Muy bien, señoras y señores, señorías, vamos ocupando los asientos. En primer lugar, me alegra mucho verles a todos aquí. Ya hemos oído que el pilar europeo de la OTAN tiene que ser más que un concepto. Es importante que cumplamos en fuerzas, movilidad y resiliencia, y esto requerirá que los europeos invirtamos mucho más, nos coordinemos mucho mejor y reduzcamos nuestra dependencia de Estados Unidos, como se nos ha pedido desde hace décadas. Estamos hablando de la seguridad de Europa. Europa tiene que estar lista para dar un paso adelante, sobre todo cuando otros no pueden. Solo unidos seremos creíbles.
Muchas gracias y, antes de que pasemos… Disculpen; me corrijo: no es el último grupo de debate, sino el tercero. El primero de esta mañana, en otras palabras, va a hablar del papel de Europa en la OTAN. Es un placer dar la bienvenida al primer orador, el secretario general adjunto de la OTAN, señor Boris Ruge. Señor Ruge, dispondrá de siete minutos para sus palabras introductorias y, después, abriremos el turno de intervenciones con una sesión de ping‑pong, es decir, una pregunta y una respuesta. Señor Ruge, adelante.
— Muchísimas gracias, señora presidenta.
Es un verdadero honor y un placer estar con todos ustedes aquí y hablar en nombre de la OTAN y de Mark Rutte, nuestro secretario general. Entiendo que es la primera reunión de este tipo en este formato. Esta combinación del Parlamento Europeo y las comisiones de defensa de los parlamentos nacionales constituye una audiencia muy destacada, y por eso quisiera aportarles algunos elementos que puedan resultarles de interés.
Ayer tuvo lugar una reunión ministerial de Asuntos Exteriores, a medio camino entre la cumbre de La Haya y la cumbre de Ankara, que se celebrará el próximo año. Son hitos muy importantes para la OTAN, y vamos a abordar la relación entre la OTAN y la Unión Europea, que es fundamental para responder a los desafíos de seguridad y defensa a los que nos enfrentamos. Pero antes, permítanme dar un paso atrás y reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí.
La zona euroatlántica aspira a la paz; sin embargo, no estamos en paz. En territorio europeo sufrimos la mayor guerra desde 1945, con miles de muertes cada mes. Tras la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética, quisimos iniciar una nueva relación con la Federación de Rusia. Como saben, la OTAN invirtió mucho en esa colaboración: fue la cooperación más sustancial que la OTAN ofreció jamás a un país tercero, basada en el Acta Fundacional OTAN‑Rusia de 1997 y en la Declaración de 2002 que estableció el Consejo OTAN‑Rusia.
Sin embargo, Rusia, bajo el liderazgo de Vladímir Putin, no pudo o no quiso apartarse de una filosofía imperial, con señales claras como el discurso de 2007 en Múnich. Incluso después de la primera invasión de Ucrania en 2014 y la anexión de Crimea, muchos en el mundo occidental no comprendimos plenamente la naturaleza de la política rusa. Hicieron falta dos invasiones de Ucrania por parte de Rusia para que, por fin, cambiara nuestra percepción de esa realidad.
Creo que es justo decir —y yo era diplomático alemán en aquel momento— que los europeos tardamos demasiado en adaptarnos y en poner en marcha nuestras capacidades de defensa. Muchos parlamentos nacionales no querían aumentar el gasto en defensa; los votantes tampoco estaban dispuestos. En resumen: fue Rusia quien inició la guerra contra Ucrania, Rusia inició el conflicto con Occidente y Rusia sigue intentando no solo conquistar Ucrania, sino también remodelar el orden de seguridad europeo en su conjunto.
Todo ello sustenta nuestro enfoque actual en materia de seguridad y defensa y explica por qué el secretario general de la OTAN ha dejado muy claro que el marco de cooperación con Rusia establecido por el Acta Fundacional ha quedado sin efecto. Ese programa de colaboración ha terminado, y el Concepto Estratégico de 2022 describe ahora a Rusia como la principal y más grave amenaza para nuestra seguridad.
Por eso, en la cumbre de La Haya, los aliados acordaron un aumento muy ambicioso del gasto en defensa. Es un esfuerzo enorme y somos plenamente conscientes de que supone un cambio político de gran calado para todos ustedes en sus parlamentos nacionales.
En cuanto a la reunión ministerial de Exteriores de ayer, se refrendaron las conclusiones de La Haya: en primer lugar, ajustar la inversión en defensa para cumplir objetivos más ambiciosos; en segundo lugar, aumentar la capacidad de nuestras industrias del sector de la defensa; y, en tercer lugar, seguir apoyando a Ucrania para que pueda seguir defendiéndose de Rusia, entendiendo, lógicamente, que la seguridad de Ucrania y la nuestra están íntimamente vinculadas.
En ese sentido, quisiera añadir que, aunque no sea una competencia de la OTAN y la decisión corresponda a la Unión Europea, estamos siguiendo muy de cerca las negociaciones sobre financiación para la reparación y la reconstrucción. Sabemos que se necesitan recursos financieros para que Ucrania pueda continuar su lucha; por ello, el tema nos interesa profundamente y mantenemos un diálogo constante con nuestros homólogos de la Unión Europea.
Las prioridades que he mencionado —reforzar nuestra defensa, aumentar la capacidad de nuestro sector de defensa y ayudar a Ucrania— siguen siendo las mismas.
…que serán temas principales en el orden del día de la reunión de Ankara dentro de seis o siete meses. ¿Cómo se relaciona todo esto con el pilar europeo de la OTAN, que es el tema de este grupo de debate de esta mañana? Podemos decir que la Cumbre de La Haya fue una recalibración clara de la OTAN, con sus aliados europeos y Canadá asumiendo una mayor responsabilidad y corrigiendo el desequilibrio que hemos tenido durante muchas décadas, en el que Estados Unidos prácticamente se encargaba de protegernos a todos.
Hay que entender que, en una situación en la que Estados Unidos debe prestar creciente atención a una China cada vez más relevante en la región indo‑pacífica, Europa tiene que ser más capaz de protegerse a sí misma, de garantizar su seguridad y defensa. Pero, por supuesto, Estados Unidos tiene que seguir involucrado en Europa, porque los europeos no podemos cuidar nuestra propia seguridad solos y porque la seguridad de la zona euroatlántica, incluidos Estados Unidos y Canadá, depende de que la OTAN sea fuerte.
En este contexto, el pilar europeo de la OTAN vuelve a aparecer como término —ya existía—, pero ahora ha llegado el momento de desarrollar más ese concepto y dotarlo de mayor contenido. Desde luego, implica que Europa asuma más responsabilidades. Lo que no significa es crear un pilar de la Unión Europea dentro de la OTAN. Si el pilar europeo quiere representar algo real, tiene que incluir también a los aliados europeos que no forman parte de la Unión Europea, como el Reino Unido, Noruega, Turquía y otros. Sin esos países, el pilar europeo no alcanzaría lo que yo describiría como una masa crítica suficiente.
En ese contexto, es interesante ver la Revisión Estratégica de 2025 de Francia —la recomiendo a todos—, que habla precisamente del pilar europeo y ofrece una definición que incluye a aliados que no son miembros de la Unión Europea. También refleja que, hace unos meses, la administración de Estados Unidos habló de una OTAN liderada por Europa; son palabras del secretario de Defensa de Estados Unidos.
La cooperación de la Unión Europea con la OTAN siempre ha sido fundamental —es una gran parte de mi trabajo—. La capacidad de la Unión Europea de generar recursos y de regular el mercado interior es esencial. Y no siempre es fácil lograr que esa cooperación funcione a la perfección, porque no todos somos miembros de las mismas organizaciones ni en las mismas condiciones. Pero trabajo y colaboro estrechamente con responsables de la Unión Europea, incluyendo al señor Friis y al señor Denk, del SEAE y de la Agencia Europea de Defensa, respectivamente, y con el señor Watson de la Comisión Europea. Tenemos una colaboración muy estrecha y es muy importante para nosotros, y hacemos todo lo posible para que esta cooperación Unión Europea‑OTAN avance. Con eso, señora Presidenta, concluyo.
Muy bien, muchísimas gracias. Vamos a empezar. Wouter Beke, del PPE, tiene la palabra.
Señor Beke: Muchísimas gracias. Tengo una pregunta muy concreta en cuanto al pilar europeo. Desde el año 2002 tenemos una serie de acuerdos —Berlín Plus—. ¿Cuál es el papel de esos acuerdos? Desde ese punto de vista, ¿puede Europa utilizar las capacidades de la OTAN si, en virtud de esos acuerdos, hubiera que llevar a cabo una acción real de una manera u otra?
Respuesta: Gracias. Los acuerdos Berlín Plus son, evidentemente, importantes. Un ejemplo es la operación EUFOR Althea en Bosnia y Herzegovina: la cadena de mando prevista por Berlín Plus se aplica, con un general de tres estrellas francés liderando la operación, y el componente en Sarajevo bajo esa estructura. Ahí se está utilizando esa cooperación para una operación muy importante en Bosnia.
Luís Díaz, de Portugal. Adelante.
Voy a hablar portugués. Señor secretario general de la OTAN, frente a este contexto de inseguridad marcado por Ucrania y por la inestabilidad e imprevisibilidad del Gobierno estadounidense en estos conflictos, la necesidad de responder a amenazas convencionales y también amenazas híbridas. El desafío que…
El objetivo de este pilar es reafirmar nuestra autonomía estratégica. Por ello, le pregunto: ¿qué tipo de garantía podemos ofrecer a los europeos sobre las inversiones destinadas a reforzar la capacidad industrial y militar europea, a fin de aumentar nuestra autonomía estratégica en el marco de la seguridad euroatlántica? Asimismo, ¿cómo puede la cooperación entre la Unión Europea y la OTAN reforzar el pilar europeo sin generar duplicidades o rivalidades en el seno de la Alianza Atlántica? Y, con el calendario previsto para debatir estos planes europeos de defensa orientados a garantizar una Europa más fuerte y más resiliente, ¿cómo podemos asegurar un apoyo más rápido, previsible y sostenible para Ucrania, manteniendo el equilibrio de responsabilidades en la defensa colectiva? Gracias.
Gracias. ¿Pueden dejar la mano levantada para que sepa quién ha intervenido? Gracias. En la pantalla sí le veía, pero no le ubicaba en la sala.
El punto de partida es claro: hay que aumentar el gasto en defensa, tal como decidimos ya en 2014. En la cumbre de 2014 y en los años siguientes, el compromiso de incrementar el gasto en defensa no se cumplió en muchos países europeos; el aumento fue muy lento y gradual. Hizo falta la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania en 2022, así como la elección del señor Trump en Estados Unidos y una fuerte presión del Gobierno estadounidense, para cambiar realmente el rumbo. Ese rumbo cambió claramente en la cumbre de La Haya, y lo que vemos hoy es distinto de lo que ocurrió tras la cumbre de 2014. El gasto ha aumentado ahora muy rápidamente, de forma inmediata. Puedo mencionar a los países bálticos, Alemania o Suecia: hay un claro aumento del gasto en defensa. Ya no son meras palabras; está ocurriendo de verdad. Ese gasto nos permite equipar a nuestras fuerzas y ampliar nuestro sector industrial de defensa. Habrá más capacidad tanto en América del Norte como en Europa si podemos proporcionar equipamiento a nuestras tropas con rapidez. Creo que esta señal va a consolidar una base industrial de defensa capaz de equipar más rápidamente a nuestras Fuerzas Armadas y de ayudar, evidentemente, a Ucrania, suministrándole más material para su defensa frente a la guerra de Rusia.
Muchísimas gracias. Pavel Fischer, de la República Checa, tiene la palabra.
Gracias, presidenta. Gracias por sus palabras. Usted ha dicho que los Estados miembros han aceptado aumentar su gasto en defensa de forma muy significativa y ha mencionado varios Estados, pero no al resto. Parece que el nivel de compromiso y de entrega no es el mismo, y la percepción de la amenaza seguramente tampoco. Yo diría que, por el contrario, debemos entender que la seguridad de Ucrania forma parte de la seguridad de Europa: si no hay estabilidad en Ucrania, no la habrá en el resto de Europa. Le agradezco que haya mencionado la Declaración de Roma de 2002, un texto muy interesante en el que Rusia se compromete a respetar las fronteras, lo mismo que en el Acta Final de Helsinki de 1975. Ahora vivimos una desestabilización de todo el continente causada por un país criminal, pero la percepción de la amenaza no es la misma. ¿Cómo se lo explicaría usted a nuestros votantes, para que, desde los parlamentos nacionales, podamos colaborar con ustedes afirmando que Rusia es una amenaza inminente y que la voluntad de disuasión —la voluntad política de defendernos— debe traducirse en nuestro gasto en defensa? ¿Cómo lo presentaría para todos los países, no solo para Polonia, Estonia o Finlandia, que lo entienden porque Rusia está cerca, sino para todos los miembros europeos de la OTAN, todos los aliados europeos de la OTAN? Gracias.
Tiene usted razón. La ubicación geográfica es un factor clave. Podemos decir que, cuanto más cerca esté un país de Rusia, lógicamente más fuerte será la percepción del riesgo; sin embargo, en realidad todos estamos amenazados por Rusia. El tiempo de vuelo de un misil ruso hacia Europa Occidental no es mucho mayor que hacia Berlín o Bruselas; todos estamos amenazados. Vemos que Rusia está siendo muy activa en el Ártico y en el Atlántico Norte; Estados Unidos y Canadá se ven amenazados también. Como saben, Rusia tiene la base nuclear más importante en la península de Kola, donde despliega submarinos con misiles nucleares que no están dirigidos solo a Europa, sino predominantemente a Estados Unidos. Por tanto, la seguridad es compartida por todos.
Se habla del enfoque de 360 grados en materia de seguridad: la amenaza rusa, sobre todo en el este de Europa, es evidente, pero también afrontamos una gran inestabilidad en el flanco sur. No es casualidad que el Concepto Estratégico de la OTAN identifique el terrorismo como la principal amenaza asimétrica. Por ello, es importante que todos nuestros aliados se comprometan con los objetivos del Concepto Estratégico. Los 32 aliados han suscrito el Plan de Inversiones en Materia de Defensa de La Haya. En la práctica, no todos cumplirán al mismo tiempo ni al mismo ritmo, pero avanzamos en la dirección adecuada. Defendemos este enfoque y el diálogo con los parlamentos es fundamental; por eso me alegra estar hoy aquí con ustedes. Muchas gracias.
A continuación, escuchamos al coordinador del Grupo de los Socialistas y Demócratas, el señor Mikser. Adelante.
Un comentario y dos preguntas. En cuanto al aumento del gasto en defensa, tras el compromiso del 2% en la Cumbre de Gales, siempre hablamos del “éxito”: primero eran tres países, luego cuatro, luego cinco los que alcanzaban el objetivo, pero suelen ser países pequeños de la parte oriental de la Alianza. Es evidente que los países bálticos no podrán compensar nunca la falta de contribución de otros países de la parte sudoccidental del continente. Lógicamente, los bálticos preferirían que el objetivo se alcanzara hacia 2030 y no en 2035. Usted también mencionó el 5%, pero sabemos que ese 5% tiene dos componentes: creo que existe suficiente entendimiento común sobre qué obtendremos de ese punto y medio porcentual adicional, además del 3,5% estrictamente militar (gasto militar) y ese otro 1,5%. Y la OTAN funciona por consenso; dependemos de la voluntad política de nuestros líderes para alcanzarlo.
Sabemos, además, cuáles son las posiciones a ambos lados del Atlántico respecto a los parámetros de un posible acuerdo de paz para Ucrania. No es un asunto más: es el asunto principal que definirá la paz en este continente. ¿Qué debe ocurrir en la Unión Europea? ¿Qué podemos hacer, en otras palabras, para que esas diferencias a ambos lados del Atlántico no erosionen el consenso político entre los aliados de la OTAN?
Bien, como usted señala con toda razón, la OTAN funciona por consenso, y es función del secretario general y de personal como yo contribuir a forjarlo para que los 32 aliados lo alcancen. Es un trabajo arduo, al que dedicamos mucho tiempo, pero tradicionalmente hemos tenido bastante éxito.
A la hora de conseguir que los aliados converjan en una misma posición, es evidente que con 32 aliados cuesta más que con 15, que es lo que teníamos al finalizar la Guerra Fría. No obstante, estamos logrando lo que deseamos. Defendemos continuamente —lo defiende también Mark Rutte— que los aliados cumplan el objetivo de gasto y mantengan el apoyo a Ucrania. El secretario general insiste en que esto no ocurre de forma espontánea: requiere liderazgo político, también a nivel nacional, en los parlamentos y en los gobiernos. Estoy convencido de que avanzamos en el rumbo adecuado.
Muchos países de la OTAN, si se me permite la metáfora, ya han superado la curva: estamos pasando de la situación actual a un objetivo de 3,5 en gasto de defensa para 2035, y algunos países alcanzarán ese 3,5 ya en 2030. En el caso de Alemania, eso es lo que ha anunciado que hará. Y luego tenemos a los países bálticos, como el suyo, que en la mayoría de los casos ya están muy cerca del 5%. Polonia está por encima del 4%. Es algo muy significativo.
De cara a la preparación de la Cumbre de La Haya, teníamos una serie de aliados que ni siquiera habían llegado al 2% y, por tanto, no habían cumplido el objetivo acordado en la Cumbre de Gales. Pero, para finales de año, todos los Estados estarán al menos en el 2%; eso es lo que han prometido los gobiernos. Por tanto, avanzamos en la dirección adecuada.
¿Qué toca ahora? Cumplir los objetivos de capacidad acordados individualmente con cada uno de los 32 países de la OTAN. No sé si ayer el almirante lo comentó o no, pero, evidentemente, el reto es que, a medida que aprendemos del conflicto en Ucrania, vamos actualizando esas necesidades, teniendo en cuenta los ciclos de innovación. Creo que ese es un gran reto, pero estamos avanzando en la dirección correcta.
Muchas gracias. Dimitrios Karidis, de Grecia. Adelante.
Muy buenos días. Para empezar, quiero informarles de que en la reunión ministerial de Exteriores de la OTAN de ayer, el secretario Rubio, una vez más, estuvo ausente, sustituido por el señor Landau. Fenomenal, si al menos se hubiera quedado durante toda la reunión; pero, por lo que oigo, se fue después de su discurso y tras escuchar a los primeros ministros y ministras en intervenir. Los otros 25 o 26 ministros y ministras de Europa y de Canadá hablaron sin presencia de Estados Unidos: ni Rubio ni Landau. Aparte del señor Whitaker, el embajador de Estados Unidos, que hace lo que puede intentando salvar las apariencias.
Esto ocurre continuamente en la OTAN y en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, cuya delegación griega lidero yo. Los estadounidenses —repito— están siempre ausentes. Incluso el año pasado, en Dayton, solo había un congresista estadounidense en todas las delegaciones de Estados Unidos. Me pregunto si Estados Unidos no se ha ido ya de la OTAN y no nos hemos dado cuenta.
Le he oído a usted hablar del discurso de Putin en Múnich en 2007. Sin embargo, no ha dicho nada del discurso, igualmente consternador, de J. D. Vance en la reunión de Múnich de este año, 2025. Fueron unas palabras chocantes y sobrecogedoras. Hablaba usted de lo que cualquier observador etiquetaría como una participación poco digna cuando Mark Rutte, como responsable nacional, hizo todo lo posible para que los Países Bajos contribuyeran al mínimo en gasto de defensa en Europa, cerca del 1%, muy por debajo del objetivo de Gales de 2014.
Se mencionaba a Mark Rutte, secretario general de la OTAN. Cuando era primer ministro de los Países Bajos hizo lo posible por reducir el gasto en defensa. ¿Tiene usted alguna preocupación personal? ¿Existe una preocupación más amplia en la OTAN de que pueda haber un acuerdo entre Rusia y Estados Unidos para que la Alianza quede restringida, no se amplíe, no despliegue fuerzas donde corresponda y no pueda cumplir sus objetivos de defensa? Lo pregunto porque la situación actual es preocupante.
Muchas gracias. Es cierto que el secretario no estuvo presente en aquella reunión de Asuntos Exteriores, pero no es algo que ocurra habitualmente; se debió a circunstancias concretas. Estados Unidos estuvo debidamente representado, como se ha indicado. En la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, los ministros abandonan a menudo la sala para mantener reuniones bilaterales; es algo frecuente. En la dimensión interparlamentaria, estoy muy familiarizado con Mike Turner y con otros representantes estadounidenses: son muy activos. En cuanto al secretario general en funciones el año pasado, no sé si usted estuvo presente, pero fue un intercambio muy fructífero. La Presidencia me pide brevedad. Tengo otro recuerdo de aquella reunión de Montreal, pero, en fin.
Sobre la preocupación de que la OTAN pueda quedar maniatada, permítanme subrayar lo que dijo el secretario general Rutte: el Acta Fundacional OTAN‑Rusia y el Consejo OTAN‑Rusia están muertos como consecuencia de la agresión rusa. El hecho de que Alemania esté constituyendo y desplegará de forma permanente una brigada en Lituania es algo que jamás habría ocurrido si consideráramos vigente aquella Acta. También es evidente que la seguridad euroatlántica y los intereses tanto de la OTAN como de la Unión Europea solo pueden salvaguardarse si ambas participan plenamente. Esto es compartido por los 32 Aliados y quedó muy claro en la reunión de ayer.
Viktorija, de Lituania. Muchas gracias, presidenta. Usted ha dicho claramente que Rusia ha recibido durante años un trato preferencial en la OTAN pese a sus derivas imperialistas. Ya vemos que intentar interactuar con ellos no funciona: la Unión Europea y la OTAN lo han intentado siempre con el mismo resultado, el fracaso. Putin dijo que si Europa quiere una guerra, la tendrá. Por nuestra parte, el Primer Ministro de Bélgica dijo ayer que Rusia no iba a perder y que quien lo crea vive en los cuentos de hadas. Mi pregunta es: ¿sigue habiendo una opinión generalizada de que es posible que Rusia no pierda y que Europa tampoco pierda? Porque en la zona báltica, al menos en Lituania, creemos que si Rusia gana, Europa pierde. O una cosa o la otra. Gracias.
Sí. Una Rusia imperialista y agresiva que ganara esta guerra asestaría un golpe gravísimo a nuestros intereses; eso es indudable, y así se reconoce también en nuestros intercambios con los parlamentos nacionales.
Obviamente a nadie le agrada tener que aumentar tanto el gasto en defensa; esto supone menos recursos para otros aspectos que son importantes para ustedes y para su electorado. Pero esta es una situación que nos ha sido impuesta por una Rusia imperialista e hiperagresiva, y no hay otra forma de formularlo. Está claro que el futuro de Ucrania es esencial para la arquitectura de defensa y seguridad de la Unión Europea. Si Rusia domina o conquista Ucrania, o la controla políticamente, la coyuntura cambiaría significativamente y eso supondría más presión: quizá el 3,5 o el 5% del gasto en defensa no sería suficiente; tendríamos que rebasarlo.
Porque, actualmente, la realidad es que hay más de cien brigadas ucranianas que están deteniendo a más de cien brigadas rusas. Pónganse en el siguiente caso: si una especie de imperio ruso reconstituido absorbe a Ucrania, tendríamos un reto de palabras mayores. Putin, en 2022, hizo una apuesta para llevar a cabo esta gran invasión y, en cuatro años, no ha logrado alcanzar sus objetivos estratégicos. Como resultado de esa apuesta, ha perdido un millón de sus tropas, ya sea por bajas o por heridos; en los últimos meses ha perdido unos 20 000 hombres al mes en las líneas del frente y también grandes cantidades de equipamiento. Y lo que ha ganado es simplemente un pequeño porcentaje del territorio ucraniano, que, sumado al aproximadamente 11% del territorio que ya controlaba en 2022, quizá represente un 6 o 7% adicional. Además, este territorio añadido se ha visto devastado por la guerra.
Por lo tanto, lo que Putin ha demostrado no es sorprendente. Ucrania tiene que seguir defendiéndose, y nosotros tenemos que seguir apoyándola. Los ucranianos no van a someterse a Rusia porque ya saben lo que significa: torturas, violaciones, asesinatos, represión. Y creo que tenemos un interés estratégico en ayudar a Ucrania. El interés estratégico de Europa, de hecho, está alineado con nuestros valores: los valores que dicen que no se puede ignorar la Carta de las Naciones Unidas ni las normas fundamentales del derecho internacional, y que no se puede anexionar territorio así como así. Así que creo que los valores y los intereses estratégicos están completamente sincronizados. Muchas gracias.
A continuación, por el Grupo de los Verdes, tiene la palabra el diputado Billy Sobindal. Muchas gracias. Yo soy un eurodiputado danés; es decir, vengo de uno de los países del mar Báltico, pero también de un país ártico. Y creo que esos son los dos ejes de conflicto que vamos a tener en los próximos años. Visité Ucrania en marzo. El apoyo económico, militar y de inteligencia de Estados Unidos se ha reducido y, por tanto, el número de muertes se ha quintuplicado, porque ya no tenemos todas esas protecciones que nos daban. En aquel entonces hubo una reunión en Londres en la que todos los países europeos —no me refiero solo a los de la Unión Europea; también Noruega, Canadá e incluso Turquía— se reunieron allí. Y, en paralelo, hubo una reunión en París de los jefes de Estado Mayor. La impresión era que esto era la OTAN sin Estados Unidos. ¿Y por qué? Porque nos preocupaba hasta qué punto Estados Unidos era un socio fiable, si se podía confiar en él. Y yo quiero saber si tienen planes para el mejor y el peor de los supuestos, porque el peor de los supuestos sería que Estados Unidos no cumpliera con el Artículo 5, todos esos compromisos de ese artículo. Y, en segundo lugar,
Pongámonos, como se ha dicho, en el supuesto de que Ucrania cae en manos rusas. Tendríamos tropas muy bien cualificadas, con mucha experiencia y con la innovación que han desarrollado, que durante décadas amenazarían a Europa. Por eso, el 18 de diciembre es muy importante que Europa decida sobre el uso de los activos congelados, que se puedan utilizar como financiación de cara al futuro. Muchas gracias.
Bien, el Ártico y el Báltico son ambos muy importantes. Sabemos que Rusia en el Báltico ha llevado a cabo operaciones híbridas. Creo que hemos logrado ponerles coto hasta cierto punto con esa “Centinela del Báltico”, una actividad de la OTAN de vigilancia, con más control y más drones. Y eso por una parte.
Luego tenemos también el Ártico, que es igualmente relevante. Antaño se decía que en el Alto Norte había bajas tensiones; desde la OTAN no íbamos a estar muy presentes ni muy activos porque no queríamos militarizar ese espacio ni provocar reacciones. Pero hoy China y Rusia tienen una presencia cada vez mayor en el Ártico. Tenemos nuevas líneas marítimas de comunicación en la zona, así que debemos afrontarlo. Siete de los ocho Estados árticos pertenecen a la OTAN, ahora que Suecia y Finlandia se han sumado también, de modo que Rusia es el único país ártico que queda fuera. Los demás están muy comprometidos con este tema. Vemos una tensión creciente en el Ártico, algo que nos han confirmado los canadienses, que ahora tienen que pensar en el norte y cómo garantizar la seguridad en esa zona, algo que antaño, a nivel militar, no recibía atención y ahora sí.
Nos preparamos para supuestos en los que Estados Unidos esté más desvinculado. En la OTAN, nuestros planes cuentan con Estados Unidos y sería muy difícil ejecutarlos sin su participación, porque hoy son el eje vertebrador de nuestra defensa. Si cumplimos con los compromisos de La Haya, podremos hacer más, pero nos llevará más tiempo —una década, aproximadamente— hasta poder operar con una menor participación estadounidense.
En cuanto a Ucrania y la reunión mencionada, versó sobre una futura presencia militar en ese país, algo que el Gobierno de Estados Unidos había descartado. La coalición de países partidarios de Ucrania, con Francia, había desarrollado un plan y una estructura. Fue una actividad muy positiva porque demostró que Europa iba realmente a hacer lo que decía. Muchas gracias.
Ricardo Caveiro, de Portugal, adelante. — Muchas gracias. Voy a hablar en portugués. La OTAN sigue siendo el garante de nuestra seguridad, pero se enfrenta a un doble desafío: las amenazas externas, cada vez más agresivas, y, por otro, articularse coherentemente con la política de seguridad y defensa europea. Lo esencial está claro: no hay competición entre la OTAN y la Unión Europea, sino complementariedad. La defensa europea solo será creíble si se refuerza ese pilar europeo dentro de la Alianza, garantizando más capacidades, inversión e interoperabilidad. Portugal está alineado con lo que el PSD, mi partido de la familia del PPE, defiende, y por tanto defiende estar en la primera línea. Portugal quiere cumplir con los compromisos, invertir en capacidades, en vigilancia marítima, en el ciberespacio y participar en misiones conjuntas. Pero la principal cuestión que se plantea es: ¿lograremos superar los lastres políticos y burocráticos para que la cooperación entre la OTAN y la UE produzca resultados concretos y rápidos? Y otra pregunta que no podemos soslayar: ¿cómo vamos a garantizar que esas inversiones en defensa evitan duplicidades y refuerzan realmente las capacidades?
Tenemos un contexto de amenazas híbridas, rápidas y globales; no podemos hablar solo de estructuras, necesitamos resultados. Debemos asumir más responsabilidades en la defensa de Europa, siempre de forma complementaria a la OTAN, que sigue siendo el núcleo de nuestra protección. Un pilar europeo más fuerte significa, en definitiva, una OTAN más robusta y una Europa más segura. Muchas gracias.
Para hablar del Atlántico, dada la geografía de Portugal, si tenemos en cuenta el Atlántico y el Ártico, es palmario que necesitamos a los 32 aliados de la OTAN para enfocarnos en la seguridad en esta zona. El Atlántico es un vínculo esencial y no podemos dar por hecho que esté libre de injerencias rusas.
Ahora bien, ¿cómo hacemos que funcione este pilar europeo? Aceptando una premisa fundamental: la OTAN es la organización que vela por nuestra seguridad colectiva. Un pilar europeo funciona dentro de esa Alianza y debe incluir no solo a la Unión Europea —instituciones y Estados miembros—, sino también al Reino Unido, Noruega, Turquía y otros aliados no pertenecientes a la UE. Si prescindimos del poder de combate de esos aliados, nuestra situación no sería muy halagüeña; por tanto, debemos aunar todo ese potencial.
Estamos trabajando sobre la base del proceso de planificación de la defensa de la OTAN, respaldado por planes de defensa y una serie de objetivos de capacidades, de forma que, a fin de cuentas, contemos con las capacidades que permitan ejecutar esos planes. También existe planificación por parte de la Unión Europea, pero todo ello debe integrarse coherentemente en nuestra planificación.
Desde la Unión Europea hemos visto contribuciones muy significativas. Me refiero a la Política Común de Seguridad y Defensa, que data de hace más de veinte años y que entonces estaba muy centrada en las operaciones militares y civiles de gestión de crisis. Hoy, la principal contribución europea se centra en la generación de capacidades y en la regulación. Europa aporta el poder económico y tecnológico que ayuda a nuestra defensa colectiva. Eso es esencial y está presente en muchos instrumentos, incluida la hoja de ruta de preparación para la defensa y otras herramientas presentadas. Muchas gracias.
Tiene la palabra el señor Francisco Conde.
Muchas gracias. Hablaré en español, agradeciendo la intervención del señor Rutsch y, asimismo, que haya hecho referencia a la visión de 360 grados con la que trabaja la OTAN, de modo que se tengan en cuenta otros ámbitos de actuación más allá de la amenaza de Rusia —que, efectivamente, es una de las principales—, como las amenazas vinculadas al terrorismo que afectan también al flanco sur.
Por ello, le pediría que profundizara en la agenda que tiene la OTAN para el flanco sur: cuáles son las prioridades en las que se está trabajando y, sobre todo, cuál es el marco de diálogo que mantiene la OTAN con sus aliados, particularmente con la propia Unión Europea, tanto en materia de objetivos de capacidades como en la coordinación correspondiente.