Buenos días a todos y a todas. Vamos a empezar. Les recuerdo a los grupos parlamentarios que nos hagan llegar a la señora letrada las sustituciones que existan para que las tenga en cuenta.
El segundo punto de la orden del día es la aprobación del acta de la sesión anterior. Si alguien tiene alguna objeción al acta, se las han enviado. ¿Hay alguna objeción? No. Se da por aprobada.
Tenemos como compareciente a la directora general de la Fundación The Family Watch, doña María José Olesti Luna, para presentar su informe del decimocuarto barómetro de la familia. La comparecencia ha sido solicitada por el Grupo Parlamentario Popular. Señora Olesti Luna, tiene usted veinte minutos para dirigirse a todos los grupos, a toda la comisión. A continuación, los grupos parlamentarios tendrán cinco minutos, de menor a mayor, y usted después otros cinco minutos para dar respuesta a los diferentes grupos. Hay que ajustarse a los tiempos, pero intentaremos ser elásticos en la medida de lo posible. Gracias. Tiene usted la palabra.
Buenos días, presidenta de la comisión, vicepresidenta, miembros de la mesa, senadores y senadoras. En nombre de la Fundación The Family Watch, quiero agradecerles la invitación que nos han brindado para comparecer en esta mañana en la Comisión de Derechos de las Familias y para informar sobre los resultados del decimocuarto barómetro de las familias de The Family Watch.
Como muchos de ustedes saben, The Family Watch es un think tank, un observatorio de la familia, y trabajamos para conocer cuál es la realidad de las familias en España, cuáles son sus fortalezas, qué necesidades tienen y con qué problemas se enfrentan cada día, para así, conociéndolas mejor, poder ayudarlas de una forma más eficaz. Con este objetivo y desde una perspectiva multidisciplinar, elaboramos estudios, informes, barómetros y otras actividades, apoyándonos siempre en datos objetivos y, por tanto, alejados de cualquier índole política o ideológica.
Tratamos con nuestro trabajo de advocacy influir en la opinión pública, en los medios de comunicación y trasladar todo el trabajo que llevamos a cabo a modo de sugerencias a ustedes, legisladores y responsables políticos. Durante estos últimos años hemos sido testigos de diferentes cambios sociales y distintas crisis: económica, demográfica y social. Pese a ello, todos los estudios y encuestas realizadas arrojan el mismo dato: la familia es la institución más querida, la mejor valorada y la que, en épocas difíciles y de crisis, ha servido de colchón y de apoyo, no solo desde el punto de vista económico, sino también anímico, a todos y cada uno de sus miembros, y de una manera muy especial a los más vulnerables, como son los niños y nuestros mayores.
En esas épocas difíciles, la familia ha soportado de forma heroica una parte muy importante de los efectos de las diferentes crisis que hemos atravesado en nuestro país. Nos referimos a esas familias que están por encima de cualquier tipo de ideología, confesión o color político; esa familia que es el elemento fundamental de la sociedad y el medio natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, cualquiera que sea su ciclo de vida.
Uno de los resultados que se extraen de nuestros trabajos de investigación es precisamente la importancia de la estabilidad en la familia y el impacto positivo que tiene en la sociedad el que nuestras familias sean fuertes y estables. El barómetro de Family Watch, que este año ha cumplido su decimocuarta edición, nos permite pulsar y conocer de manera directa los intereses, desafíos y necesidades que tienen las familias españolas en ámbitos como la economía, el aspecto laboral, el poder llevar a cabo ese proyecto vital que es formar una familia, la salud mental y emocional, y la sobreexposición a las pantallas por parte de nuestros menores y jóvenes.
Señorías, paso a exponerles, si me permiten, los principales datos extraídos de este barómetro. La situación económica es uno de los aspectos que, un año más, se analiza en este estudio. Una mayoría de las familias españolas ve actualmente la situación económica de España como regular o mala, y la perciben con incertidumbre e inseguridad. Ocho de cada diez encuestados piensan que hoy hay más dificultades para formar una familia que en generaciones anteriores, y solo el 30% considera que formar una familia está bien valorado a nivel social, laboral y político.
La inestabilidad económica y laboral tiene un claro impacto, especialmente en los más jóvenes, entre 18 y 44 años, y en las mujeres, que son los grupos de población más críticos en lo que se refiere a la situación económica en España, por ser quienes reciben el mayor impacto negativo. Desde la pandemia, ha aumentado la pobreza familiar, afectando principalmente a los hogares con menores a cargo, los monoparentales, donde la sustentadora principal es una mujer, y las familias numerosas. De los más de 4,3 millones de personas que viven en exclusión social severa, un tercio son menores de edad. Como saben ustedes, no hay niños pobres en familias ricas; por tanto, la pobreza infantil está indisolublemente unida a la pobreza familiar.
La inestabilidad y la crisis política se perciben con preocupación desde la perspectiva de los más jóvenes, quienes muestran una enorme desconfianza en las instituciones. La situación económica y laboral también provoca que muchos planes de futuro se vean aplazados, generando incertidumbre en nuestros jóvenes. En cuanto a plantearse desarrollar un proyecto de vida, como formar una familia, el barómetro refleja que para los menores de 45 años, sus principales prioridades en los próximos cinco años son, en primer lugar, viajar y conocer diferentes culturas; le sigue el deseo de prosperar en el ámbito profesional y ampliar sus estudios. Formar una familia constituye la experiencia vital que menos se prioriza, quedando en último lugar, ya que solo uno de cada tres se plantea formar una familia en ese horizonte.
Todo ello tiene un impacto significativo en la sociedad. España se posiciona como uno de los países con una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, con 1,10 hijos por mujer, ocupando el segundo puesto en la Unión Europea, solo por detrás de Malta. Formamos parte del grupo de países que están por debajo del umbral de "lowest low fertility", marcado por los demógrafos en 1,3 hijos por mujer, cifra que alcanzamos ya en 1991. Aproximadamente un 30% de las mujeres menores de 25 años y el 20% de las que están en la franja entre 25 y 30 no tienen los hijos que desearían tener, no solo por falta de recursos económicos, sino también por enormes dificultades para conciliar la vida personal, familiar y laboral.
Las mujeres que son madres reconocen en encuestas que hubieran deseado tener más hijos de los que realmente han tenido. Este índice, que refleja la diferencia entre los hijos deseados y los que realmente se tienen, se conoce como "child gap". España también se posiciona como uno de los países de la Unión Europea con el "child gap" más alto. Un 33% de las mujeres considera que tener hijos hoy afecta a su futuro laboral, pudiendo frenar su carrera profesional o incluso hacerles perder oportunidades laborales, ya que dificulta su promoción en el trabajo. No olvidemos que la franja de edad para ser madre coincide con la misma franja de edad para promocionarse en el mercado laboral.
Desde la perspectiva femenina, avanzar profesionalmente supone con frecuencia tener que renunciar a la maternidad, posponerla o tener menos hijos de los que desearían. Además, atender a la familia, ya sea a los hijos o a familiares dependientes, es causa de reducción de jornada laboral, discriminación en la promoción laboral o incluso pérdida de empleo. Este desafío demográfico nos exige examinar las causas reales que impiden a nuestros jóvenes formar una familia.
Es fundamental identificar los obstáculos que encuentran en su camino y qué medidas debemos implementar para ayudarles a superarlos. Son numerosos los factores, entre ellos económicos y laborales, así como prioridades personales, factores culturales y de valores, y problemas estructurales. La emancipación tardía es uno de ellos; los jóvenes españoles se emancipan más tarde que sus iguales europeos. Además, enfrentan elevados niveles de desempleo juvenil, inseguridad laboral y temporalidad en los trabajos, junto a sueldos precarios e insuficientes. Las dificultades en el acceso a la vivienda son notorias, ya que el esfuerzo económico que deben afrontar para acceder a una vivienda de alquiler puede representar casi el 90% de su salario. Todo esto se agrava con un alto coste de la vida, la inestabilidad en las relaciones de pareja, el miedo al compromiso, y los cambios en las prioridades y valores sociales, junto a la falta de conciliación, con jornadas laborales largas y poco flexibles.
Y en España seguimos teniendo horarios muy extensos con poca cultura de flexibilidad. Esta radiografía que nos deja este desafío demográfico tiene consecuencias claras en nuestra sociedad. Por un lado, se reduce el tamaño de las generaciones en edad fértil, lo que implica que tenemos menos mujeres en condiciones de ser madres, y aquellas que están en estas edades tienen menos hijos, siendo el primero en una edad más tardía que las generaciones anteriores. Hemos pasado de tener el primer hijo a los 25 años a tenerlo casi con 37.
Hay un envejecimiento de la población, y por tanto, no hay recambio generacional. En 2024 se alcanzó un récord histórico: 142 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. En la última década, el número de niños de 0 a 10 años se redujo un 15%, mientras que hubo un aumento del 17% de personas mayores de 65 años, así como un incremento de las mayores de 85 y de quienes han alcanzado la edad centenaria. España se posiciona, además, como el tercer país del mundo con la esperanza de vida más alta.
Cada vez tenemos familias más pequeñas y con menos miembros, lo que tiene un impacto negativo, ya que dificulta la atención intergeneracional y los cuidados de las personas mayores y dependientes. Este fenómeno, señorías, al que se enfrenta la sociedad española es complejo, ya que cada vez hay menos cuidadores, los que existen son cada vez mayores y también hay un aumento de personas que viven en soledad.
El 80% de las familias encuestadas en este barómetro solicita medidas que favorezcan la conciliación y la corresponsabilidad para mejorar su bienestar. Este equilibrio inestable para la integración de la vida personal, familiar y profesional, realidades que están íntimamente relacionadas, exige que tengamos más flexibilidad en tiempo y espacio en los trabajos, más seguridad en los empleos y una mayor racionalización de los horarios. En países como Holanda, Francia, Alemania, Suecia o Noruega, el haber tenido horarios más racionales ha permitido alcanzar simultáneamente tres objetivos: una mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral, un aumento del índice de fecundidad y un incremento de la productividad en relación al número de horas trabajadas, lo que se traduce en un mayor salario emocional.
Una verdadera corresponsabilidad en este aspecto es primordial para lograr un establecimiento auténtico del equilibrio entre la vida personal y familiar, incluidos los horarios de trabajo.
Otro aspecto que se ha analizado en el barómetro es lo relativo a la salud mental y emocional, donde se continúan observando importantes cambios en los hábitos. Las familias españolas no son ajenas a las situaciones sociales que les rodean, y los indicadores de deterioro de la salud mental en los hogares encuestados cobran especial relevancia tanto en el ámbito personal como familiar. Las causas del impacto en la salud mental varían según se trate de adultos o de jóvenes.
En el caso de los adultos, más de la mitad de los entrevistados afirman haber vivido situaciones de preocupación, no solo por la situación laboral y económica, sino también por la situación política, que preocupa a un 77% de los españoles mayores de 30 años. Además, confiesan haber experimentado sentimientos de angustia, estrés o alteraciones del sueño, y cuatro de cada diez manifiestan haber sentido soledad.
Respecto al deterioro de la salud mental en los jóvenes, las causas apuntan al ámbito de Internet. El 40% reconoce que el estrés y la presión generados por la influencia de las redes sociales, junto con el aumento del ciberacoso y la baja autoestima, les ha hecho sentirse especialmente vulnerables en el ámbito digital. El 58% de los jóvenes entre 18 y 24 años confiesa sentirse solos y reconoce haber necesitado ayuda psicológica y psiquiátrica, y el 35% admite haber consumido ansiolíticos por primera vez. No podemos olvidar que España es uno de los países con mayor consumo de benzodiazepinas.
Todo ello se da en una generación que se conoce como la generación de cristal. En esta generación Z, entre los centennials de 12 a 29 años, una de las principales causas de mortalidad es el suicidio. Sin embargo, también se reconoce que la concienciación y la sensibilización sobre los problemas en el ámbito de la salud mental han permitido que se hable con mayor libertad de estos temas y que acudir a un especialista esté cada vez más normalizado.
En relación directa con la salud mental, se ha analizado el impacto que tienen Internet y las redes sociales en los más jóvenes. Desde hace unos años, hemos sido testigos de un aumento exponencial en el uso de las pantallas por parte de los menores y jóvenes, así como en el número de horas que dedican a estas, lo que ha recrudecido la preocupación sobre el efecto negativo del abuso y la sobreexposición en Internet. Esto afecta a los estilos y comportamientos de nuestros jóvenes y adolescentes en las redes sociales, impactando su aprendizaje, desarrollo psicoafectivo y la instauración de hábitos de vida saludables.
El barómetro ha puesto de manifiesto la preocupación de las familias españolas en relación a la gestión que hacen sus hijos de las distintas pantallas, especialmente en las redes sociales, y el modo en que se está sexualizando la imagen de los menores y jóvenes en Internet. Las familias encuestadas creen que el acceso a determinados contenidos y el uso continuado de las redes sociales por parte de los menores tiene una incidencia importante tanto en la educación como en la comunicación intrafamiliar.
La forma en que interactúan, cómo se relacionan y comunican en el ocio digital se ha convertido en la principal razón por la que los jóvenes utilizan Internet y las redes sociales, bajo el argumento de que si no estás ahí, no existes. Sin embargo, no debemos centrarnos únicamente en el número de horas dedicadas a las pantallas, sino también en el tipo de actividades que realizan y en los contenidos que visualizan. Junto a las actividades recreativas, como el juego y las apuestas online, también tienen acceso a contenidos, muchos de ellos violentos, que ponen en peligro su desarrollo físico y emocional.
Cada vez son más numerosos los casos en los que los expertos consideran a los menores como adictos digitales, consecuencia de la normalización y del acceso rápido a pantallas para las que no están preparados ni por edad ni por madurez cognitiva. No es necesario llegar a la adicción para que los padres acudan a especialistas, como psicólogos o psiquiatras, debido a comportamientos preocupantes en sus hijos, tales como la reducción del rendimiento académico, fatiga por la disminución de horas de sueño, problemas de atención, irritabilidad, ansiedad, estrés, y dificultades para verbalizar sus sentimientos.
Las familias españolas expresan una especial preocupación por la gestión que hacen sus hijos de las pantallas, así como por la sexualización de la imagen de los jóvenes en Internet. También les inquietan los comportamientos, contenidos y mensajes transmitidos por algunos influencers, que afectan la autoestima de los más jóvenes. Los contenidos de series y programas de televisión, tanto en la televisión convencional como en plataformas digitales, a menudo hacen apología de la violencia y fomentan autolesiones.
Asimismo, les preocupa la imagen que se presenta en la publicidad, que muestra a los menores, especialmente a las niñas, en actitudes adultas y no acordes con su edad, ofreciendo una imagen hipersexualizada. Esto afecta la educación y la comunicación dentro de los hogares. Tanto las madres y padres como la comunidad educativa se preguntan si estamos ante un empoderamiento o un empobrecimiento de la infancia y juventud en Internet y en las redes sociales.
La exposición temprana a contenidos sexuales explícitos y sus efectos en las relaciones afectivas durante la adolescencia no es solo una preocupación de las familias, sino de toda la comunidad educativa y la sociedad en general. Los especialistas, psiquiatras, psicólogos y pediatras, que a diario se encuentran con niños que han sufrido o cometido infracciones de carácter sexual, observan y alertan sobre realidades que no podemos ignorar, como la banalización de las relaciones sexuales, el acceso a contenidos sin filtros o controles, y la soledad que viven muchos niños, conocidos como "niños de la llave", mientras sus padres cumplen largas jornadas laborales que les impiden dedicarles tiempo.
El tiempo suficiente, convirtiendo todo ello en una tormenta perfecta que, de alguna forma, ayuda a favorecer la violencia entre los menores de edad. La propia Fiscalía de Menores, al aportar los datos, insiste en los comportamientos excesivamente sexualizados que se encuentran hoy, así como en un repunte de las agresiones sexuales y del maltrato entre quienes aún no han cumplido la etapa de la pubertad. Consideran que todo ello es consecuencia de un visionado constante de pornografía en edades muy tempranas, además de una falta de formación en materia afectivo-sexual.
En esta radiografía social, nos preguntamos si hay una relación entre el aumento de las adicciones digitales por parte de los menores y adolescentes y la edad en la que comienzan a tener su primer dispositivo móvil. La realidad deja al menos un dato concluyente: la edad media en la que se inician a ver contenido sexual explícito coincide con la edad en la que se tiene el primer teléfono móvil, que se sitúa entre los 8 y 12 años en España. Algunos datos que pueden ser de su interés son los siguientes: cuatro de cada diez adolescentes reconocen que se conectan a Internet para no sentirse solos. A los nueve años es la edad en la que se inician a ver contenido sexual explícito. El 70% de los menores que ven este tipo de escenas lo han hecho de forma accidental. El 90% se conecta a Internet todos o casi todos los días, dedicando una media de tres horas y media, y lo hacen desde la intimidad de sus habitaciones con su dispositivo móvil, visualizando contenido gratuito, donde el 90% de las escenas son especialmente agresivas o violentas. Seis de cada diez adolescentes duermen con el móvil, y uno de cada cinco se conecta a partir de la medianoche. El 42% de los menores han recibido a través de su dispositivo móvil mensajes con contenido erótico sexual, y uno de cada diez ha hecho sexting. El 12% ha sufrido presiones para enviar fotos o vídeos suyos con contenido sexual, muchos de esos mensajes entran a través de los videojuegos. El 90% de los niños entre 8 y 16 años han visitado alguna página web pornográfica.
Aumentan de forma exponencial los casos de abusos sexuales en grupo, donde el perfil de la víctima es mayoritariamente femenino, aunque también lo sufren algunos chicos. ¿Y todo ello por qué ocurre? Porque es asequible, accesible, anónimo, aceptado, agresivo y altamente adictivo.
La Asociación Americana de Psicología, que lleva muchos años estudiando estos temas, ha alertado sobre una pornificación de los entornos digitales y una tendencia creciente hacia la hipersexualización, especialmente en las niñas. Esto conlleva una exaltación de la sexualidad como medio de obtener un mayor reconocimiento social y genera una preocupación constante por la imagen corporal. Esa hipersexualización de las niñas de hoy y de las mujeres de mañana las convierte en objetos sexuales en edades muy tempranas, impulsándolas a adoptar roles sexualmente estereotipados y a tener una visión de sus propios cuerpos como objetos, evaluándose de acuerdo a unos limitadísimos estándares de belleza. De ahí que hayan proliferado las cirugías estéticas en edades muy tempranas, en cuerpos todavía en formación. También ha aumentado la anorexia y la bulimia, así como la cosmeticoorexia, que son tendencias de rutinas de belleza inadecuadas para la edad de los menores.
Todo ello se ve exacerbado por una dependencia emocional que se genera con esa continua preocupación por el físico, asociado a la valía y al reconocimiento social. Yo, presidenta, paro aquí para poder tener después mis cinco minutos de conclusiones. Muchas gracias.
Agradezco a la señora Olesti por su comparecencia y por ajustarse al tiempo. Bien, damos ahora la palabra a los grupos parlamentarios. El Grupo Parlamentario Izquierda Confederal, la senadora Delgado Gómez, tiene usted la palabra, senadora.
Muchísimas gracias, señora presidenta. Ya veo que se ha acostumbrado a que aquí no viene nunca Vox, o sea, lo de la bandera, usted ya entra conmigo directamente, porque la ausencia, creo que no han venido nunca a esta comisión. Escuchamos hoy un informe que busca mapear las preocupaciones y percepciones de las familias españolas: el decimocuarto barómetro de la familia.
Lo ha presentado usted, doña María Olesti Luna, directora general de la Fundación The Family Watch, a la que le damos la bienvenida y agradecemos su presencia y su exposición aquí en este Senado. Su fundación ha venido publicando barómetros desde hace años como herramienta de diagnóstico social sobre la familia en España, un trabajo que conocemos desde Más Madrid. Ya nos hemos reunido con ustedes, con el señor Alejandro, don Alejandro, y seguimos dispuestas a escucharle, como estamos haciendo hoy, además con detenimiento.
El propio informe indica que se basa en una encuesta a hogares españoles y presenta resultados sobre percepciones de la salud mental, uso de las tecnologías, preocupaciones sociales y prioridades de vida. Señala el impacto creciente de la salud mental, el estrés cotidiano, la precariedad que condiciona la vida familiar y el papel central de los cuidados, que son importantísimos. Aporta datos que ayudan a entender cómo viven hoy millones de personas, así como qué les preocupa, qué les falta y qué esperan de nuestras instituciones. Esta información es útil, por supuesto, como un termómetro social que nos recuerda que las familias necesitan más apoyo, más servicios públicos y políticas que respondan a las causas materiales de su malestar. En este sentido, el barómetro es un punto de partida absolutamente necesario.
Algunos de los datos describen, por ejemplo, que los jóvenes en las familias señalan un impacto negativo de las redes sociales en la salud mental y un alto consumo de ansiolíticos, lo cual es muy preocupante. También se observa que para perfiles de menores de 45 años, formar una familia queda por debajo de metas como viajar o el propio desarrollo profesional. Este barómetro, en definitiva, ofrece un termómetro de percepciones. Nos queda preguntarnos si esto puede sustituir un análisis sobre las causas de las condiciones estructurales que afectan a las familias.
Nos parecía interesante compartir con usted el propio término de "familia". Somos más partidarias de "familias", ya que recoge la amplia diversidad de la realidad social española, que incluye hogares monoparentales, adoptivos, plurinucleares, familias LGTBIQ+, familias con personas dependientes, entre otros. Entiendo que su observatorio está incluyendo toda esta diversidad, y quiero reconocer el esfuerzo que han hecho por reconocer lo que es la diversidad de las familias en este país, tal como ha ido evolucionando nuestra democracia. Ya no somos solo la familia, somos las familias.
También es importante comentar las condiciones estructurales, como la precariedad laboral, el acceso a la vivienda digna o las cargas de cuidados, que son factores documentados en múltiples investigaciones como determinantes claros del bienestar familiar. Por ejemplo, las personas en España que están en riesgo de pobreza o exclusión social representan un factor material que impacta directamente en las familias y en su bienestar psicológico. Es fundamental saber de qué forma, con su trabajo, se está contabilizando esta realidad.
Entendemos que las preocupaciones que recoge el barómetro, como la salud mental, la soledad y el uso de pantallas, son reales para muchas familias hoy en día. Además, corroboran en parte señales que también aparecen en otros estudios sociales y encuestas públicas. Desde Más Madrid, estamos realizando un trabajo profundo con políticas que amplían derechos y apoyos: más escuelas infantiles, comedores gratuitos en la educación pública, derechos de todas las familias independientemente de su composición, atención a la salud mental integrada en el sistema público y una mirada transversal para que todas las familias tengan las mismas posibilidades de conciliar y de llevar una buena vida. A la espera de conocer su opinión.
Sobre estas cuestiones, de nuevo le agradezco su presencia en el Senado y el trabajo que vienen realizando a lo largo de todos estos años. Muchas gracias.
Muchas gracias, senadora Delgado Gómez. Tiene ahora la palabra, por el Grupo Parlamentario de Izquierda por la Independencia, la señora Duarte López.
Gracias, presidenta. Bienvenida a la compareciente y gracias por todos los datos que nos ha aportado. Escuchándola, como conclusión principal diría que se corrobora que vivimos en sociedades que no están mirando casi de ninguna manera a las necesidades de la infancia, con profesionales sobrecargados, protocolos de atención obsoletos, y familias que hacen lo que buenamente pueden.
Las velocidades de trabajo, de vivir y de funcionar no van de la mano de los propios tiempos que necesita la vida, lo que tampoco nos permite repensar con sosiego cuáles son las estrategias que hacen falta para hacer frente a todos esos indicadores y diagnósticos que nos hacía referencia.
Como dato, me vienen a la cabeza las situaciones que hemos visto en las últimas semanas, como el caso de esa mujer en Madrid con sus dos hijos gemelos de tres años, que todas sus señorías saben de lo que estoy hablando, o el niño de cuatro años de Almería y el bebé de Ciudad Real de seis meses, fallecido también esta misma semana.
En la Comunidad Autónoma Vasca sumamos ya más de cuatro mil denuncias de violencia hacia la infancia, de las cuales 400 el año pasado han sido de abuso sexual en el entorno familiar. Esto nos señala que realmente no se están dando las circunstancias necesarias ni estamos avanzando hacia un cuidado de las familias y de los progenitores que revierta en el bienestar de tantos menores.
Hablando de diferentes factores que afectan el bienestar de las familias y la infancia, me centraré en la salud mental. Leía en el barómetro publicado en enero que el 42% de los menores españoles ha visto vídeos sobre cómo ganar dinero vendiendo su contenido sexual en las redes. También ha mencionado usted la influencia de los videojuegos en este contexto.
Quisiera saber su opinión sobre la Ley de Protección de Menores en Entornos Digitales, en un contexto donde ya hay países que, de mejor o peor manera, están intentando regular este entorno digital como un entorno físico más, donde es necesario tomar medidas no solo para formar a los padres y profesionales, sino también para limitar a ciertas empresas, como los productores de videojuegos, que están siendo muy criticadas.
Por otra parte, confirmo el aumento del coste de la crianza al que también hacía referencia. Otras organizaciones, como la Fundación de Family Watch y Save the Children, publican barómetros sobre la situación en la comunidad autónoma vasca y recogen datos similares. Solo el año pasado, el coste de la crianza en Euskadi para menores de 14 años superó los 800 euros por hijo o hija, lo que se traduce en que uno de cada diez menores de 14 años en la comunidad autónoma vasca vive en situación de pobreza.
Creo que, además de analizar todos estos datos y ser conscientes de ellos, tenemos la obligación desde todas las instituciones de hacer frente a esta situación, que no mejorará por sí sola si no se toman medidas desde lo público para garantizar, como decía, los derechos de cuidado que van mucho más allá de una conciliación o de un sistema de guarderías gratuitas. Estamos hablando de algo mucho más amplio y que realmente presenta muchas carencias.
Le agradecemos que nos haya traído tantos datos de manera tan resumida y esperamos poder seguir trabajando en esta línea de manera conjunta.
Gracias.
Muchas gracias, senadora Duarte López. Tiene ahora la palabra por el Grupo Socialista.
Se lista la senadora Flores García.
Muchas gracias, presidenta. Agradezco también a la señora Oleste por su presencia hoy en el Senado y por hablarnos del barómetro tan completo que han presentado. Según el decimocuarto Barómetro de la Familia, una amplia mayoría de la población, cerca del 80%, percibe que hoy es más difícil formar una familia que hace apenas una generación. Este dato no es una anécdota; refleja la realidad material de miles de jóvenes y familias trabajadoras que enfrentan dificultades para emanciparse, acceder a una vivienda y conciliar la vida laboral y personal.
El informe muestra que la vivienda y la falta de conciliación real son barreras estructurales que impiden a las personas planificar su futuro. Estas barreras no surgen de decisiones individuales, sino de un modelo que ha normalizado que el gasto en vivienda absorba más del 40% de los ingresos de muchos hogares. Además, debemos recordar que las competencias en materia de vivienda dependen de las comunidades autónomas.
El barómetro también pone el foco en un problema creciente: la salud mental de la juventud. Las familias detectan un deterioro asociado al uso sin control de las pantallas, la presión social en redes, el acoso y la baja autoestima. Si a esto le sumamos los bulos en redes, estos factores se agravan, sin olvidar que la salud mental es también una cuestión social.
El informe señala que solo un tercio de la población se plantea formar una familia a corto plazo. Esto debería interpelarnos. Si la gente renuncia o pospone este proyecto vital, no es por falta de valores, sino por falta de condiciones materiales dignas. Por ello, este barómetro debe servir para reforzar, reivindicar y tomar las medidas oportunas, tal y como hacemos desde este Gobierno, como son más inversión en conciliación real, permisos corresponsables, regulación del mercado del alquiler y apoyo público a la crianza, así como educación en igualdad con políticas que protejan a la juventud en el entorno digital.
El informe confirma que las familias necesitan derechos, estabilidad y seguridad vital, lo que exige políticas públicas ambiciosas, como las que está llevando a cabo este Gobierno progresista. Por lo tanto, me gustaría preguntarle: su barómetro señala que la vivienda es una de las principales barreras para formar una familia. ¿Comparte la Fundación la necesidad de regular el mercado del alquiler y limitar los precios abusivos para garantizar el derecho a la emancipación de la juventud y la pobreza infantil?
El barómetro también habla del deterioro de la salud mental, pero no menciona de forma explícita el impacto de la desigualdad y la precariedad laboral. ¿No creen que estos factores deberían abordarse en el análisis? El barómetro pone mucho énfasis en los riesgos digitales y en la influencia cultural, pero menos en las causas socioeconómicas que condicionan la vida de las familias. ¿Prevén incorporar en futuras ediciones análisis más profundos sobre desigualdad, brecha salarial y pobreza, sobre todo la infantil?
El barómetro confirma lo que miles de jóvenes llevan años diciendo: formar una familia es hoy casi un lujo. Y eso no se soluciona hablando de pantallas, sino de viviendas, salarios y derechos sociales.
Muchas gracias, señorías.
A continuación, tiene la palabra la portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Senado, la senadora Daroca Sanz.
Gracias, presidenta, y gracias también a la señora Oleste, como directora general de The Family Watch, por este valioso informe que nos detalla la realidad de las familias. Las familias no son solo un asunto privado; son la base de nuestra sociedad, como usted ha dicho. Es la institución más querida y valorada, porque cuando una familia está acompañada, todo va mejor a su alrededor. Pero cuando no se la apoya, cuando se la deja sola, el problema ya no es individual, es un problema social, económico y demográfico, un problema que acabamos pagando todos.
Y eso es precisamente lo que refleja este barómetro. Ocho de cada diez españoles sienten que hoy es más difícil formar una familia que en generaciones anteriores, y esto es algo terrible. Solo una de cada tres se plantea hacerlo en los próximos cinco años, y no porque no quieran, sino porque las circunstancias actuales lo hacen extremadamente complicado.
Condiciones no siempre se les permiten. Creo que todos escuchamos a familias hablar de estas dificultades, pero es su labor la que nos proporciona datos sólidos para trasladar estas preocupaciones a quienes tenemos responsabilidades institucionales. Ustedes nos ayudan a entender lo que significa formar una familia hoy en España. Este barómetro deja en evidencia algo muy importante: las familias no piden privilegios, piden apoyos. Piden que sus decisiones vitales sean acompañadas y protegidas, que criar hijos deje de ser un riesgo y se convierta en una etapa de esperanza y futuro. Su trabajo nos interpela a todos los que queremos construir políticas que realmente respondan a las necesidades de las familias.
Por ello, hoy quiero plantearles unas cuantas preguntas para profundizar en su visión y propuestas. Según los datos de este barómetro, ¿qué medidas consideran ustedes prioritarias para garantizar vivienda accesible, conciliación efectiva y empleo estable, de manera que formar una familia deje de ser un obstáculo y pase a ser un proyecto viable? El informe también evidencia que la maternidad y la paternidad siguen penalizando especialmente a las mujeres. Por lo tanto, ¿qué acciones o políticas consideran esenciales para que criar hijos deje de vivirse como una renuncia personal o profesional y se convierta en una etapa acompañada y protegida por las instituciones?
Desde The Family Watch han manifestado, y hoy mismo lo han vuelto a insistir, su preocupación por el acceso a las redes en edades tempranas. Esta semana ha aparecido en prensa la propuesta de limitar dicho acceso a menores de dieciséis años en Australia. ¿Consideran ustedes que esta medida sería factible también aquí en nuestro país? Si las familias son la base de nuestra sociedad, no podemos permitir que se sientan solas; no podemos permitirles que sostengan el futuro sin sostenerlas antes a ellas. Apoyar a las familias no debe ser un gesto simbólico, es una decisión de país. No es un gasto, es una inversión en cohesión, en bienestar y en futuro. Y si queremos una sociedad fuerte mañana, tenemos que empezar hoy por acompañar a quienes forman familias.
Gracias por hacer visible lo invisible. Su trabajo es imprescindible para que nuestra sociedad pueda acompañar a quienes forman familias hoy y para que esas familias puedan mirar al futuro con confianza y esperanza. Muchas gracias.
Gracias, senadora Daroca Smaning. Tiene ahora la palabra la señora Olesky para contestar a las preguntas de los grupos parlamentarios.
Gracias, presidenta. Muchas gracias, senadoras y senadores. En primer lugar, desde Family Watch les agradecemos muchísimo el apoyo que brindan a nuestro trabajo. Llevamos muchos años observando, a través del barómetro, no solo cómo han evolucionado los diferentes problemas y necesidades de las familias durante estos 14 años, sino también hacia dónde se dirigen las nuevas tendencias sociales que el barómetro va dibujando en cuanto a las estructuras más importantes hacia donde debe dirigirse el entorno familiar.
Es cierto que a veces hablamos del barómetro de las familias y del barómetro de la familia, pero utilizamos el término familia como un compendio general, donde entran todos esos hogares y ese lugar idóneo donde se dan encuentros entre diferentes generaciones. Por eso, nos importa muchísimo el aspecto de la pobreza familiar, que también se destaca en el barómetro. Consideramos que es fundamental, y por ello hemos desarrollado estudios y actividades, como talleres en comedores sociales, para abordar las necesidades de muchas familias, no solo en términos de alimentación y ropa, sino también para ayudarles a educar a sus hijos.
Gracias. En varios de los comedores en los distritos más vulnerables de la Comunidad de Madrid, se nos reclamaba que muchas familias, a pesar de su situación precaria de especial vulnerabilidad y exclusión social, tenían que continuar educando a sus hijos, lo cual se les hacía absolutamente imposible. Por ello, desarrollamos un programa de comedores sociales que nos permitía proporcionar herramientas a los padres para que, de alguna manera, pudieran ayudar.
En este contexto, es importante señalar que también existe una violencia en estas familias que va de hijos a padres, conocida como violencia filioparental, la cual estamos recogiendo en estos entornos especialmente vulnerables. Intentábamos vigilar más de cerca, ayudándoles y dándoles esas herramientas para que recuperaran su capacidad de educar y transformaran la convivencia familiar desde sus hogares, generando así un entorno social más estable y pacífico.
Consideramos que era fundamental llevar parte de la gestión y del trabajo que realizamos desde lo académico a pie de calle, algo que hemos detectado especialmente desde la pandemia a través del barómetro. Sin duda, hemos tenido el gusto de participar como observadores en el comité de expertos de la ley de entornos digitales. Allí hemos podido constatar, además de las aportaciones que hemos realizado, que desde el primer informe que elaboramos en The Family Watch en 2015, donde se abordaba la violencia filioparental por el mal uso de las tecnologías, hasta el informe de 2018 sobre menores y contenidos sexuales explícitos en Internet, se ha ido detectando la necesidad de controlar no solo desde las familias y los entornos sociales, sino también a través de medidas dirigidas a las plataformas digitales.
Más recientemente, hemos trabajado en un informe sobre la vulnerabilidad de jóvenes en entornos digitales. Todos estos informes, señorías, están a su disposición. A través de Focus Groups, queríamos observar qué experimentaban los jóvenes en tres etapas diferentes de edad y qué sensaciones tenían al acceder a Internet.
Asimismo, hace dos años, publicamos la quinta edición del informe sobre familia y el cine, en el que analizamos cómo los jóvenes y adolescentes perciben las películas y series más vistas. En este análisis, pudimos identificar una parte importante de información, mensajes y contenidos que se transmiten a través de estos medios, lo que nos lleva a la necesidad de regular qué contenidos ven nuestros hijos.
Junto con esto, es crucial que la conciliación no solo busque un equilibrio entre los horarios del trabajo y la familia, sino que también se dirija a cuidar a los hijos y a los familiares dependientes. Como saben, en el primer mundo, la falta de tiempo es un indicador de pobreza. Esta pobreza se manifiesta cuando no se puede ofrecer el tiempo necesario a los hijos en su crianza y educación, lo que empobrece las relaciones familiares y, en consecuencia, la sociedad. Cuando no podemos cuidar de nuestros mayores, los abocamos a una soledad no deseada.
Finalmente, en cuanto al deterioro de la salud mental, hoy consideramos que son muchos los aspectos que debemos abordar, desde la brecha salarial hasta las desigualdades, y las pautas socioeconómicas que debemos trabajar en este ámbito.