Los bulos y las mentiras. Efectivamente. Buenos días.
Gracias. Los compañeros y las compañeras han repartido una tarjeta para preguntas con el fin de ordenar el debate. Cuando tengáis las preguntas escritas, levantáis la mano y allí están Patri y Marco para recogerlas, ¿vale? Tendremos cinco minutos más para que podáis hablar, así que no os preocupéis.
Efectivamente, bienvenidos a todos a Break the Fake. Hoy contamos con un número muy importante y interesante de influencers, y vamos a abordar un tema de gran relevancia en la actualidad: los bulos en las redes sociales.
Es curioso cómo, en medio de esta situación, el ambiente se siente un tanto tenso. Menos mal que en esta sala las sillas están un poco separadas, porque con lo que está ocurriendo, sentarse al lado de alguien puede resultar incómodo. La verdad es que el clima está siendo bastante adverso, y parece que el cambio climático tiene algo de razón.
Además, en este contexto, es difícil encontrar trabajo, especialmente para aquellos que no se identifican con las normas tradicionales. A pesar de todo, seguimos adelante y esperamos que esta jornada sea productiva y esclarecedora.
Así que os dejo con Mar González, portavoz federal del Partido Verde. Primero, tengo que daros la bienvenida a esta casa de la democracia, por ahora, si seguimos sosteniéndola. También quiero agradecer a quienes habéis dedicado vuestra tarde a moveros hasta aquí. Sabemos que cuando llueve nos cuesta un poquito más, no estamos acostumbrados a tanta lluvia.
Disculpadme, pero voy a romper un poco el ritmo desenfadado que han iniciado los compañeros, porque como andaluza no puedo comenzar este evento sin enviar mi más sentido pésame a los seres queridos de las personas fallecidas en el accidente de Adamuz. Nuestros pensamientos están con ellos, con ellas y con todas las personas afectadas.
Quiero destacar algo que es profundamente importante en este momento: el trabajo de los medios de comunicación y de las personas divulgadoras que han informado con rigor y respeto, sin alimentar ese ruido tan feo que dificulta la llegada de mensajes claros y sin convertir el dolor en un espectáculo. Frente a la crispación y a la desinformación, el rigor y la humanidad importan, y muchos de estos divulgadores, así como otros que no están aquí porque la mesa sería enorme, han realizado un servicio público al informar sobre los teléfonos de emergencia habilitados esos días. Así que quiero dar las gracias a todos ellos y ellas por su labor.
También debo hacer un alegato en defensa del papel esencial que han jugado los servicios públicos en este accidente y de quienes han estado sobre el terreno. Hemos escuchado mucho eso de que solo el pueblo salva al pueblo, pero debemos afirmar que lo que realmente salva al pueblo son los derechos y los servicios públicos, y que no siga teniendo tantísima resonancia la desinformación.
Es necesario subrayar que muchas de nosotras que nos hemos trasladado desde Andalucía estos días lo hemos tenido que hacer en otros transportes. Quiero hacer un alegato en defensa del ferrocarril, el mejor medio de comunicación, aunque siempre harán falta más inversiones. Por supuesto, queremos que sea mejor. También quiero reconocer al Ministerio de Consumo, que estuvo vigilante para que ningún aprovechado sacara tajada en estas circunstancias. Agradezco a nuestro ministro Agustín Duy y a todo su equipo del Ministerio de Consumo.
Quiero que mandemos un aplauso a toda la gente que se dejó la piel en el accidente de Adamuz, a todos los servicios públicos y a todas las personas fallecidas.
Intentaré recomponerme un poco. Las situaciones son muy complejas, y vivimos un momento absolutamente complicado, desde lo más cotidiano, como es la crisis de vivienda, hasta lo más internacional, como el neofascismo que se está viviendo en Estados Unidos, tras las últimas víctimas de estos días por la nueva Gestapo que ejecuta a manifestantes, detiene a migrantes y los deporta a lugares que nos recuerdan demasiado a los campos de concentración nazis.
En todo este ruido de fondo constante, hay un colaborador necesario: el algoritmo que domina las redes sociales, que usa nuestros datos para vendernos cosas y para introducir ruido que nos lleva a la desinformación, porque es un plato de consumo rápido que apela a las tripas de la gente, no a la razón, que siempre requiere más estudio de los datos.
También debemos hablar de lo que está haciendo la inteligencia artificial; en Davos hemos visto cómo, sobre una fosa común que es Gaza, pretenden hacernos un resort. Denunciamos estas cuestiones, pero no todo es negativo en las redes sociales. Tenemos aquí a una, disculpadme el término bélico, guerrilla de compañeros y compañeras que se esfuerzan en su día a día por luchar contra la desinformación, uno de los grandes males de nuestra democracia.
Agradezco profundamente que hoy estén aquí en este ejercicio de generosidad y también a toda la gente que venís, porque estáis colaborando en amplificar todo.
Todos esos mensajes. Las redes también pueden ser espacios de participación, de creatividad, de comunidad y de resistencia. Tenemos que intentar que no sean el espacio de la mentira utilizada como herramienta política y de manipulación masiva. Hoy hemos conocido, de hecho, que Bruselas abre una investigación a X por las imágenes sexualizadas, y creo que debemos alegrarnos de que, en ocasiones, la Unión Europea responde, lo cual es algo que tenemos que cuidar.
Para nosotras, para el Partido Verde, este tema es vital. Hemos entendido que en este nuevo ciclo que iniciamos como Partido Verde, con la transición que hemos realizado de Verdes-Equo, no ha muerto Verdes-Equo, hemos hecho una transición. Creemos que la lucha contra la desinformación no puede quedarse en el logo; debe ir acompañada de actividades que fomenten la comunidad, y eso es lo que hoy estamos aquí haciendo.
Sabemos que nos lo jugamos todo en la próxima etapa. Esto parece que se dice cada vez, y termina pareciendo un eslogan vacío, pero de verdad que esta vez sí nos lo jugamos todo. Debemos observar el ejemplo de cómo están el resto de nuestros países vecinos en Europa o cómo está, sin ir más lejos, Estados Unidos. Por eso es tan importante este encuentro, para ponerle cara y voz a quienes realizan este trabajo imprescindible. Abordaremos temas clave, desde el feminismo hasta el cambio climático, desde los derechos LGTBI hasta la justicia social, desde la ciencia hasta la política internacional.
Hoy no venimos solo a escucharles, también venimos a reconocerles, a decirles que su trabajo importa, que tiene impacto y que es parte de la defensa cotidiana de la democracia frente a aquellos que quieren debilitarla a base de mentiras y bulos. Quiero agradecer a Juventud Verde y a G30 por la organización de este evento, que hemos realizado de manera colaborativa.
Sin entretenernos más, vamos a lo que hemos venido, que es a escucharles. Vamos a empezar por nuestro tema estrella, donde muchos piensan que solo nos ubicamos en el Partido Verde. Para nosotras, la defensa del medio ambiente es fundamental, ya que es la única casa en la que podemos vivir por ahora los seres humanos.
Como sabéis, los ecologistas odiamos el progreso; queremos que todos vuelvan a las cavernas, pero lo hacemos tuiteando desde un iPhone. Si esto fuera cierto, este evento sería ilegal por usar micrófonos. Así que, sin más, doy paso a Diego Ferraz, nuestro divulgador en redes. Tenéis en las papeles todos los arrobas para que podáis, quienes no lo conozcan, conocer su trabajo en redes, arroba ecodiucu.
Muchas gracias. Como decía, para romper el hielo, hablemos un poco sobre el calentamiento global y el deshielo, nunca mejor dicho. Comentabas el tema de Davos, y justo en Davos se presentó el informe de riesgos. Curiosamente, el primer riesgo, a los dos años, estaba relacionado con los conflictos geopolíticos, muchos de los cuales tienen que ver con la crisis climática y sus derivados, la transición energética, etcétera, así como la guerra por los recursos.
También se identifican otros riesgos relacionados con la desinformación y eventos meteorológicos extremos. Estos son grandes riesgos que identifica incluso el Foro Económico Mundial. No soy cómplice de defender al foro, pero es cierto que identifican muchos riesgos relacionados con el medio ambiente y el cambio climático, que son riesgos para la economía, para la sociedad y para el mundo en general, y que deben ser afrontados.
Mi idea era hacer un repaso de los bulos, ver cuáles son los más comunes, quién los propaga, por qué, y luego ofrecer unos mini consejos, si tenemos tiempo, para intentar solventarlos. Iba a hacer un repaso de la historia climática, pero creo que lo más fácil es ir viéndolos a medida que avancemos. Todos hemos escuchado los típicos bulos, como el de que siempre ha habido cambio climático, o que si en todos los veranos hace el mismo calor, ese calor de todos los veranos. Desde los años 60 y 70, justo después de las guerras, se desarrolló la tecnología y las ciencias. La paleoclimatología, que es la ciencia que estudia el clima pasado, nos permite reconstruir ese clima y saber que no es algo que haya sucedido de la misma manera. Aparte, también se decía que era por el sol, entre otros argumentos.
El Sol, que lo decía una persona, es la estrella que nos da energía, y nos proporciona no solo luz solar, sino también energía que podemos transformar en energía eléctrica. Vamos a hablar de energías renovables y de otros temas relacionados. En general, el negacionismo climático clásico siempre ha ido en contra de la ciencia, cuestionando principios básicos, como el impacto del CO2, que algunos afirman que no afecta o que es simplemente comida para las plantas. No voy a entrar en desmontar todos estos mitos, pero luego, en las preguntas, si alguien tiene alguna duda, lo resolveremos.
Quiero centrarme en otros tipos de negacionismos que han ido surgiendo recientemente. A este negacionismo clásico se le ha añadido el desprestigio a entidades como la AEMED en España o la NOAA en Estados Unidos. Esto está relacionado con un intento de desprestigiar y desacreditar las instituciones públicas que son portadoras de la ciencia.
Existen otros tipos de negacionismo, como el colapsismo, el greenwashing y el retardismo, así como el conspiracionismo. La situación es preocupante, ya que, a pesar de que supuestamente hay más información y la evidencia científica avanza, a nivel social existe una disparidad en la que el conspiracionismo sigue creciendo. Cada día escuchamos sobre la Agenda 2030 y cómo se argumenta que todo esto es para controlarnos, incluyendo teorías sobre confinamientos climáticos y las ciudades de 15 minutos.
También se difunden teorías absurdas, como las de los chemtrails, que sostienen que las fumigaciones de aviones son utilizadas para controlar el clima. Cuando ocurrió la DANA, me enfrenté a bulos que afirmaban que había sido provocada para favorecer a Marruecos, basándose en teorías complejas que a muy poca gente se le podrían ocurrir.
En cuanto a los incendios que hubo este año, se ha especulado que fueron provocados para recalificar terrenos o plantar fotovoltaicas. Yo soy de Galicia, concretamente de la zona de Ourense, que es una de las más afectadas por incendios en Europa y, a su vez, una de las más despobladas. Si esto fuese realmente un plan de recalificación, esa zona ya estaría gentrificada, y no es el caso. Es cierto que pueden existir casos puntuales de malas prácticas, pero no llegarían ni al 0,1%.
El colapsismo, por su parte, reconoce el problema de la crisis climática, pero niega las soluciones o su efectividad. El retardismo es un nuevo tipo de negacionismo que acepta la existencia del cambio climático antropogénico, pero argumenta que las soluciones no funcionan. Esto es un ataque directo a las soluciones, que suelen centrarse en energías renovables y en dietas basadas en plantas, cuestionando cualquier tipo de solución que no sea la tradicional.
Es importante analizar quién produce estas narrativas y con qué objetivos, ya que no surgen de la nada ni son simplemente para crear caos. Un ejemplo clásico de negacionismo es el que surgió con las petroleras Shell, Total y Exxon en los años 70, que ocultaron informes sobre el impacto de sus actividades en el cambio climático.
En la actualidad, las conspiraciones, como la desconfianza hacia la AEMET, son preocupantes. ¿A quién le interesa generar esta desconfianza? Un caso notable es lo que ocurrió en Estados Unidos bajo la administración de Trump, quien recortó fondos a la NOAA, la equivalente a la AEMET, cerrando departamentos y borrando información sobre cambio climático de diversas plataformas, incluida la EPA, la Agencia de Medio Ambiente.
Esta tendencia de desprestigio puede estar motivada por la intención de ciertos partidos de eliminar información científica, lo que podría considerarse una forma de censura climática. ¿Qué ha ocurrido? Se han negado visas a investigadores y científicas del ámbito climático, lo que refleja un intento de silenciar la voz de la ciencia climática.
Del otro, ¿no? ¿Y cómo se propagan? Creo que aquí es lo más interesante. El retardismo es simplemente retrasar la acción climática. El problema aquí viene de quién lo propaga. En el retardismo ya no estamos hablando de gente sin más; es gente formada con lobbies detrás, con dinero, de petroleras o de grupos filantrópicos de ultraderecha y ultraliberales de Europa y Estados Unidos, que se encargan de contrarrestar y crear información, básicamente en contra de las energías renovables, para generar desconfianza con este tipo de tecnologías y otro tipo de soluciones. Porque les interesa que no se mitigue, sino que se hagan otro tipo de acciones. ¿Cuáles? Las que ellos digan, claro, como siempre.
Y ahora, ¿cómo se propaga? Porque sí, tenemos todos los ingredientes, pero necesitamos que se difunda. Si yo aquí hago un bulo, pero no sale de aquí, realmente sería un bulo con unas patas muy cortas. La cuestión es que si la gente cree en bulos es porque tienen una fórmula que está muy adaptada para transmitirse e "infectarnos". No ha habido formación, primero para el uso de redes sociales; nadie se ha formado durante la adolescencia. Luego habrá gente que se dedique al tema de redes que sí tiene formación, pero a nivel de consumo, por supuesto, nadie se ha formado en cómo combatir la desinformación o cómo enfrentarse a ella.
Hay varias características de un bulo, porque no es cualquier información falsa; es una información que quiere ser escuchada y transmitida. Es muy importante tener eso en cuenta, porque suelen ser enunciados fáciles de recordar, siempre presentan un bueno y un malo, y siempre hay un yo contra los otros. Son bulos emocionales y no racionales, suelen apelar a la rabia, la ira, el asco e incluso al miedo, porque estas son emociones que movilizan y generan engagement. No suelen ser datos racionales. En los bulos climáticos, casi todos se reducen al "cherry picking", que es citar pequeños estudios que pueden estar sacados de contexto o cuya metodología es deficiente. Puede haber un estudio que diga X, pero un estudio que diga X no significa que X sea verdad; es la evidencia o los metaanálisis, es decir, la acumulación de evidencias, lo que va a determinar si X es o no es y en qué porcentaje.
También se basan en anécdotas y experiencias personales. Es mucho lo de "no, es que yo en este verano en mi pueblo hizo menos calor que el año pasado". Bueno, eso no es representativo de la totalidad, ni del Estado español, ni de la Unión Europea, ni del mundo. Y luego, las citas siempre son muy buenas; no es que un artículo de periódico de 1947 en su portada llevara el 2 de febrero. No, la verdad es que no estamos hablando de eso.
Sobre todo, ¿por qué se propagan? Hay algo curioso: los bulos tienen la ventaja de que no tienen por qué ser verdad. Hacer un bulo es mucho más fácil y lleva mucho menos tiempo rebatirlo que el contrabulo, o más bien, que la verificación. Además, tenemos las aliadas, que son las redes sociales y sus algoritmos, que son empresas que viven de tener a la gente en las redes sociales. Van a hacer lo máximo posible para que tú te enganches. Las redes sociales están enfocadas a compartir; el botón más grande de una foto en Instagram es el de compartir, no el de verificar. No existe ese botón.
En estos últimos segundos, consejos: seguir fuentes oficiales, contrastar diferentes fuentes oficiales, no quedarse solo en una, sino contrastar. Distinguir entre gurú y adepto, y decidir si me tengo que esforzar en responder a alguien o irme a la persona o entidad que ha generado ese bulo. Lo ideal sería implementar dos cosas: la alfabetización climática y mediática, es decir, antes de que surja el bulo, porque, como decimos, una vez que sale es muy difícil y solo vas a ir por detrás. Mejor prevenir que curar.
Muchas gracias. Y yo que decidí ponerme a improvisar, se me olvidó que teníamos que reproducir el vídeo de Vero Martínez, portavoz del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, que no ha podido estar aquí y nos manda este saludo.
Hola, buenas tardes. En primer lugar, me gustaría agradecer a las compañeras de Verde Seco la organización de estas necesarias jornadas y por invitarme a su inauguración. Por cuestiones de agenda y conciliación no puedo participar presencialmente, pero quería mandaros este saludo, desearos que salgan muchos aprendizajes de ellas y compartir con vosotras un par de ideas y reflexiones sobre el tema de estas jornadas: el desmontaje de bulos desde las propias redes.
Como todas las que estamos aquí sabemos, hace ya mucho tiempo que asistimos a la profundización y agravamiento del fenómeno de los bulos, las fake news o la realidad alternativa. Un fenómeno que no solo se ha visto amplificado por las redes sociales, sino que es la base del negocio y objetivo político de los propietarios de algunas de ellas, como es evidente en el caso de X y su propietario, Elon Musk. Los bulos, las mentiras interesadas o las manipulaciones de la realidad han existido siempre y han sido utilizadas con fines políticos, como sembrar el miedo y el caos, criminalizar y perseguir a determinadas poblaciones o justificar invasiones y guerras.
Tal vez algunas de las diferencias con otros momentos de la historia sean fundamentalmente dos: la capacidad exponencial tanto de su creación como de su difusión, gracias a herramientas como la inteligencia artificial, los deepfakes o las redes sociales, y que su creación y uso no es puntual, sino que se trata de algo sistemático, de una forma de hacer política, la de la ultraderecha, pero también, al menos en España, la de la derecha. Una estrategia que responde, por un lado, a lo que Umberto Eco llamó la máquina del fango, cuyo objetivo es difamar y mentir, que algo queda. Y por otro, lo que el ideólogo ultraderechista Steve Bannon definió de manera bastante menos elegante como inundar la zona de mierda, generar ruido y confusión, y todo ello para sembrar desesperanza, miedo y ansiedad.
Esto nos lleva a pensar que la política, el Estado, las instituciones, la justicia o la democracia misma no sirven. Se nos hace creer que hay enemigos por todas partes y que esto va de soluciones individuales, de un sálvese quien pueda, a costa de quien sea, sin alternativa colectiva ni horizonte común. Y sobre todo, se busca llevarnos a creer que la única solución posible es la del autoritarismo, la de la tecnocracia, convirtiendo los derechos de todos y todas en el negocio de unos pocos.
Frente a este panorama sombrío y angustiante, no podemos darnos por vencidas. No podemos caer en el fatalismo, sino que debemos ser capaces de pensar y construir conjuntamente alternativas. Y justo para eso estamos hoy aquí. Espero que estas jornadas nos ayuden a dar un paso más para construir unas redes sociales al servicio de proyectos progresistas, transformadores, feministas y antirracistas.
Muchísimas gracias a todas las personas que vais a asistir a esta jornada, por las ansiadas aportaciones. Ahora, retomamos la mesa y damos paso a Cintia Palomino, @afroféminas, quien es periodista e investigadora social.
Quiero recordar que en la actualidad se intenta reescribir la historia, donde ahora todo es racismo y se dice que ya no se puede decir nada. Es curioso que quienes afirman que no se puede hablar sean aquellos que nunca se callan. Lo importante no es hablar con las tripas, sino con datos y con realidad. Así que, sin más, dejo la palabra a Cintia Palomino.
Muchísimas gracias a todas vosotras por estar aquí, por acercaros y por esta invitación. Debo reconocer que me siento un poco fuera de lugar. Mirad a vuestro alrededor y preguntaros cuántas son las personas no blancas que hay en este espacio. Esto sustenta, sin duda, uno de esos primeros bulos que nos dicen que las personas no blancas, que las personas negras, somos recién llegadas, que llevamos aquí muy poco tiempo y por eso no estamos en espacios de reconocimiento social ni en espacios de poder.
Cuando hablo de espacios de poder, me refiero a aquellos relacionados con la educación y la política, donde se pueden realizar medidas para generar cambios en esta sociedad. Así que permitidme recordar que existe una idea muy extendida, pero totalmente falsa. Si queremos negar la diversidad dentro de esta sociedad, dentro de España, tendríamos que empezar por borrar la Alhambra, que trae consigo una historia de diversidad y de relaciones multiculturales.
Ciudad española. Además, es que nosotras no llegamos hace poco; nos trajeron hace muchísimos años, con los procesos de la colonización y la trata transatlántica. No somos muy pocas. Estamos hablando de que no llegamos aquí con las migraciones de los años 60 o 70, sino que llevamos aquí muchísimos más años. Tenemos registros a partir de 1500 de la presencia de personas negras en España. Hablar de diversidad en España no es referirse solo a las migraciones de esas décadas, sino reconocer que España tiene una relación directa con personas no blancas desde hace siglos. Por ejemplo, en 1503 hubo una persona esclava comprada en el Ayuntamiento de Lugo, que se trasladó de una ciudad a otra porque era clarinero. La relación de las personas con diversidad étnico-racial en España no es algo reciente; negar esto es negar la historia y la diversidad existente.
Es importante recordar que tenemos más de cuatro generaciones en Lugo, en Burela, de personas afrodescendientes que ya nacieron allí. No llegaron porque les pareciera un destino interesante, sino porque tenían trabajo en el mar, como marineros. Esto nos lleva a otro bulo: el de que venimos a robar el trabajo. Resulta que normalmente nos aceptan dentro de esta sociedad siempre que seamos rentabilizadas. Si no, no nos vale. El siguiente bulo, que se une a la idea de que somos pocas o no estamos representadas en ciertos espacios de poder, es que las pocas que llegamos, llegamos a quitar el trabajo a las personas españolas. Y yo me pregunto, ¿cuáles trabajos? ¿Los de manteros perseguidos y criminalizados por el Estado? ¿De las temporeras que trabajan en invernaderos a altas temperaturas, más de doce horas? ¿De trabajadoras del hogar y de los cuidados que sostienen esta sociedad con sus hombros, que están limpiando en nuestras casas, muchas de ellas sin contrato y siendo en su mayoría personas migrantes?
Esos son los trabajos que se dice que estamos robando. Deberíamos apuntar no al problema de quién está quitando el trabajo, sino a cómo se organiza el trabajo en esta sociedad capitalista y neoliberal, que crea un enemigo interno constantemente. En este caso, son las personas migradas y no blancas, pero esto puede aplicarse a cualquier otro grupo, como las personas trans. Se crea un enemigo para desviar la atención de cuestiones tan importantes como el acceso a una vivienda digna o la privatización constante de las universidades, que reduce los recursos para crear más universidades públicas.
Quiero dejar constancia de que estoy en contra de la mercantilización de las personas migradas, que tanto utilizan los partidos políticos para justificar nuestra presencia en esta sociedad. Los discursos donde las personas migradas son aceptadas solo si son útiles al sistema capitalista son problemáticos. A veces, es necesario hablar en ese mismo lenguaje para intentar desmontar los bulos que constantemente vemos en los medios de comunicación. La migración no desplaza el empleo local; es, en realidad, imprescindible.
La narrativa de que los inmigrantes nos quitan el trabajo en esta sociedad se basa, sin duda, en percepciones y no en datos. A continuación, me refiero al siguiente bulo: que los inmigrantes nos invaden o que Europa soporta supuestamente el mayor peso de la migración. Según la Organización Internacional de Migraciones, en 2020 había 281 millones de migrantes en el mundo. ¡281 millones! Vaya cifra, ¿no? Es la que utilizan los medios de comunicación. Pero, si nos fijamos en los porcentajes, eso representa un 3.6% de la población mundial. Esto significa que más del 96% de las personas migrantes internacionales viven, crecen y mueren en su país de origen. Sin embargo, se nos dice que nos están invadiendo, que están rompiendo las fronteras, y que España podría dejar de ser blanca, convirtiéndose en una sociedad diversa.
Además, existe el bulo de que Europa recibe la mayor migración, que siempre llega en grandes cantidades porque, claro, Europa es el jardín del mundo. Pero esto no es cierto. Hay datos que demuestran que las personas migrantes, en primer lugar, se mueven dentro de sus propios países y, posteriormente, hacia los países más cercanos, es decir, dentro de su propio continente. Por ejemplo, en la reciente crisis venezolana, de los casi 8 millones de personas desplazadas, más de 4 millones se encuentran entre Colombia y Perú. Se dice que España no puede soportar tantos venezolanos, pero Latinoamérica sí lo puede hacer. Quizás simplemente no se están creando las condiciones necesarias en nuestra sociedad para que estas personas puedan llegar aquí.
Es importante señalar que, cuando se habla de migración, a menudo se hace referencia a la idea de que esta aumenta la delincuencia. De manera resumida, el 74% de los delitos son cometidos por personas con nacionalidad española, mientras que el 26% restante, que se utiliza para crear bulos, está relacionado con personas extranjeras. Esto no implica que sean migrantes o personas en situación irregular, sino que pueden ser mafias de otras nacionalidades que llegan aquí a cometer delitos. Por lo tanto, las personas migrantes no vienen a quitarnos el trabajo ni a delinquir. Lo que realmente está relacionado con la delincuencia es la pobreza, la exclusión social, la precariedad laboral y la falta de oportunidades. No es una cuestión de origen, sino de desigualdad social, en el contexto de un sistema capitalista neoliberal que busca utilizar los cuerpos de las personas no blancas.
Finalmente, toda la legislación, incluida la ley de migración, sigue promoviendo estas dinámicas. Hablar de racismo sin abordar la desinformación sería una forma de autoengaño.
Porque el racismo en la actualidad ya no se sostiene sobre la idea biologicista o sobre discursos explícitamente supremacistas, sino que se sustenta en relatos falsos, medias verdades, fake news y cifras manipuladas. Este fenómeno se presenta como una preocupación legítima, donde todos sabemos que las personas migrantes son objeto de estos relatos. En la era de la posverdad, el racismo no necesita leyes explícitas de segregación para manifestarse; basta con historias falsas repetidas una y otra vez, como comentaba el compañero, que no requieren un contexto o una investigación detrás. Los bulos racistas no son simples errores ni comentarios; son relatos funcionales que sostienen las desigualdades de un sistema que jerarquiza los cuerpos bajo una lógica étnico-racial.
Desmontar estos relatos no exige solo datos, sino que requiere políticas que fomenten un pensamiento crítico entre la ciudadanía, así como una mirada a la memoria histórica, que no es exclusivamente blanca ni eurocéntrica, y una ética del reconocimiento y la reparación material. Con esto, os invito a visitar la página web "A Coruña Entre Memorias", una investigación que realicé en A Coruña junto con Cristina Botana, que aborda la memoria transatlántica. Muchas gracias.
A continuación, el siguiente ponente es Iago Álvarez, conocido en redes como @economiacabreada, quien ha hablado sobre desigualdad, impuestos y economía en general. Es evidente que la justicia fiscal se presenta como que te quiten el sueldo entero mientras otros viven de subvenciones. Curiosamente, quienes más repiten esto son los que menos contribuyen, comenzando por las grandes empresas, que pagan mucho menos que el ciudadano medio. Así que os dejo con Iago Álvarez para que nos hable de economía sin cuentos.
Muchas gracias a todos y a todas por venir en este día lluvioso y a la organización por invitarme. Es un placer estar aquí entre gente tan joven y capaz. Intentaré resumir todo lo que tengo que contar, incluyendo algunos bulos, consejos y reflexiones sobre por qué nos engañan.
Lo primero que quiero señalar es que la economía es un área donde se puede engañar sin mentir. Las cifras juegan a favor de quienes intentan manipular la información. A menudo, esto se debe a un desconocimiento de la economía, de las cifras y de los contextos, así como de la estadística y la matemática, lo cual es comprensible, ya que no todos somos matemáticos. Esto facilita el engaño.
Existen bulos y mentiras, así como el fenómeno del cherry picking, que consiste en seleccionar un dato y presentarlo como norma. Una de las claves de la manipulación en los medios económicos es que pueden presentar una verdad y, aun así, generar una sensación contraria. Esto ocurre porque la economía es ideología y la ideología es economía; la economía es política y la política es economía.
Seguramente habéis escuchado que si alguien dice que no es ni de izquierdas ni de derechas, es de derechas. Del mismo modo, si alguien afirma que la economía no es política, es neoliberal, siempre. Es una regla fundamental que debéis tener clara. Si alguien dice que hay que dejar a los economistas al margen, es un neoliberal que busca aplicar una economía neoliberal, que es ideología pura.
Antes, algunos compañeros me preguntaron cuál era el bulo de economía más relevante que había escuchado.