Sesión en el marco del Programa de Liderazgo para la Europa del siglo XXI, a solicitud de la Academia Europea Leadership (AEL) - Sesión en el marco del Programa de Liderazgo para la Europa del siglo XXI, a solicitud de la Academia Europea Leadership (AEL) - Sala: Sala Constitucional
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Hola, sí.
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Bueno, muy buenos días. Vamos a dar inicio a esta sesión en el marco del Programa de Liderazgo para la Europa del siglo XXI, a solicitud de la Academia Europea Leadership.
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Gracias, señora presidenta. Con un ponente también privilegiado nos acompaña el señor Manuel Pimentel, quien, entre otras muchas cosas, fue ministro de Trabajo y Asuntos Sociales entre 1999 y 2000. En estos últimos años, además de dedicarse a ser escritor, también es editor, lo que le permite dar salida a trabajos muy interesantes a través de la editorial que dirige. Hoy nos hablará de la sabiduría del líder, y le damos las gracias de verdad por haber venido a Madrid para estar con nosotros. Sus clases siempre son una gozada, así que no robo más tiempo y os dejo con el señor Pimentel.
Muchísimas gracias, el agradecido soy yo. Es para mí un honor estar en esta sesión. Agradezco a Francesc y a José Antonio. Es la tercera vez que participo en este curso, que es muy original y osado. Hablar de liderazgo es fundamental para aquellos que desean aprender a gestionar equipos, liderar y mejorar tanto en lo personal como en lo colectivo. Me parece una auténtica honra.
Además, en este caso, el medio es el mensaje. Estuvisteis ayer en el Senado, en el Congreso, y esta tarde vais a estar en el Ateneo. Son edificios doctos y solemnes. Hablaré un poco sobre la idea de por qué, al venir al Congreso, uno siente que está en un lugar importante. ¿Qué evoca? ¿Es la arquitectura? Sí, es una arquitectura funcional y digna, pero no es solo eso; es la idea. La idea conlleva historia, evocación del poder y valores democráticos. Hay líderes e instituciones donde la idea tiene más fuerza que las personas, y en otros lugares, las personas tienen más peso que la idea. Por eso, debemos combinar ambos aspectos.
Claramente, estamos en un sitio que representa la idea, independientemente de que las personas sean más brillantes o menos. En este caso, estaremos en un lugar donde la idea nos sobrecoge, y por eso a veces el medio es el mensaje. Voy a hablar de la sabiduría del liderazgo, comentando algo sobre el liderazgo político, pero sobre todo, sobre el liderazgo en las empresas. Es más cómodo hablar de empresas, que son organizaciones que deben cumplir una serie de funciones sociales y obtener beneficios, aunque también tocaré el liderazgo político.
El líder tiene dos acepciones en el diccionario. Una es aquella persona capaz de liderar equipos, es decir, que asocia a un grupo de personas trabajando en común bajo su guía. La otra acepción es la de campeón. Por ejemplo, el Barça es actualmente líder de la liga, y Alcaraz acaba de ser líder tras ganar una batalla épica en el tenis. Líder es también equipar a director de equipo.
Fijaros, detrás de mí hay un cuadro muy famoso de Genovés, y estamos justo delante de los retratos de Hernán Cortés, que han sido utilizados en portadas de nuestros libros sobre los padres de la Constitución de 1978. ¿Creéis que son líderes? Son personas históricas muy destacadas. No quiero acorralar aquí, pero sería un debate muy interesante. Son personas relevantes, con gran conocimiento, que realizaron una tarea que ha condicionado nuestras vidas durante décadas. Muchos intentaron montar un partido, pero no tuvieron éxito. ¿Son líderes? ¿No lo son? ¿Qué significa ser líder?
Hay muchas acepciones, y ninguna es mejor que otra. Cada persona tiene lo que en mi tierra llamamos su "natural". Con tu natural, puedes pastorearlo, guiarlo, pero no puedes luchar contra él. El natural nos condiciona; la persona sabia trabaja sobre su materia prima personal, mejorando en un camino de mejora permanente. Es un proceso complejo, ya que la bestia o el ángel que habita en nosotros siempre florece ante la presión. Por eso, el natural condiciona enormemente.
Primera aproximación al liderazgo: ¿por qué una persona me lidera a mí? Esto ha sido objeto de estudio desde los clásicos, y simplificando mucho, hay varios atributos básicos del líder.
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O yo, o tú, es fundamental que una persona tenga un plan. Es muy importante marcar un plan, que sea consciente y, a la vez, que los demás lo perciban. Debe existir la posibilidad de lograrlo. En segundo lugar, es esencial que yo vea que prospero, que me mejora, que puedo ganar, cada uno en el ámbito que desee, siguiendo a ese líder de manera consciente. Tercero, y esto es muy importante, es necesario que se comprometan. Estas son condiciones necesarias, aunque no suficientes. Hay personas que pueden tener un plan, pero a veces su propio carácter o su propia materia pueden obstaculizarlo. Por lo tanto, hay que tener un plan y una capacidad razonable o percibida de conseguirlo. La gente que te siga debe entender que, de alguna forma, va a mejorar, a ganar, a hacerse mejor.
Ya sabéis que, en el ámbito del liderazgo, todos mejoramos estando en un equipo, reconociendo el liderazgo y comprometiéndonos. Fijaros en estas tres cosas: si se logra una idea, es más importante que el ejemplo del líder. El líder debe predicar con el ejemplo, sin duda alguna. A la larga, si no predicas con el ejemplo, caes. Hay líderes de partidos políticos españoles muy conocidos que no han practicado esto, o que han seguido la máxima hispana de "haz lo que digo y no lo que hago". Este es un clásico que, al final, tiene un costo, pero muchos de ellos han continuado siendo líderes. La idea está por encima de la acción.
Por ejemplo, en la Iglesia Católica, que es una idea poderosa. Cristo, la bondad, el Evangelio, la organización son conceptos que tienen una fuerza inmensa. Ha habido líderes en la iglesia, papas y cardenales, algunos muy buenos, santos, y otros catastróficos. Sin embargo, la Iglesia ha continuado durante dos mil años, manteniéndose como una rosa, con una lozanía estupenda. ¿Por qué? Porque la idea y la cultura prevalecen. Esto me lleva a reflexionar sobre cómo se crean o no estas ideas. El ejemplo es importante, sobre todo al principio, pero si logras consolidar la idea, esta está por encima del ejemplo.
Aquí hay su señoría, muchos de ellos santos y santas, pero no todos los comportamientos son ejemplares. La institución sigue con la idea y eso nos sobrecoge, porque la idea de democracia, voluntad popular, constitución y poder sigue vigente, y es lo que, en el fondo, está por encima de las personas.
He publicado un libro de un autor mexicano, Salvador Alba, quien fue presidente del Tecnológico de Monterrey, una universidad de gran prestigio en México. Esta institución ha logrado ser una auténtica potencia económica y científica. Alba escribió un libro titulado "Lo que un líder no debe nunca delegar". En él se aborda que un líder puede hacer muchas cosas, pero no puede pretender ocupar todas las funciones. Hay algunas responsabilidades que son irrenunciables y que son necesarias para el éxito del liderazgo.
Estas son, en primer lugar, la visión estratégica. Tener un plan es fundamental. Si queremos liderarnos, debemos saber qué queremos ser en el futuro, cuál es nuestro proyecto y qué visión estratégica tenemos. La visión estratégica tiene dos partes: primero, saber a dónde queremos llegar. En el ámbito empresarial, esto es muy claro. Después, viene toda la estrategia para conseguirlo. Pero lo primero es definir el "hacia dónde" y, con frecuencia, el "para qué".
El liderazgo con propósito es un tema ampliamente estudiado y hemos publicado numerosos libros al respecto. Soy consciente de que en el ámbito del liderazgo hay modas, y ahora hablaré sobre el cambio de modelos de liderazgo que estoy observando. Sin embargo, hay algunos conceptos que vienen para quedarse.
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En el fondo, hacer las cosas con un propósito es esencial. Es decir, cuando uno se pregunta por qué quiere ser diputado, normalmente la persona se acerca a la política por idealismo, inquietud social o política; hay una pasión que arde en su interior. Sin embargo, con el tiempo, esa pasión puede verse afectada por el veneno de la acción política y las circunstancias personales. A veces, las motivaciones pueden ser más nobles o innobles. Pero si uno desea mantener su compromiso, es fundamental tener un "para qué" bien definido.
La pregunta más crucial que podemos hacernos es: ¿cuál es mi propósito? Criticar el propósito de los demás es fácil, pero reflexionar sobre el propio resulta más complicado. Si preguntara qué quieren ser de mayores, algunos lo tendrían claro, otros se dejarían llevar por la corriente dominante, y algunos habrían sometido esa visión a la realidad. La visión estratégica, tanto a nivel personal como colectivo, es fundamental. El propósito ilusiona a la gente, y como seres sociales que somos, una vez que tenemos nuestra idea, debemos construir el relato que la acompañe.
Las tres cuestiones que mencionaba Salvador Alba son cruciales. Primero, tener una visión estratégica es complicadísimo. Siempre hemos hablado de momentos de incertidumbre y cambio; la vida fluye, como dijo Heráclito, no te bañas dos veces en el mismo río. En la actualidad, estos cambios son más intensos, tanto en el ámbito geopolítico como en la tecnología y en nuestras relaciones interpersonales. Este desconcierto intelectual y de principios políticos nos sitúa en un momento de profundo cambio.
En este contexto, definir una visión estratégica no es fácil. Como editor, puedo afirmar que una editorial es una empresa apasionante, pero también muy complicada, con márgenes muy ajustados. A mí me merece la pena porque me gusta, tengo mi propósito y me muevo en función de él. Sin embargo, a menudo reflexiono sobre el impacto de la inteligencia artificial y el soporte digital en nuestra labor. Antes teníamos el monopolio de la transmisión del conocimiento, pero ahora el ciberespacio ha cambiado esa dinámica. Esto nos lleva a cuestionarnos: ¿hacia dónde queremos ir? ¿Dónde podemos estar? Pocos se hacen estas preguntas.
Si tienes una visión clara de hacia dónde quieres llegar y un propósito definido, eso te permitirá ser tenaz en el tiempo. La segunda característica que mencionaba Salvador Alba es el talento y el equipo con el que te rodeas. Hablaré de liderazgo, no desde la perspectiva del individuo, sino desde la complejidad de trabajar con personas. Una definición obvia de liderazgo sería aquella persona capaz de motivar, arrastrar y poner a trabajar en común a un conjunto de personas para alcanzar un fin que se ha propuesto.
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O que él participa, o que colectivamente se ha decidido y él lo encarna. O sea, tiene que haber un fin y una capacidad para que la gente trabaje en equipo. Por tanto, los equipos son vitalmente importantes. Ahí viene el tema de la auctoritas y potestas que bien conocéis y que tenéis que tener clarísimo.
Recordemos las películas de Ben-Hur, aquellas de Cristo, los romanos, los legionarios; acordaros cómo nos sobrecogíamos cuando al protagonista, guapo y fornido, lo mandaban a la galera. Acordaros de esa imagen, el tipo allí sudando en una galera encadenado, que no podía salir en las tormentas, con dos hombres malvados pegando con el látigo y el tambor dando la tabarra. Ahí, por ejemplo, yo a veces pensaba, el que está dirigiendo ese barco es un líder sobre los remeros. Tiene la potestad, tiene el poder; por tanto, los remeros reman o sí o sí. Al final, consigue que los remeros remen hacia donde él quiere, al puerto que él desea.
Por tanto, en una noción simple, sería un líder. Es evidente que no lo es un director general de un ministerio. Es un líder, sí, lidera el equipo de la dirección general, tiene firma, plantea leyes, pero puede ser un líder por auctoritas o por potestas. Puede haber un director general que sea un petardo, que lo pongan por el carné o por cualquier otra cuestión, o puede ser un director general formidable, que sepa de la materia, que sea transformador, que proponga grandes leyes. La gente lo va a obedecer, y ahí tenemos la distinción entre auctoritas y potestas.
La potestas en política o en empresa es muy importante; si no la tienes, no vas a poder ejercerla. Pero nosotros tenemos que ser de los líderes que luchemos por la autoridad. La potestas no vendrá, pero la autoridad conlleva un mejoramiento personal y una formación. Después hablaré de sabiduría al final, un desarrollo personal. Nosotros tenemos que aspirar a ser líderes con auctoritas; la potestas nos vendrá.
La selección, y esto pasa más en política que en empresa, también en empresa, hay mucha selección en política y en partidos por potestas. Escalafón, potestas, te doy poder, te doy el cargo, vas pasando, vas teniendo, y hay gente que no logra desarrollar. También hay quienes tienen auctoritas, que se les da el cargo y ganan prestigio. Esto se nota mucho en los ministerios. Si se supone que ser ministro es ser una figura importante en España, os diría que de algunos acordaríais, de otros no. ¿Por qué? No porque salgan más en la televisión, sino porque dijeron algo que a ti te llamó la atención, que de alguna forma tuvo autoridad.
Por tanto, mi consejo es que, en lo posible, aspiremos a la autoridad. No nos dejemos llevar solo por el cargo, por tenerlo. Es transformador. Ahí es donde se aboga por la segunda cuestión, que a mí me parece importantísima: el equipo, el talento con el que te rodeas. En política, nada es fácil; hay dificultades políticas, los equilibrios que conocéis los que estáis en ella. En empresa también hay normativas laborales que no te permiten quitar y poner gente con la facilidad que te gustaría. Todo tiene sus limitaciones. En todo caso, las personas con las que os rodeéis van a ser gran parte del éxito o del fracaso. Es fácil de decir, pero muy difícil de conseguir.
Por ejemplo, hay libros divertidos de sabiduría, como los clásicos de Marco Aurelio. Me acabo de releer uno de un personaje romano, el conde Romanones, que escribió un libro titulado "Breviario de Política Experimental". Este tipo de frases y aforismos breves son muy divertidos sobre la naturaleza humana en la política. Uno llega a la conclusión de que en un mundo ideal, donde tuviera libertad, que nunca en la vida real, es un mundo ideal, jamás. Por eso el líder tiene que habitar la realidad. Los excesivamente idealistas van a topar con una realidad que tiene que gestionar. Por ello, es fundamental rodearse de los mejores.
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Tienes que reunir a las personas más adecuadas, y hay un matiz muy notable. Por ejemplo, si eres ministro de Innovación en España, mi equipo ideal incluiría a figuras como Newton y Einstein. Sin embargo, no necesariamente eso garantizaría que sea el mejor ministerio, ya que cada uno tiene sus propios criterios y figuras. Las personas adecuadas son aquellas que, en lo posible, comparten tu visión y motivación. Es fundamental que el primer y segundo nivel de tu equipo sean percibidos como líderes, por lo que los atributos del liderazgo deben extenderse a toda la organización.
Existen numerosos tratados en recursos humanos que abordan este tema, y aunque no es fácil, es de suma importancia. En esta última etapa, los liderazgos en organizaciones, especialmente en Europa y en el mundo anglosajón, han estado marcados por un enfoque donde el relato ha pesado mucho más que los resultados. Hemos pasado de una mentalidad ingenieril a una más idealista, donde los directivos en congresos hablaban de sostenibilidad y valores nobles, dejando de lado las cuentas de resultados.
He observado, a lo largo de muchos años de análisis, cómo los discursos de los líderes han ido cambiando. Actualmente, estamos en un cambio de liderazgo significativo. Las personas que elijamos serán percibidas de manera crucial. Por tanto, el líder debe tener, en primer lugar, una visión estratégica; en segundo lugar, un equipo que lo apoye; y en tercer lugar, la capacidad de crear una cultura organizacional sólida.
El factor cultural es esencial. La cultura está íntimamente relacionada con las personas que tienen un propósito claro, lo que les permite generar una cultura más definida. Cada organización posee su propia cultura, y algunas pueden ser caóticas, lo que requiere invertir tiempo en su desarrollo. La cultura se expresa a través de valores, marcando el campo de juego en lo que nunca se debe hacer. Es fundamental que la organización establezca límites claros, como el compromiso de cumplir con Hacienda y no pagar comisiones indebidas.
Esto termina permeando y formando una cultura. Es cierto que en los últimos años se ha trabajado mucho en este ámbito, especialmente en Management, donde se han abordado conceptos como misión, visión y valores en los planes estratégicos. Aunque la visión y la misión tienden a confundirse, siguen siendo relevantes y se han incorporado capas de valores.
Por último, es importante reflexionar sobre la cultura personal en el liderazgo. Aquellos que ocupan posiciones de poder, ya sea en el ámbito político o empresarial, enfrentarán tentaciones constantes. Existe un "reino de la luz", que representa lo transparente y conocido, y un "reino de las tinieblas", que incluye la corrupción y el uso torticero de la información para perjudicar a otros. Estas dinámicas se presentan en todos los ámbitos de la vida, ya sea en la familia, en la empresa o en la política. Por lo tanto, es crucial esforzarse por permanecer en el reino de la luz y evitar las tentaciones que surgen cada día.
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Frecuentes y, al final, se terminan, pues, pagando. Estas son cuestiones que tenemos que trabajar. Si queréis trabajar en vuestro propio desarrollo personal, no es fácil, ¿no? Porque cuántas veces conozco yo gente de gran valía. A veces me encuentro en la situación de tener, pero realmente no sé qué proyecto. No veo el proyecto al cual yo diría a alguien: "Oye, acompáñame a este proyecto". La visión estratégica, como decía, el quién, las personas, cómo lo hacemos y la cultura. Y ni que decir tiene la coherencia.
Ahora, una vez estas primeras reflexiones, me gustaría abordar un tema que es muy interesante: la sabiduría. ¿Qué es la sabiduría? Es un concepto no fácil de definir, pero para hacer una aproximación, es más sencillo definir lo que es el conocimiento. El conocimiento es lo que yo sé. A medida que aprendo, me doy cuenta de lo poco que sé, lo cual es rigurosamente cierto. Cada uno puede ser experto en una materia, pero el universo del conocimiento es amplísimo.
El conocimiento es una condición necesaria, pero no suficiente. Hay personas que saben mucho, pero son ineptas; no son sabias y no podrían ser presentadas en público porque espantan a la gente, ya sea por su talante, timidez, agresividad o cualquier otra razón. Sabemos que el liderazgo implica equipo y que debemos tener valores que nos permitan convivir con los demás.
Para explicarlo, el conocimiento es como la carpintería. Como dicen en derecho, tiene raíz volitiva, de voluntad. Si quieres saber de una materia, cualquier persona con inteligencia media, y los que estáis aquí tenéis inquietud por encima de la media, puede aprender. Vemos tutoriales, leemos libros, asistimos a conferencias y leemos artículos. Por tanto, el conocimiento está muy bien, pero es un poco commodity.
Además, en la actualidad, con la inteligencia artificial, el panorama ha cambiado. Cuando empezó Internet, hacíamos muchos diccionarios y vendíamos. Sin embargo, muchos de esos diccionarios han desaparecido porque ya no aportamos valor; nadie se va a comprar un diccionario, lo utilizará en Internet. Las colecciones mueren. Los periódicos también están pasando por dificultades porque las noticias provienen de muchas fuentes y ya no tienen el mismo valor que antes.
Ahora, si querías saber sobre volcanes o eclipses, tenías que comprarte un libro. Sin embargo, hoy en día, la inteligencia artificial ya elabora esa información. Por tanto, un libro de conocimiento puro va a tener competencia severa. Debes aportar un valor diferencial para que alguien se gaste 20 euros en comprarte un libro, o el líder debe tener un valor diferencial más allá del conocimiento puro.
Entonces, ¿qué es la sabiduría? Si el conocimiento es carpintería, la sabiduría sería, no sé, alquimia. No hay una ciencia exacta en esto. ¿Y por qué pienso que es alquimia? Porque, en el fondo, tú metes en una retorta conocimiento, sentido común, experiencia y respeto por el alma humana. Las personas son importantes, y todo eso se mezcla, se alinea, se pone a fuego lento y, en algunos casos, por la conjugación de las circunstancias, se transmuta la materia y se produce la sabiduría. Es alquimia. No todas las personas logran la sabiduría porque hay un componente humano muy marcado que debe darse en todas las circunstancias: experiencia, sentido común, conocimiento y respeto por el alma humana son esenciales.
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Y tú ves perfectamente la persona que tiene conocimiento y aquella que tiene sabiduría. La sabiduría es muy importante, especialmente en tiempos inciertos, donde muchos no tienen claridad sobre la dirección a seguir. ¿Cómo se adquiere sabiduría? Cada uno debe reflexionar sobre ello. Desde luego, es fundamental hacerlo con respeto y modestia, ya que uno de los atributos esenciales de las personas es reconocer que nadie lo sabe todo y que siempre hay que estar aprendiendo.
Es importante participar en la formación, que es necesaria e imprescindible, y hacerlo con sentido común, evitando el sectarismo que limita nuestra visión. Hay todo un desarrollo personal que debemos fomentar. Creo que valoraremos mucho a los líderes que aporten sabiduría, especialmente en esta fase compleja de los liderazgos que estamos atravesando. Al final, emergen nociones como el talento y la inteligencia, que son de suma importancia, ya que un líder debe ser inteligente.
¿Qué es la inteligencia y qué es el talento? Hay muchas definiciones, y una de las que más me resuena es que tiene talento la persona que hace algo especialmente bien. Por ejemplo, Messi tenía un gran talento para el fútbol, y Alcaraz lo tiene para el tenis. Sin embargo, no toda persona con talento es necesariamente inteligente; esto depende de cada caso.
La inteligencia, tradicionalmente asociada a la capacidad de retención y memoria, ha evolucionado. Para mí, la inteligencia es la facultad que permite analizar alternativas y elegir la más adecuada para alcanzar un fin. El talento se demuestra haciendo, mientras que la inteligencia se manifiesta en la elección. En el ámbito de la ingeniería, por ejemplo, al enfrentarse a un problema, uno debe buscar soluciones y marcar el camino hacia la resolución.
La inteligencia siempre está asociada a un objetivo. Si no se tiene un fin claro, la capacidad puede dispersarse. Por ello, es crucial tener un plan que guíe nuestras decisiones, no solo buscando la rentabilidad a corto plazo, sino sirviendo a un propósito más amplio. La vida se asemeja a un árbol, donde tomamos decisiones que nos llevan en diversas direcciones, algunas frívolas y otras trascendentes. Sin un fin claro, podemos desviarnos fácilmente.
El que sabe dónde quiere ir, aunque a veces deba cambiar de rumbo, tiene una visión clara. Por tanto, establecer una meta en nuestras elecciones es extraordinariamente importante. Tanto el talento como la inteligencia son capacidades que nacen con nosotros y se desarrollan con el tiempo. Hay una parte innata y otra que se cultiva. Mejoramos nuestra inteligencia y nuestro talento, y es fundamental reconocer que todos tenemos habilidades para algunas cosas y limitaciones para otras.
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