Bona tarda. Donem inici a la sessió del dia d'avui de la Comissió d'Estudi per a l'elaboració d'un pacte nacional contra l'antigitanisme i per a la inclusió del poble gitano. Tindrem dues parts en la sessió d'avui i un primer torn de compareixences en el qual tindrem, en primer lloc, al compareixent Ismael Cortés, investigador del Centre d'Estudis sobre l'Antigitanisme de la Universitat de Heidelberg. Després, tindrem a la senyora Mercedes Gómez, representant de l'Associació Sociocultural La Xó Vallcalí, i en tercer lloc, el senyor Manuel Heredia, president de l'Associació Gitana de Sabadell, per tal de compareixer en relació al motiu d'aquesta comissió d'estudi. Tindran un temps inicial de 15 minuts; després, com hem fet en altres ocasions, el temps serà pels grups parlamentaris d'uns 3-5 minuts màxim, i després hi haurà un torn de rèplica d'uns 7 minuts final per als compareixents. A nivell del temps, tenim un mecanisme que sonarà com una alarma quan complim els 15 minuts, i això no vol dir que en aquell moment s'hagi d'aturar de parlar exactament, però suposarà que ja hem d'anar pensant en acabar. D'acord, doncs, moltes gràcies. Té la paraula el senyor Ismael Cortés, i moltes gràcies per les vostres compareixences en el dia d'avui.
Buenas tardes, señoras y señores diputados, buenas tardes, presidente de la comisión, y buena tarda a tots els compareixents. Permítame comenzar expresando mi agradecimiento por esta convocatoria y por la creación de esta comisión de estudio para combatir el antigitanismo, que no solo representa un ejercicio de responsabilidad democrática, sino también un acto de reconocimiento institucional hacia una realidad histórica largamente ignorada. El simple hecho de que hoy estemos aquí, en la sede de la soberanía popular de Cataluña, hablando de antigitanismo como un problema estructural que merece análisis, diagnóstico y propuestas, es ya un paso significativo. Comparecer ante este Parlamento es únicamente un honor; es, ante todo, una enorme responsabilidad, una responsabilitat per la veritat històrica, per la justícia social i, sobretot, per al poble gitano. El poble gitano de Catalunya i el poble gitano de tota Europa. Concretament, en el que respecta a la península ibèrica, es compleixen precisament més de sis segles de presència en aquest territori: seiscents un anys de la llegada documentada del poble gitano, un esdeveniment que marca l'inici d'una convivència prolongada, complexa i atravessada per la desigualtat. Sis segles de presència ininterrompuda que, tanmateix, han estat travessats per la persecució, la negació de drets i l'estigmatització.
Violencia estructural y, en ocasiones, formas brutales de violencia institucional. Hablar de los seiscientos años de presencia gitana en la península, particularmente en el territorio histórico y nacional de Cataluña, no es únicamente conmemorar una efeméride, es confrontar una realidad histórica clavada en el corazón del presente. Porque estos seis siglos no han estado marcados por el reconocimiento pleno, sino por una sucesión de políticas de control, de asimilación forzosa, de exclusión, de vigilancia y de castigo. Aun así, y pese a todo, las comunidades gitanas han resistido, han sobrevivido y han contribuido de manera decisiva a la cultura, a la economía y a la vida social de este país.
Para poder combatir el antigitanismo, es imprescindible definirlo con claridad. El antigitanismo no es simplemente un prejuicio ni la suma de estereotipos negativos. Es un sistema de construcción de la diferencia, una configuración social que produce y reproduce percepciones, actitudes y conductas basadas en la inferiorización, en el miedo y en el rechazo hacia las personas gitanas. Este sistema social, que tiene un componente cognitivo y simbólico, genera un modelo de pensamiento y un repertorio conductual en el que se atribuye a todo un pueblo características negativas, características inferiores, características en definitiva deshumanizantes que justifican y legitiman prácticas de discriminación, de exclusión, de segregación y de violencia.
El antigitanismo se traduce socialmente en desigualdades materiales muy concretas, como el acceso a la vivienda, al empleo, a la educación, a la salud y a la participación política, cultural y mediática. En sus formas más extremas, el antigitanismo da lugar a violencia verbal y, en no pocas ocasiones, a violencia física. No es solamente el resultado de un proceso social, sino también de un proceso histórico y de un proceso institucional. En la península ibérica, este fenómeno está documentado desde el siglo XV, con la consolidación del poder nacional católico y la creación de la Inquisición, que dieron inicio a procesos sistemáticos de vigilancia, persecución y castigo contra las comunidades gitanas.
En 1499, se promulga la primera pragmática antigitana, firmada por los Reyes Católicos en Madrid y redactada por el inquisidor y confesor real, el Cardenal Cisneros. Esta pragmática inaugura una serie de casi trescientas disposiciones legales antigitanas aplicadas en todos los territorios de la corona, que regulaban desde la forma de vestir hasta la forma de moverse, la lengua, los oficios y la vida familiar de las personas gitanas. Estas políticas alcanzaron su punto más brutal y violento en la Gran Redada de 1749, uno de los episodios más graves de persecución contra el pueblo gitano en toda Europa. La Gran Redada fue el resultado de un proyecto de exterminio que se había fraguado durante décadas, mediante el confinamiento previo de comunidades gitanas en asentamientos controlados y la prohibición de su libre circulación.
Sus efectos se dejaron sentir en todo el territorio peninsular, desde Cádiz, Málaga, Alicante, Madrid, Zaragoza, y también aquí, en la ciudad que hoy nos acoge, en Barcelona. En esta ciudad, el convento de San Agustín Viejo fue utilizado como lugar de reclusión de más de doscientas mujeres gitanas durante dieciséis años, un espacio que simboliza el intento de destrucción comunitaria, física y cultural del pueblo gitano. La persecución contra el pueblo gitano no terminó con la monarquía absolutista. Durante los períodos liberales y republicanos, las comunidades gitanas siguieron viendo negados derechos fundamentales, como la libertad de movimiento o el ejercicio de su cultura, de su lengua y de sus oficios tradicionales. Posteriormente, durante los reinados de Isabel II y de Alfonso XII, se prohibieron explícitamente formas de vida y de oficios tradicionales gitanos, criminalizando a los grupos gitanos itinerantes y equiparándolos a...
Criminales. Este proceso de criminalización sentó las bases de una imagen socialmente profundamente negativa que aún hoy persiste en el imaginario colectivo y en determinados discursos políticos y mediáticos. Baste recordar la conocida ley de Vagos y Maleantes, asociada al contexto político de Victoria Kent, una republicana, directora general de Prisiones durante los primeros años de la Segunda República, quien impulsó una reforma penitenciaria que dio lugar a esta ley, que después fue reformulada y promovida durante el franquismo en 1943, y sustituida por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social en los años setenta, que no fue derogada hasta 1995 en pleno régimen democrático.
En Cataluña, y muy especialmente en Barcelona, el antigitanismo se ha materializado históricamente en procesos de segregación urbana, marginalidad y pobreza. Barrios históricos de esta ciudad, culturalmente arraigados en el imaginario colectivo, como La Perona, Montjuïc, el Somorrostro o el Campo de la Bota, fueron espacios de barracas donde las familias gitanas vivieron durante siglos en condiciones de extrema precariedad. Durante el tardo franquismo, e incluso ya en democracia, recordemos el contexto de la Olimpiada; estos asentamientos fueron desmantelados durante violentos procesos de realojo, que lejos de garantizar la plena inclusión, dieron lugar a nuevas urbanizaciones segregadas. Estas situaciones se han cronificado, generando chabolismo vertical y nuevas formas de segregación, pobreza y exclusión, que hoy siguen estando profundamente estigmatizadas y, en ocasiones, abandonadas institucionalmente.
Todo este proceso histórico tiene un impacto directo y palpable en las condiciones de vida actuales de las comunidades gitanas. Se manifiestan desigualdades estructurales en el ámbito de la renta familiar, el patrimonio, los niveles educativos, la vivienda y el empleo. A ello se suma un ostracismo mediático y político persistente. Las voces gitanas no solamente son silenciadas, en muchas ocasiones son suplantadas; se habla sobre las comunidades gitanas sin que ellas estén presentes, desde miradas denigratorias y manipuladoras que generan miedo y rechazo social, justificando así la exclusión y la discriminación sistémica y estructural que padecen.
Sin embargo, pese a seis siglos de persecución, negación de la identidad, intentos de exterminio cultural y físico, y exclusión sistemática, las comunidades gitanas han sobrevivido y han resistido como un pueblo, tanto en Cataluña como en el resto de las naciones de Europa. Esta supervivencia no es casual, es el resultado de una enorme capacidad cultural de resistencia y de resiliencia comunitaria, de redes familiares sólidas allí donde fallaba el Estado, y de una cultura viva que se ha transmitido generación tras generación, a pesar de todas las dificultades.
Hoy, con esta comisión, tenemos la capacidad y la obligación de hacer frente a esta realidad hostil que afecta a los derechos humanos de todo un pueblo, el pueblo gitano. No podemos negar el diagnóstico, porque basta con visitar cualquiera de los barrios segregados que existen en Cataluña para comprobar y palpar la precariedad en la que muchas personas y comunidades gitanas viven en su día a día. Barcelona, como capital de esta nación histórica, Cataluña, debe ser parte central de la solución, tanto por su capacidad política como por su capacidad de atracción económica. No olvidemos que núcleos como La Mina, Sant Roc o Sant Cosme tienen su origen en procesos de realojo o desalojo de población gitana desplazada desde los antiguos barrios gitanos de Barcelona, espacios que fueron retratados por artistas e intelectuales catalanes como lugares de mestizaje cultural entre la cultura popular catalana y la cultura gitana.
Permítanme, señorías, concluir con diez propuestas concretas para combatir el antigitanismo. En primer lugar, creo que es imprescindible establecer un plan de empleo específico con acompañamiento y lucha contra la discriminación en el acceso al mercado laboral.
La administración pública y los sindicatos son fundamentales en la lucha contra el antigitanismo. En segundo lugar, es esencial implementar políticas de vivienda digna, combinando la rehabilitación de barrios segregados para mejorar las condiciones de vida y evitar la marginalidad, así como ofrecer opciones residenciales en barrios no segregados.
En tercer lugar, debemos promover la participación política e institucional efectiva del pueblo gitano, incorporando profesionales gitanos y gitanas en órganos consultivos y de decisión, así como en los partidos políticos, dado que estos son los órganos de representación democrática de la voluntad popular. En cuarto lugar, es crucial incluir en los sistemas de investigación social y cultural a profesionales gitanos y gitanas que puedan aportar un diagnóstico adecuado y una prognosis en la actuación.
En quinto lugar, el acceso a la administración pública debe facilitarse mediante programas de capacitación y acción positiva. En sexto lugar, la educación es el camino hacia el futuro para las comunidades gitanas, siguiendo modelos internacionales exitosos, como los desarrollados en Estados Unidos en los años 80 y 90. Llevamos más de 40 años de retraso en comparación con otros países que han aplicado medidas de acción positiva para las minorías.
En séptimo lugar, es necesaria una presencia mediática normalizada que combata prejuicios y estereotipos, así como que luche contra los discursos de odio, especialmente en las redes sociales y en la esfera digital. En octavo lugar, debemos construir espacios de ciudadanía compartida para evitar la fragmentación social y cultural, utilizando herramientas del arte, la cultura, la acción cívica y programas comunitarios interculturales.
En noveno lugar, es fundamental introducir la historia y la cultura gitana en el currículum educativo obligatorio, tal como está recogido en la LOMLOE, la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación, que se aprobó en la XIV legislatura y que tiene como objetivo reforzar la educación inclusiva, promover la equidad, garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la segregación escolar. Esta ley contiene una disposición adicional que debe desarrollarse en un real decreto para hacer obligatoria la inclusión de la historia y cultura del pueblo gitano en los currículos educativos. Sin embargo, a día de hoy, esto no ha sido implementado por ninguna de las comunidades autónomas, incluida Cataluña, que debería ser pionera en este aspecto.
Por último, y considero que esto es lo más importante, es necesario desarrollar programáticamente el artículo 47 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, que reconoce explícitamente al pueblo gitano y garantiza la protección de su identidad. Este artículo establece que los poderes públicos de Cataluña deben reconocer, respetar y promover la identidad del pueblo gitano, así como salvaguardar su realidad histórica, cultural, social y lingüística como parte integrante de la sociedad catalana. Este reconocimiento no es meramente simbólico, sino que representa un avance institucional pionero orientado a combatir la discriminación histórica y a fomentar la igualdad real y la inclusión social del pueblo gitano en la nación catalana.
Muchas gracias por su atención, y quedo a disposición para sus preguntas, en caso de que las hubiere.
Un político brillante, y sabe mucho de leyes y del pueblo gitano porque es gitano. Hoy no hablo únicamente desde mis vivencias personales, sino que actúo como altavoz de muchas personas de mi comunidad. La labor que desempeño en la Asociación Gitana Lachó Bají Calí en L'Hospitalet de Llobregat nos permite recibir de manera constante testimonios de situaciones de antigitanismo y desigualdad que se producen en todos los ámbitos de la sociedad.
El antigitanismo que enfrentamos es tan profundo que ni lo imagináis. Por ello, creo firmemente en la necesidad de un Pacto Nacional de Estado contra el antigitanismo y en la inclusión real del pueblo gitano. Los testimonios que nos llegan no son casos aislados ni puntuales; son la expresión de una realidad estructural que sigue condicionando nuestras vidas, ya que el racismo afecta profundamente la vida del gitano.
El antigitanismo sigue siendo, a día de hoy, una de las formas de racismo más normalizadas y menos visibilizadas, especialmente en lo que respecta al pueblo gitano. Muchas veces, no se reconoce como tal y se minimiza. Nosotros mismos vamos a los lugares y sabemos que lo que nos están haciendo es racismo, pero lo minimizamos, como si ya estuviéramos acostumbrados. Por ejemplo, si vas a pedir el padrón y te preguntan "¿para qué lo quieres?", al final acabas desistiendo y buscando a otra persona que no sea tan quisquillosa. Esto ocurre simplemente porque ya te han visto como gitano, y minimizamos esas experiencias.
Estas situaciones no surgen de la nada; tienen raíces históricas muy profundas. Durante siglos, el rechazo, la persecución y la exclusión del pueblo gitano fueron prácticas legales, amparadas por normas que legitimaban la violencia y la negación de nuestros derechos. En la actualidad, seguimos enfrentando la misma realidad. Las leyes que normalizaron la exclusión han marcado profundamente la relación entre la sociedad y el pueblo gitano, que es la que tenemos ahora.
Es cierto que hoy no existen leyes específicamente antigitanas, pero la discriminación persiste. Afecta nuestro acceso a la educación, al empleo, a la vivienda y a la participación social. Aunque existen leyes contra el racismo, no siempre se aplican cuando las víctimas somos gitanas. Muchas veces, ni siquiera se reconoce la gravedad de la situación. Por ejemplo, cuando vas a un trabajo y pones tu nombre, ya anticipas que te irá mal. O al intentar alquilar un piso, entregas tu nómina y todos los documentos, pero sabes que no te llamarán.
Es una pena que estemos tan acostumbrados a estas dinámicas. La relación que ha quedado entre la sociedad y el gitano de a pie es compleja; a menudo, venimos contentos de haber sido tratados bien, pero eso no es la norma. Necesitamos un cambio real y urgente.
No significa que la violencia y la exclusión hayan desaparecido. Ya no se manifiestan, en la mayoría de los casos, mediante agresiones físicas. Pero, como en siglos pasados, como ha contado Ismael, también con la Gran Redada y con castigos públicos por hablar la lengua romaní, que por eso ha desaparecido. Sin embargo, sí siguen presentes en otras formas, en discursos y en prácticas institucionales.
Cuando tú vas a pedir cambiarte del colegio y tienes a la niña de diez años, te dicen: "¿Pero es la primera vez que va al colegio?" Eso te deja en una situación en la que, si hay una cola, te sientes mal; deshumaniza. Esos comportamientos cotidianos que niegan nuestra dignidad son muy dañinos. Te quedas así, sin entender por qué no puedes cambiar a la niña de colegio solo porque te has mudado de barrio.
En este contexto, muchas veces se producen procesos de autoexclusión, fruto del cansancio, del miedo o de la falta de confianza en las instituciones. Nosotros mismos, como dicen, están marginados, viven sus vidas y llevan sus cosas a su manera, pero a veces la falta de confianza en las instituciones o en la gente de la sociedad mayoritaria es abrumadora.
Por ejemplo, hay una muchacha que ha pedido unos días para casarse. Cuando ella arregló los papeles, le dijeron que estaba despedida. Preguntó: "¿Por qué?" Y le respondieron que porque se había portado mal. Ella dijo: "¿Qué he hecho si llevo aquí dos años?" Al final, una compañera le comentó que la habían despedido porque se iba a casar y, como es gitana, seguramente tendría hijos y faltaría mucho al trabajo. Me lo contó y le dije: "Vamos a la UGT, que hay gitanos trabajando allí." Pero esa confianza no es la misma si vas a otro lugar donde no hay gitanos.
Cuando le conté que le habían echado, le pregunté si estaba segura de que era por ser gitana. Ella me respondió que sí, porque se lo había dicho una compañera. Pero, al final, no quiso ir porque le daba vergüenza. Es que, cuando nos pasan cosas así, nos da vergüenza de explicarlo. Muchas veces, cuando voy con gente, no te tratan bien, se ríen, incluso en las mismas instituciones donde acudes.
Después de más de seis siglos de estas prácticas, eso ha quedado. Ya no hay esas leyes, no existen, pero como llevan tanto tiempo con esas prácticas de maltrato, lo que ha quedado en el imaginario colectivo es que la palabra "gitano" es sinónimo de algo negativo. Y algo negativo no se quiere. Se genera rechazo, aunque no te conozcan. Este antigitanismo está profundamente enquistado en la sociedad.
En la actualidad, a veces dices "gitano" y la gente responde: "Ay, sí, gitano hoy." Pero no, gitano es un pueblo, es una cultura. Somos un pueblo con una identidad colectiva propia, construida y preservada a lo largo de los siglos. Nuestra identidad ha sido nuestra principal forma de resistencia frente a las políticas de persecución y los intentos de asimilación forzosa. Cada estigmatización y cada persecución han fracasado porque nos negamos a desaparecer como pueblo.
Nuestra existencia es memoria, es la memoria que llevamos aquí, porque no está escrita, y lo que hay escrito no lo escribieron los gitanos. Está presente en nuestras formas de hablar, en nuestra manera de expresarnos y en cómo reaccionamos cuando nos enfadamos. Esa memoria la llevamos grabada en los genes. Como no se ha podido escribir, no se ha podido hacer nada, por lo que, como luchadores que somos, hemos decidido: ¿dónde lo ponemos para que no se borre? En nuestro cuerpo, en nuestras formas de luchar, de hablar y de seguir adelante. De hecho, somos los supervivientes de lo que los Reyes Católicos y sus descendientes no pudieron eliminar, y aquí estamos, y aquí seguimos.
Nuestra identidad ha sido nuestra principal forma de resistencia frente a las políticas de persecución y a los intentos de asimilación forzosa. Cada estigmatización y cada persecución han fracasado porque nos hemos negado a desaparecer como pueblo. Nuestra existencia es dignidad y también un desafío frente a siglos de violencia institucional. No somos un problema social; somos parte de la historia de este país. Por eso, es fundamental reconocer el nivel de antigitanismo que existe, ya que el antigitanismo es el mal del pueblo gitano. Si no hubiera tanto racismo, los gitanos tendríamos otras oportunidades y podríamos acceder a los mismos cauces que el resto de las personas.
Por ello, pedimos leyes específicas que combatan el antigitanismo, porque al buscar empleo, los jóvenes mismos lo dicen: "hay diez, no me van a coger". El problema del gitano, además de ser parte de la sociedad, es el racismo que enfrentamos, que no nos da vida, ni lugar, ni la posibilidad de decir "aquí hago esto". Es muy difícil ser gitano. A pesar de ello, estamos orgullosos de serlo, pero es un desafío constante.
Reconocer el antigitanismo que existe es el primer paso imprescindible para combatirlo. Negarlo o minimizarlo no lo hace desaparecer; al contrario, perpetúa una desigualdad incompatible con los valores de la democracia y con los derechos humanos. Quiero aprovechar este espacio para trasladar las voces de aquellos que trabajan en la asociación y nos comparten sus experiencias. Es lamentable que el único problema que enfrentan sea ser gitanos, y a pesar de estar orgullosos de nuestra identidad, el verdadero problema es el racismo que sufrimos.
Es necesario que las políticas públicas reconozcan nuestra dignidad, nuestra identidad y nuestra contribución a la sociedad. Nuestra gitanidad no es un obstáculo; es una riqueza que necesita ser escuchada, respetada y valorada. Me sumo a lo que ha dicho Ismael, porque me ha encantado todo lo que ha expresado y lo que ha solicitado. También quiero seguir pidiendo que se concreten medidas que incluyan leyes, ya que nuestra vida ha estado condicionada por leyes, y si logramos leyes para el pueblo gitano, también alcanzaremos el bienestar.
Por lo tanto, exijo leyes y planes que cuenten con dotación económica, porque sin recursos no se puede avanzar. Es fundamental que haya una dotación presupuestaria suficiente y que estas medidas tengan carácter vinculante. La lucha contra el antigitanismo no puede depender de la voluntad de los políticos de turno; debe ser un compromiso firme.
En primer lugar, es imprescindible garantizar que las situaciones de racismo y antigitanismo no queden impunes. Quiero que se les castigue, porque si no, es como si fuera gratis meterse con los gitanos, no pasa nada. Para ello, deben existir mecanismos de denuncia accesibles, seguros y eficaces, que no nos pase como a nosotras, que cuando vamos, se ríen de nosotras. La policía se ríe de nosotros y no nos cree. Por tanto, es necesario que haya sistemas de denuncia que generen confianza y aseguren que estas conductas tengan consecuencias proporcionales, incluidas sanciones administrativas cuando correspondan, igual que hay sanciones para todo, también para esto.
El antigitanismo es una forma específica de racismo, con raíces históricas profundas y con consecuencias actuales que siguen afectando al pueblo gitano. Abordarlo no es solo una cuestión de justicia social, sino también de calidad democrática. Asimismo, consideramos fundamental garantizar la participación efectiva de personas gitanas en los espacios políticos y de toma de decisiones. Las políticas públicas son más justas, más realistas y más eficaces cuando incorporan todas las voces, especialmente las de quienes viven estas realidades en primera persona.
La educación es otra herramienta clave para prevenir el racismo. Desde hace 35 años, en el mundo asociativo, hemos estado pidiendo que se incluya la historia y la cultura del pueblo gitano en el currículum escolar. Si no hay leyes, se hace a merced de lo que quieran esas instituciones, y no, queremos que esté en los currículos al mismo nivel que otros contenidos. Es fundamental que los niños desde pequeños conozcan la cultura del pueblo gitano, porque gitano no es algo malo, es un pueblo como cualquier otro. Esto favorece el conocimiento y el respeto, y contribuye a desmontar prejuicios que se transmiten de generación en generación.
Todo esto debe estar dotado de presupuesto para que todas estas acciones y leyes se puedan llevar a cabo. Muchas gracias.
Ahora es el turno del señor Manuel Heredia. Buenas tardes. Voy a explicarles la experiencia que he tenido durante muchos años en relación con mi pueblo y con la administración y el gobierno. Hay una frase que ha dicho nuestra compañera y amiga, Mercedes, que refleja muchos años de trabajo conjunto. Aquí todos estamos diciendo que hace falta un estatuto vinculante, que si hace falta reconocimiento y otras cuestiones.
De aquella manera. Sí que es verdad, sí que es verdad. Pero yo me fío mucho en los detalles, porque no he ido al colegio mucho; fui muy poquito al colegio, tengo mucha experiencia de vida y, sobre todo, gitana, porque mi padre era gitano y mi madre también. Lo único que sé es de gitanos, porque con Juli me crié y en Sabadell también hablamos un poco de catalán y hacemos las cosas de la serrana. Pero bueno, gitanos, gitanos, ¿no? Habría que buscar algo, que yo lo diré, que ya también lo ha dicho Ismael, lo hemos dicho todos.
Mira, me estoy dando cuenta de que el gobierno está fallando, y está fallando porque no está muy bien del coco. Hay muchos políticos que fallan. Porque mira que lo digan, lo sabes porque tú los conoces en el barrio. Y si hay 10.000 gitanos en una candidatura, eso hace ruido y se puede llevar el barco para un lado o para el otro. Pero lo que pasa es que hay una dejadez política en el Ayuntamiento de Sabadell que no anima, no convence a las jóvenes gitanas, porque si Mahoma no va a la montaña, la montaña tiene que ir a Mahoma.
Y me estoy dando cuenta de que, mientras nosotros no estemos en el gobierno, como ha estado Ismael, pero que ya no está, como ha estado Juan de Dios, pero que ya no está, como ha estado Diego Luis, pero que ya no está, al final somos personas que, para que digan que somos buenos, nos ponen ahí y a los tres días nos echan a la calle. Bajo mi punto de vista, yo no soy racista, ¿me entiendes? Porque buscan las cosas para que los gitanos no amarguen dentro de ahí. ¿Por qué? Porque no hay un vínculo, no hay sangre.
Hay muchos matrimonios mixtos; yo estoy casado con una que no es gitana, y eso es lo mejor que nos ha pasado. Conozco a muchos gitanos que se han casado, o payos que se han casado con gitanas, o gitanos que se han casado con payas, como por ejemplo yo, que es mi caso. La verdad es que ahí no nos criticamos, ahí nos amamos. No hay gitanos ni hay payos, hay un matrimonio. Y nosotros en la administración pública tenemos que ser regidores y tenemos que ser diputados, pero igual que el resto, en una convivencia de respeto, de que somos iguales y que estamos contentos porque nos amamos, ¿me entiendes?
Lo mismo que en un matrimonio, ¿no? Pero eso es muy difícil. Ahora en los matrimonios mixtos, ¿cuál será el futuro de estos niños? Estamos sembrando para que estos niños tiren para adelante. Bueno, en este caso, es algo que no tenía preparado, pero me he animado a decirlo porque ha salido por aquí. Tengo dos hijas, tú las conoces. Maite es licenciada en Antropología, trabaja en el Ayuntamiento de Terrassa y es funcionaria, no hay quien la eche. Y tengo a Sandra, que es licenciada en Trabajo Social, funcionaria del Estado y trabaja en la Dirección General de la ANA.
Esto es lo que, de una manera u otra, los padres tenemos que ir impulsando para que estén allí, ¿no? Pero claro, necesitamos el soporte institucional, porque si no tenemos ese soporte y no participamos en esos programas y en esas leyes que se saquen, no se van a acordar de nosotros, los que ya están arriba. Por ejemplo, en lo que respecta a los gitanos, tendríamos que estar en la administración para ayudar a Cataluña, en nuestro pueblo, porque Cataluña necesita, con la cantidad de gitanos que hay en los barrios, gente que ame de verdad a los gitanos.
Y, de verdad, creedme que hay muy pocos políticos que nos quieran de verdad; nos utilizan. En un momento determinado nos ponen y nos quitan, pero amarnos y compararnos igual que el resto, no. Cataluña necesita que haya personas que también amen a los demás para que trabajen con los demás. En este caso, yo voy a empezar con mi discurso oficial, que es el que he venido a dar aquí. Nosotros fuimos uno de los primeros en Sabadell en montar la Asociación Gitana de Sabadell y comarca. Montamos la asociación en la UGT, tú te acordarás, y allí empezamos a trabajar y a reunirnos con unos gitanos muy buenos.
Para ser gitano de respeto, es necesario ser mayor de 55 años, así lo establece nuestra ley. Un gitano de respeto tiene que tener experiencia, ya que, como no podemos ir al colegio, es fundamental contar con un conocimiento básico adquirido a lo largo de los años, y son los gitanos mayores quienes lo poseen.
Nos organizamos con el tío Marchena, el tío Lizardo, entre otros, y tuvimos la suerte de contar con el apoyo de la Generalitat de Cataluña, específicamente del Departamento de Bienestar, bajo la dirección del señor Pujol, quien se portó de manera ejemplar con nosotros. Nos dijo: "Miren, somos una asociación gitana que está en el Valle del Occidental. Nosotros, junto con el Ayuntamiento de Ripollet, vamos a desarrollar un proyecto para que los gitanos de Riu Sec puedan acceder a una vivienda digna y mejorar su situación".
Los gitanos de Riu Sec vivían en la orilla del río, y cuando venía la riada, algunos de ellos se veían afectados. Era un campamento de gitanos que muchos han podido ver. Firmamos un convenio entre el Ayuntamiento de Sabadell y la Generalitat, y comenzamos a trabajar en el proyecto.
Lo primero que hicimos fue convencer a los gitanos, que eran de diversas nacionalidades: húngaros, portugueses y españoles. Muchos de ellos trabajaban en ferias, otros se dedicaban a la mendicidad con sus niños, y algunos vendían pañuelos y otros artículos. La situación era complicada, pero comenzamos a trabajar con ellos.
En Sabadell, donde estaba la Dirección General de Tráfico, nos enfocamos en ayudar a los gitanos que no podían acceder a sus vehículos para trabajar en las ferias. Era una buena oportunidad para que obtuvieran su carné de conducir, lo que les permitiría ser transportistas y participar en trabajos de limpieza en el Ayuntamiento. Así, comenzamos a gestionar la obtención de los carnés de conducir.
Aquella iniciativa fue un éxito. Si no conoces a los gitanos y no entiendes su realidad, es difícil valorar estas pequeñas acciones que han tenido un impacto significativo. En la actualidad, no hay gitanos en Sabadell que se dediquen a la mendicidad, todos han cambiado y están avanzando con sus carnés en mano.
En total, en Riu Sec, éramos 115 familias, lo que equivale a 533 personas que adquirieron viviendas. Acompañamos a estas familias, brindándoles charlas y orientaciones sobre cómo proceder. En el campamento, montamos módulos y caravanas provisionales mientras se realizaba el traspaso a sus viviendas definitivas.
La Guardia Civil, que también estaba presente, apoyó nuestras acciones. Si alguno de los residentes se oponía a ir a sus nuevas viviendas, se les llamaba la atención. Esto fue muy satisfactorio, ya que llegábamos y decíamos: "Este señor tiene sus escrituras, y esta familia tiene derecho a vivir aquí".
Recuerdo al tío José, que en paz descanse, quien solía decir a los gitanos: "Muchachos, si no respetáis, os vais de Barcelona". Así era su estilo, y siempre enfatizaba la importancia del respeto hacia los mayores. Como un reloj, porque esas son nuestras leyes.