Buenos días, señorías. Se abre la sesión. En primer lugar, quería dar la bienvenida a esta Comisión de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio al ilustrísimo señor director general de Patrimonio Natural y Política Forestal, don José Ángel Sanz Arranz.
¿Algún grupo parlamentario tiene que comunicar alguna sustitución? Sí, por parte del Grupo Socialista, Pedro González sustituye a Sergio Iglesias. ¿Algún otro partido? Sí, vicepresidenta. Alicia Gallego sustituye a Juan Antonio Palomar Sicilia. ¿Algún grupo parlamentario más? Sí, presidenta. Elena Rincón sustituye a Beatriz Coelho y David Beltrán sustituye a Antonio Jaime Mendoza. Muchas gracias.
Por el señor secretario, se da lectura del primer punto del orden del día. Primer punto del orden del día: Comparecencia del ilustrísimo señor director general de Patrimonio Natural y Política Forestal (SC-241), a solicitud del Grupo Parlamentario VOX Castilla y León, para informar a la Comisión sobre la gestión de la campaña de incendios 2025. Muchas gracias. Tiene la palabra el ilustrísimo señor...
Director General de Patrimonio Natural y Política Forestal. Buenos días. Muchas gracias, señora presidenta, miembros de la mesa, procuradoras y procuradores. Permítanme, en primer lugar, desear una pronta recuperación a la presidenta titular de esta comisión y agradecer a parte de mi equipo que me acompaña, así como al resto que nos ha ayudado tanto a preparar esta comparecencia como a realizar esta campaña de lucha contra incendios forestales.
Esta sesión, que se convoca con carácter extraordinario, confío en que permita, ayude, resuelva y aclare las cuestiones que los grupos parlamentarios consideren, tras la comparecencia de nuestro presidente el pasado 29 de agosto y las múltiples contestaciones y preguntas que nuestro consejero ya ha realizado en sus peticiones en las diferentes sesiones, así como en la comparecencia de ayer. Como es obvio, tendré que insistir en algunas de las cuestiones que ya comentó y relató el consejero, y espero que esto no les resulte demasiado tedioso. He intentado resumir y simplificar algunas cuestiones que, si desean, les ampliaré posteriormente.
Antes de entrar en el análisis de la campaña de lucha contra incendios forestales de este año, quiero recordar, en mi nombre y en el de todo el equipo del operativo de prevención y extinción de incendios forestales, a las personas heridas y fallecidas durante la pasada campaña. Quiero tener un especial recuerdo para nuestro compañero, el conductor de la Charlie de Soria, Ignacio Rumbao, que perdió la vida cuando estaba desplazado en León en el incendio de Llamas de la Yeres. Nuestro más sincero reconocimiento a su trabajo y todo nuestro ánimo y apoyo para sus familiares y amigos.
Vamos a estructurar también la comparecencia empezando por lo que entendemos que debe ser el punto de inicio en la presentación de cualquier estrategia o plan, como es el caso de la lucha contra incendios. Este marco normativo y de planificación lo enmarcamos en el Plan Infocal, el Plan Especial de Protección Civil ante Incendios Forestales. Este marco establece la organización para hacer frente a los incendios y permite, en su caso, una coordinación y actuación conjunta de los diferentes servicios y administraciones implicadas, donde todas deben aportar su parte en la solución del problema según sus competencias.
Este es el enfoque en el que se enmarca la gestión de las emergencias en esta comunidad autónoma y en el resto de España. De hecho, el Infocal no deja de ser un desarrollo de esa normativa básica estatal. Infocal materializa una organización alineada con esa normativa de protección civil, con la activación permanente de los diferentes recursos, con una clasificación objetiva de las emergencias, definiendo las unidades de mando y esa coordinación multinivel.
En relación con este operativo de carácter permanente que tenemos en Castilla y León, tanto para la prevención como para la extinción y la investigación de causas de incendios de ámbito autonómico, el nuevo Infocal habilita una organización, activación y coordinación homogéneas de los integrantes del operativo que tenemos distribuidos en las nueve provincias, articulando las funciones y los flujos de información entre el Centro Autonómico de Mando, los centros provinciales de mando, los puestos de mando avanzado, los grupos de acción y los servicios de emergencia del 112. Esto asegura la interoperatividad y unidad de acción en cualquier escenario, así como los medios y recursos que desde otras administraciones también se puedan incorporar.
En la gestión de los incendios forestales, el ámbito local, los municipios y las localidades desempeñan un papel fundamental. Por eso, Infocal atribuye un papel relevante a estos en la protección de sus vecinos, de los núcleos de población y las infraestructuras locales.
Por seguir la coordinación de la administración local con el resto de actuaciones, y en cumplimiento de lo dispuesto en la directriz base, se establece la obligación de que los municipios cuenten con guías de respuesta para aquellos con mayor riesgo, así como la obligatoriedad de contar con planes de actuación municipal. Somos conscientes de las limitaciones de muchas entidades locales de la Junta de Castilla y León. Siempre actuando con ese ánimo de colaboración con nuestros municipios, hemos desarrollado una aplicación web que facilita a los mismos el acceso a estos instrumentos de coordinación de una manera sencilla, a través de una plataforma donde pueden acceder a estos planes.
Hemos contado para ello con el apoyo de las diferentes diputaciones, y quiero agradecer especialmente a la Diputación de Ávila, que desde el inicio colaboró con nosotros en este proyecto y en el desarrollo tecnológico realizado por la Fundación CSEFOR. Hemos otorgado también una ayuda de 620.000 euros para las diferentes diputaciones, con el fin de que puedan apoyar en sus competencias a estos municipios, además de 10 millones de euros para la adquisición de maquinaria a través de la Consejería de Presidencia, para que los municipios puedan llevar a cabo labores preventivas.
En este momento, hay ya 204 municipios que están tramitando o han tramitado su guía de respuesta y 140 municipios que están tramitando o han tramitado sus planes de actuación municipal. En este mismo marco de apoyo a las entidades locales se sitúa el Plan Montel, que facilita la contratación de personal destinado a la ejecución de actuaciones vinculadas a la prevención de incendios forestales, especialmente en la interfaz urbano-forestal. Su gestión y organización corresponde al Servicio Público de Empleo, mientras que su desarrollo operativo se articula a través de las diferentes diputaciones provinciales, garantizando así una implantación coordinada en el territorio.
El otro instrumento del que quiero hablarles, de gran relevancia, es el que se aprueba a través de la Orden MAP 105/2025, que es el Plan Anual de Vigilancia, Prevención y Extinción 2025. Este plan da continuidad a los aprobados en los años 2023 y 2024, y se integra en una planificación anual recurrente y actualizada que permite ajustar el despliegue estacional y evaluar resultados, garantizando que las lecciones aprendidas en cada campaña se conviertan en cambios operativos y refuerzos para la siguiente.
El Plan Anual se apoya en un análisis integrado del peligro, el riesgo y la vulnerabilidad, que constituye la base técnica de toda la planificación preventiva y de extinción. Este análisis evalúa las condiciones estructurales del territorio, los patrones meteorológicos y las tendencias climáticas que determinan el comportamiento del fuego. Permite definir zonas críticas donde se concentran condiciones de alto peligro, elevada exposición y vulnerabilidad significativa, transformándose en el soporte territorial de la planificación preventiva y en la base de la toma de decisiones operativas, guiando la asignación de medios, la definición de prioridades de actuación y la configuración de los dispositivos de vigilancia y extinción.
Para dar una respuesta técnica a los grandes incendios forestales, cuya evolución se ve favorecida por la alta continuidad de combustible, las condiciones meteorológicas extremas y la disponibilidad de material seco, el plan incorpora dos figuras: las zonas estratégicas de gestión (ZEG), áreas geográficamente identificadas para la planificación y ejecución de estrategias de prevención y extinción de incendios forestales, actuando como nodos donde el comportamiento del fuego puede ser modificado mediante infraestructuras y tratamientos, como cortafuegos y puntos de agua, para facilitar su control y minimizar daños, integrando la selvicultura y la planificación territorial en un enfoque de gestión inteligente del riesgo.
Áreas de actuación singularizada: zonas geográficamente específicas que requieren una estrategia diferenciada y un enfoque especial en la gestión forestal, especialmente en la prevención, debido a factores como su topografía, diversidad, riesgo de causalidad o densidad de población. Así, el plan define estas zonas, las localiza y establece el conjunto de actuaciones necesarias para que el operativo disponga de áreas que mejoren la eficacia del ataque inicial, faciliten la estrategia de control en los grandes incendios forestales y garanticen la seguridad de los intervinientes.
Estas zonas se planifican de manera que exista una red de áreas tratadas selvícolamente, en las que se produzca una rotura de la continuidad horizontal y vertical del combustible, creando zonas seguras de trabajo, favoreciendo las maniobras de control y anclaje, y reduciendo la intensidad del fuego en zonas de difícil defensa. El conjunto de estas zonas conforma una malla estratégica de defensa del territorio, concebida como un instrumento dinámico que se revisa, se amplía y se mantiene cada campaña, convirtiéndose en una de las principales herramientas de la Consejería para la anticipación frente a los grandes incendios forestales.
Las actuaciones se coordinan con los planes de prevención municipales, los convenios con otras administraciones y las directrices de Infocal, asegurando su integración en la estructura de mando y su coherencia con los planes de autoprotección en la interfaz urbano-forestal. Además, el plan define un conjunto de medidas preventivas de aplicación continua durante todo el año, cuyo objetivo es reducir igniciones, interrumpir la continuidad del combustible y crear oportunidades tácticas para la extinción, protegiendo a la población, las infraestructuras y los valores ambientales.
Voy a destacar algunas de estas medidas, como las actuaciones de selvicultura preventiva, que durante el año 2025 se ejecutaron en un total de 20.200 hectáreas, con una inversión en torno a los 50 millones de euros. En cuanto al mantenimiento de las infraestructuras de defensa, en 2025 se realizaron labores de mantenimiento y creación de cortafuegos en 1.325 hectáreas y gradeos en 2.134 hectáreas.
Asimismo, se han otorgado ayudas forestales para la prevención de daños a los bosques y la mejora de terrenos con vocación silvopastoral, como desbroces, resalveos y cerramientos, priorizando las zonas de mayor riesgo y en formaciones especialmente vulnerables. En 2025, más de 2.000 hectáreas fueron beneficiarias de estas ayudas, así como ayudas para la redacción y actualización de los planes de gestión forestal, en particular para aquellos montes que presentan mayor vulnerabilidad, según el mapa de clases de vulnerabilidad de las formaciones forestales, que fueron convocadas en octubre de 2025 por un importe de tres millones de euros en el marco del PEPAC y cofinanciadas por FEADER.
Es importante destacar también los aprovechamientos forestales y leñosos que se realizan durante todo el año en nuestros montes públicos y privados de forma regular, alcanzando una media de aproximadamente tres millones de metros cúbicos de madera, de los cuales el 40% proviene de montes gestionados por la Junta de Castilla y León. Estas actividades permiten disminuir la carga de biomasa de nuestros montes y generar el valor añadido que todos buscamos para nuestros recursos forestales.
Finalmente, recordar que se planifica una labor muy importante para la prevención de incendios, que es la específica de formación y sensibilización, canalizada principalmente a través del Centro de Defensa contra el Fuego (CDF). Desde su creación en el año 2003, como parte de este operativo Infocal, se estructura sobre tres líneas estratégicas: concienciar sobre el valor de los bosques, promover la gestión forestal sostenible e implicar activamente a la ciudadanía en la prevención de incendios de origen humano, que son, como bien saben, mayoritarios. Estas tres líneas son la formación especializada de profesionales, los programas continuos de educación ambiental y la investigación aplicada en incendios forestales.
Por último, me gustaría repasar brevemente, como hizo ayer el consejero, las condiciones meteorológicas.
Lo que no deja de ser uno de los elementos clave en todas nuestras intervenciones y análisis de las campañas de incendios es la meteorología. Aquí volvemos a insistir y a destacar que el año 2025 ha sido excepcional, y especialmente el mes de agosto. Este tiempo atmosférico, como ya hemos mencionado en numerosas ocasiones, no solo influye, sino que condiciona de manera decisiva la aparición de los incendios, su comportamiento una vez iniciados y, por supuesto, las posibilidades de su extinción. Podemos contar con los mejores medios humanos y materiales, pero cuando la meteorología es adversa, el incendio ganará fuerza, velocidad y peligrosidad, complicando así la situación.
Por ello, la extraordinaria magnitud de los incendios ocurridos durante el verano de 2025 pasa por explicar y entender el papel que han tenido las variables de temperatura, viento, humedad y precipitaciones durante este periodo. Para ser sintéticos y centrarnos en los datos más relevantes, en primer lugar, tuvimos una época de peligro bajo, de enero a mayo, que AEMET calificó como muy cálida y muy húmeda. En particular, el mes de enero fue muy cálido y húmedo, y hasta abril, las condiciones continuaron siendo similares. Mayo también se caracterizó por ser un mes húmedo en Castilla y León, con una reducción de los días de helada respecto a los periodos analizados entre 1991 y 2000. Estas condiciones generaron una elevada producción de pastos herbáceos y matorral fino, con temperaturas más altas y más meses en los que la vegetación estuvo activa, lo que nos llevó a junio con una vegetación anual por encima de lo habitual.
En esa transición a la época de peligro alto, el mes de junio fue calificado por AEMET como extremadamente cálido en toda Castilla y León. En este mes, se registró una anomalía térmica de más 3,4 grados centígrados y un déficit de precipitación, especialmente en el oeste. Si observamos los mapas de precipitación, especialmente en la zona del Bierzo, Zamora, e incluso en Portugal y la zona de Orense, se puede apreciar un déficit de precipitación importante. Durante este periodo, se registró la primera ola de calor, del 28 de junio al 1 de julio, acompañada de humedades relativas muy bajas en las horas centrales del día, lo que provocó un descenso rápido de la humedad en la vegetación más fina, lo que denominamos combustibles finos, que son los que favorecen el inicio y posibilitan que los incendios sean explosivos. Estos combustibles finos se desecaron rápidamente de la vegetación acumulada que creció tras las abundantes lluvias de abril y mayo.
Al no producirse precipitaciones de lluvia, a pesar de las tormentas que se generaron, que fueron tormentas secas, estos combustibles estaban ya en junio listos para arder. Durante la época de peligro alto, el mes de julio también se describió como muy cálido a escala nacional, con una anomalía de más 0,7 grados centígrados y una escasez de precipitación en el norte de la comunidad. Los acumulados de precipitación fueron reducidos y predominó la ocurrencia de tormentas secas, lo que incrementó la posibilidad de ignición por rayo sin mejorar de forma duradera la humedad de los combustibles. Los índices mostraban valores que indicaban que no solo el combustible fino, ese combustible herbáceo, estaba muy seco y disponible para arder y propagar el fuego, sino que también comenzaba a estar disponible los combustibles medios y gruesos, es decir, el matorral y el arbolado.
Durante la AEMET, en el mes de agosto, especialmente del 3 al 18, se documentó la segunda ola de calor más intensa desde 1975, con una anomalía térmica de +4,2. Se batieron récords de días cálidos en España, destacando los días 11, 12, 16 y 17, que fueron los más cálidos. Las temperaturas máximas y medias fueron excepcionalmente altas, con humedades relativas diurnas que no superaban el 10-20%, llegando incluso a bajar por debajo del 5%, lo cual es absolutamente extremo. Además, las máximas nocturnas se mantuvieron por debajo del 50% de humedad durante varios días seguidos. Esta situación impidió la recuperación nocturna de los combustibles, lo que es clave para la lucha contra los incendios, ya que el control de estos suele lograrse en horario nocturno, cuando se presentan ventanas de oportunidad debido a un cambio en las condiciones.
Sin embargo, durante muchos días de agosto, los incendios continuaron evolucionando con características similares a las diurnas. ¿Qué sucedió en esta tormenta perfecta? Comenzamos a tener entradas de aire cálido del sur-suroeste, con episodios de efecto foehn. Este efecto se produce cuando los vientos del sur, que tienen cierta humedad, al atravesar los sistemas montañosos pierden dicha humedad y llegan al norte muy secos. Estos vientos, que se experimentan en lugares como Santander o Oviedo, se acompañaron de rachas de viento que superaban los 40-70 kilómetros por hora. Este efecto fue especialmente marcado los días 12 y 13 de agosto, cuando se generaron tormentas secas con descargas de rayos que provocaron la ignición de combustibles y el inicio de numerosos incendios.
La combinación de estos factores causó récords y extremos que dieron lugar a la simultaneidad de grandes incendios con propagaciones muy rápidas, incluso en muchos casos superiores a los tres kilómetros por hora, lo que representa una barbaridad en la propagación de un incendio y un crecimiento de los perímetros muy elevado, ocasionando lamentables consecuencias que todos conocemos y que detallaremos más adelante.
Por concluir, a finales de agosto y principios de septiembre, tras un descenso térmico del 19 al 22 de agosto y un leve repunte de la humedad relativa, se mantuvieron rachas de viento fuertes. Comenzaron a entrar vientos del noroeste, algo más húmedos, pero también muy intensos. Estos vientos, aunque más húmedos, continuaron siendo fuertes, especialmente en zonas de relieve abierto, lo que favoreció la producción de extensos perímetros en los incendios, así como reactivaciones y reproducciones en lugares donde era difícil su control debido a la orografía. Tuvimos un repunte de riesgo hacia el 6 de septiembre. Aunque el peligro descendió algo respecto al máximo de la ola de calor, la inercia de estrés hídrico se mantuvo, y la ventana de riesgo continuó durante los primeros compases de septiembre. En resumen, la situación meteorológica fue crítica y tuvo un impacto significativo en la gestión de los incendios.
Año de este verano especialmente, tenemos que decir que los grandes incendios forestales producidos este año, especialmente los del mes de agosto, han tenido como base los valores extremos y extraordinarios de las variables meteorológicas que influyeron en la ignición, la propagación y la extinción de los incendios forestales. Estas variables incluyen temperaturas, vientos, humedades y precipitaciones, en el marco de una ola de calor que duró 16 días consecutivos, con altas temperaturas, humedades relativas bajas, incluidas las noches, y rachas de viento fuertes, así como constantes episodios convectivos que favorecieron las igniciones múltiples y simultáneas.
Es importante señalar que, en muchas ocasiones, existe escasa capacidad de gestión en el control y la extinción de los incendios. Sin embargo, su análisis y valoración nos están permitiendo incorporar las lecciones aprendidas en este episodio en el próximo Plan Anual de Vigilancia, Prevención y Extinción 2026, que se publicará en las próximas semanas. Esperamos que este plan se traduzca en la mejora y el perfeccionamiento ante el nuevo riesgo de estos valores extremos climáticos que hemos documentado, los cuales no teníamos constancia hasta ahora.
Pasando a exponer un breve recorrido por los incendios de este verano y el análisis, desarrollo y comportamiento de los mismos, cabe destacar que en el año 2025 hemos tenido 1.216 incendios forestales, un 10% menos que la media del decenio. Los conatos, que son aquellos incendios que se atajan antes de que lleguen a la hectárea, han sido del 71%, dos puntos por encima de la media del decenio. A pesar de las malas condiciones del año, la eficacia en la extinción ha seguido aumentando.
El operativo de incendios actuó en 856 incendios no forestales, principalmente agrícolas, que, a pesar de no computar en la estadística de incendios forestales y de no ser competencia de esta consejería, fueron controlados y extinguidos. En resumen, el operativo participó en un total de 2.072 incendios, tanto forestales como agrícolas.
El análisis de los datos evidencia que, incluso en los meses de mayor actividad y simultaneidad, que fueron de junio a septiembre, el operativo mantuvo niveles muy altos de eficacia inicial, evitando que una parte significativa de los incendios forestales no superara la escala de conato. En cuanto a superficies afectadas, la superficie arbolada afectada por los incendios ha ascendido a 42.815 hectáreas, frente a las 6.528 de la media del decenio, y la superficie forestal total ha ascendido a 143.880 hectáreas, comparado con las 19.415 hectáreas de media del decenio. Esto representa un aumento considerable en la superficie, especialmente debido a los grandes incendios del mes de agosto.
Además, es relevante mencionar que los incendios agrícolas representan aproximadamente entre el 36% y el 48% del total de las intervenciones entre los meses de junio a octubre. Esto significa que entre un tercio y casi la mitad de los avisos que atiende el dispositivo en estos meses corresponden a incendios agrícolas, que exigen la movilización de medios terrestres y, en ocasiones, de medios aéreos y la coordinación de los mismos. Este dato resulta especialmente significativo en julio y agosto, donde la simultaneidad alcanza sus valores más altos. En julio se produjeron 232 incendios forestales y 198 incendios agrícolas, lo que supone en torno a 400 intervenciones en ese mes.
...366 incendios forestales y 153 agrícolas, lo que vuelve a situar las intervenciones totales por encima de los 400 al mes, en un contexto en el que estábamos con varios grandes incendios forestales de larga duración.
Bien, a continuación les voy a exponer algunos datos más relevantes de los incendios y de los parámetros que se desarrollaron en los mismos. Quiero insistir en que se entienda lo extraordinario de este episodio de incendios de este verano, con parámetros que nunca habían ocurrido en Castilla y León ni en España. Vamos a explicar algunos datos y parámetros para que sean conscientes de lo que sucedió y del enorme esfuerzo que se realizó por parte del conjunto del operativo y de los medios en los que se apoyó.
Hemos tenido varias jornadas técnicas, tanto internas como con profesionales de otros operativos, sobre todo externos, que se han sorprendido por la dimensión e intensidad de los incendios que sucedieron este verano en Castilla y León. A pesar de la magnitud y los daños ocurridos, que han sido significativos, logramos controlarlos y evitar que fueran a más.
En cuanto al número de incendios y sus índices de peligro, durante cuatro días del mes de agosto hubo una gran acumulación de incendios. El 4 y el 10 de agosto, en concreto, se registraron 23 incendios cada uno de esos días; el 8 de agosto, una acumulación de 26 incendios; y el 12 de agosto, 27 incendios en el mismo día. Es reseñable la franja del 4 al 17 de agosto, donde tuvimos un total de 249 incendios en ese periodo.
Hablando de índices de gravedad, el índice de gravedad potencial de un incendio, que es un indicador técnico operativo que se asigna a cada incendio por su peligrosidad, va de cero a dos. Por otro lado, las situaciones operativas van de cero a tres, indicando la situación del conjunto de la comunidad para atender las emergencias.
¿Qué sucedió en 2025? Mientras que en una campaña normal el comportamiento de agosto habría sido similar al de julio y posteriormente al de septiembre y octubre, en 2025 los índices de gravedad dos, los IGR2, los incendios más graves, pasaron de cuatro en julio a 33 en agosto, para descender luego a cinco en septiembre y ninguno en octubre. Los días que estuvimos en la situación operativa dos, que para nosotros es la máxima, la situación operativa tres, que es la que declara el estado, pasaron de cuatro en julio a 23 en agosto, volviendo a cuatro en septiembre y cero en octubre. Es decir, agosto fue un mes excepcional.
En cuanto a las causas de los 348 incendios de las primeras semanas de agosto, hay un número importante de incendios provocados por rayos, un total de 52, lo que resalta la exposición a la meteorología y las tormentas secas que los provocaron sin precipitación. Estos rayos venían acompañados de una gran inestabilidad con vientos fuertes y cambiantes, lo que complicaba mucho su control desde el inicio. El resto de incendios se debieron a actuaciones provocadas por la mano del hombre, con 72 incendios intencionados, generalmente los más complejos en su extinción, ya que el causante pretende hacerlo lo más peligroso posible, provocándolos en horas y lugares propicios para su propagación. Además de estos incendios, tuvimos 95 incendios por accidentes, destacando los generados por líneas eléctricas, con 15 incidentes.
También tenemos tipificados diecisiete incendios como negligencias. Otro dato que quiero destacar es lo excepcional del año en cuanto a la simultaneidad en el conjunto de Castilla y León. A lo largo del año hemos tenido 218 días con más de tres incendios activos, 183 días con más de cinco, 138 días con más de diez, 109 días con más de quince incendios y 83 días, todos en época de peligro alto, con más de veinte incendios activos.
Además, en varios de estos incendios se han registrado tramos nocturnos con crecimientos muy elevados, lo que confirma que las humedades relativas nocturnas han sido inusualmente bajas y las temperaturas muy elevadas para la época, lo que ha dificultado el comportamiento de los incendios durante la noche, impidiendo que tuviéramos esas ventanas de oportunidad.
Quiero proporcionar algunos datos sobre las velocidades de propagación en estos incendios, que se han encontrado en rangos extremos, especialmente en las fases más críticas. Para ponerles en contexto, una velocidad de propagación lenta se sitúa de 0 a 2 metros por minuto; una media entre 3 a 10 metros por minuto; una velocidad alta es de 10 a 30 metros por minuto, y muy alta o extrema, más de 30 metros por minuto. Prácticamente no se describen casos de velocidades por encima de los 70 metros por minuto. Sin embargo, en muchos de nuestros incendios se han constatado picos de velocidad por encima de 30 metros por minuto, lo que equivale a aproximadamente 1,8 kilómetros por hora, en incendios como Barniedo, Canaleja, Llamas de Cabrera, Molezuelas, Porto, San Bartolomé de Pinares, entre otros, con valores máximos en algunos casos que superan los 50 o 100 metros por minuto, es decir, 3 a 6 kilómetros por hora, que no habíamos registrado anteriormente.
Imaginen lo que significa avanzar 6 kilómetros en una hora cuando estamos planificando una extinción. Si consideramos dos pueblos que estén a 5 kilómetros, estamos planificando cómo extinguir ese frente y, en una hora, el incendio podría estar o estallar 5 kilómetros más allá. Estos incendios se consideran fuera de la capacidad de extinción. Los valores que menciono rebasan claramente los umbrales en los que el operativo puede realizar un ataque directo en la cabeza o flancos, y son incendios que requieren un enfoque más en su confinamiento exterior y, sobre todo, en la defensa de los bienes, especialmente de los pueblos y, evidentemente, de las personas.
Otro parámetro muy relevante son las tasas de incremento de superficie que hemos observado, las cuales han alcanzado valores muy superiores a los que se consideran altos en nuestros manuales. En todos los incendios analizados de este verano, se superaron ampliamente las 30 o 40 hectáreas por hora en muchos períodos del incendio. Hemos llegado a registrar valores de 300 a 400 hectáreas por hora. Recuerden que un gran incendio tradicionalmente se considera aquel que alcanza las 500 hectáreas, lo cual solía desarrollarse a lo largo de varios días. Sin embargo, en este caso, hemos tenido incendios que han alcanzado 300-400 hectáreas, con picos relativamente frecuentes de hasta 800 a 1.400 hectáreas por hora, y hemos registrado un récord absoluto de 4.000 hectáreas por hora en el caso de Molezuelas. Estamos hablando de situaciones realmente monstruosas. Estas tasas implican que...
En pocas horas, los incendios se multiplican por varios factores, anulando la capacidad de anclar y cerrar los perímetros con medios ordinarios, lo que obliga a implementar estrategias de confinamiento en grandes perímetros. Los crecimientos de los perímetros se sitúan de forma reiterada por encima de 1 a 2 kilómetros por hora, con episodios de crecimiento de hasta 5 o 10 kilómetros en una hora. En varios incendios, como Llamas de Cabrera, Molezuelas, Porto, San Bartolomé y Redond, se alcanzan incrementos de perímetro superiores a 3 a 5 kilómetros por hora en las fases más activas.
El mes de agosto fue absolutamente extraordinario. Aunque el número de incendios en la provincia de León, que fue de 77, es bastante similar al de julio, que tuvo 85, los indicadores de duración cambian radicalmente. La duración media de los incendios se disparó hasta las 203 horas con 50 minutos, es decir, aproximadamente ocho días y medio, frente a las 7 horas y 40 minutos de duración media en julio, o en otros meses, donde la duración suele ser poco más de una o dos horas.
En cuanto a los perímetros totales, del 18 al 20 de agosto, cuando la suma de los perímetros activos de los incendios alcanzó su pico máximo, llegamos a tener 400 kilómetros, incluso por encima de 460 kilómetros de perímetro total, mantenido durante varios días consecutivos. Esto supone tener al mismo tiempo cientos de kilómetros de perímetro en propagación o con necesidad de vigilancia y consolidación, muchos de ellos en zonas de difícil acceso, con fuerte pendiente y combustibles de elevada carga, lo que incrementa el tiempo y el esfuerzo necesario para construir y mantener esas líneas seguras.
Por último, es importante mencionar el análisis de las intensidades de estos incendios, un parámetro que se utiliza a nivel mundial y que se expresa en kilovatios por metro de llama. Un incendio pequeño suele tener menos de 346 kilovatios por metro; un incendio más intenso puede llegar a los 1.700 kilovatios. Un incendio complicado se sitúa entre 1.700 y 3.500 kilovatios por metro, y por encima de 3.500 kilovatios se considera un incendio complejo de extinguir y atacar. En estos incendios, la altura de la llama puede superar los 15 metros, y los esfuerzos de control son ineficientes.
Varios de los incendios de Castilla y León de este mes de agosto se encuentran entre los de mayor intensidad en la historia de España. Por ejemplo, el incendio de Horta de San Joan en Tarragona en 2009 tuvo entre 20.000 y 30.000 kilovatios por metro; el incendio de Sierra Bermeja en 2021 en Málaga alcanzó entre 50.000 y 60.000 kilovatios. En Zamora, el incendio de Losacio estuvo entre 40.000 y 50.000 kilovatios, y los incendios en Orense, en Larouco, llegaron a 60.000 kilovatios. En los incendios de este verano en Castilla y León, como en Navaluenga, Garaño y Orallo, se registraron intensidades entre 20.000 y 30.000 kilovatios, lo que pone de manifiesto el récord, por desgracia, en cuanto a intensidad.