Buenos días, si os parece, vamos sentándonos y comenzamos. Soy Javier Membrillo, presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. Os agradezco a todos los que estáis aquí, porque hoy es un día muy importante y no podemos tener mejor casa donde celebrar esta reunión que la sede de la soberanía nacional.
El problema de las resistencias antibióticas nos afecta a todos y estamos en riesgo de que nos afecte aún más. Como sabéis, en el estudio BMR23 que publicó nuestra sociedad recientemente, los datos son escalofriantes: por cada persona en España que fallece por un accidente de tráfico, 20 mueren a causa de infecciones por bacterias multiresistentes. La OMS nos advierte que para 2050 las infecciones por estas bacterias podrían convertirse en la primera causa de mortalidad a nivel global.
De hecho, el título que hemos querido dar a esta jornada es: "¿Estamos de verdad preparados para una era posantibiótica?", que nos lleva a reflexionar sobre volver a una situación de hace un siglo, en la que no tuviésemos antibióticos para tratar infecciones que hoy nos parecen banales o de baja complejidad, como una neumonía comunitaria, una cistitis o una gonorrea.
Necesitamos, sin duda, un enfoque conjunto que involucre a la industria, a las administraciones públicas, a los profesionales y a las sociedades científicas. Debemos entender que, debido al efecto ecológico de los antimicrobianos, la respuesta es multidisciplinar, por lo que el manejo de estos fármacos compete a todos los médicos y a todos los profesionales de las especialidades que trabajamos desde el punto de vista del diagnóstico.
Nuestra vicepresidenta nos hablará sobre la visión del diagnóstico microbiológico hasta el tratamiento. En este contexto, es fundamental que todas las especialidades que tratamos infecciones —infectólogos, internistas, médicos de familia de atención primaria, intensivistas, neumólogos, cardiólogos, urólogos, pediatras— colaboremos.
Hoy es un momento para reflexionar sobre la formación. En este puzle de todas las instancias implicadas, incluidos los farmacéuticos hospitalarios, tenemos un grave defecto en España: seguimos siendo, en el año 2026, el único país europeo sin especialidad en enfermedades infecciosas. De esto nos hablará más adelante Jean Paul Stahl, presidente de la Unión de Especialistas Médicos Europeos en su sección de enfermedades infecciosas.
Es imperativo mejorar la formación de los clínicos que atienden infecciones complejas. Más de una decena de ensayos clínicos demuestran que la mortalidad de los pacientes en estos escenarios disminuye si son atendidos por un especialista con formación homologable en enfermedades infecciosas. Hemos escuchado recientemente voces que proponen soluciones a medias, como diplomas de reconocimiento, que son subóptimas y con formación insuficiente. Creemos que es un momento crucial para reflexionar sobre esto, prestando especial atención a la voz de los pacientes, quienes desean contar con especialistas lo mejor formados posible para salvar sus vidas en situaciones críticas.
Por mi parte, nada más. Os agradezco nuevamente y le doy la palabra a Patricia Ruiz, vicepresidenta de nuestra sociedad en la sección de microbiología clínica. Buenos días a todos, y también quisiera reiterar el agradecimiento, ya que esta convocatoria ha tenido éxito y estáis todos aquí hoy acompañándonos.
Desde la perspectiva de la microbiología, la resistencia antibiótica es un problema fundamental. Soy microbióloga de hospital y este es mi día a día desde hace muchos años. Tanto mi experiencia como la de muchos compañeros se centra en las resistencias de las bacterias. Me gustaría poner en relieve la figura del microbiólogo clínico, ya que estamos formados y capacitados para diagnosticar estas bacterias que presentan mecanismos de resistencia cada día más complejos y desafiantes. A veces, incluso es difícil su identificación.
El diagnóstico precoz en microbiología tiene un papel cada vez más relevante, y a lo largo de esta jornada hablaremos de este tema. Esto es crucial porque nos permite acortar tratamientos; la terapia dirigida puede implementarse en un corto espacio de tiempo, lo que ha demostrado tener un efecto muy positivo en el curso clínico del paciente.
Asimismo, quiero reiterar lo que ha comentado nuestro presidente, el doctor Javier Membrillo, sobre la necesidad de contar con especialistas reconocidos en enfermedades infecciosas. Las infecciones son cada vez más complejas, y estos especialistas están formados para abordarlas. Es importante recordar que estas bacterias complejas son a menudo sinónimos de infecciones muy complicadas. También es fundamental adoptar un enfoque multidisciplinario, ya que es absurdo intentar abordar este problema de manera aislada. Necesitamos la colaboración de farmacéuticos, enfermeros, investigadores, la industria y, por supuesto, de los pacientes, quienes también forman parte de la solución.
Hago un llamado a las instituciones y a los decisores políticos, ya que ellos son quienes nos proporcionarán el apoyo necesario para actuar. Quiero agradecer la labor que muchos profesionales están realizando para visibilizar el tema de la resistencia a los antibióticos. Espero que esta jornada sea de vuestro agrado y nos permita llegar a conclusiones y reflexiones significativas para la solución de este problema.
A continuación, cedo la palabra a la doctora María Jesús Lamas, directora de la Agencia Española del Medicamento. Permítanme hacer una reflexión personal: creo que la agencia ha tenido un papel decisivo en la lucha contra las resistencias antibióticas a través del Plan Nacional de Resistencia, cuya creación ha supuesto un punto de inflexión. Uno de los aspectos más importantes ha sido la visibilización del problema, que antes estaba más oculto entre los profesionales, pero que ahora se aborda de manera multidisciplinaria.
Muchísimas gracias.
Agradezco la invitación a participar en un día tan importante. Patricia ha señalado una de las claves para abordar este problema: su visibilización. Es necesario sacar este asunto del ámbito exclusivamente profesional, ya que, como veremos a lo largo de esta jornada, se requieren acciones coordinadas desde múltiples perspectivas.
Tengo el doble papel de directora de la agencia y coordinadora del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antimicrobianos. Mi trayectoria profesional, como farmacéutica especialista en farmacia hospitalaria, se ha desarrollado en el Hospital Clínico Universitario durante más de 25 años. Fui una de las impulsoras del primer equipo PROA en el hospital, lo que garantiza mi sensibilidad y compromiso con este problema.
Hace menos de un siglo, los antibióticos transformaron nuestra manera de vivir. Las enfermedades que antes eran mortales se convirtieron en infecciones rutinarias, tratables y controlables. Gracias a ellos, se han podido realizar cirugías complejas, trasplantes y quimioterapias, lo que ha permitido el desarrollo seguro de la medicina moderna. Sin embargo, este logro histórico está en riesgo debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos por la emergencia y diseminación de las resistencias. Lo más frustrante es que este fenómeno es parcialmente provocado por un uso abusivo.
La aparición y propagación de bacterias resistentes constituye una de las amenazas más graves para la salud pública global. No es una previsión de futuro, esto ya es una realidad. En Europa, cada año se registran unas 35.000 muertes por infecciones hospitalarias causadas por bacterias resistentes. En España, según el registro de codificación de altas hospitalarias, el CMBD, se contabilizan 5.000 muertes al año. Si hablamos de estimaciones, como las que se realizan desde la sociedad, se podría hablar de cinco veces más.
El impacto económico también es enorme: se estiman 1.500 millones de euros de gasto sanitario extra en Europa cada año, de los cuales 150 millones corresponderían a España. A escala global, el problema es aún más preocupante, y las diferencias en el acceso a los sistemas de salud y el nivel de madurez de estos sistemas también tienen consecuencias en la aparición y diseminación de resistencias. Según el último estudio de carga de enfermedad por resistencias antimicrobianas publicado en el Lancet en 2024, en 2021 se considera que murieron 4.700.000 personas por causas asociadas a bacterias resistentes, de las cuales más de 1.100.000 muertes fueron directamente atribuidas a infecciones por patógenos multirresistentes. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de este problema, en el mismo año se registraron 860.000 muertes por infección por VIH o sida y 640.000 por malaria. Si no actuamos, la resistencia a los antibióticos se convertirá en la primera causa de mortalidad mundial en 2050.
La lucha contra la resistencia a los antibióticos no solo es un reto científico y sanitario, sino también un desafío regulatorio y económico. En este punto, Europa está dando pasos cada vez más decisivos. La revisión de la legislación farmacéutica europea, que está en sus últimos pasos para ser aprobada en este semestre, incorpora por primera vez mecanismos específicos para estimular el desarrollo de nuevos antibióticos, tradicionalmente relegados por la industria farmacéutica debido a su baja rentabilidad. Entre estos instrumentos destacan los incentivos llamados PUSH, colocados al principio de la cadena de innovación, que buscan financiar la investigación disminuyendo los riesgos de esta primera etapa, y los incentivos llamados PULL, al final de esta cadena de investigación, para que la entrada en el mercado tenga un retorno económico al menos predecible que justifique la inversión y desarrollo del antibiótico.
Existen iniciativas en marcha, como el AMR Action Fund, un fondo de capital riesgo que tiene como objetivo lanzar de dos a tres antibióticos nuevos antes de 2030, o proyectos de investigación dentro del marco Horizonte Europa, que ilustran el compromiso de Europa por apoyar la investigación. En el ámbito de la regulación, la nueva legislación farmacéutica que está a punto de ser aprobada incluye mecanismos novedosos como los bonos de exclusividad transferibles. Esto significa un bono de protección de una de las medidas de protección intelectual, en concreto la de exclusividad de datos utilizados para el desarrollo del medicamento. Aquél laboratorio que logre llevar hasta el final la autorización y puesta en el mercado de un antibiótico que cumpla con una serie de criterios específicos recibiría un año extra de protección intelectual. Este bono puede ser utilizado en sus propios productos o transferido a otras compañías.
También se contempla la posibilidad de utilizar modelos de suscripción, donde se desvincula la venta del retorno económico. Se busca llegar a acuerdos entre sistemas de salud compradores y compañías farmacéuticas vendedoras, con una cantidad fija al año que asegure ingresos, y con una monitorización continua del uso y ventas del antibiótico. En caso de que el uso supere el umbral establecido, se penalizaría ese retorno previamente fijado. De esta manera, desvinculando la venta del beneficio, se pretende abordar lo que los economistas llaman un fallo de mercado, una situación donde el mercado no funciona como incentivo para el desarrollo de un nuevo producto, ya que en este caso está destinado a ser usado lo mínimo posible.
Por lo tanto, tenemos esta necesidad frente a nosotros. Necesitamos urgentemente nuevos antimicrobianos, pero al mismo tiempo, es crucial conservarlos y usarlos solo cuando sean estrictamente necesarios para proteger la salud de todos. Esto implica que un antibiótico innovador generará ingresos inferiores a los de otros.
Los medicamentos de otras áreas terapéuticas, y por tanto, el incentivo económico para investigarlos es inferior al de otras alternativas. Esta paradoja, desarrollar medicamentos que queremos preservar o no usar masivamente, hace imprescindible el uso de políticas públicas sólidas que corrijan esta disfunción estructural. Esto ya está ocurriendo en otros países. En el Reino Unido se ha aprobado un modelo de suscripción, también en Suecia, y en Europa, a través de la Autoridad Europea de Preparación y Respuesta frente a Emergencias Sanitarias (HERA), se introducen mecanismos novedosos como compras conjuntas de todos los estados europeos, modelos de suscripción o bonos transferibles.
En ocasiones, el antibiótico sí llega a desarrollarse e incluso a autorizarse, pero solo en otras regiones y no está disponible en Europa. Es el caso de combinaciones como sulbactam-durlobactam, que está autorizado y en uso en Estados Unidos, pero que la compañía todavía no ha presentado a evaluación y autorización en Europa. Al lado de estas políticas públicas, es necesario también el compromiso de la industria y el sector privado. Es imposible que, si no aunamos los incentivos y el apoyo regulatorio junto con la iniciativa y el riesgo de las compañías, podamos conseguir resultados que beneficien a todos los ciudadanos por igual.
En este contexto económico y regulatorio, si echamos un vistazo a lo que se está desarrollando, tampoco nos llevaremos grandes alegrías, porque el pipeline de antibióticos es insuficiente. Según el último informe de la OMS sobre antibióticos antimicrobianos en desarrollo, el número de agentes antibacterianos en fase de desarrollo clínico era de 97 en 2023 y de 90 en 2025. No hay una tendencia creciente; como mucho, está estabilizado, y solo una fracción presenta verdaderas innovaciones capaces de superar los mecanismos de resistencia actuales. De los 90 agentes en desarrollo, 50 son antibióticos tradicionales y 40 son agentes no tradicionales, como bacteriófagos o anticuerpos.
Únicamente 15 pueden considerarse innovadores, que, según criterios de la OMS, son aquellos que tienen una clase terapéutica nueva, un grupo farmacológico distinto y que no presentan mecanismos de resistencia esperables o reconocidos. Al mismo tiempo, vemos que se expande la investigación hacia alternativas como bacteriófagos, anticuerpos monoclonales y terapias combinadas, pero estas soluciones aún requieren un impulso regulatorio y financiero mayor que los antibióticos tradicionales para llegar a la práctica clínica con garantías. Además, no siempre son soluciones escalables, lo que puede ser una limitación de acceso para quienes lo necesiten.
El número de ensayos clínicos en curso confirma la fragilidad del sistema. En los últimos años han sido muy pocos los nuevos antibióticos aprobados en todo el mundo, y la mayoría no presentan características verdaderamente disruptivas. La dependencia de pequeñas empresas biotecnológicas que llevan el peso de la innovación, pero enfrentan enormes dificultades financieras, especialmente en las fases clínicas avanzadas, hace que el pipeline sea muy vulnerable y poco estable.
Este escenario subraya la importancia de que Europa avance hacia un modelo coherente que combine financiación de investigación, incentivos de mercado y marcos regulatorios alineados con la salud pública. Ante una amenaza de esta magnitud, ningún país ni ningún sector puede actuar solo. La resistencia antimicrobiana es un desafío de "One Health", una única salud, que afecta a la salud humana, sanidad animal, agricultura, medio ambiente, comercio y, en definitiva, a la economía global. Por ello, las políticas y los programas deben estar coordinados y alineados en todas estas áreas.
La buena noticia es que sí existen iniciativas internacionales y prometedoras. En este sentido, la Unión Europea financia proyectos de investigación punteros dentro de Horizonte Europa, apoya acciones como la programación conjunta JPI sobre resistencia antimicrobiana, clave para avanzar en diagnóstico, vigilancia y nuevas terapias, o el AMR Action Fund, el mayor fondo de capital riesgo mencionado anteriormente. Además, HERA, la Autoridad Europea de Preparación frente a Respuestas y Emergencias Sanitarias, a través de su instrumento ERA Invest, ayuda a financiar y promover la innovación y corregir fallos de mercado, entre otros, en antibióticos.
De igual modo, destaca el trabajo de la acción conjunta HAMRAI, en la que España tiene una participación importante desde la agencia española y otras instituciones. Lideramos áreas clave de este proyecto, como la comunicación y sensibilización, y consideramos actividades relacionadas con la optimización del uso de antimicrobianos, los equipos PROA.
En salud humana, sanidad animal y medio ambiente, es fundamental extender nuestras acciones más allá de la salud humana, que es a lo que estábamos acostumbrados hasta ahora. Si enfocamos nuestra atención en España, podemos afirmar con orgullo que llevamos más de una década trabajando de forma estructurada y coordinada dentro del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antimicrobianos, el PRAN, impulsado por la AEMPS y alineado con las estrategias internacionales. Desde 2014, hemos logrado disminuir el consumo de antibióticos en nuestro país un 13,5% en salud humana y un 69,5% en sanidad animal. Estos datos demuestran que las políticas bien diseñadas funcionan; aunque quizás no sean suficientes, sí son efectivas.
El plan se apoya en seis líneas de acción: vigilancia, control, prevención, investigación, formación y comunicación. Algunos avances clave han sido, por ejemplo, la creación de la Red Estatal de Vigilancia de Salud Pública, que automatiza la vigilancia de resistencias y de las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria, así como la transferencia directa que se realiza en las comunidades autónomas para reforzar esta vigilancia y apoyar los equipos PROA. Estos equipos son esenciales para la optimización del uso de antibióticos, garantizando que cada antibiótico se utilice solo cuando es realmente necesario, en la dosis correcta y durante el tiempo adecuado. Los programas PROA no solo mejoran los resultados clínicos y reducen resistencias, sino que también protegen un recurso crítico cuya pérdida tendría un coste incalculable para nuestros sistemas sanitarios. En España, estos programas se apoyan sobre las normas de certificación PROA, en las que hemos sido pioneros y que han sido identificadas como una de las buenas prácticas a nivel europeo.
Para lograr estos avances, la formación es un pilar fundamental. Iniciativas como el Diploma Universitario PROA, que capacita a profesionales en el uso óptimo de los antimicrobianos, aseguran que cada centro disponga de los profesionales necesarios. Esta iniciativa se celebra cada año con gran éxito de convocatoria, siempre con más personas deseando participar que plazas disponibles. El trabajo de este plan también se extiende al ámbito digital, poniendo a disposición de los profesionales la guía terapéutica antimicrobiana del Sistema Nacional de Salud, que unifica y actualiza la prescripción para profesionales de distintos ámbitos, incluidos los odontólogos.
Asimismo, contamos con un potente programa de comunicación para llegar tanto a profesionales como a la ciudadanía, con campañas de sensibilización para la población general. Me imagino que todos recordarán la campaña "Usar bien los antibióticos es vital, ni menos ni más, tú decides", así como las carreras populares que se celebran cada año en la Semana del Uso Prudente de Antibióticos, "Corre sin resistencias", que ya va por su sexta edición. La resistencia a los antibióticos no es un problema del futuro, es un desafío urgente del presente, pero aún estamos a tiempo. Los datos son contundentes y también lo son las herramientas para actuar.
La investigación, el uso responsable de los antimicrobianos, la vigilancia y la innovación son pilares esenciales, pero nada de esto tendrá un impacto real si no se acompaña de políticas públicas sólidas, sostenidas y basadas en evidencia. Son estas políticas las que pueden garantizar sistemas de salud preparados, regulaciones eficaces, programas de educación continuada, incentivos para la innovación y mecanismos de coordinación que trasciendan fronteras y sectores. Sin voluntad política, el esfuerzo científico y sanitario se diluye.
Por eso, la celebración de esta jornada en este foro tiene una especial relevancia, y felicito a la sociedad por haber pensado en hacerlo en este marco. No existe una solución única, esto ya lo sabemos, pero sí una convicción compartida: solo actuando juntos, con políticas públicas sólidas y un enfoque One Health, una única salud, podremos proteger la eficacia de los antibióticos y construir un futuro más seguro para todos. Muchas gracias.
Quiero agradecer a María Jesús y recordar que nuestra sociedad siempre está a disposición. Iniciativas como los programas PROA demuestran que la formación, la especialización y la colaboración de todos los especialistas son clave para el éxito y están dando muchos réditos. No puedo evitar recordar una experiencia personal que compartí hace un año en mis redes sociales: mi mujer necesitaba un procedimiento dental y su odontólogo le indicó una semana de profilaxis con amoxicilina clavulánico. Busqué las guías adecuadas y se las proporcioné al odontólogo. Espero que siguiera las indicaciones, que, si mal no recuerdo, son dos gramos una hora antes del procedimiento. He visto de forma práctica cómo la información disponible puede ser utilizada para mejorar la atención sanitaria.
Continuamos, como digo, con esta segunda ponencia en la que vamos a hablar de la homologación de la formación europea en el área de infecciosas. Tenemos el honor de contar con el doctor Jean-Paul Stahl, profesor de enfermedades infecciosas con más de 39 años de experiencia clínica y académica. Fue presidente de la Sociedad Francesa de Patología Infecciosa y es coordinador del grupo de recomendaciones de esta sociedad. Ha estado trabajando durante muchos años en colaboración con la Agencia Francesa de Medicamentos y la Comisión de Transparencia, y actualmente es el presidente de la sección de enfermedades infecciosas de la Unión Europea de Médicos Especialistas. Le damos las gracias a Jean-Paul, especialmente porque va a hacer el esfuerzo de darnos la ponencia en español, con lo cual le agradecemos doblemente su presencia. Jean-Paul, muchas gracias, merci beaucoup, cuando quieras.
—Ok. No puedo hablar en español. I'm very sorry, I have to switch to English.
Aquí está la agenda, pero primero puedo concluir mi presentación de manera muy sencilla. Necesitamos una especialidad en enfermedades infecciosas, y trato de convencerles; sé que están convencidos, no hay debate al respecto, pero pueden compartir y diseminar este conocimiento a su alrededor. Es absolutamente obligatorio debido al contexto global, me refiero a la resistencia a los antibióticos. Este es un gran, gran problema.
¿Cómo podemos lidiar con brotes inesperados? Creo que los especialistas en enfermedades infecciosas están más preparados para esto, están mejor preparados para lo inesperado que los demás. Y la vacunación, por ejemplo, todos piensan que la vacunación es algo bueno, que ahora es algo rutinario, pero no es así. Solo hay que mirar al otro lado del Atlántico, es un tema muy importante con la vacunación. Están regresando a la era prehistórica.
El beneficio de tener una especialidad en enfermedades infecciosas es, en primer lugar, para los pacientes. Ese es nuestro principal objetivo. Primero, tenemos demostraciones y les daré algunos artículos si quieren, en las diapositivas, porque pueden guardarlos. Hay un mejor diagnóstico para los pacientes; está claro y demostrado que si tienen un especialista en enfermedades infecciosas en su hospital o equipo, es de suma importancia para este diagnóstico.
La mejor interpretación microbiológica es otro aspecto clave. Tenemos un lenguaje bastante similar con los microbiólogos. Creo que, al hablar de cirujanos franceses, pero tal vez ustedes tengan lo mismo, no conocen el lenguaje microbiológico. Nosotros lo conocemos, y es extremadamente importante tener el mismo lenguaje.
El mejor conocimiento de la epidemiología microbiológica es fundamental. Como especialistas, sabemos lo que está sucediendo en las distintas partes del hospital, en los diversos equipos, en las diferentes áreas, regiones y países. Es un trabajo real tener este conocimiento, y no se puede hacer si no se está realmente involucrado en la especialidad. Los tratamientos son más eficientes y se prescriben de manera más rápida.
Porque, nuevamente, tenemos el conocimiento y la información precisa sobre el mejor tratamiento antibiótico para el paciente. Por supuesto, se puede utilizar un enfoque agresivo, como una bazooka o una bomba atómica, y funcionará, pero el resultado será la resistencia a los antibióticos. Eso es lo que ha sucedido en algunos países, aunque no en España. La intervención del especialista en enfermedades infecciosas está claramente correlacionada con un mejor resultado para los pacientes.
Además, hay otro beneficio para la salud pública. La salud pública implica el conocimiento de los brotes correlacionado con la práctica clínica. Esto es absolutamente obligatorio si se desea gestionar un brote de la mejor manera posible. Contamos con la experiencia en el buen uso de los antibióticos, que está completamente relacionada con la resistencia.
Somos útiles para nuestros colegas y proporcionamos una ayuda significativa cuando tienen pacientes infectados. En mi hospital, realizamos visitas diarias en la sala de cirugía ortopédica, y ellos son nuestros mejores aliados. Cuando necesitamos un especialista en enfermedades infecciosas, inmediatamente nos apoyan porque les ayudamos. Es de suma importancia, y no intentamos competir ni acaparar pacientes; estamos aquí para ayudar a los demás. Cuando comprenden esto, es mucho más fácil ser bien conocidos y aceptados en el hospital.
Por supuesto, tenemos un enfoque multidisciplinario. No somos especialistas en dermatología ni en neumología, pero trabajamos con ellos. Es muy específico para nuestro trabajo; colaboramos con todos y ayudamos a todos. Quizás todos nos aprecien.
Para los especialistas, esto es extremadamente importante, ya que es la única manera de avanzar en Europa. Probablemente no nos gustaría que los especialistas españoles fueran a Francia, lo comprendo, pero quizás les gustaría tener médicos franceses en España, si es posible. Creo que moverse por toda Europa es una gran ventaja; es mucho mejor que estar estrictamente cerrados en nuestro país. Debemos observar lo que sucede en otros lugares, lo que nos brinda una mejor competencia. Si un médico español viene a mi hospital, que es uno de los mejores del mundo, y permanece allí durante dos, tres o cuatro años, luego regresa a España, eso es absolutamente útil e importante para todos, porque conocemos a los médicos españoles y ellos conocen a los médicos franceses.
Algunos argumentos según la situación en España son de gran relevancia. El primero se refiere a la gripe y las infecciones respiratorias agudas. La incidencia de este tipo de infecciones es, como se puede observar, más de 600 casos por cada 100,000 habitantes en la práctica rutinaria. En las salas de emergencia, esta cifra asciende a 1,600 casos por cada 100,000 habitantes, lo que subraya su enorme importancia. Además, la hospitalización por estas infecciones supera los 15 casos por cada 100,000.
Otro punto que es de suma importancia es el impacto histórico de las enfermedades infecciosas, especialmente en relación con el brote de VIH. Los médicos más experimentados en la sala recordarán que, en sus inicios, la enfermedad podía llevar a la muerte en seis meses. Gracias al desarrollo de la microbiología, la virología y la gestión por parte de especialistas en enfermedades infecciosas, el VIH ha pasado a ser considerado una enfermedad crónica, lo que ha tenido un impacto significativo en la mortalidad.
Asimismo, aunque no me detendré en la vacunación, es fundamental destacar su impacto, que es extraordinariamente alto. Las vacunas han salvado más vidas en el mundo que los antibióticos, y es importante que se reconozca este hecho.
Por otro lado, es esencial abordar las enfermedades transmitidas por vectores, como el caso reciente del virus de Crimea-Congo en España. Este tipo de infecciones requiere un conocimiento específico y, por lo tanto, es otro argumento a considerar en nuestra discusión.
Finalmente, es crucial la posibilidad de contar con médicos que tengan práctica privada en enfermedades infecciosas. En Francia, por ejemplo, cada vez hay más médicos que optan por esta modalidad, lo cual es extremadamente importante para las clínicas privadas, ya que algunas de ellas cuentan con quirófanos y unidades de cuidados intensivos. Sin embargo, en los hospitales públicos, la colaboración con clínicas privadas no siempre es conveniente. Por lo tanto, es fundamental fomentar la actividad de los médicos especialistas en este campo para mejorar la salud global del país.
Señorías, es fundamental abordar el tema de la resistencia a los antibióticos, especialmente en el contexto de la próxima celebración de la Semana del Uso Prudente de los Antibióticos. La transición epidemiológica que estamos viviendo es un fenómeno complejo. Algunas enfermedades, como el sarampión y la gripe, han disminuido gracias a la vacunación, pero al mismo tiempo, es probable que otras enfermedades surjan como reemplazo.
La resistencia a los antibióticos es un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo. En España, más de 24,000 personas han fallecido a causa de infecciones relacionadas con bacterias resistentes, lo que complica enormemente el tratamiento. Este fenómeno no solo tiene un impacto en la salud pública, sino que también conlleva un costo económico significativo.
Es imperativo que se promueva el buen uso de los antibióticos. La educación y el conocimiento sobre su correcta utilización deben ser impartidos por especialistas en la materia. La responsabilidad recae en nosotros para garantizar que esta información llegue a la población, ya que es un asunto que afecta a todos.
En este contexto, es crucial que la Unión Europea considere la necesidad de contar con especialistas médicos en este campo, ya que la situación actual es insostenible. Debemos trabajar juntos para enfrentar este desafío, no solo por el bienestar de nuestros ciudadanos, sino por el futuro de la salud pública en general.
También neumología, dermatología, y otras especialidades. Después de añadir dos años en enfermedades infecciosas, ¿cuáles son las consecuencias? La competencia en enfermedades infecciosas es limitada debido a una formación demasiado corta. No se enseña prácticamente nada sobre epidemiología.
En caso de requerimiento para un puesto en el hospital, uno se siente en desventaja. No se necesita una subespecialidad, se necesita una especialidad real. Por lo tanto, ha sido extremadamente difícil construir un equipo de enfermedades infecciosas. Desde 2018, hemos implementado un año de formación común con medicina interna. Los estudiantes eligen entre medicina interna o enfermedades infecciosas.
En el caso de enfermedades infecciosas, la formación abarca cuatro años, incluyendo microbiología, epidemiología y cuidados intensivos, que son obligatorios. Durante estos cuatro años, se imparten cursos de formación específicos.
Los resultados son evidentes: actualmente hay mil especialistas en enfermedades infecciosas reconocidos como tales, además de cincuenta médicos en práctica privada, cifra que está en aumento. En los hospitales, ahora es posible contar con un equipo móvil para enfermedades infecciosas. Esto significa que en mi equipo somos ocho especialistas, y cada día visitamos diversas áreas, como cirugía ortopédica, cirugía vascular, hematología, la unidad de cuidados intensivos y urgencias, para discutir los casos complejos que puedan surgir.
En todas las regiones, contamos con dos posiciones para coordinar el buen uso de antibióticos, tanto en hospitales como en la práctica privada. Hay un médico basado en el hospital y un médico de atención primaria asociado a este centro, y tenemos un centro para promover el buen uso de antibióticos en todas las regiones. Además, existe un referente para el buen uso de antibióticos en todas las instituciones, lo cual es obligatorio y de suma importancia, ya que la oposición se centra en enfermedades infecciosas. La formación se lleva a cabo en la universidad, pero también en otras instituciones.