Ciclo de conferencias "Encuentros con la Historia". Julia Navarro.. - 2026-02-05 12:00 - Sala: Antiguo Salón de Sesiones
Vista pública limitada
Esta es una vista pública que muestra solo la primera mitad de la transcripción. Para acceder al contenido completo, regístrate en nuestra plataforma.
0:00
Sí, por favor, tomen asiento. Está entrando más gente. Les animo a que se acomoden. Quiero aprovechar esta ocasión para saludarla. Además, me gustaría trasladarle una petición, ya que soy director de una cátedra multicultural en la Universidad de San Antonio y cofundadora de una asociación de directivas nacionales. Realizamos numerosos actos culturales, por lo que nos encantaría que presentara esta conferencia o cualquier otro tema que desee, incluso uno de sus libros.
5:00
Bueno, muy buenos días a todos. Me van a permitir que, en primer lugar, salude y presente, aunque no hace falta presentación, a las personas que me acompañan en esta mesa presidencial. A mi derecha está nuestra extraordinaria escritora, doña Julia Navarro, de la que hablaré en breve. Muchísimas gracias por estar hoy aquí en el Senado. A mi izquierda se encuentra don Antonio Pérez Henares, presidente honorífico de la Asociación Escritores con la Historia, cuya larga trayectoria intelectual y su compromiso con la cultura y la divulgación de la historia le hacen merecedor de un gran reconocimiento.
Es un honor compartir mesa con una persona que ha sabido tender puentes entre la historia, la literatura y el debate público. Antonio, permíteme felicitarte hoy por este ciclo de conferencias, por todos los anteriores, pero en especial por este que culmina con nuestra gran escritora, porque han llenado este salón de plenos, este palacio del Senado, de dignidad, pensamiento y altura intelectual e histórica.
También quiero saludar de manera muy especial a nuestra secretaria general, así como a todos los senadores, diputados, escritores, periodistas e invitados que hoy llenan este salón de plenos del Senado. Muchísimas gracias por su presencia y siéntanse como en su casa, porque es lo que es el Senado.
Agradezco también al presidente del Senado, don Pedro Rollán, y a la portavoz del Grupo Parlamentario Popular, doña Alicia García, la oportunidad que me han brindado de presidir este acto y de compartir esta mesa con estos extraordinarios escritores.
Hoy vamos a disfrutar de una jornada muy especial sobre nuestra Constitución, nuestra monarquía y una parte de nuestro patrimonio histórico. Es un privilegio que esto se celebre en el Senado de España, que, como bien saben, es una de las cámaras, junto con el Congreso de los Diputados, que integran las Cortes Generales, donde reside la representación de la soberanía nacional que ejercen ustedes, el pueblo español. Además, el Senado es un espacio de reflexión intelectual e histórica, y un lugar donde seguimos construyendo el futuro de todos.
Hoy, vamos a realizar y disfrutar de una jornada encabezada por una maravillosa conferencia sobre la Constitución y el papel de la monarquía en ella, no solo como una institución constitucional, sino también como una realidad política, simbólica y social. La Constitución es, además de ser la norma fundamental de nuestro ordenamiento, el pacto que nos ha permitido 47 años de democracia y convivencia en paz y libertad. Es un pacto entre todos, que conjuga el presente con el diálogo del pasado y con la construcción del futuro.
Finalmente, abordaremos el papel fundamental que ha cumplido la monarquía a lo largo de la historia de España, acompañando la formación de nuestro Estado en función de los años y de las etapas. Hoy, nuestra Constitución deja claro que tenemos una forma de Estado político.
10:00
La monarquía parlamentaria. Nuestro rey, nuestro jefe del Estado, Su Majestad el Rey Felipe VI, es quien la representa, la ejerce y es el símbolo de la unidad y de la permanencia. Además, es el árbitro y moderador del normal funcionamiento de nuestras instituciones. Su función está claramente definida en la Constitución: una función de representación, de estabilidad institucional y, por supuesto, de cohesión de la sociedad, manteniendo un diálogo permanente con una sociedad plural y democrática.
Señorías, en este Senado, si hoy vamos a hablar de monarquía y de Constitución, hay un cuadro maravilloso que les invito a contemplar al finalizar esta sesión, en el Salón de Pasos Perdidos, obra de Joaquín Sorolla. Este cuadro, que representa el juramento de la reina regente María Cristina, no solo ilustra el poder, sino que también lo explica, lo contextualiza y lo humaniza, tal como lo hace nuestra doctora, doña Julia Navarro.
Doña Julia Navarro, encantada de que estés aquí, en tu casa, y luego nos explicarás por qué este lugar es casi más tu casa que la nuestra. Eres una periodista prestigiosa y una de las mejores novelistas de nuestro panorama. Julia Navarro es una escritora muy leída y admirada, no solo en España, sino en el resto del mundo. Su sólida formación periodística le permite realizar un análisis de la realidad, de la historia, del poder y de las instituciones de una manera objetiva y especial.
Antes de dedicarse plenamente a la literatura, Julia desarrolló una carrera exitosa en los medios de comunicación, lo que le brindó la oportunidad de realizar análisis minuciosos y rigurosos de muchas etapas que han marcado nuestra vida democrática, algo que se refleja en su obra. Esta se caracteriza por la claridad, la fuerza de pensamiento y una constante voluntad de interpelar al lector, invitándolo a plantearse, examinar y analizar la historia, el poder y la profundidad de nuestras acciones individuales.
Julia Navarro ha logrado unificar el éxito editorial con una literatura clara, reflexiva, comprometida y exigente. Sus novelas invitan a cuestionar las narrativas del pasado, como ella misma expresa en su obra "Dime quién soy", donde afirma que la libertad tiene siempre un precio, pero renunciar a ella tiene un coste aún mayor. Su trabajo se distingue por análisis minuciosos de acontecimientos históricos y políticos, siempre presentando personajes complejos y emblemáticos, con rigor y talento que fusionan historia y literatura.
Entre sus obras más destacadas se encuentran "La hermandad de la Semana Santa", "La Biblia de barro", "Dime quién soy", "Dispara, yo ya estoy muerto" y "El niño que perdió la guerra". Su dilatada trayectoria le ha valido numerosos premios y galardones, como el Premio Ciudad de Cartagena, el Premio Ciudad de Córdoba, el Premio de la Pluma de Plata en la Feria del Libro de Bilbao y el Premio Cedro de 2018.
En sus textos, siempre subyace la idea de que el pasado no es un elemento cerrado, sino una clave imprescindible para entender el presente. En sus propias palabras, "la historia no es un relato inocente, sino una sucesión de decisiones que marcan destinos". Ella es muy clara: la historia nunca es inocente, siempre deja huella. En la obra de Julia Navarro late de manera constante un mensaje que considero fundamental resaltar, especialmente en el momento actual: las instituciones solo se legitiman...
15:00
Tienen la capacidad de garantizar la convivencia y la libertad, y esta idea atraviesa las obras de una manera latente y potente. Con esa mirada literaria, con ese rigor intelectual y con esa capacidad única de Julia de iluminar nuestro pasado, ella nos va a ilustrar hoy sobre el papel de la monarquía en la Constitución. Pero antes de darle la palabra, para nosotros también es una oportunidad y un honor escuchar a un gran escritor, don Antonio Pérez Henares, quien es el responsable de la organización de estos ciclos. Es todo un lujo tenerte aquí y escucharte. Gracias, Antonio. Tienes la palabra.
Hola. ¿Se oye? Bueno, muchísimas gracias, lo primero, por estar de nuevo aquí, por abarrotar este salón que sigue impactando, y mira que hemos realizado ya aquí varios ciclos. Verán, estoy que me llamen don Antonio y tal, y aquí yo he sido Chani. Es que casi se me escapa. No, no importa, es que, además, soy más, porque quien está aquí es una amiga. Quien va a hablar hoy para mí es una de las grandes periodistas. Es que empezamos juntos, sí, sí, hace no demasiado tiempo. Esta casa nos ha visto, la del Congreso, y nosotros hemos sido testigos de esos momentos que sí son verdaderamente históricos y que pasarán a la historia. Ahora ya saben ustedes que todo el mundo dice que esto es un hecho histórico, y salimos a tres hechos históricos al día. Y claro, esos no son históricos. Hablo de hechos históricos de verdad que los dos hemos podido vivir en esta casa, en este lugar, así como en otro lugar que es parte también de las Cortes españolas, en el Congreso, que eso sí que ha sido historia.
Creo que Julia y yo estamos muy contentos de haber vivido, al menos hasta un momento determinado, esa historia que alumbró para todos la libertad y la democracia. En eso siempre hemos estado profundamente de acuerdo, y ese legado creo que está en el fondo no solo de nuestro corazón, sino de nuestro pensamiento. Así que yo no voy a decir nada más, solo decirles que aquí está Julia, extraordinaria periodista, maravillosa escritora; los adjetivos quedan cortos. Es, ante todo y para mí, un referente de ética profesional y un compromiso sistemático con la verdad. También quiero agradecerle aquí públicamente su compromiso con la amistad. Julia, ante todo y sobre todo, ha sido mi amiga a lo largo de todos estos años, y así lo he hecho sentir. ¿Por qué? Porque cuando se escalan las alturas que ella ha alcanzado, hay gente que se olvida; ella jamás. Y por eso, Julia, te digo que gracias, amiga. Sin más, la palabra es tuya.
Estoy nerviosa, estoy tan nerviosa que casi tengo ganas de buscar puertas de salida. Están todas cerradas, pero estoy muy nerviosa. Muchas gracias a todos ustedes por estar aquí, especialmente al presidente del Senado, a todos los senadores, a las senadoras, a los congresistas que están aquí, y a mis compañeros de profesión. Muchas gracias, María Jesús, por todo lo que has dicho de mí, y muchas gracias a mi querido Chani, yo le voy a llamar Chani.
20:00
Nos conocimos hace muchos años, y aunque no vamos a especificar cuántos, no es cuestión de calcular la edad. Cuando éramos dos jóvenes periodistas que nos estrenábamos, no solo en la información parlamentaria, sino en contar un momento germinal de la historia de nuestro país, como fue la transición y la elaboración de una constitución. Creo que tener la suerte de haber podido contar cómo se hace una constitución es algo que no tienen muchos, y menos nuestros jóvenes colegas.
Hemos pasado muchas horas aquí, Chani y yo, en esta sala, en la tribuna de prensa, tomando notas y escuchando a los senadores sobre los debates constitucionales, como lo hemos hecho en el Congreso. Chani, hace unos años, tuvo la feliz idea de contar la historia a través del arte. La verdad es que me he preguntado cómo se le ocurrió, y he pensado que, además de ser un amigo muy inteligente, es que realmente la historia se puede contar de muchas maneras. La hemos narrado siempre a través de cuadros, esculturas, monumentos y música. En todas las manifestaciones artísticas hay una huella de la historia. Desde las cuevas de Altamira, donde aquellos hombres contaban lo que veían y cómo vivían, hasta hoy, a través del arte podemos conocer de dónde venimos, quiénes somos y adónde queremos ir.
Como soy amiga de Chani, estoy aquí, pero le reconozco que tengo un vértigo enorme, tanto real como figurado, porque, tras tantos años tomando notas aquí, estar en esta tribuna me impone muchísimo. Aunque sé que Chani está ahí y estaría al rescate, yo soy tímida. Cuando me propuso participar en este ciclo, en principio le dije que no, pero Chani es una persona que, cuando se le quiere algo, no admite un "no". Simplemente no te escucha, y como no te escucha, te dice: "tal día, tal hora, tienes que estar en el Senado". Así que ya puedes argumentar lo que sea, que sabes que tienes que estar aquí.
Todos esos años compartidos han dejado una huella en nosotros: una huella de amistad, de respeto y, para mí, de admiración. Es muy difícil ser coherente y tener una trayectoria profesional y personal coherente, y Chani siempre la ha tenido. En ese sentido, ha sido un ejemplo y debería serlo para las nuevas generaciones.
Ahora, si me lo permite María Jesús, quiero contarles, antes de hablarles de ese maravilloso cuadro de Sorolla, sobre mi relación con este edificio. Es una relación muy especial. Mi infancia, adolescencia y juventud transcurrieron en la Plaza de la Marina Española. Mi marido, Fermín Bocos, dice que nunca me he ido de esta plaza, y es verdad. Los balcones de las casas de mis abuelos daban sobre la plaza, y los niños del barrio, los que vivíamos en la Marina, jugábamos en la explanada del Senado.
Antes le contaba a María Jesús que, cuando paso por aquí, me enfado, porque no me dejan pasar, ya que están ustedes, los señores y señoras senadoras, y lógicamente tiene que haber medidas de seguridad. Pero es que es mi plaza. Aquí montaba en bicicleta, aprendí a patinar y aquí me fumé mi primer cigarrillo al salir de la adolescencia. Entonces, perdonen, pero yo les veo como unos okupas, porque es mi plaza. Que no me dejen pasar me resulta difícil de aceptar, pero afortunadamente este edificio ahora es otra cosa, y ahí está.
25:00
Representantes de la soberanía popular, así que no podría ser un edificio más importante, más emblemático y, sobre todo, relevante en la historia actual. Cuando yo era pequeña, los niños jugábamos aquí 364 días al año, y uno de nuestros juegos consistía en esperar a que el conserje se despistara. Entonces, nos metíamos corriendo por la puerta del Senado, con la esperanza de que el juego consistía en que te pillaban y te echaban. Nos pillaba siempre, y luego teníamos que deshacer el camino corriendo y gritando, y aquel pobre hombre le traíamos a maltraer. Pero era un juego absolutamente inocente y, lógicamente, divertido. Para nosotros, era como entrar en un lugar mágico, donde había cuadros, alfombras y todo era silencio, porque era un edificio que, cuando yo era pequeña, estaba vacío. Era un edificio que pertenecía al Consejo Nacional del Movimiento; nadie venía aquí, nadie estaba aquí, salvo una vez al año, cuando lo visitaba Franco. Ese día era el único en que no podíamos correr, ni jugar, y sobre todo, no nos la jugábamos intentando meternos, porque no sé lo que nos habría pasado, supongo que nada bueno.
Para mí, ese único día del año era complicado y difícil, no solo porque no podía venir a mi plaza, que me la estaban ocupando unos señores muy mayores que no me gustaban nada, sino porque en los balcones de la casa de mis abuelos siempre tocaba el timbre y aparecían dos policías que ocupaban los balcones, como parte de las medidas de seguridad de la época. Mi abuelo se encerraba en su habitación y a los niños nos decían que no podíamos ni rechistar. Estábamos tan asustados que, lógicamente, no lo hacíamos. Era una sensación... Si yo a ustedes les veo como ocupas, imagínense cómo les veía a ellos, todavía muchísimo peor. Entonces, no nos podíamos mover; estábamos allí contando el tiempo en que todos esos señores y coches se marcharan y nosotros pudiéramos recuperar nuestro lugar de juego, aquel lugar que era parte de nuestra vida, de nuestra cotidianidad.
Ahora, Antonio quería que yo hablara del cuadro de la regente, doña María Cristina, jurando la Constitución. Les voy a hablar de ese cuadro, pero también de la estatua esculpida por Joaquín Bilbao, con un pedestal del arquitecto José Grases, que se encuentra en la explanada del Senado y que también fue inaugurada por la reina María Cristina. Yo crecí y jugaba a los pies de Antonio Cánovas, así que era como uno de la familia, y por tanto, para mí, hablar de esa estatua es algo más que una historia de arte; es hablar de parte de mi vida, de mi pasado, de mis recuerdos. Esta estatua fue inaugurada por la regente doña María Cristina, ya que su hijo era menor de edad y no llegaría al trono hasta un año más tarde. Ella inauguró esa estatua, que tiene una relación con el cuadro del genial Sorolla, en el que la reina jura la Constitución.
Quiero mencionar que Joaquín Bilbao, el autor de esta estatua, era sevillano y, además de tallista, era imaginero; suyos son algunos de los pasos más importantes de las cofradías de Sevilla. José Grases, que hizo el pedestal, estudió con Gaudí, aunque hizo el resto de su carrera y la terminó en Madrid. Cuando se pusieron a hacer esa estatua, era el mes de agosto. Todos los que son madrileños o viven aquí saben cómo es un mes de agosto en Madrid, y se encontraron con un problema: el calor hizo que se fundieran los modelos del vaciado, y tuvieron que llevarlos a Barcelona para fundirlos allí, porque aquí era absolutamente imposible.
30:00
Esta es una estatua que fue llevada a la Exposición Universal de París y que un grupo anarquista intentó incendiar. Afortunadamente, no tuvieron éxito. La estatua fue inaugurada en 1901 con la asistencia de la familia real, con doña María Cristina al frente. En esa estatua hay un lugar secreto en el que, cuando los niños de mi colegio, el colegio San Ignacio, decidimos fumarnos nuestro primer cigarro, teníamos 17 años. Ahora ya sé que los niños fuman mucho antes. Era el último año antes de irnos a la universidad, y con aquel paquete de cigarrillos que compramos entre todos, nos fumamos el cigarro, pero luego teníamos un problema: ¿qué hacíamos con los cigarros que nos habían sobrado? Entonces, había un lugar secreto, un hueco que yo podría encontrar, porque otra de nuestras diversiones era subirnos a la estatua. Ahí se quedó la cajetilla, que creo que debe seguir, porque nunca más volvimos a fumar. No rescatamos la cajetilla, pero no voy a desvelar dónde está ni dónde está ese hueco. Fue un secreto que hemos mantenido durante todos estos años. Mi hijo me mira reconviniéndome, porque como yo le regaño por fumar, pues sí, yo también fumé.
También quiero decirles que cuando era pequeña, ¿quién me iba a decir que años después iba a entrar en esta casa como periodista? La primera vez que entré, Chani se acordará, fue para informar sobre la elección de la Mesa de la Cámara en las elecciones de 1967. Pasamos muchos días aquí, contando los debates constitucionales, los debates en la Comisión Constitucional y luego en el Pleno. No puedo dejar de recordar cómo, en ese momento, el día que entré en el Senado, me acordaba de mis abuelos, de mi abuelo Jerónimo, de mi abuela Teresa, de mis abuelos maternos, y de la casa en la que nací, que estaba enfrente. Lo que ellos habrían sentido y pensado al ver a su nieta entrar en el Senado como periodista, tomando notas de una institución enraizada en la democracia, que iba a dar lugar, junto al Congreso, a una Constitución longeva que afortunadamente ha durado hasta hoy. De manera que para mí, entrar en aquel momento en el Senado tenía algo de homenaje a mis abuelos, y hoy también lo tiene.
En algunas ocasiones, algunos de mis lectores me preguntan cómo trabajo, cómo busco la documentación para mis novelas. Les voy a hacer una confesión: evidentemente, para hacer una novela, Chani lo sabe, porque es muy minucioso y no le puedes coger en nada, lleva una enciclopedia en la cabeza y se lo trabaja. Pero en mis novelas hay mucho de memoria familiar, sobre todo en dos novelas: "Tú no matarás", que es la más querida para mí, y "Dime quién soy", donde están recuerdos de esa memoria, de esas historias que escuchaba contar en casa. Esa memoria tiene mucho que ver con esta plaza, con este ambiente, con esta atmósfera.
Y ahora sí que voy a empezar a hablarles de monarquía y de constituciones, aunque soy periodista y escritora, no soy ni constitucionalista ni historiadora. Pero sí sé que la monarquía moderna la fechamos en 1812, cuando se acepta el compromiso de reinar bajo el mandato de una constitución. A partir de ese momento, salvo Fernando VII, los reyes que van pasando intentaban mantenerse dentro del marco constitucional.
35:00
No siempre con éxito y mucho menos con ganas, pero la historia es la que es. Evidentemente, a los reyes no les entusiasmaba ver su poder limitado por una constitución, porque pasaban del poder absoluto a tener que compartir el poder con los representantes de la soberanía nacional, que somos todos nosotros, los ciudadanos. Ver su poder limitado por una constitución les costó. Desde la madre de Isabel II a la propia reina, pasando por la regente María Cristina, los Alfonsos, y el breve Amadeo de Saboya, todos intentaron compaginar lo que era la función de la monarquía con unas leyes modernas que limitaban su poder.
Es justo reconocer que en el siglo XX, y ahora en el XXI, hemos tenido dos reyes que sí se han sentido cómodos con la Constitución. El primero fue Juan Carlos I, quien fue uno de sus impulsores. Yo sé que ahora estamos todos muy enfadados con él y con razón, porque cuando uno es rey de España, cuando tiene el privilegio de ser rey, tiene la obligación de tener un comportamiento impecable, y él, en los últimos años, no lo ha tenido. Sin embargo, en los comienzos de su reinado hizo una apuesta decidida por la democracia, y esa democracia se marcaba en que España tuviera una Constitución. Es más, sin la Constitución, la monarquía no habría sobrevivido, y no sobrevivirá si no es dentro del marco constitucional. Por tanto, el sistema democrático, si la monarquía quiere estar dentro de ese sistema, tendrá que estar regulada por la Constitución.
Quiero reconocer esos primeros pasos que dio el rey Juan Carlos y los que está dando el rey Felipe VI, que sin duda en estos momentos es uno de los principales baluartes en la defensa del texto constitucional. La Constitución, en su artículo 1.3, establece que la forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria, que se caracteriza por ser un régimen fundado en la soberanía nacional, en la que el rey ha de reinar, pero no gobernar.
Vuelvo a pedirles perdón porque no soy ni constitucionalista ni historiadora. Chani sí, Chani de historia sabe un montón. Pero como me he pasado buena parte de mi vida escribiendo sobre política y, sobre todo, tuve la inmensa suerte de poder contar la Transición y la elaboración de la Constitución, algo sé. La verdad es que en aquellos primeros días de la Transición contemplábamos la monarquía con suspicacia. Cuántas conversaciones no habremos tenido, Chani, sobre qué va a hacer este rey, por dónde va a ir, por dónde no va a ir, y eso es así.
Como antes decía, los períodos constitucionales abarcan desde 1812 a 1978. Tampoco podemos negar que durante la invasión napoleónica se supuso, entre otras cosas, el fin de una época, el fin de un modelo de gobierno que aquí recibimos sin ningún entusiasmo, salvo por aquella minoría ilustrada que abrió la puerta a nuestra primera Constitución, que fue la PEPA, pero que tuvo un precedente en el Estatuto de Bayona del 6 de julio de 1808, en el que Napoleón nos dejó a su hermano, José, como rey. Ese estatuto, que los constitucionalistas suelen decir que no es una constitución propiamente dicha, sino una carta otorgada, fue un texto impuesto a los españoles de la época y nunca lo sintieron como suyo.
José Napoleón fue un rey que nunca terminó de entender a los españoles, ni nosotros tampoco le terminamos de entender a él. El Estatuto de Bayona comienza así: "En el nombre de Dios Todopoderoso, don José Napoleón, por la gracia de Dios, rey de las Españas y de las Indias, habiendo oído a la Junta Nacional congregada en Bayona..."
40:00
De orden de nuestro caro y muy armado hermano Napoleón, hemos decretado y decretamos la presente Constitución para que se guarde como ley fundamental de nuestro Estado y como base del pacto que une a nuestros dos pueblos con nosotros y a nosotros con nuestros pueblos. Así empezaba. Pero el artículo primero lo dedica, así, sin paliativos, a la religión. La religión católica, apostólica y romana en España y en todas sus posesiones será la religión del Rey y de la Nación; no se permitirá ninguna otra.
Y para que no cupieran dudas de qué iba la cosa, el artículo 2 dejaba claro que la Corona de las Españas y de las Indias era hereditaria en nuestra descendencia directa, natural y legítima de varón en varón, por orden de primogenitura y con exclusión perpetua de las hembras. Menos mal que todo eso lo hemos superado. Pero, por si acaso quedaba alguna duda, se añadía que en caso de que el rey no tuviera descendencia, la corona volvería a Napoleón o a sus descendientes varones, por supuesto.
De aquel Estatuto de Bayona saltamos a la Pepa, la Constitución de 1812. Las discusiones comenzaron en una iglesia gaditana; aquí hay una senadora gaditana, si digo algo que no es así, me corrige. En ella se consagran varios principios propios del liberalismo, como es el referente a la soberanía nacional o la división de poderes. El rey deja de ser la única fuente de poder y lo comparte con el Parlamento. En su articulado se consagra que la soberanía reside en la nación.
Quizá el único déficit que tiene esa Constitución, senadora, no me mire mal, es que no reseña los derechos de los ciudadanos; dice muchas cosas, pero los derechos de los ciudadanos los pasa un poco por alto. A pesar de eso, es una constitución de carácter liberal, se establece la confesionalidad católica del Estado, pero se aprueba la abolición de la Inquisición. Como ustedes saben, la Pepa tuvo una existencia más o menos efímera, ya que cuando Fernando VII se volvió a hacer con el trono de España, lo primero que hizo fue abolirla.
Aquella constitución de tinte liberal estuvo al principio en vigor solo seis años, entre otras razones por la guerra, y porque cuando, como he dicho, Fernando VII regresa, se niega a aceptarla y firma un decreto el 4 de mayo de 1814 en que abole esa constitución. Es verdad que luego, en 1820, tuvo que jurarla tras el levantamiento de Riego; lo hizo de mala gana, evidentemente, y tuvo la desfachatez de decir que él iba a caminar por la senda constitucional, constitución a la que volvió a traicionar con la ayuda de los Cien Mil Hijos de San Luis.
Les voy a contar también una cosa de la Pepa. Cuando yo era pequeña, en mi casa se hablaba de política en voz baja. Las discusiones se terminaban cuando mi abuela miraba a mi abuelo y él decía: "Bueno, ya". Uno de mis tíos, mi tío Fabián, que era muy ocurrente y divertido, decía: "Tienes razón, mamá, nos callamos, pero viva la Pepa". Durante muchos años creí que la Pepa era una prima de mi abuela o una tía. Hasta que un día, cuando mi abuelo era ya muy mayor y yo estaba saliendo casi de la adolescencia, me explicó quién era la Pepa y por qué terminábamos las discusiones con él.
A veces pensamos que vivimos tiempos convulsos, pero si echamos la vista atrás, comprobamos que nuestros antepasados inmediatos también vivían de sobresalto en sobresalto. Así que todos tranquilos, porque no pasa nada. O, en todo caso, también esto pasará, porque todo termina pasando y los tiempos convulsos que parecen que se terminan, no se terminan. Chan y yo hemos vivido el comienzo de la transición, hemos vivido intentos de golpe de Estado.
45:00
Contenido restringido
Contenido premium
Este fragmento pertenece a la segunda mitad de la transcripción. Para acceder al contenido completo, regístrate en la plataforma.