Congreso de los Diputados Otros

Congreso de los Diputados - Otros - 2 de febrero de 2026

2 de febrero de 2026
18:00

Contexto de la sesión

Acto de presentación del libro Republicanas, a solicitud de Miguel Ángel Villena, autor del libro - Acto de presentación del libro Republicanas, a solicitud de Miguel Ángel Villena, autor del libro - Sala: Sala Ernest Lluch

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15:00
Buenas tardes a todos y a todas, diputados, diputadas, miembros de la mesa, querida Isaura, amigos y amigas. Es un honor inmenso para mí darles la bienvenida al Congreso de los Diputados, a esta sala maravillosa, la sala Ernest Lluch, con motivo de la presentación del libro "Republicanas: revolución, guerra y exilio" de nueve diputadas, del periodista e historiador Miguel Ángel Villena. Antes de nada, quiero agradecer muchísimo al autor su presencia aquí, pero sobre todo que haya elegido esta casa para lo que será, sin duda, una espléndida conversación con Elvira Lindo, grandísima escritora y periodista, que no merece que yo diga más cosas de ella, ya que es conocida por todos y por todas. Aquella tarde, tres mujeres, por encima de toda doctrina, estábamos unidas en una sola voluntad. Queríamos que las izquierdas ganasen las elecciones para que se abriesen las cárceles y cesase el sufrir de los atormentados.
20:00
Y lo clamábamos cada una en su estilo, con la misma sinceridad apasionada. Sí, que se abran las cárceles y suelten a su presa. Votaréis el domingo, mujeres, ya que los presos, vuestros padres, vuestros maridos, vuestros hijos, no pueden votar. Por ese único fin, para que por las calles y los caminos de esta provincia a arrojada vuelvan a circular hombres libres, para que al asomarnos el lunes al balcón no veamos que de cada cuatro personas que pasan, tres por lo menos visten de uniforme. Creo que estas fueron las palabras con las que terminé mi peroración. Así fue. Al domingo siguiente, las elecciones se ganaron. Este maravilloso fragmento, recogido en "Republicanas", pertenece a uno de los testimonios de María Lejárraga, publicados en "Una mujer por los caminos de España". No era fácil elegir uno entre los innumerables momentos esenciales y detalles valiosos que nos cuenta el libro que hoy presentamos. Pero me he decidido por este para abrir el encuentro porque, como señala Miguel Ángel Villena, esta crónica se alza como un símbolo de la profunda solidaridad entre las mujeres republicanas, entre sus líderes y entre sus millones de seguidoras. Y porque creo que en esas pocas líneas, tanto en la anécdota como en el fondo, están encerradas las claves de todo lo que nos reúne hoy aquí. La tarde a la que se refiere la escritora es el mitin central del Frente Popular en Oviedo, en las elecciones de febrero de 1936. Y las tres mujeres de las que habla son ella misma, María Lejárraga, Matilde de la Torre y Dolores Ibárruri. Quiero agradecer que, si no voy mal, hoy su nieta nos acompaña en esta tarde. Lo cuenta muy bien Villena: de las nueve diputadas que fueron en 1933, ni Bohigas, ni García Manzano, ni Lejárraga pudieron renovar sus actas en el 36 porque no tuvieron apoyo entre sus propias filas. Lejárraga apenas obtuvo setenta y ocho votos de sus compañeros, pero ahí estuvo, implicada en la campaña, entregada, coherente, solidaria, poderosa en sus palabras y en sus actos. Compañera, ¿no necesita el mundo todavía hoy, especialmente hoy, ese tipo de liderazgo? ¿No carece la actualidad geopolítica terriblemente de ese tipo de liderazgos? Un liderazgo capaz de unirse a otros por encima de toda doctrina, por el bien común. El liderazgo de las mujeres que construyeron nuestra historia, cuyo legado, todavía hoy, especialmente hoy, necesita ser rescatado del olvido. Diría Julia Álvarez Resano en otro mitin histórico junto a la Pasionaria, días después, el 8 de marzo, en la plaza de toros de Las Ventas. Y hemos venido y hemos triunfado, y aquí estamos. Aquello era 1936. Pocos meses después empezaría la guerra, y con ella el fin de todo aquello: cuarenta años de dictadura franquista, el entierro de tantos derechos fundamentales, especialmente los de las mujeres. Hoy, casi cien años después, en este país, un cuarto de los jóvenes opina que en determinadas circunstancias es preferible un régimen autoritario. Casi la mitad desconoce que Lorca fue asesinado. Y sobre la diputada y maestra navarra, Julia Álvarez Resano, que se salvó del tren de la muerte y murió en el exilio, nada se sabe. Elvira Lindo publicó una columna hace apenas dos años que me emocionó especialmente. Se titula "A todas ellas". Y a propósito de un sórdido episodio ocurrido en el Parlamento balear, el de mi tierra, en el que el presidente del Parlamento rompió una foto de Aurora Picornell, y ahora está esperando juicio por delito de odio. Habla de la prisión, Elvira Lindo, de la pionera feminista Matilde Landa y de su trágica muerte. Como bien insinúa Lindo en aquel texto, si algo hemos llegado tarde en esta democracia es a rendir homenaje a tantas mujeres. La deuda con la memoria es de nuestras grandes cuentas pendientes, más aún cuando se trata de la memoria de las mujeres. Hoy nos reunimos precisamente para rescatar del olvido a nueve mujeres extraordinarias, pioneras de la historia.
25:00
Política democrática en España, cuyas trayectorias personales y profesionales quedaron truncadas por la guerra, la represión y el exilio. Este libro no solo reconstruye sus biografías, sino que devuelve al espacio público unas voces imprescindibles para comprender nuestra historia contemporánea. Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken, Matilde de la Torre, Julia Álvarez Resano, Dolores Ibárruri, María Lejárraga, Francisca Bohigas y Veneranda Manzano no fueron solo diputadas de la Segunda República; fueron protagonistas de un tiempo de radicales transformaciones. Impulsaron derechos civiles, sociales y políticos, y abanderaron un feminismo comprometido con la justicia social, la igualdad y la democracia, del que son referentes indiscutibles. Miguel Ángel Villena ha realizado un trabajo riguroso y necesario. A través de una investigación minuciosa y una narrativa iluminada, nos acerca a la dimensión humana, política e intelectual de estas mujeres. Este libro contribuye de manera decisiva a la recuperación de la memoria democrática y, en particular, a la visibilización del papel fundamental que desempeñaron las mujeres en la construcción de la España moderna. Esa es una tarea colectiva que debe realizarse sin descanso. Aquí, en el Congreso, en el vestíbulo de la Reina, que ahora hemos visitado, la semana pasada se colgó por fin el tondo de Clara Campoamor en la Galería de Políticos Ilustres, la primera mujer que figura en ella. Todos ellos hombres hasta ahora. Tras ella irán las otras ocho parlamentarias, intentando reparar el borrado y el silencio, la nula representación femenina en las paredes de esta institución, pero también el homenaje a esas maravillosas mujeres republicanas. Es nuestro deber, y al fin la Mesa del Congreso lo hemos aprobado. Presentar este libro en la sede de la soberanía popular tiene un significado para mí muy especial. Aquí debatimos y construimos democracia, y esta obra hoy nos interpela, recordándonos que los derechos, sobre todo algunos derechos, nunca están conquistados de forma definitiva. Quiero felicitar muy sinceramente a Miguel Ángel Villena por esta obra imprescindible y agradecerle su contribución a una historia más completa, más justa y más plural, a una historia más feminista, más verdadera. Muchísimas gracias. Y ahora, cuando quiera, tiene la palabra Elvira, luego Miguel Ángel, y ellos dos van a ir llevándose en un diálogo que seguro que será maravilloso y del que disfrutaremos muchísimo. Bueno, yo quisiera dar las gracias a la presidenta, primero por albergarnos aquí esta tarde, a Miguel Ángel por contar conmigo y a estar por primera vez en el Congreso, y que sea para celebrar a estas diputadas de la República, me emociona especialmente. Quiero felicitar también a Miguel Ángel, porque él tenía dudas de si se entendía una obra tan coral, un ensayo tan coral como es este, porque se entremezclan las vidas de todas estas mujeres que tienen cosas en común y luego son muy diferentes también. Es emocionante saber de la historia de ellas desde el principio, de dónde salen, cuál es su clase social, que en la mayoría de los casos venían de un entorno con un germen de cultura en sus hogares. Pero en otros casos, como el de Clara Campoamor, llegaron donde llegaron desafiando al destino que les había tocado en suerte. Cuando leía el libro, me preguntaba, ¿cómo era entonces ser mujer, tener aspiraciones? Yo sé cómo es ahora, sé las dificultades con las que uno se encuentra, que nunca se acaban de borrar, sobre todo cuando tienes un oficio público del orden que sea, esa especie de condescendencia masculina que te señala cuando no está de acuerdo contigo, porque eres ignorante, porque no sabes, porque qué haces ahí. Todas esas cosas vienen de siempre, no están inventadas ahora, pero claro, tenemos que empezar.
30:00
Por la época en la que empezó a inventarse todo, creo que uno de los puntos de partida que da cuenta el libro, y que a mí me interesan muchísimo, es que muchas de estas mujeres partieron del magisterio, de lo que se permitía ser a una mujer fuera de casa, que era maestra. Esto, teniendo en cuenta que en España, en esa primera parte del siglo XX, comenzó un afán por luchar contra el casi 50% de analfabetos que había, la mayor parte mujeres. El primer lugar intelectual que las mujeres podían ocupar, además de la costura, era el magisterio. Me parece fundamental, y recientemente estuve revisando "Historia de una maestra" de Josefina Aldecoa, que refleja esta realidad. Hablamos de diputadas, pero es importante recordar que estas mujeres estaban entrelazadas con otras de la época que no eran exactamente políticas, pero que desde su campo hicieron política. La idea de que algunas de ellas fueran maestras me emociona profundamente, porque dejaron claro que se puede empezar a cambiar el alma y el corazón de un país desde la escuela. Esa visión de la educación como una apertura de mentes y una mejora desde la base de un país es crucial y no debemos olvidarlo, ya que sigue siendo relevante hoy en día. Además, me interesa el hecho de que estas mujeres eran tan diversas que ya se creaban diferentes corrientes dentro del feminismo. A menudo pensamos que las diferencias entre feministas son algo reciente, pero ya existían en su tiempo, con mujeres más radicales y otras menos. Todas ellas, sin embargo, lograron cambiar el país. Recordemos la legendaria controversia entre Victoria Kent y Clara Campoamor. Miguel Ángel, que ha escrito un notable libro sobre Victoria Kent, sabe mucho de esto. Procuro juzgar a ambas no con el juicio del presente, sino reconociendo lo valiosas que fueron. La tentación es ponerte del lado de Clara Campoamor, pero es innegable que Victoria Kent fue una pionera en la humanización de las prisiones, siguiendo los principios de Concepción Arenal. Hemos tenido directoras de prisiones en democracia que han continuado su legado. A pesar de que Victoria Kent pudiera estar equivocada en algunas cuestiones, en otras no lo estaba. Es importante escuchar el humanismo que mostraba hacia aquellos que habían cometido errores, en una época tan punitiva como la actual, donde muchos desean condenar sin ofrecer segundas oportunidades. Las vidas de estas mujeres son fascinantes. Hablas mucho de María Lejárraga, y es que ella misma es una historia digna de un ensayo, un libro de historia, una película o una novela. Es esencial escuchar su voz, que fue acallada por la firma de su marido, quien firmaba lo que ella escribía. Es necesario comprender su perspectiva, ya que ella pensaba que estaba haciendo feminismo, aunque de una manera que podría considerarse como una quinta columna del feminismo. También es importante observar cómo se relacionaba con figuras más radicales, como Nelken, pero todas ellas estaban entrelazadas en su lucha.
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Por otras figuras de la época que son muy interesantes y que están muy cercanas a ellas, como Zenobia Camprubí, que es una figura interesantísima, aparte de ser la esposa de Juan Ramón Jiménez. Es que no las puedes separar, porque tampoco las puedes desvincular de la Residencia de Señoritas ni del Liceum. Todas ellas, como las llamaba despectivamente, ¿quién era Benavente? ¿Las maridas? El club de las maridas. Pues todas ellas sentaron la base de un país que pudo ser. Es el caso de la mujer más inquieta que pudo haber en el periodismo español, que fue Josefina Carabias, quien dio cuenta de esa época no solo en el libro sobre Manuel Azaña, sino que está presente en todo. También podemos ver, a través de los comentarios que tú recoges muy bien, de algunos escritores que las visitaban para darles conferencias, los comentarios tan misóginos que había, de Alberti, por supuesto, otros ni siquiera fueron. Era como si fueran allí a descubrir que las mujeres a veces tenían un coeficiente intelectual normal, y entonces les podían dar una conferencia y explicarles qué era la igualdad. Lo interesante es que todas provienen de clases muy diferentes. Matilde Landa, por ejemplo, también está entrelazada, ya que unas provenían de familias en las que se había leído, como Victoria Kent. Sin embargo, muchas de ellas se orientaron hacia la defensa de la clase obrera, lo cual es muy curioso, ya que las primeras impulsoras del feminismo en España, muchas de ellas, se inclinaron hacia el socialismo. Pensaron que había que cambiar el país de raíz, que no se podía transformar España sin un cambio social. Se inventaron esa idea que ahora se llama transversalidad, de que un movimiento no puede ir paralelo a otro, sino que tienen que estar entrelazados para tener algún bien. Te agradecería ese lenguaje claro de periodista. A veces, cuando se trata de un ensayo más académico, se hace pesado al lector. Aquí estamos oyendo las vidas de personas que fueron muy aventureras, que se exiliaron. Algunas tuvieron un exilio triste, otras un exilio más alegre. Siempre me alegro del exilio de Victoria Kent, porque tuvo suerte; estuvo exiliada, pero vivió bien y disfrutó de la vida. Otra parte más melancólica del libro es qué pasó cuando algunas pudieron volver y no reconocían su propio país, que es, digamos, el destino triste de los exiliados. Creo firmemente en la voluntad y en la lucha de las mujeres. Ahora es un momento difícil, y ellas inventaron la inclusión de las mujeres en la vida pública. Actualmente, podemos estar en la vida pública, política, periodística y creativa, pero creo que necesitamos un impulso diferente. Hay que hacer una transversalidad en nuestro discurso y saber que las mujeres podemos cambiar este momento tan masculino en el que nos hemos visto inmersas. Por contar algo personal, hace muchos años, aproximadamente veinte, me enteré de casualidad que tenía muchos lectores, sobre todo lectoras, en Irán. Fue una sorpresa, ya que no había firmado ningún contrato con ese país. Publicaron mis libros y se convirtieron en bestsellers en las librerías, pero sin que yo lo supiera, sin cobrar derechos ni nada de eso. El regalo más grande que me ha hecho eso ha sido conocer ese otro país que no escuchamos, que son todas esas niñas.
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Muchas de ellas se han ido fuera de su país. Algunas son investigadoras y han pasado veinte años. Todas son muy inteligentes y cultas, y me han ido contando qué es lo que pueden hacer las mujeres por su país. Creo que hay momentos en la vida en que los países no pueden prosperar, y esos son los momentos en que se acalla la voz de las mujeres. Cuando veo a esas niñas que ahora ya son mujeres, que me escriben y que se han buscado la vida como han podido, pienso en estas otras mujeres que tuvieron que inventarse lo que no existía: la participación de las mujeres en la vida pública. Quiero agradecerte que lleves tantos años con ellas, porque esto no es una historia de amor de ahora, sino una historia de amor que proviene, probablemente, de tu relación con tu abuela, quien te contó con esa fuerza femenina sobre esa otra España que no existió en tu infancia. Por eso, muchas gracias por tenerme aquí. Buenas tardes. El libro que hoy presentamos habla de las nueve diputadas que hubo en la Segunda República, pero también de mi abuela materna, como acaba de decir Elvira, y, sobre todo, de millones de anónimas mujeres republicanas que lucharon por la libertad, la igualdad y la justicia. Ellas hicieron una revolución pacífica, perdieron una guerra y sufrieron después la represión, la cárcel, el exilio o el pelotón de fusilamiento. Mi abuela Teodora solía decir que había vivido con más intensidad en los años republicanos que en el resto de su vida. Antes del 14 de abril de 1931, que fue el día más alegre de la historia de España en el siglo XX, la miseria, el analfabetismo y las penalidades marcaron la vida de la mayoría de los españoles y españolas. Después del 1 de abril de 1939, el país entero entró durante cuatro décadas en un tenebroso túnel de silencio y miedo, de falta de derechos y libertades. En esos ocho años republicanos, cinco de ellos en paz y tres en guerra, España vivió la mayor transformación social, política y cultural de su historia reciente, una emancipación de la inmensa mayoría de la población, de la que muy especialmente se beneficiaron las mujeres. Al frente de esa auténtica revolución democrática, de esa marea social, figuró una vanguardia de la que formaron parte las únicas nueve diputadas que lograron un escaño en las tres legislaturas republicanas, entre centenares de parlamentarios varones, procedentes en su mayoría de una burguesía ilustrada. Estas nueve pioneras representaron la punta de lanza de una revolución feminista. Quiero subrayar, como hago en el libro, que fueron intelectuales, tanto hombres como mujeres, quienes impulsaron los cambios republicanos junto con la clase trabajadora. Así, fueron abogadas como Clara Campoamor, Victoria Kent y Julia Álvarez Resano; escritoras y periodistas como María Lejárraga, Margarita Nelken y Matilde de la Torre; maestras como Veneranda García Manzano y pedagogas como Francisca Bohigas. La única excepción a esta procedencia intelectual de las líderes republicanas la encontramos en la figura singular y excepcional de Dolores Ibarruri, con una formación autodidacta, hija, nieta y esposa de mineros. Estas nueve diputadas aparecen en el primer plano de este libro, pero en el plano medio desfilan muchas integrantes de la generación de mujeres más brillantes del siglo XX, que alumbró personalidades como Margarita Xirgu, Maruja Mayo, Isabel de Oyarzábal, Carmen de Burgos, María de Maeztu, Hildegart Rodríguez, Josefina Carabias, Federica Montseny, Zenobia Camprubí, Constancia de la Mora, María Moliner y tantas otras.
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Y nos podríamos preguntar por qué abrazaron todas ellas a la República con tanta pasión y fervor. Pues por las mismas razones que lo hicieron esos millones de mujeres anónimas a las que me refería, que se incorporaron a las universidades, que ejercieron profesiones y trabajos hasta entonces reservados a los hombres, que lograron la igualdad jurídica, política y laboral en la Constitución de 1931, y, sobre todo, que rompieron con los tabúes y las prohibiciones que les imponía la Iglesia católica. Al fondo de esta biografía colectiva se hallan esas anónimas mujeres. Voy a leer un breve fragmento de un artículo que escribió Veneranda García Manzano, una absoluta desconocida, una maestra y sindicalista asturiana que falleció con noventa y tantos años y que se tuvo que exiliar. Veneranda García Manzano era de Llanes, un municipio costero de Asturias, como sabéis. Poco antes de las elecciones del 14 de abril, el alcalde monárquico de Llanes la insultó y la amenazó. Durante las elecciones, efectivamente, las candidaturas republicanas ganaron. Siete días después, Veneranda escribió un artículo en el boletín socialista de Llanes que contestaba a la pregunta de por qué soy republicana. Y decía: "Soy madre y soy maestra, poseo los dos títulos más nobles que puede ostentar una mujer. En mis entrañas se formaron vidas con sangre de mi sangre, en mi escuela plasmo porvenir en almas infantiles. Forjo vidas de carne y de espíritu, madre dos veces. Basta esto para comprender por qué soy republicana. Quiero libres los espíritus sin anillos de hierro que los opriman. Todo esto quiero y todo esto nos dará la naciente República Española, que viene a la vida dando al mundo entero el más alto ejemplo de civilidad y de hidalguía". Este espectáculo grandioso, asombro de propios y de extraños, lo da el pueblo, ese pueblo formado por parias humildes, el pueblo que salió de las escuelas públicas. Me permito achacar a todos mis colegas, los maestros y las maestras, la mayor parte del éxito de este insólito caso. Pero al fin triunfamos; hoy mandamos nosotros, los humildes, los parias, la chusma vil y encanallada, pero que acaba de dar un rotundo mentís a todos los farsantes que decían y propalaban la falta de educación cívica del magnánimo pueblo español. Durante la Segunda República, las mujeres no solo consiguieron el fundamental derecho al voto, gracias al empeño, la constancia y el talento de Clara Campoamor y de muchas otras, sino que la Constitución de 1931 les garantizó el derecho al divorcio, a la igualdad jurídica con los hombres y a una progresiva equiparación laboral y social. La fotografía de la portada de este libro que presentamos hoy muestra a unas jóvenes republicanas que celebraban en Madrid que ya pudieron votar por primera vez en las elecciones de 1933. Queríamos, la editorial Tusquets y yo, una portada optimista, vital y alegre que simbolizara la enorme ilusión que aquel nuevo régimen significó para una gran mayoría de la población. Es claro que las dirigentes republicanas, como comentaban tanto la presidenta como Elvira, tuvieron sus rivalidades y diferencias, que he reflejado en las páginas de esta biografía coral, que no es una hagiografía. Por mucho que admire a las nueve, no es una geografía, sino una biografía coral que no oculta las luces y las sombras de aquellas mujeres. Debo decir que entre las nueve diputadas que protagonizan este libro existió siempre un respeto personal y político, lo que hoy llamaríamos una sororidad, una expresión que no se utilizaba en la época. De hecho, en el ya famoso enfrentamiento entre Clara Campoamor y Victoria Kent sobre el sufragio femenino, o en las disputas entre Dolores Ibárruri y Margarita Nelken, todas ellas mostraron una gran consideración por los argumentos de su oponente y no cayeron en el juego machista de muchos compañeros diputados de la época que ridiculizaban aquellas discrepancias al estilo de "vaya, para solo dos mujeres que hay en el Congreso, y cada una tiene una opinión distinta". Quiero leer brevemente una cita de Clara Campoamor.
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