Buenas tardes de nuevo. Ha cambiado radicalmente el panorama respecto de esta mañana en esta sala, pero nos quedan puntos importantes para la tarde también.
Empezaremos con el Índice de Igualdad de Género 2025. Contamos con la presencia de la señora Carlien Scheele, Directora del EIGE, el Instituto Europeo de la Igualdad de Género, una agencia fundamental para nuestro trabajo y a la que esta Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género apoya plenamente. Ayer se presentó oficialmente el Índice por parte de la Comisión, y esta mañana ya hemos tenido una primera introducción; ahora entraremos en los detalles en el seno de nuestra comisión. Bienvenida, y gracias por volver a visitarnos.
Estaremos encantados de escuchar los resultados del Índice de este año, saber si ha habido avances en el último año y conocer el nuevo método, la nueva metodología y los cambios introducidos que permiten incorporar nuevas medidas en el Índice. Es muy importante, porque se trata de un índice compuesto: hay que saber cómo se elabora para entenderlo, la metodología empleada y los datos utilizados.
Como en ediciones anteriores, el Índice evalúa los resultados en igualdad de género en una serie de ámbitos vitales: conocimiento, acceso financiero, salud, trabajo, poder, influencia y tiempo. También se realiza un seguimiento de la violencia contra las mujeres y de las desigualdades combinadas o interseccionales, teniendo en cuenta múltiples factores de la vida, como la edad, la orientación sexual, la discapacidad, el origen como persona migrante y otras dimensiones de la diversidad. Esa intersección es clave, y evidentemente la situación de cada persona puede ser muy variada.
Durante muchos años, el Índice ha venido indicando que la Unión Europea avanza lenta pero de forma constante en la mejora de la igualdad de género; sin embargo, a nivel nacional las mejoras son desiguales y existen grandes diferencias entre Estados miembros, así como en sus políticas —lo cual no será casualidad. Nuestra comisión seguirá analizando estas diferencias con atención.
Valoramos mucho el Índice de Igualdad de Género porque ofrece una visión clara y basada en datos fehacientes de los avances en igualdad de género en la Unión Europea. Pone en común datos de ámbitos muy clave de la vida y permite identificar tanto los avances realizados como las brechas pendientes. Es una herramienta muy útil en nuestro trabajo cotidiano para conformar políticas eficientes, guiar nuestras prioridades y lograr que nuestros esfuerzos se dirijan donde más falta hacen. También contribuye a mantener la igualdad de género presente en la agenda política y a dar seguimiento a los compromisos asumidos previamente. La directora nos va a presentar más detalles, incluidos los trabajos pendientes y los cambios metodológicos a los que me refería antes, así como cómo podemos utilizar el índice para definir adecuadamente las mejores políticas que permitan avanzar en la agenda de igualdad de género, que es una urgencia para nuestras democracias, para el proyecto europeo y para nuestra competitividad. Muchas gracias por venir. Siete minutos, tiene usted la palabra.
Gracias y buenas tardes, Presidenta, Señorías, miembros de la Comisión de Derechos de las Mujeres e Igualdad de Género. Es un privilegio para mí poder compartir los resultados más recientes del Índice de Igualdad de Género 2025. Es un año muy importante en la historia de este índice, que elaboramos en mi agencia. Como saben, permite a quienes diseñan políticas ver la evolución de la igualdad de género en la Unión Europea. Proporcionamos una lectura muy detallada de la igualdad en seis ámbitos de la vida cotidiana: el trabajo, el dinero, el conocimiento, el tiempo, el poder y la salud.
En un contexto en el que los cambios se aceleran, nos dimos cuenta de que debíamos capturar con los datos la situación verdaderamente actual de la igualdad de género, y no la de hace cinco o diez años. Por ello, tras amplias consultas con nuestros interlocutores, hemos desarrollado nuevos indicadores, nuevas fuentes de datos y un nuevo referente para medir los avances.
Europa está atravesando una transformación digital profunda en nuestras sociedades y economías, que también está generando nuevas manifestaciones de desigualdad. Como respuesta directa a esta necesidad política de entender cómo las transiciones digitales interactúan con los roles de género, las oportunidades y las barreras, en 2025 introducimos por primera vez en el índice indicadores específicos para reflejar mejor la digitalización.
Otra novedad es que ahora medimos la intensidad de los cuidados. Aunque cada vez hay más hombres que asumen labores de cuidado, persisten importantes brechas en el número de horas dedicadas a cuidar. Además, esta actualización del índice da mayor visibilidad a grupos que sufren más las desigualdades, como las personas mayores y las familias monoparentales. Analizamos también el trabajo precario y de menor remuneración en el contexto de unos mercados laborales que cambian con rapidez.
Para medir con mayor exactitud el acceso a los recursos financieros de mujeres y hombres, hemos introducido indicadores de renta a título personal, ya no a nivel de unidad familiar. Con esta metodología, aspiramos a ofrecer una visión más precisa, una lente más nítida sobre la situación actual de la igualdad de género.
En síntesis, aunque en otros ámbitos se registran avances, el progreso en igualdad de género en la Unión Europea sigue siendo relativamente lento. La desigualdad en la gestión del tiempo resulta particularmente difícil de modificar. Persisten las brechas salariales y de renta, las diferencias en independencia financiera y los desequilibrios de poder.
Se ha insistido mucho en este Índice de Igualdad de Género en los estereotipos de género, porque siguen influyendo de manera determinante en cómo se definen decisiones, expectativas y conductas. Ahora bien, también constatamos que, cuando se cuestionan de forma directa mediante políticas públicas, se pueden cambiar las cosas. La situación actual la tienen en la diapositiva: el resultado medio de la Unión Europea es de 63,4 puntos sobre un máximo de 100, esto es, diez puntos y medio más que hace diez años. A este ritmo, aún faltarían más de cincuenta años para alcanzar la plena igualdad. Los resultados varían mucho según el Estado miembro: algunos se sitúan en torno a los cuarenta y muchos, otros en los setenta y pocos. Suecia, Francia y Dinamarca presentan los mejores resultados, en ese orden, lo que demuestra lo que puede lograrse con un compromiso sostenido. Pero no podemos dormirnos en los laureles: para seguir avanzando hacen falta esfuerzos e inversiones constantes. En otros países, como Malta, Irlanda o Lituania, ya se han registrado avances importantes; otros están estancados o incluso han retrocedido. Ello confirma que los esfuerzos y las inversiones dan resultados, y que las estrategias de igualdad de género deben definirse adecuadamente para reflejar realidades nacionales diversas.
Paso a los ámbitos concretos. Salud se sitúa en 82,2, aunque permanece estancado desde 2020. Poder sigue en los niveles más bajos, con 40,5, si bien es el ámbito que más progresa gracias al aumento de la participación de las mujeres en la toma de decisiones. En dinero, la puntuación alcanza 73,9, pero persisten la brecha salarial y la brecha en pensiones: de media, las mujeres perciben el 77% de lo que perciben los hombres, y la brecha en las pensiones se sitúa en torno al 25%. Esta realidad ha dado pie a lo que se denomina el “trimestre fantasma”: tres meses y 18 días al año durante los cuales, en la práctica, las mujeres trabajan gratis.
En el ámbito del tiempo, la puntuación es de 65,0, con desigualdades persistentes en el reparto del cuidado no remunerado y de las tareas domésticas. Las mujeres siguen asumiendo la mayor parte del cuidado de los hijos y del trabajo doméstico, lo que limita sus oportunidades económicas y su tiempo personal. Este reparto desigual de las responsabilidades de cuidados continúa siendo un motor central de la desigualdad de género. Sabemos que los hombres asumen más carga que antes, pero no de forma intensiva: recoger al niño del colegio no es lo mismo que quedarse en casa cuidando. En la Unión Europea, el 41% de las madres con hijos pequeños dedica unas 35 horas a la semana al cuidado, frente al 20% de los padres. Además, dos de cada tres mujeres realizan tareas domésticas a diario; entre los hombres, lo hace uno de cada tres. Estos patrones condicionan la capacidad de las mujeres para trabajar, acceder a mejores salarios y ahorrar, y perpetúan la segregación ocupacional.
A pesar de que las mujeres superan a los hombres en logros educativos, solo el 34% de las personas tituladas en carreras STEM son mujeres y, en el mercado laboral, las mujeres representan alrededor del 19% del total de especialistas en informática, mientras que están cuatro veces más presentes que los hombres en los sectores de la educación, la salud y el bienestar social. Existe además una brecha digital estructural que repercute en la progresión profesional, ensancha la brecha salarial y dificulta la consecución de la independencia económica.
Nos enfrentamos a barreras estructurales y, sin abordarlas, no podrá haber igualdad de género. La segregación en la educación ha aumentado 3,5 puntos porcentuales en los últimos quince años y permanece estancada desde 2015. A este ritmo, tardaríamos 200 años en conseguir la igualdad de género. No podremos avanzar mientras persistan prejuicios y estereotipos. Por ello, si queremos progresar, necesitamos acciones valientes y un compromiso continuado. La igualdad de género requiere coherencia, voluntad política, recursos y rendición de cuentas.
Para concluir, quisiera recordar que nuestro Índice no es simplemente un marcador para que los países compitan entre ellos; es una herramienta para comparar la situación y, sobre todo, una hoja de ruta muy sólida para actuar a nivel político. Con estos estudios y estas evidencias, debemos centrarnos en lo esencial y formular recomendaciones estratégicas que aceleren el progreso si queremos aprovechar al máximo las ventajas de la igualdad de género. Gracias.
Muchas gracias. Iniciamos la primera ronda de intervenciones con los coordinadores. Tiene la palabra el señor Cabral.
Gracias, presidenta. Y muchas gracias al Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE) por su trabajo. Este Índice es una base importante para definir nuestras futuras políticas europeas. A pesar de llevar años trabajando en esta materia, lo que queda patente es que, con mejores o peores resultados, todavía no hemos alcanzado la igualdad de género total, y esto es preocupante.
Por ejemplo, en el ámbito de la salud, donde el índice se sitúa en 80,6, no ha habido avances en los últimos años y, de hecho, se han registrado retrocesos en algunos Estados miembros, lo cual es alarmante. Les doy un ejemplo: fui anfitrión aquí, en el Parlamento Europeo, de un evento sobre diabetes, y constatamos que, de manera no armonizada en la Unión Europea, las personas con esta enfermedad, tan extendida, siguen encontrando problemas de acceso a la atención.
En el trabajo, las mujeres tienen que trabajar quince meses y medio para ganar lo que los hombres ganan en doce. Y, pese a las políticas y soluciones, cada día surgen nuevos retos. No podemos dejar de pensar en la inteligencia artificial y el mundo digital, que ofrecen oportunidades —creatividad, teletrabajo—, pero también mucha violencia, discurso de odio y desinformación. Por eso debemos concienciar a la sociedad. La igualdad de género no es un privilegio: es un imperativo de nuestra sociedad y una aspiración compartida.
Concluyo. El objetivo no es incluir artificialmente la igualdad de género; lo que queremos es poner de relieve su contribución a la competitividad de la Unión Europea y utilizar todo el potencial disponible. Si aprovecháramos plenamente el potencial del trabajo femenino, nuestro PIB podría aumentar en un 10%. Esto debe tenerse en cuenta y valorarse desde la óptica de la competitividad.
Los datos son claros: registramos 63,4 puntos sobre 100 en igualdad de género, y en los últimos años solo hemos avanzado tres puntos y medio. Muy poco. Como ha señalado la señora Scheele, estamos a 50 años de alcanzar la igualdad de género. Trabajemos todos juntos para conseguirla. Gracias.
Y ahora paso al grupo S&D y tiene la palabra Heléne Fritzon, como coordinadora. Adelante.
Gracias por la presentación. Como vengo de Suecia, es muy interesante seguir este índice, porque es cierto que hemos estado en los primeros puestos desde el principio. Pero dicho esto, también en Suecia hemos experimentado retrocesos en materia de igualdad de género y, por lo que oigo en su presentación, vemos que esto está pasando en toda Europa. Tenemos que ver qué hacemos desde aquí, desde el Parlamento Europeo. Una mujer de cada tres no trabaja en Europa; esto hace que no tengan ingresos propios y que no puedan tener el control de sus vidas. Por eso es importante que actuemos con reformas en los Estados miembros, por ejemplo, en materia de baja parental, que es fundamental para que las mujeres puedan participar más activamente en el mercado laboral. Supongo que usted puede ofrecernos medidas concretas, pero vemos diferencias enormes entre países. ¿Qué tipo de medidas tomaría usted para corregir la situación y avanzar hacia la igualdad de género? Gracias.
Gracias. No veo a nadie de los Patriotas, así que pasamos al Grupo ECR.
Gracias, presidenta. Señora Scheele, gracias por presentar este índice, que sin embargo suscita muchas preguntas porque mide resultados, pero no siempre queda claro qué nos dicen exactamente esas cifras. Me gustaría hacerle una pregunta muy concreta: ¿cómo distingue este índice, por ejemplo, entre la discriminación estructural y una elección libre y legítima que pueden tomar las mujeres en Europa? Hay muchas mujeres suecas que deciden trabajar a tiempo parcial para pasar más tiempo con sus hijos, y lo ven como un privilegio. También hay muchas mujeres que deciden estudiar para trabajar de enfermeras, una de las profesiones más importantes que tenemos, aunque quizá, si se hubieran formado como ingenieras, ganarían más. Pero si han decidido formarse como enfermeras, es su decisión y no tendríamos por qué intervenir. Para obtener resultados óptimos en el índice hay que tener en cuenta las preferencias personales. Por tanto, me pregunto: ¿han tenido en cuenta en el índice esta libertad de elección de mujeres y hombres? Porque no podemos imponer nada.
No veo a nadie de Renew ni de los Verdes. De La Izquierda, tiene la palabra Elena KOUNTOURA. Dos minutos.
Muchísimas gracias, presidenta. Señorías. Señora Scheele, muchísimas gracias por la presentación. Hemos trabajado en el pasado en numerosas ocasiones con este instrumento, y el índice de igualdad de género demuestra que las desigualdades se han mantenido tanto en el trabajo como en el hogar, lo que puede conducir a situaciones injustas en el ámbito doméstico y a una enorme brecha salarial.
Equivale a un año y medio de salario menos en comparación con los hombres, y esto se confirma también en las pensiones. Este índice es una herramienta muy valiosa, pero es verdad que todavía hay que tener en cuenta otros aspectos, como las políticas nacionales horizontales y la presupuestación con perspectiva de género en todos los ámbitos, como la protección social, la educación o la economía. Por ejemplo, en el índice no se incluye la violencia doméstica. Hay algunos países que no aportan datos sobre violencia doméstica, y esto ya lo hemos señalado aquí. En Grecia, por ejemplo, estamos en el puesto 25 en lo que respecta a la brecha en las tareas domésticas. Y, a pesar de que el índice ha aumentado desde 2010 en 10 puntos y estamos ahora en 63,4 puntos, siguen existiendo importantes desigualdades. Quisiera darle la vuelta y verlo desde otra óptica: la desigualdad, o el hecho de que no hayamos alcanzado la igualdad que deseamos, obedece en gran medida a comportamientos, tabúes, estereotipos y actitudes patriarcales o conservadoras de los hombres, que mantienen estas desigualdades e impiden avanzar. Tal vez deberíamos hablar más claramente de esta responsabilidad. Quisiera saber qué pasos o qué medidas se proponen para que los Estados miembros con mayores desigualdades conviertan este índice en un verdadero instrumento de rendición de cuentas, con objetivos claros y con consecuencias cuando dichos objetivos no se alcancen. Gracias.
Muchas gracias. Dado que no hay muchos diputados inscritos, si les parece abrimos una segunda ronda. Ha pedido la palabra Elisabeth Grossmann, de Austria.
Muchas gracias. Intervendré en alemán. Gracias por esta presentación tan exhaustiva, que nos ayuda muchísimo a los Estados miembros, porque podemos aprender unos de otros cuando hay métodos que han funcionado y que podríamos emular. Sin embargo, me ha decepcionado constatar que ha habido pocos progresos a nivel generacional en relación con la desigualdad de género, y no sé si tienen alguna pista o explicación al respecto. Se han mencionado distintos enfoques en materia de igualdad de género, pero me gustaría entender si, con el paso del tiempo y entre generaciones, la situación ha mejorado o si estamos dando pasos atrás. En cuanto a la dimensión de poder, ¿qué mejoras hemos observado en la Unión Europea? ¿Cuál es exactamente el problema fundamental? ¿Falta representación de mujeres en los parlamentos donde se toman decisiones, o hablamos de una falta de representación en las comunidades locales? En Austria, por ejemplo, a nivel de autoridades locales, vemos muy pocas alcaldesas. Y esto también sucede en otros niveles donde se adoptan decisiones importantes que definen la vida de las mujeres y de la ciudadanía.
A continuación, por el S&D y desde Croacia, nuestro vicepresidente, el señor Marko Vešligaj. Dos minutos, por favor.
Gracias. Intervendré en croata. Gracias a la directora por esta presentación sobre la igualdad de género y por este informe anual, que es un trabajo monumental que realizan cada año; soy consciente del esfuerzo que conlleva. No he podido examinar con detalle todos los datos, pero hay algunos aspectos que me han llamado la atención. Por ejemplo, me llama la atención ver que, a pesar de…
A pesar de los avances que hemos visto, todavía persisten muchísimas desigualdades. Existen normas discriminatorias en Europa que hacen que las mujeres sigan asumiendo el cuidado de los hijos y las tareas domésticas, y, en muchos casos, que sean los hombres quienes deciden sobre lo que las mujeres deben hacer o incluso sobre sus cuerpos. En Croacia, por ejemplo, muchas mujeres consideran normal que los hombres controlen la vida de sus parejas, lo que incide en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, tanto en el plano personal como en el profesional. Quisiera conocer su opinión sobre el clima socioeconómico actual en Europa y, en particular, sobre las campañas contra la llamada “ideología de género”, cargadas de prejuicios. ¿Cómo considera usted que todo ello perpetúa los estereotipos? Desde la familia socialdemócrata luchamos con firmeza contra estas dinámicas y, gracias a la legislación aprobada en la legislatura anterior, hemos logrado algunos avances con normativas ambiciosas. ¿Qué espera usted de la Comisión, por ejemplo, en el ámbito legislativo?
Tiene la palabra la señora Blinkevičiūtė, del S&D. Disculpe, porque su apellido es difícil de pronunciar. — Lo ha dicho a la perfección, señora presidenta. Muy bien pronunciado.
Al igual que mis colegas, en primer lugar deseo agradecer a la señora Scheele y al Instituto Europeo de la Igualdad de Género por el trabajo que realizan cada año al preparar el Índice de Igualdad de Género. Quisiera formular algunas observaciones y preguntas. En su opinión, ¿los Estados miembros utilizan suficientemente este Índice en sus políticas nacionales? El progreso en una serie de sectores no es suficiente. ¿Qué podríamos hacer para comunicar mejor sobre el Índice, darle mayor visibilidad y lograr que los responsables públicos comprendan la importancia de integrar la igualdad de género en todas las políticas y en todos los ámbitos de nuestra vida? En el sector de la salud, el Índice registra la mejor puntuación y así ha sido desde el principio. ¿Por qué no podemos alcanzar porcentajes igualmente altos en otros ámbitos? Contamos con mucha legislación europea sobre la conciliación de la vida profesional y personal; sin embargo, ¿han tenido estas políticas el impacto suficiente? En muchos aspectos observamos estancamiento, no hay progreso. ¿Cómo es posible? Los estereotipos de género son muy fuertes y difíciles de erradicar. Pensemos, por ejemplo, en los cuidados infantiles o en la atención a familiares y personas mayores: son las mujeres quienes soportan la mayor carga y en este ámbito no está cambiando nada. Considero que no hemos hecho lo suficiente a nivel europeo para combatir esta lacra. Gracias.
Muchas gracias. Es muy útil esta explicación anual que nos ofrece sobre el Índice y su evolución —los avances y los elementos que nos interesan—. Vamos por el buen camino, pero no basta con mirar los resultados y constatar la situación. Le agradeceríamos sugerencias concretas sobre cómo avanzar más rápidamente. Los temas de igualdad y paridad están estrechamente interrelacionados, no son compartimentos estancos. Me interesaría saber, si es posible, si hay recomendaciones concretas o palancas que podamos accionar para acelerar el progreso.
Algunas conclusiones que se pueden extraer: por ejemplo, Croacia podría beneficiarse de un empujón en determinados aspectos y Alemania en otros; veamos cómo podemos prestar apoyo específico en cada caso. Hay que empezar a pensar en términos de saltos cuánticos, no tanto en avances paulatinos. Por ejemplo, en materia de prostitución, en algunos países hay leyes muy liberales y en otros no; se considera un bloqueo a la igualdad. Atajar ese tipo de problemas identificables, cuando existan, podría permitir avances muy rápidos.
Muchas gracias, María. Señora Vind.
Muchísimas gracias por la presentación. Creo que es de crucial importancia que hablemos de las desigualdades que se sufren en toda Europa y que sigamos esforzándonos para erradicarlas. Para ello necesitamos conocer bien los hechos y disponer de datos, así que le agradezco que haya reunido toda esa información para nosotros. Considero que los avances son demasiado lentos. Las futuras generaciones van a seguir experimentando una Europa llena de desigualdades, y me parece inaceptable. Dentro de muchos años, cuando ellas se jubilen, se darán cuenta de que las mujeres se han empobrecido. Es completamente injusto, y se debe en parte a que muchas mujeres trabajan a tiempo parcial para poder cuidar a sus familias o a sus mayores.
Me gustaría que se hablara mucho más de lo que significa para las mujeres el periodo de la jubilación. Hay mujeres que se han quedado en casa para cuidar a sus hijos y tendríamos que apoyarlas; muchas, además, cuando llega ese momento ya se han divorciado y se encuentran en una situación financiera muy complicada. Puede haber motivos para que una mujer se quede en casa para cuidar a los niños, pero su pensión tiene que estar a la altura. Por eso deberíamos celebrar este tipo de debates también en esta Cámara.
Se habla de los libros escolares y de las películas, donde con frecuencia persisten muchos estereotipos. Los niños son adoctrinados con figuras masculinas que marcan lo que “debería” hacer un hombre o una mujer en la sociedad, y esto es muy problemático. He visto películas en las que estas diferencias se exacerban, y es muy duro de ver. Por ello, me gustaría preguntarle si tiene hoy algo positivo que comunicarnos, algún logro concreto sobre el que pueda informarnos. Gracias.
Gracias. Y ahora seré yo quien intervenga. Tengo dos preguntas y luego le daré más de diez minutos para que pueda responder al debate. Estoy orgullosa de mi propio país; no se trata de comparar, pero, si tenemos en cuenta de dónde partíamos en España, podemos ver que con las políticas correctas se avanza en igualdad de género. Nuestro Gobierno ha hecho enormes esfuerzos para avanzar con legislaciones y políticas específicas, y además ha incorporado las cuestiones de género en todas las políticas, incluida la transversalidad en el presupuesto.
Mi primera pregunta se refiere al sector digital, que me preocupa especialmente. Nuestro presente y nuestro futuro ya son digitales, y no lo estamos haciendo bien en Europa. Observamos una creciente segregación. Se suele afirmar que los jóvenes eligen libremente —tanto hombres como mujeres— el sector en el que quieren participar; sin embargo, esa libertad no es del todo real, porque no se dan las condiciones previas necesarias para poder elegir, y después contar con servicios sociales suficientes que nos permitan elegir de verdad y conciliar la vida laboral y familiar.
…invitan a participar en determinados sectores. Y luego, la socialización no es la misma; seguimos socializando de formas muy diferentes, como ya decían mis colegas, y adaptamos nuestras preferencias a la realidad en la que vivimos. No somos bienvenidas en muchos sectores porque hay mucha discriminación por muchos motivos; y si es así, no iremos a esos sectores. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con el sector digital. Esto determinará cómo veamos nuestro papel en el futuro. Por eso creo que es esencial que avancemos; algo estamos haciendo mal porque no avanzamos con la suficiente celeridad. No sé si me puede decir algo más al respecto.
Luego, hay quienes dicen que cada vez hay más división, también en este Parlamento Europeo, en relación con las cuestiones de género. Y hay quien propone concentrarnos en los ámbitos donde hay acuerdo, como la lucha contra la violencia ejercida contra las mujeres. Pero sabemos que esa violencia no se erradicará a menos que avancemos en igualdad de género, porque está todo muy interrelacionado. Creo que ha sido Maria Noichl quien le ha preguntado por esta relación. Al final, todos los ámbitos están interrelacionados de alguna manera. ¿Hay algún ámbito que pueda ser motor —por ejemplo, la economía—, algo que influya en todo lo demás? ¿Cuál sería el principal motor para el resto? Gracias.
Muchísimas gracias por todas las preguntas. Voy a ir respondiendo una a una, aunque muchas de las intervenciones están muy interrelacionadas, así que también estableceré esas conexiones. El primer orador no ha planteado una pregunta, pero sí algo muy importante: ha mencionado la dimensión económica, que con frecuencia olvidamos. Hace unos años, la Agencia —y hemos actualizado el informe recientemente— calculó el coste económico de la desigualdad de género. Sé que no es muy popular vincular el crecimiento y la situación económica de la Unión Europea con la igualdad de género, pero creo que es especialmente relevante, sobre todo hoy, cuando la competitividad es uno de los principales retos. Si no han leído aún ese informe, les animo a hacerlo, porque calculamos, en 2015, cuánto le cuesta a la Unión Europea la desigualdad. Las cifras son terribles. Hicimos lo mismo para la violencia ejercida contra las mujeres, la violencia doméstica, y estaríamos hablando de miles de millones de euros anuales: es el precio que paga la Unión Europea, cantidades exorbitantes, aparte del sufrimiento que ocasionan la violencia y la desigualdad de género.
Luego me han preguntado por las medidas más eficaces. Es muy interesante que hayan mencionado a Suecia, porque está entre los primeros puestos del índice. También observamos la velocidad de los progresos y, en Suecia, pero también en otros países líderes, vemos un estancamiento. Por eso insistimos —y también lo hemos dicho esta mañana, en el evento de lanzamiento del Índice de Igualdad de Género— en que no podemos cruzarnos de brazos ni sentirnos demasiado satisfechos con nuestra puntuación; todo es susceptible de mejorar. No caigamos en la autocomplacencia, porque siempre hay margen de mejora, sobre todo en cuanto a la rapidez del progreso. Es importante tenerlo presente.
Entre las medidas más eficaces, citaría, por ejemplo, la aplicación de la legislación, con su apoyo. En la última legislatura de la Comisión se aprobó un paquete legislativo importantísimo, pero ese paquete tiene que aplicarse. No necesitamos necesariamente nueva legislación; ya contamos con mucha normativa que debe aplicarse plenamente.
La legislación existe y tiene que aplicarse. Los Estados miembros deben ser responsables y velar por esa aplicación; eso es lo primero.
En segundo lugar, no sé si han podido leer un informe sobre los mecanismos institucionales en los Estados miembros, pero lo que observamos es una caída en sus presupuestos y en la prioridad que se les otorga. Y no me refiero solo a los organismos gubernamentales, sino también a los organismos de igualdad y a la sociedad civil. Cuando disminuyen la financiación y la atención a estos mecanismos a nivel nacional, se resiente la capacidad de los Estados miembros para aplicar toda esta legislación y acabamos teniendo un problema a escala de la Unión Europea.
En tercer lugar, está la falta de servicios. Se me ha preguntado por qué queremos que las mujeres elijan otra cosa o por qué no trabajan; en gran medida, por la insuficiencia de servicios, en particular los cuidados infantiles y otros servicios de atención. Estos servicios son necesarios en todos y cada uno de los Estados miembros para que todas las mujeres y todos los hombres puedan participar plenamente en el mercado laboral.
En cuarto lugar, mencionaría los estereotipos. Lo hemos visto en el Índice de Igualdad de Género 2025: los estereotipos son una forma de pensar muy arraigada. Y no me refiero solo a la etapa de tener hijos. Los niños pequeños no piensan de esa manera, pero ese pensamiento se adquiere rápidamente. Aquí se ha hablado de los libros de texto, pero lo vemos por todas partes: libros, medios de comunicación, redes sociales. Fíjense en cómo hablamos entre nosotros. Yo misma tengo una forma de pensar que arrastra estereotipos, porque he sido educada así. Todos, en mayor o menor medida, sufrimos esa realidad. Por eso debemos acabar con estos estereotipos. La edición actual del Índice nos ofrece mucho material para reflexionar: pensemos en lo que vemos y en cómo podemos resolverlo.
También se ha subrayado la importancia de la libre elección, y no puedo estar más de acuerdo. Pero nuestra investigación demuestra que muchas mujeres no eligen libremente. A muchas les gustaría participar en el mercado laboral; hay un enorme potencial femenino infrautilizado. Sin embargo, no pueden porque deben cuidar a sus hijos o a personas dependientes, ya que no hay servicios disponibles. E incluso cuando parece que eligen libremente, nuestra investigación muestra que, en muchos casos, acaban trabajando en sectores que les permiten conciliar su vida laboral con el cuidado de sus hijos u otros dependientes; difícilmente puede calificarse eso de libre elección.
Además, no estoy convencida de que mujeres y hombres conozcan las consecuencias de esas decisiones. Con frecuencia no se habla de estas cuestiones: por ejemplo, no se valora lo que implican para sus pensiones. Por eso queremos seguir facilitando y compartiendo los datos que encontrarán en el Índice, para que la ciudadanía sepa: usted elige, pero la consecuencia de su opción será esta.
Se ha planteado la necesidad de buscar soluciones con los hombres. Volviendo a los estereotipos y vinculándolo a las diferencias generacionales, por supuesto que las hay, pero nos preocupa especialmente que entre las generaciones más jóvenes persista una gran brecha de género. Los hombres jóvenes mantienen visiones muy estereotipadas —diría que incluso tradicionales— sobre el lugar de la mujer en el hogar y en el mercado laboral. Y también nos preocupa mucho lo que piensan sobre la violencia.