Muy buenos días. Es un placer darles la bienvenida a esta reunión. Enseguida pasaremos a la audiencia, pero antes tengo algunas cuestiones de intendencia.
Aprobación del orden del día. Si no hay comentarios, se da por aprobado.
Comunicaciones de la Presidencia. En la reunión del 4 de noviembre, los coordinadores de esta subcomisión FISC adoptaron las siguientes decisiones:
Primero, la selección de los temas que se debatirán en el Simposio Fiscal del Año Europeo. Ténganlo en sus agendas: 17 de marzo del año que viene.
Segundo, el acuerdo para organizar una reunión interparlamentaria anual, previsiblemente en otoño, cuya primera edición tendría lugar el año próximo.
Tercero, el lanzamiento de un informe de ejecución sobre el mecanismo de inversión del sujeto pasivo del IVA.
Cuarto, invitar al comisario Hoekstra a un intercambio de puntos de vista para debatir el programa de trabajo de la Comisión para 2026. Procuraremos celebrarlo antes de Navidad; la fecha provisional es el 11 de diciembre.
Pasamos al punto 3 del orden del día, aprobación de las actas. Si no hay objeciones, quedan aprobadas las actas de la reunión de la subcomisión FISC del 23 de septiembre. No habiendo objeciones, quedan aprobadas.
Pasamos directamente al punto 4 del orden del día: audiencia pública sobre la fiscalidad del tabaco. En primer lugar, doy la bienvenida a nuestros ilustres invitados y les agradezco su presencia. Damos la bienvenida a Christa Pelser, Presidenta de Asuntos Fiscales y del Grupo de Trabajo de Lucha contra el Comercio Ilegal de Tobacco Europe; al profesor Moscone, de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y profesor invitado en la Universidad Católica en economía de la salud, director del Observatorio de Economía y Salud Pública; a Hana Ross, investigadora principal del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena y de la Universidad de Ciudad del Cabo; y a Gijs van Beek, responsable de políticas en Smoke Free Partnership. Daremos también la bienvenida, en cuanto llegue, a Maria Elena Scoppio, directora de Fiscalidad Indirecta y Administración Tributaria en la DG TAXUD de la Comisión Europea; nos consta que se encuentra en el edificio participando en un desayuno de trabajo.
La Directiva sobre fiscalidad de los productos del tabaco entró en vigor en 2011. Sus objetivos eran mejorar el funcionamiento del mercado interior y garantizar un alto nivel de protección de la salud pública. Han pasado más de diez años y la Directiva ya no está a la altura de las circunstancias. La evaluación de la Comisión Europea de 2020 subrayó varios elementos clave sobre su eficacia y recomendó su actualización para incluir los productos que han surgido en el ínterin y que en 2011 ni siquiera existían. En paralelo, el Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer prevé revisar la Directiva con vistas a alcanzar el objetivo de una generación sin tabaco en 2040.
La Comisión ha presentado su propuesta de revisión de la Directiva sobre fiscalidad del tabaco. Tres son los ejes principales: en primer lugar, aumentar el tipo mínimo del impuesto sobre los productos del tabaco para reducir las disparidades entre Estados miembros. Como alemán, camino a Estrasburgo la próxima semana, salta a la vista la diferencia de precios e impuestos entre Francia y Alemania; lo debatiremos. En segundo lugar, incluir nuevos productos en el ámbito de la Directiva: cigarrillos electrónicos, tabaco calentado, bolsas de nicotina, líquidos para vapear y otros productos sin humo, así como el tabaco en bruto, que actualmente no cuentan con tipos mínimos. En tercer lugar, reforzar los controles sobre el tabaco en bruto para evitar su desvío a mercados ilícitos.
Con la audiencia de hoy queremos recabar información y debatir los elementos de esta propuesta de revisión, así como identificar posibles efectos sobre el mercado único derivados de una fiscalidad armonizada de los nuevos productos del tabaco o del incremento de los niveles mínimos. Las conclusiones de este intercambio alimentarán la opinión que emitirá el Parlamento Europeo en el marco del procedimiento de consulta, ya en marcha en las comisiones competentes para el fondo.
Agradecemos de nuevo a nuestros cinco expertos su disponibilidad. Les recuerdo que disponen de siete minutos cada uno para sus intervenciones iniciales. Tras escuchar a los cinco ponentes, abriremos el turno de preguntas de los miembros de la subcomisión FISC: máximo de dos minutos por pregunta y tres minutos para las respuestas de los invitados.
Empezamos en este caso con Krista Pelzers. Tiene la palabra.
Muy buenos días, señorías, diputados al Parlamento Europeo, señor Presidente, señor Ferber. Tobacco Europe quiere dar las gracias a esta comisión por la oportunidad de compartir nuestra opinión sobre la propuesta de revisión de la Directiva presentada por la Comisión. Representamos a grandes empresas del tabaco a nivel internacional.
Señorías, se trata de una Directiva fundamental para nosotros y para nuestro futuro, por su impacto en nuestra actividad económica y en el empleo en toda Europa. Asimismo, los nuevos productos desempeñan un papel cada vez más importante en la reducción del consumo de tabaco y de la exposición al humo, porque, de no existir alternativas, los fumadores simplemente seguirían fumando.
Quisiera abordar dos cuestiones: el aumento de impuestos para los productos combustibles y la inclusión de nuevas categorías en la Directiva.
Se proponen aumentos de tipos impositivos para los productos combustibles que pueden socavar la capacidad de actuación de los Estados miembros e impulsar el mercado ilícito. El tipo mínimo establecido en 2011 es de 90 euros por mil cigarrillos; la Comisión propone aumentarlo a 215 euros por mil. Si ese tipo mínimo se ajustara simplemente por la inflación acumulada, estaríamos en torno a 125 euros, lo que ya supondría un incremento del 40%, pero muy lejos del aumento súbito del 140% que propone la Comisión.
Los consumidores de los Estados miembros con menor renta, especialmente en el sur y el este, serían quienes más sufrirían las consecuencias. En Bulgaria, por ejemplo, la renta es dos tercios inferior a la media europea; en Hungría, Polonia y Rumanía es menos de la mitad. En cambio, los consumidores de Estados miembros con rentas altas prácticamente no tendrían problemas con las consecuencias de la propuesta, pues se sitúan en torno al doble de la renta media.
La Comisión calcula 14.000 millones de euros en ingresos adicionales, pero ese cálculo no es realista. Es un mito que con ello se reduciría el mercado ilegal: cuanto más se suba el precio, mayor es el incentivo para cambiar de producto o recurrir al mercado ilícito. Hay que ser realistas: por desgracia, eso incluye la disponibilidad de cigarrillos baratos e ilegales.
Según los propios cálculos de la Comisión, un aumento del 10% en el precio del tabaco y sus productos reduciría en torno a un 5% la demanda legal. En Tobacco Europe y entre nuestros afiliados consideramos que los consumidores son mucho más sensibles a los aumentos de precios o impuestos de lo que asume la Comisión. Si verdaderamente habláramos de una demanda inelástica, como parece suponer la Comisión, los ingresos por impuestos habrían aumentado desde 2011; sin embargo, desde 2016 se ha registrado un incremento del 12% en precios e impuestos y los ingresos han caído un 20% en términos reales. Incluso los consultores de la Comisión Europea consideran que la demanda es elástica al precio, pero la Comisión no lo ha tenido en cuenta en sus cálculos. Por tanto, la subida de los tipos mínimos no generaría esos 14.000 millones de ingresos adicionales para los Estados miembros.
Disculpen, hablo muy deprisa. El Presidente ruega a la oradora que hable más despacio para facilitar la interpretación.
Como decía, en los Estados miembros del sur y del este de la Unión Europea se perderían ingresos fiscales si la propuesta se aplicara tal cual. Según la evaluación de impacto de la Comisión, no existe vínculo entre los precios del tabaco y el comercio ilícito. Sin embargo, Rumanía, Lituania y Bulgaria ya han expresado su preocupación por cómo un aumento importante del impuesto puede provocar un fuerte incremento del comercio ilícito desde países de fuera de la Unión Europea.
En su evaluación de impacto, la Comisión analiza el caso de Irlanda y concluye que no hay relación; pero el ejemplo está mal elegido, porque un documento de las autoridades fiscales del Departamento de Hacienda irlandés muestra que, a pesar de subidas importantes de impuestos, el volumen de cigarrillos ilícitos ha llegado al 26% del consumo total; el 36% del consumo total de tabaco de liar es ilegal; y la prevalencia del tabaquismo solo ha bajado del 20% al 17%. No es un caso aislado: hay otros Estados miembros con impuestos muy altos que tienen...
Señorías, el problema creciente del comercio ilegal en Francia es ilustrativo: allí los impuestos han subido más del 100% entre 2011 y 2024. Un estudio de KPMG muestra que este incremento ha impulsado el contrabando y el consumo de cigarrillos ilegales, que en 2024 representaron el 38% del consumo total, incluyendo marcas falsificadas y el comercio ilícito. La conclusión es clara: subidas excesivas de impuestos alimentan el mercado ilegal y perjudican la recaudación. Desde Tobacco Europe consideramos que, como en otros ámbitos de la fiscalidad, cada Estado miembro debe poder definir su política de impuestos especiales con la flexibilidad necesaria para fijar sus tipos conforme a sus necesidades, siempre apoyando los objetivos de la Unión Europea.
Señorías, el segundo tema fundamental es la inclusión de nuevas categorías de productos. Creemos sinceramente que puede contribuir al objetivo de la Unión Europea de reducir la prevalencia del tabaquismo de aquí a 2040, tal como establece el Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer y respalda este Parlamento. Tobacco Europe apoya que se incluyan en la directiva el tabaco calentado, los cigarrillos electrónicos y las bolsas de nicotina, a fin de abordar sus definiciones y su comercio intracomunitario. Sin embargo, identificamos varios problemas: en primer lugar, se trabaja con definiciones ambiguas que deberían clarificarse para aportar seguridad jurídica y permitir un enfoque coherente por parte de las autoridades fiscales y aduaneras de los distintos países; además, no se está reflejando la menor nocividad relativa de estos productos frente a los cigarrillos tradicionales. Según los datos disponibles, existe un consenso creciente en que los cigarrillos electrónicos, las bolsas de nicotina y el tabaco calentado reducen los riesgos para quienes dejan los cigarrillos o el tabaco de liar y se pasan a estos productos. Debe quedar muy claro: son adictivos y conllevan riesgos, pero no se ha demostrado que la nicotina cause cáncer; son otras sustancias tóxicas generadas por la combustión del tabaco las que constituyen las causas primarias de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Por ello, el tratamiento fiscal debería ser proporcional y reflejar su potencial como alternativa al tabaco de fumar.
A nuestro juicio, los tipos mínimos que propone la Comisión para estos productos —143 euros por kilo— son excesivos. Reducirían las ventas legales en un 86% y prácticamente destruirían la demanda legal, lo que no parece ser el objetivo de la directiva. Por eso, en Tobacco Europe creemos necesarias revisiones de la propuesta para apoyar la estabilidad fiscal, impulsar la reducción de daños y respetar las competencias nacionales. Estamos a su disposición para el debate y para contribuir a que el resultado sea proporcional, eficaz y basado en datos. Muchas gracias. Les pido disculpas por haber intervenido dos veces; nuestros intérpretes nos solicitaron que redujera el ritmo.
Ahora doy la palabra al profesor Francesco Mosconi. Permítanme un instante para proyectar la transparencia y disculpen este pequeño retraso. Señor presidente, vicepresidentes, señorías: soy el profesor Francesco Mosconi, del Colegio de Londres, y también profesor en Venecia y en la Universidad Católica de Roma. He trabajado extensamente sobre los efectos de la intervención pública. No tengo conflicto de intereses. Gracias por permitirme contribuir al debate de esta directiva con mi experiencia. La directiva tiene implicaciones fiscales en una población cada vez más...
Además, debemos velar por la estabilidad fiscal, la salud pública y la resiliencia económica. Es imprescindible encontrar un equilibrio entre tres necesidades: disponer de un marco adecuado para el mercado, generar recursos para los Estados y fomentar tendencias sociales positivas. Si fracasamos, habrá consecuencias para las finanzas, para Europa y para toda la población.
Me centraré en tres áreas fundamentales: el comercio ilícito, la inflación y los costes sanitarios de esta directiva.
Comienzo con el comercio ilícito. Este no se limita al tabaco; surge allí donde existen oportunidades de arbitraje fuera del marco regulatorio, y debemos tenerlo en cuenta. El análisis empírico contradice algunos supuestos teóricos: el consumo no registrado no siempre se incorpora, pese a que existen soluciones técnicas para estimarlo, y la evidencia muestra una relación estrecha entre los niveles impositivos y el comercio ilícito. La sensibilidad al precio es determinante. La investigación sugiere que los nuevos productos de nicotina presentan una mayor elasticidad-precio de la demanda, con estimaciones en el entorno de −1,6 a −0,4, de modo que, cuando suben los precios, el consumo se desplaza más rápidamente hacia los canales ilegales, en particular hacia mercancías ilícitas procedentes de China. En cambio, la elasticidad es baja en el caso de los cigarrillos; ante subidas de precios, los consumidores o bien dejan de fumar o acuden a productos ilícitos.
Existen, además, condiciones de mercado muy distintas dentro de la Unión. Una norma uniforme no puede aplicarse mecánicamente a toda Europa. En Bulgaria, por ejemplo, el PIB per cápita es aproximadamente ocho veces inferior al de Luxemburgo. Si se aplica la misma tasa, los países con menor renta son los más afectados. Por ello, conviene ajustar la imposición para armonizar el mercado en términos reales, y no solo nominales; de lo contrario, todos pierden: caen los ingresos fiscales y los consumidores se desplazan hacia el mercado ilícito.
En cuanto a la inflación, cualquier directiva tiene impacto, y esta no es una excepción. El ajuste podría aumentar la inflación en torno a 0,25 puntos porcentuales. No es un efecto trivial: una presión fiscal excesiva incide en la deuda y en el gasto, puede mermar los ingresos y añade incertidumbre, con efectos negativos para la recuperación. La inflación incrementa asimismo la carga de la deuda pública; podrían ser necesarios alrededor de 40.000 millones adicionales.
La directiva revisada tendría un impacto significativo en las finanzas públicas: la pérdida de ingresos podría alcanzar los 50.000 millones de euros. Esto obligaría a los gobiernos a cubrir entre 12.000 y 16.000 millones de euros adicionales anualmente para compensar esa merma. Soy economista y me baso en trabajos de institutos independientes de Alemania, Bélgica, el Reino Unido y Estados Unidos. La evidencia científica muestra que los nuevos productos de nicotina son menos tóxicos que el cigarrillo tradicional y, por tanto, menos dañinos para la salud. Si los datos cambian, revisaré mi propuesta.
La fiscalidad armonizada propuesta no se alinea con las pruebas científicas ni con la forma en que la Unión gestiona otros sectores. Por ejemplo: el alcohol se grava en función de su grado alcohólico; los productos azucarados, según su contenido en azúcar; y los productos energéticos, de acuerdo con su impacto medioambiental. Debemos evitar incrementos artificiales de costes. La mitad de los fumadores italianos han pasado a productos de menor precio, y los ahorros potenciales podrían superar los 772 millones de euros.
Gracias, profesor Moscone.
Un recordatorio para todos los intervinientes: el tiempo es limitado —siete minutos—. Entendemos que tienen mucho que decir, pero para facilitar la labor de interpretación es preferible sintetizar antes que acelerar. Gracias. Dicho esto, hay numerosas solicitudes de intervención. En primer lugar, tiene la palabra la doctora Ana Ross.
Muchas gracias. Me llamo Ana Ross; tengo un doctorado por la Universidad de Chicago. Mi mensaje será muy distinto. Empecemos. Lamentablemente, hay muchas diapositivas; omitiré algunas para centrarme en los mensajes fundamentales.
Primero: la asequibilidad de los cigarrillos en la Unión está aumentando. Como pueden ver, las gráficas relacionan precios e ingresos relativos. En Rumanía, Polonia, la República Checa y también en Italia se observa una tendencia preocupante si no actuamos. La regla es clara: cuanto más cuestan, menos se fuma. Esto se expresa en el precio de un paquete en relación con los ingresos. En Europa Central y Oriental, la asequibilidad sigue siendo alta y se corresponde con las tendencias observadas.
Dadas las debilidades e insuficiencias de la directiva actual, ya se está actuando por la vía de incrementos fiscales: lo hemos visto en Bulgaria, Rumanía y Croacia; Polonia tiene un plan para aumentar de manera marcada la fiscalidad del tabaco. Los países están actuando individualmente, pero con una directiva revisada podemos actuar a escala de la Unión, con un impacto mucho mayor en salud pública y en generación de ingresos. La directiva que se propone trata de abordar precisamente estas cuestiones.
Permítanme señalar algunas lagunas del marco actual. Primero, el nuevo mínimo de 250 euros por cada 1.000 cigarrillos no está muy lejos de la situación en muchos países. Ajustado por el poder adquisitivo, incluso los países que hoy están por debajo del mínimo no tendrían que aumentar mucho su presión fiscal. En Rumanía, por ejemplo, un incremento del 10% acerca sustancialmente al nuevo mínimo, y estos aumentos ya se han aplicado sin dañar el mercado.
Si aplicamos los cambios propuestos, observamos una disminución significativa de la prevalencia del consumo en Rumanía, junto con un aumento de la recaudación. No prevemos choques macroeconómicos; son objetivos alcanzables incluso en los Estados del Este.
Necesitamos una regulación y una fiscalidad uniformes para los productos del tabaco y de la nicotina. Algunos países ya han avanzado en esa dirección. Hemos visto recientemente en Polonia que, para los cigarrillos, un aumento de 10 euros ha llegado a triplicar los precios, lo que ilustra las diferencias de tratamiento. Los datos estadísticos de 2024 muestran diferencias muy elevadas entre países.
En cuanto a la recaudación del tabaco, se observa un descenso si solo miramos los cigarrillos tradicionales, pero no se tiene en cuenta que los ingresos procedentes de los nuevos productos están aumentando de manera sustancial. En los gráficos, la parte verde corresponde a los productos de nicotina: su cuota aún es menor, pero los ingresos y los márgenes de beneficio asociados a estos nuevos productos son muy elevados, aun cuando sus precios, en relación con el tabaco tradicional, prácticamente no difieren. Debemos considerar tanto su impacto sanitario como sus implicaciones para la industria.
En Suiza, por ejemplo, los ingresos por la imposición de los cigarrillos disminuyen; si se añaden los nuevos productos, la recaudación total aumenta sustancialmente. El mercado está claramente volcado hacia estos nuevos productos, que no se están fiscalizando de forma adecuada. Conviene tener en cuenta su repercusión sanitaria.
Respecto al mercado ilícito, no he podido identificar una tendencia coherente a escala europea. Las cifras que difunde la industria del tabaco sugieren que la cuota del mercado ilícito está descendiendo. Sin embargo, cuando comparamos cambios en la fiscalidad y comercio ilícito no se observa correlación. Como mostraban las gráficas de nuestro colega Masconi, la relación es bastante débil. En muchos países —por ejemplo, en la República Checa—, en ejercicios en los que el impuesto aumentó de forma sustancial, el comercio ilícito disminuyó. Por tanto, el vínculo entre fiscalidad y comercio ilícito es, como mínimo, muy tenue. Lo esencial es reforzar el control de las cadenas de suministro.
Con una mayor imposición fiscal, hay un mayor ingreso. Esto se ha constatado en la República Checa, Francia, Letonia y Grecia. En Grecia, sin embargo, tenemos un problema de ingresos porque los impuestos no han cambiado durante años; eso, claro, tiene su efecto. La nueva directiva va a ayudar a luchar contra el comercio ilícito, el comercio transfronterizo y también el comercio del tabaco en bruto. Nos será más fácil controlar la fabricación ilícita de cigarrillos y otros productos del tabaco. Se me agota el tiempo. Aquí tienen las gráficas sobre el empleo. Esta medida no va a provocar inflación, porque la proporción del gasto destinada a tabaco y cigarrillos es muy pequeña y no tendrá un efecto apreciable en el índice general. Muchas gracias.
Muchas gracias, señor Rous. Y ahora le doy la palabra a Gis Falvaik.
Muchísimas gracias, señor presidente. Distinguidas señorías, gracias por brindarme la oportunidad de intervenir en nombre de mi coalición, cuyo objetivo es promover un espacio libre de tabaco. Deseamos una revisión de la directiva sobre la fiscalidad del tabaco porque la vigente, sin modificar desde 2011, ha dejado de reflejar las realidades del mercado, las nuevas evidencias científicas y la situación actual en la Unión Europea. En estos 14 años, los productos del tabaco han seguido siendo ampliamente accesibles en todos los Estados miembros. Además, ha surgido una nueva gama de productos adictivos que a menudo no están sujetos a una fiscalidad adecuada. Debemos abordar esta situación para proteger a la nueva generación de europeos.
El aumento de los precios del tabaco es la medida más eficaz para reducir su consumo, especialmente entre los más jóvenes y los grupos con recursos limitados. Aplicarlo en todos los Estados miembros ayudaría a colmar las lagunas que la industria del tabaco ha explotado durante demasiado tiempo. Estas lagunas han favorecido el comercio transfronterizo y han mantenido precios muy bajos de los productos de tabaco y nicotina, haciendo que cigarrillos y otros productos sean excesivamente accesibles para la juventud.
No podemos ignorar el aumento del consumo de nicotina. Cuando hablamos de la legislación del tabaco, no podemos negar la nueva epidemia ligada a los productos emergentes, como los dispositivos para calentar tabaco (tabaco calentado) y los cigarrillos electrónicos, presentados a menudo como alternativas más sanas. Seamos claros: no son inocuos; están diseñados y comercializados de modo que resulten atractivos para los jóvenes. La industria ya no niega que fumar sea pernicioso, pero sí trata de minimizar la percepción de sus efectos.
Por su contenido de nicotina y su forma de administración, estos productos afectan sin lugar a duda al sistema cardiovascular, aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial y elevan el riesgo de infarto. Esto es especialmente grave en personas cuyo sistema cardiovascular y cerebral aún no está plenamente desarrollado. Una exposición temprana a la nicotina condiciona el cerebro para la adicción, dificultando abandonar el consumo a lo largo de la vida.
Hablamos de tres categorías: dispositivos de tabaco calentado, bolsas de nicotina y cigarrillos electrónicos, como las que ven en la imagen central. Son productos novedosos y desconocemos plenamente sus efectos a largo plazo. Su atractivo es innegable: múltiples sabores —incluso chicle—, presentaciones llamativas y campañas de marketing en redes sociales que los hacen especialmente atractivos para la juventud, asociados a nuevos modos de vida.
No voy a entrar ahora en otras consideraciones; quiero centrarme especialmente en Suecia, que se presenta como modelo clave de reducción del consumo de tabaco, pero es el mayor consumidor de bolsas de nicotina. Se suele afirmar que Suecia es un país libre de tabaco, con muy bajo consumo gracias a estas bolsas. Sin embargo, esa es una narrativa muy bien preparada que no se sostiene. Cuando vamos más allá de los eslóganes y entramos en los datos, la realidad sueca es otra: entre las personas de 17 años, el 29% utiliza bolsas de nicotina, y en otros grupos de edad el consumo de tabaco ha aumentado del 33% al 39% en apenas tres años. No estamos ante una generación libre de tabaco, sino ante una generación dependiente de la nicotina por medio de otros productos. Los servicios de salud suecos saben que estos productos aumentan la dependencia y no ayudan a eliminarla.
La industria del tabaco suele presentar a Suecia como un ejemplo, pero no menciona que el país ha seguido aplicando medidas clave, como nuevos sistemas de fiscalización para controlar estos productos. Debemos preguntarnos, por tanto: ¿estamos ante una lección sueca o ante una advertencia sueca? No podemos confiar en la narrativa de la industria ni en los datos que manipula en su beneficio. La fiscalidad del tabaco funciona. La industria del tabaco lleva mucho tiempo manipulando datos y no debe guiar las políticas públicas en esta materia.
Quiero referirme también a los informes de la OMS, que indican que, para lograr una Europa libre de tabaco, debemos adoptar medidas claras y firmes ya. Los fumadores de larga duración, quienes más tiempo han sido dependientes de la nicotina, comenzaron a fumar antes de los 18 años. Si reducimos la disponibilidad de productos del tabaco, habrá menos jóvenes que empiecen a fumar. No se trata de aumentar los ingresos fiscales, sino de proteger la salud pública. Si mantenemos lagunas, la industria introducirá nuevos productos que aumentarán o mantendrán la adicción a la nicotina.
Por ello, FISC pide a la Comisión que la nueva directiva imponga medidas fiscales a todos los productos de nicotina. Abaratar o facilitar el acceso a estos productos seguirá siendo un problema de salud. Debemos centrarnos en políticas fiscales eficaces. No es una cuestión de números, sino de salvar vidas. Cada año, el tabaco causa la muerte de 700.000 europeos. Detrás de cada estadística hay una familia, un amigo, una historia que podría haber sido distinta si el tabaco fuese menos accesible. El impacto del tabaco es profundo y, si la fiscalidad reduce su consumo, estamos previniendo sufrimientos y problemas de salud, y promoviendo la justicia y la equidad social. Alinear los niveles de fiscalidad hará que las posibilidades de que un joven se vuelva adicto no dependan de dónde viva. Una directiva clara y firme enviará un mensaje inequívoco sobre la necesidad de crear una generación futura libre de tabaco.
Muchas gracias, señor presidente. Y para concluir, tiene la palabra la señora María Elena Scoppio, de la Comisión Europea, unidad TAXUD. Adelante.
Muchas gracias, señor presidente, señorías y colegas. Me complace estar hoy aquí y, en primer lugar, agradezco la invitación. Permítanme comenzar ofreciendo información de contexto sobre los cambios propuestos en relación con la Directiva sobre la fiscalidad del tabaco. Dicho esto, a continuación describiré los principales puntos de esta propuesta y el impacto que tendrán en los ingresos fiscales y en la salud.