas al respecto, o en la certificación en la nube. Quiero insistir en que un planteamiento de soberanía estrecho, basado en toda una serie de requisitos, supone un riesgo para la adopción de los servicios en la nube y no nos traerá mayor seguridad. Las organizaciones deben poder elegir los servicios que mejor se adecúen a sus necesidades. De lo contrario, se producirían efectos negativos en la calidad de los servicios, en los niveles de adopción y en los precios. Necesitamos una soberanía tecnológica eficaz, basada en la confianza y en criterios para los operadores, sean internacionales o no. Todo ello debe basarse en objetivos y principios relativos a la transparencia, la gobernanza y la reducción de riesgos. Gracias, y quedo a su disposición para responder a preguntas. Gracias, señor Lobrando, por su presentación.
Gracias por la invitación. Soy Max Fontún, director del Instituto de Mercados Abiertos. Somos un think tank transatlántico que estudia los riesgos de concentración de mercado e identificamos maneras de remodelar los mercados en beneficio del interés público. Hay varios puntos que quiero trasladarles. El mercado de hoy está roto. Si no hacemos algo para arreglarlo, Europa se va a enfrentar a problemas de competitividad, soberanía y resiliencia en la infraestructura en la nube y, en general, en la infraestructura digital.
¿Por qué digo que el mercado está roto? Primero, porque hoy está altamente concentrado en torno a unos pocos proveedores estadounidenses —principalmente Google y Microsoft— que tienen más del 70% del mercado europeo, más aún en algunos Estados miembros, mientras que los proveedores europeos cuentan con solo el 15% del mercado. Y eso después de haber tenido en torno al 30% en 2017, cuando el mercado en la nube ha crecido enormemente en ese periodo. Es decir, Europa va hacia atrás. Son las empresas no europeas las que se están llevando los beneficios de esta expansión de la infraestructura digital. Eso significa que las empresas europeas, los gobiernos europeos y los consumidores europeos pagan más de lo que deberían por esta infraestructura, como resultado de la concentración de un mercado dominado por unos pocos proveedores.
Se trata de una infraestructura crítica: pensemos en hospitales, aeropuertos, agencias de inteligencia, bancos… Todas estas instituciones dependen de una infraestructura centralizada, con pocos puntos de fallo. Recordarán, por ejemplo, que recientemente AWS, Signal, Duolingo y otros quedaron indisponibles por un problema en la nube en Estados Unidos. Por tanto, esta infraestructura crítica depende de proveedores estadounidenses que responden a la legislación de Estados Unidos y que están expuestos a las tensiones en la relación transatlántica. Todo esto es muy preocupante.
Sería más fácil de aceptar si la estructura del mercado fuera el resultado de una competencia justa. Lamentablemente, no ha sido así. Vemos numerosos estudios de autoridades de competencia, como las de los Países Bajos y Francia, y también quejas que han puesto de manifiesto prácticas anticompetitivas que socavan la competencia leal en el ámbito de la nube.
Las barreras de entrada son estructurales: los costes enormes de acceder a este mercado —con inversiones en centros de datos— y las economías de escala de los grandes proveedores. Todo ello ya sería grave si no fuera porque, además, existen prácticas anticompetitivas que los actores dominantes utilizan para proteger su posición: vincular sus servicios en la nube con servicios no relacionados, dificultar que el consumidor pueda cambiar de proveedor, imponer restricciones a la transferencia y a la portabilidad de datos, u ofrecer grandes descuentos a los clientes cuando quieren cambiar de proveedor; y esto incluye también aprovechar los beneficios de negocios fuera de la nube para financiar infraestructura en la nube.
En la práctica, si no hay alternativas a estos grandes proveedores, si no contamos con otra tecnología mejor ni podemos ofrecer precios más competitivos, el resultado es que esa mejora no llega a los consumidores; y, cuando llega, cambiar de proveedor resulta muy costoso. Solo el 1 % de los consumidores consigue cambiar de proveedor de servicios en la nube. Los despliegues multinube siguen siendo muy poco frecuentes. Existen gigantes tecnológicos dentro y fuera de la nube, lo que les otorga una ventaja enorme frente a sus competidores. Así, empresas con negocios fuera de la nube dirigen a sus clientes hacia sus propios servicios en la nube, y utilizan esa infraestructura para capturar mercados emergentes, como estamos viendo con la inteligencia artificial.
Si no abordamos estos fallos de mercado, me temo que, como dije al principio, los esfuerzos de Europa para reforzar su competitividad y soberanía serán, en el mejor de los casos, ineficaces y, en el peor, fracasarán. Los planes para impulsar el desarrollo de la nube y la IA, que se inscriben en la estrategia europea de IA, si no van acompañados de esfuerzos para romper este mercado oligopolístico, solo canalizarán más dinero público a los bolsillos de los actores dominantes actuales, con escasos beneficios para Europa. Del mismo modo, muchos de los esfuerzos en curso para desarrollar alternativas tecnológicas europeas, como Eurostack, no tendrán éxito si los gobiernos no abordan las prácticas anticompetitivas y las barreras de infraestructura que impiden a nuestras empresas escalar. En consecuencia, los esfuerzos de soberanía en la nube solo tendrán éxito si van acompañados de medidas para combatir la posición dominante de los grandes actores. Para ello hace falta actuar en el mercado de servicios en la nube y en el ecosistema digital. Si lo desean, entraré en más detalles a continuación. Gracias.
Gracias, señor von Thun. Tiene la palabra, a continuación, la señora Velagapudi.
Muchas gracias. Es un honor para mí comparecer aquí ante la Comisión IMCO. Me llamo Deepa Velagapudi; soy vicepresidenta de la práctica de nube de Kyndryl. Normalmente trabajo directamente con los clientes. Gestiono operaciones en 40 países de varios continentes. Soy ciudadana sueca y la mayor parte del tiempo estoy con clientes europeos. Quería hablar de lo que es Kyndryl como empresa y, después, referirme al estudio sobre la adopción de la nube en Europa.
Kyndryl tiene décadas de experiencia con clientes europeos. Operamos en aproximadamente 60 países en todo el mundo y nuestra especialidad son sistemas informáticos complejos, sistemas que no pueden fallar. En los servicios financieros, por ejemplo, trabajamos con sistemas de pago y con bancos: cuando se realiza una transacción con una tarjeta de crédito, esos son los tipos de sistemas que gestionamos. En el sector aéreo, ayudamos a compañías de todo el mundo con la programación de vuelos y la gestión de desvíos. En el sector de la energía, contribuimos a una distribución eficiente de la energía, y trabajamos, evidentemente, también con los gobiernos. Para construir una buena solución para un cliente, necesitamos la nube, la red, la inteligencia artificial y muchos otros servicios.
Asesoramos a los clientes sobre cómo construir su arquitectura informática. Cuando no disponen de las capacidades necesarias, les ayudamos y, si así lo desean, también gestionamos sus sistemas. Contamos con oficinas locales en prácticamente todos los países de la Unión Europea y mantenemos relaciones de larga data con el sector público y con el sector privado, especialmente con los servicios financieros.
Quisiera pasar al estudio que hemos elaborado. Analizamos a 3.700 CXOs para evaluar su nivel de preparación para la inteligencia artificial y la nube. Además, realizamos un estudio de innovación en la nube comparando a los líderes en adopción —quienes obtienen mayor retorno de su inversión— con los rezagados.
Permítanme destacar dos elementos de interés para esta comisión. Primero: entre los líderes en la nube, el 84% eligió servicios de múltiples proveedores (estrategias multinube). Las razones principales son:
- Costes: la competencia entre proveedores mejora la relación coste‑beneficio.
- Estrategia de salida: dado que las estrategias y los precios en la nube cambian, las empresas quieren poder migrar a otro proveedor si es necesario.
- Innovación: distintas tecnologías aportan ventajas diferenciadas según la carga de trabajo (por ejemplo, analítica intensiva frente a necesidades de máxima estabilidad).
- Resiliencia: en caso de una interrupción, desean poder operar su entorno informático en otro lugar.
Por estos motivos, los clientes optan por la multinube. Ahora bien, existe un equilibrio: invertir en competencias para múltiples plataformas es costoso; observamos que las organizaciones con mejores resultados suelen trabajar con dos suministradores.
Segundo: los líderes en la nube conectan su estrategia tecnológica con los objetivos empresariales. Aunque pueda parecer obvio, el 70% de los directores generales reconoce haber llegado a su entorno en la nube más por accidente que por diseño, sin una estrategia global. En mi experiencia, contar con una arquitectura holística e híbrida en la nube es la base para desplegar la inteligencia artificial y ser competitivos, integrando la seguridad desde el diseño de esa arquitectura.
A esta comisión le diría que, cualquiera que sea el marco que adopten, busquen un equilibrio entre innovación, competencia y seguridad. Quedo a su disposición para preguntas.
Gracias. Muchas gracias por estas presentaciones tan interesantes. Doy la palabra a los miembros de la comisión para sus preguntas. Les ruego que indiquen a quién va dirigida su intervención. ¿Quién desea comenzar? Adelante, Pablo.
Muchas gracias, voy a hablar en español.
Muchas gracias a los ponentes; ha sido muy interesante, sobre todo en un ámbito en el que empezamos a comprender la capacidad y el potencial, y, al mismo tiempo, constatamos que estamos una vez más muy descolgados de nuestros competidores. Cuando hablamos de soberanía digital en Europa, tenemos que hablar, como no puede ser de otra forma, de los servicios en la nube. Lo que vemos es que los operadores extranjeros concentran hasta un 70% del mercado y los europeos solo un 15%, y veníamos de una cuota ligeramente superior, con lo cual vamos empeorando.
Quisiera centrarme en el porqué. Entendemos que deberíamos saber hacer estas cosas, pero, cuando se ofrece un servicio en la nube, la seguridad del cliente —sea una institución, una empresa o un particular— tiene mucho que ver con quién presta ese servicio. Como señalaba la última ponente, se trata de innovación y competencia, pero, sobre todo, de seguridad: ¿quién nos garantiza la seguridad de esos datos, quién los mantiene y cómo los gestiona o custodia?
Desde esta perspectiva, mi pregunta es si consideran importante que se conozca mejor a las empresas europeas que nos prestan estos servicios —algunas están hoy aquí representadas y yo mismo no las conocía—. Ofrecen seguramente un excelente servicio, pero esa falta de notoriedad puede ser un cuello de botella a la hora de elegir un actor distinto de los que hoy acaparan el 70% del mercado. ¿Es así? ¿Podrían arrojar luz sobre este punto?
Y, en segundo lugar, sobre competencia: en la Unión Europea tenemos una regla —a mi juicio anclada en el pasado—, por ejemplo en telecomunicaciones, que exige al menos tres operadores para garantizar la competencia en cada Estado miembro. ¿Sería algo así aplicable a los servicios en la nube, dado lo amplio, grande y creciente del mercado y el potencial que tiene, o deberíamos optar por otra vía? Gracias.
Tiene la palabra la señora Dávid. Muchas gracias, y gracias también a los invitados. Si Europa quiere ser competitiva, debemos apoyar soluciones digitales de computación en la nube, porque hoy por hoy dependemos en exceso de proveedores de fuera de la Unión. La concentración en unos pocos gigantes tecnológicos genera fallos de mercado, servicios más caros y dificultades para cambiar de proveedor, como han señalado los invitados. Agradezco la investigación de la Comisión sobre la aplicación de la DMA a los servicios en la nube. ¿Cómo podemos garantizar que disponemos de soluciones propias, sobre todo cuando el último gran proyecto europeo, GAIA‑X, fracasó? ¿Qué lecciones hemos aprendido y cómo se aplican en la práctica para avanzar?
Segunda cuestión: sabemos que los principales obstáculos para desarrollar servicios europeos en la nube son la disponibilidad de agua, energía y suelo, la lentitud en la concesión de autorizaciones en los Estados miembros y la falta de capital. ¿Cómo puede la Unión Europea ayudar a superar todos estos problemas? Gracias.
A continuación, la señora Elisabeth Grossmann. Gracias. También quiero agradecer las intervenciones, que me han parecido realmente esclarecedoras. Queda clara la enorme necesidad de actuar: estamos ante una dependencia creciente que supone un riesgo para la seguridad. Nuestra infraestructura digital debe estar plenamente garantizada para que todos nuestros sistemas puedan seguir funcionando.
Por eso quería pedirles propuestas concretas. ¿Qué nos pueden recomendar, en lo específico, a nosotros como colegisladores? ¿Dónde tenemos que actuar de manera prioritaria, porque el tiempo se nos agota? ¿Qué medidas a corto y a largo plazo consideran necesarias, sobre todo para nosotros como legisladores? ¿Qué tenemos que hacer para poder desarrollar los servicios digitales que necesitamos con tanta urgencia y garantizar la disponibilidad y el buen funcionamiento del sistema?
Gracias. Quisiera felicitar a los invitados por sus presentaciones y por las ideas aportadas, pero debo decir que no comparto algunas de las afirmaciones escuchadas, en particular la de que un proteccionismo excesivo de nuestro mercado haría crecer exponencialmente nuestras capacidades. El problema en Europa es que nuestro nivel tecnológico es inferior; no somos tan competitivos tecnológicamente hablando y además tampoco contamos con suficiente capital.
En segundo lugar, quisiera plantear una cuestión sobre la seguridad y la interoperabilidad. Europa tiene que garantizar la seguridad y la protección de los datos. Si cooperamos con países que nos dan garantías de seguridad, perfecto; pero con algunos países esta cuestión puede no ser tan clara. Podríamos caer en la tentación de optar por el proteccionismo en Europa, pero eso podría mermar nuestra competitividad. ¿Qué diría la representante de Kyndryl? ¿Qué significaría para su empresa si, a nivel europeo, no se pudieran utilizar servicios de fuera de Europa? ¿Cómo reaccionarían sus clientes? ¿Esto supondría una pérdida de competitividad?
Tiene la palabra, a continuación, la señora Van Sparrentak.
Muchas gracias, y gracias por las presentaciones. Tengo dos preguntas. Primero, para el señor von Thun, del Open Markets Institute. Gracias por su mensaje tan claro sobre el mercado roto, la dominación por parte de operadores estadounidenses y nuestra dependencia de infraestructuras fundamentales. Agradezco también su llamamiento a romper los oligopolios. ¿Cuál sería su primera prioridad? Tenemos que construir y desarrollar alternativas europeas. Francia y Alemania han anunciado una cumbre para abordar esta cuestión. La contratación pública puede ser una palanca para impulsar alternativas europeas. La Comisión ha demostrado que puede liderar con ciertas iniciativas. ¿Apoyaría usted una iniciativa europea para el sector público en este sentido?
Mi segunda pregunta es para la representante de Kyndryl. El 18 de noviembre, Kyndryl solicitó autorización para adquirir un proveedor de servicios en la nube de Países Bajos, mi país. Esto ha generado muchas preocupaciones. La soberanía es clave para prestar servicios digitales fundamentales, como las aplicaciones de identidad, y también en numerosos procesos del sector de la justicia. Kyndryl es una empresa norteamericana, sometida a la legislación de Estados Unidos. Mi pregunta es la siguiente: ¿la filial en Europa seguirá siendo plenamente europea en su gobernanza y en el tratamiento de los datos, garantizando las exigencias de soberanía?
Una entidad independiente no estaría sometida a la legislación estadounidense en materia de protección de datos.
Gracias. Yo también quería aprovechar para intervenir sobre las distorsiones de competencia. Estamos en Europa ante un proceso de desindustrialización. Con el Pacto Verde y con unas políticas erráticas, se ha abandonado la energía nuclear en Alemania, por ejemplo. Hemos visto cómo Volkswagen traslada parte de sus esfuerzos de investigación a China. Los ejemplos son muchos. Yo, que soy de Sajonia‑Anhalt, vimos cómo la empresa Intel estaba allí presente, pero ha vendido toda su fábrica en mi lugar de origen.
Todo esto tiene que ver con la política energética. ¿Hasta qué punto las inversiones necesarias para los próximos 50 años serán rentables? Hoy por hoy vemos lo que ocurre en Europa: hemos abandonado el gas ruso. Perseguimos un objetivo de neutralidad de CO2 muy loable, pero carísimo. Entonces, ¿vale la pena invertir a largo plazo en Europa? Además, los tipos de interés están en un nivel muy alto. ¿Realmente creen ustedes que en los próximos años valdrá la pena invertir en Europa?
Sí, ¿quién de ustedes quiere empezar con las respuestas? Luego podemos seguir un poco más.
Gracias. Agradezco todas esas preguntas tan pertinentes. Si me lo permiten, me gustaría empezar refiriéndome a las cuestiones de competencia y de soberanía que varios oradores han mencionado desde distintas perspectivas. Lo más importante para mí es establecer claramente la diferencia entre preocupaciones en materia de competencia y preocupaciones en materia de soberanía, porque son distintas y requieren enfoques diferentes. El mercado de la nube en Europa se espera que crezca de forma muy significativa en los próximos años, y habrá oportunidades para que operadores europeos entren en un mercado competitivo. Si existen problemas o preocupaciones de competencia, hay que despejarlos.
Conviene saber que en Europa se está acelerando la adopción de soluciones en la nube, y aún queda mucho por hacer. Por otra parte, tenemos la Ley de Datos, que aborda la conmutación en la nube, y ahí surgen algunas de las preocupaciones ya manifestadas. Se presentó hace menos de dos meses, por lo que insto a los responsables legislativos a tener en cuenta que las políticas nuevas tienen efectos en el mercado antes de ponerse a idear nuevas normas; de lo contrario, muchas de estas iniciativas luego hay que revisarlas.
Las preocupaciones son legítimas y consideramos que Europa debe esforzarse por ofrecer servicios locales, llamémoslos soberanos, pero ello no puede descartar las ofertas más competitivas en el mercado europeo. Así no funcionan los mercados, y en el pasado ha fracasado intentar imponerlo. Por tanto, no mezclemos las herramientas de competencia con otras preocupaciones, incluso de política laboral.
Lo mismo cabe decir de la agenda de simplificación, que es importantísima. El sector industrial en Europa se ha estado moviendo en un entorno muy complicado. Y, dicho esto, quisiera referirme también a la pregunta sobre qué se puede hacer en materia de infraestructuras, qué podemos hacer nosotros. Europa tiene mucho que decir a la hora de establecer requisitos que, en ocasiones, complican las cosas en los Estados miembros.
Por ejemplo, existen dificultades importantes de armonización del mercado interior cuando entran en juego los requisitos para la construcción de nuevas infraestructuras y el establecimiento de soluciones que no encajan con este tipo de infraestructuras. Por otra parte, no olvidemos que los centros de datos consumen muchísima energía, aproximadamente el 3% del total, con un consumo además muy localizado en algunas regiones donde se establecen estos centros. En Irlanda alcanza el 20%, y no se puede asumir un consumo local tan concentrado.
Otra cuestión: licitaciones y contratación pública. Cuando hablamos de soberanía, entendemos que hay buenas razones para esgrimir la necesidad de mantenerla, pero no podemos hacerlo de forma simplista. Hay que buscar criterios concretos, como, por ejemplo, la transparencia de la empresa, el cumplimiento con la legislación local, la rendición de cuentas y la posibilidad de que el cliente elija entre distintos operadores con capacidad de cambiar rápidamente de proveedor. Y cuando se trata del sector de la defensa y la seguridad, aquí las licitaciones se complican, porque estaría justificado optar por un proveedor local.
Muchas gracias. ¿Alguien más? ¿En dos minutos? A ser posible, lo voy a intentar, porque han sido muchas y muy buenas preguntas. Empezaré con algo que ha dicho el señor Lebrano: una cosa es competencia y otra es soberanía; no las mezclemos. Es verdad, son distintas, pero tienen bastante que ver, sobre todo cuando hablamos de concentración. No es lo mismo si el 20% corresponde a proveedores norteamericanos o de otras partes del mundo, o si es un 70%. Hay, por tanto, cierta relación entre soberanía y competencia.
En cuanto a la transparencia, me parecen muy bien todas estas iniciativas y debates en materia de contratación pública y licitaciones, incluida la preferencia para el licitador europeo. Eso tiene la ventaja de que el dinero se queda en Europa; ahora se está yendo a los Estados Unidos. Pero hay operadores europeos que ya existen —algunos intervendrán en el próximo panel— y, entre otras cosas, lo que estamos haciendo es abandonar un modelo centrado únicamente en los costes por otro que incluye también resiliencia, soberanía e incluso sostenibilidad. Los operadores actuales no son precisamente los más eficaces a la hora de utilizar bien los recursos, por ejemplo.
En cuanto a las normas de competencia, quizá han sido demasiado estrictas en el pasado. En los mercados digitales, la legislación en materia de competencia entra en juego cuando hay mercados muy consolidados y un posible daño. Ahí sí puede surgir una investigación y fijarse en los principales operadores norteamericanos; pero, mientras tanto, los mercados tienen que seguir abiertos para posibles operadores europeos y no estar esperando diez años a que surja algo.
Muchas gracias. ¿Alguien más? Sí, muy brevemente. Habría mucho que decir. Quisiera referirme en primer lugar a las inversiones en Europa. En cuanto a los datos, no soy el más indicado, porque ahora no estamos operando nuestro propio centro de datos, pero mantenemos nuestro compromiso de inversión en Europa; y un ejemplo, quizás el mejor, el IPCEI.