Buenas tardes a todos y a todas. Para mí es un placer, como portavoz de Juventud del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, poder abrir estas jornadas. Yo tenía que estar en el cierre, pero la compañera portavoz de grupo, Verónica Martínez, por una cuestión de vuelos y plurinacionalidades, no ha podido llegar. Sin embargo, es un auténtico placer poder abrir estas jornadas tan importantes para nuestro grupo parlamentario.
Estamos en un contexto en el cual se libra una batalla cultural y el debate acerca de la juventud es más que necesario. Ver esta sala llena demuestra, por una parte, el gran interés que tenéis en estas cuestiones y, por otra, el elevado nivel de ponentes y participantes en estas jornadas.
Considero que la preocupación sobre la juventud, la rebeldía y el momento que estamos viviendo es compartida por la sociedad civil, por la gente organizada, por la ciudadanía y también por quienes formamos parte de partidos políticos. Es una corresponsabilidad que debemos abordar juntos y juntas, escuchando y aprendiendo de aquellos que lleváis años trabajando desde lo social, así como de la gente que comunica. Por ello, lo que venimos a hacer aquí, desde el grupo parlamentario, es...
Escucharos y poder aprender de vosotros y de vosotras. Para nosotros, el debate de la juventud a veces se plantea en marcos que no son los que compartimos. Consideramos que la juventud de este país no es de extrema derecha; eso es así. La juventud de nuestro país está dando ejemplos de dignidad colectiva constantemente, lo estamos viendo con la solidaridad con el pueblo palestino y con la lucha en defensa de una vivienda pública. En mi caso, como valenciano, he estado en la lucha junto a las víctimas de la DANA por saber la verdad sobre lo que ocurrió aquella fatídica tarde-noche del 29 de octubre de 2024.
Sin embargo, también existe una parte de la juventud que está comprando un marco que nos preocupa y que genera elementos de actuación política que debemos abordar de frente y sin paliativos por parte de las instituciones y los espacios políticos progresistas en nuestro país. Pensamos que durante algún tiempo los espacios políticos han cometido errores que deben ser remediados. Por ejemplo, la infantilización de la juventud, que imagino que luego se comentará en la mesa de expertos. Tratar a la gente joven como personas que no tienen interés en la política es un error; la gente joven lo que quiere es tener horizontes y motivaciones que le permitan conectarse con nosotros y nosotras.
También, a veces, cometemos el error de comunicar mal, de no saber conectar y llegar a nuestro mensaje político a la gente más joven, porque nuestros marcos comunicativos se quedan anclados en elementos que ya no funcionan, tanto a nivel de narrativa como a nivel de herramientas comunicativas. Por eso, hoy aquí creo que lo vamos a abordar.
Como tercer elemento de autocrítica que debemos hacer desde el espacio de la izquierda, es que necesitamos un proyecto unitario. Este grupo parlamentario, con sus contradicciones y dificultades, es plural; tenemos gente de diversos partidos y debemos seguir ampliando esa mirada para tener un proyecto unitario donde la gente joven pueda entenderlo. No podemos ir a cada comicio electoral con un proyecto diferente, porque eso confunde a la juventud y no genera certezas.
Por lo tanto, reivindico la unidad y un proyecto unitario, porque el momento político que vivimos es necesario no solo para los jóvenes, sino también para los migrantes, para las mujeres y para las personas racializadas.
Para finalizar, me gusta conectar a personajes diferentes. Tengo un gran amigo gallego, Yago Moreno, que en una charla magnífica conectó a Perón con lo woke, y nos dejó a todos perplejos con esa comparación sobre el momento político que se vivió en Argentina previo al golpe militar, sobre los descamisados y aquello que la burguesía argentina necesitaba suprimir.
Me gustaría conectar de alguna forma un libro, el quehacer de un revolucionario ruso, que en su momento sirvió para entender el contexto histórico, con la reivindicación que hacen ahora millones de jóvenes con One Piece, una serie que me gusta mucho. Lo que plantea esta serie, que está levantando banderas por el mundo, es que el derecho a la rebeldía es un derecho de la juventud. Si los gobiernos no consiguen dar soluciones a la gente joven, ese derecho a la rebeldía es legítimo.
Por lo tanto, recuperemos la rebeldía, hagamos un nuevo quehacer juntos y juntas, y trabajemos para que la juventud se sienta identificada en nuestros marcos. Lo que tenemos enfrente ya lo sabemos: son los rentistas, las personas que miran en su propio interés, los antipatriotas que quieren eliminar toda diferencia en nuestra sociedad.
Yo tengo la suerte de defender los derechos animales en este Congreso, y un gran animalista de este país, cuando hablábamos del debate del lobo, que es una batalla que aquí perdimos, comparaba lo que hace Vox con el lobo para suprimir el debate sobre la ganadería y apoyar lo rural; utiliza el miedo al lobo como un elemento de miedo más. Lo mismo ocurre con las personas LGTBI y con las minorías, porque la extrema derecha necesita hablar de miedo. Quien conoce este país sabe que es plurinacional, diverso y que nos necesitamos a todos y a todas. Sigamos trabajando en eso. Hoy tenemos una mesa preciosa, con varios compañeros y compañeras diputadas, así como técnicos y técnicas.
Quiero agradecer estas jornadas a personas como Pedro, Victoria, Amanda y, por supuesto, a Cintia, quienes han hecho posible este evento. Vamos a intentar que todo transcurra de la mejor manera posible y, si hay oportunidad, charlaremos más adelante. Muchas gracias y espero que sean muy productivas.
Muy buenas tardes a todas y todos. Agradezco la invitación para saludar desde el Ministerio de Juventud e Infancia, en mi caso como directora general. El título que habéis decidido para estas jornadas es muy sugerente, y hemos venido para tomar buena nota y compartir algunas reflexiones. Muchos de los elementos ya los comentaba Nahuel, pero quiero aportar desde mi labor institucional y mi trayectoria en el activismo juvenil.
Es importante señalar una preocupación que hemos tenido desde hace tiempo: cómo una minoría muy ruidosa está logrando situar agendas y copar la atención mediática. Recuerdo la explicación pedagógica que hace Yayo Herrero sobre el momento que estamos viviendo, en relación a una policrisis que afecta a todas las personas, pero de manera considerable a los jóvenes, quienes solo han vivido entre crisis. Este segmento de la población acumula un gran malestar social y emocional, y es el que está siendo situado en la diana.
Siempre nos preguntamos por qué se intentan instalar estos marcos. Generalmente, hay intereses detrás que buscan desviar la atención de cuestiones incómodas, como el crecimiento del número de ultrarricos en los últimos años o el aumento de la desigualdad en nuestras frágiles democracias. Además, estamos en un momento de batalla cultural del sentido común civilizatorio, que no se da en abstracto, sino con un telón de fondo global donde no operan las fronteras ni las reglas. Los derechos se suspenden, ya que este espacio pertenece en exclusiva al monopolio de los ultrarricos, quienes están en los gobiernos más poderosos del mundo, como Elon Musk.
Con frecuencia se dice que la izquierda no está lo suficientemente implicada en las redes sociales, y quizás debamos reflexionar sobre ello. Sin embargo, no debemos olvidar que las reglas del juego las marcan individuos muy poderosos con intereses claros, que se han decantado en esta crisis sistémica entre la opción de salida democrática y la reaccionaria. Las élites económicas, que en su momento se beneficiaron de la conquista de la democracia por las clases trabajadoras, ahora han soltado la mano. Las democracias liberales y representativas ya no les bastan; buscan gobiernos reaccionarios, como hemos visto recientemente en Chile.
En nuestro país, este descontento no se entiende sin el problema de la especulación de la vivienda. Las generaciones más jóvenes no pueden emanciparse, y esto limita su proyecto vital. Es fundamental entender cómo operan los elementos en este contexto. Siempre me pregunto: ¿a quién le interesa sobrerrepresentar a una minoría ruidosa, a la que incluso medios como El País le hacen reportajes especiales? ¿A quién le interesa promover el apoliticismo y la idea de que "son todos iguales"? Estos elementos son estrategias para expulsarnos de la política, entendida como la posibilidad de construir otro mundo. Estamos, efectivamente, ante una especie de tormenta.
Las élites económicas se han decantado nítidamente por una opción reaccionaria y, al mismo tiempo, existe una especie de duda, de incertidumbre, que nos sitúa en un momento casi no constituyente en el espectro progresista. Hay muchas dudas, pero no un horizonte claro, y a veces nos tiemblan las piernas a la hora de situar determinadas medidas radicales, en el sentido de ir a la raíz, entendiendo que esta desigualdad estructural está generando todos estos malestares sociales.
Recurrentemente, se suele enfrentar a generaciones con el tema de las pensiones, por ejemplo, y no es casual que se sitúe el tema de las generaciones cada cierto tiempo. También se aborda el tema de la salud y de la educación. En este contexto, hay otro chivo expiatorio: los migrantes, que, según la narrativa dominante, colapsan los servicios públicos. Sin embargo, esta narrativa que intenta enfrentar a los pobres con los "nadies" de Galeano es una maniobra de distracción que impide señalar el proceso de privatización profundo que observamos con claridad en Madrid y en otras latitudes.
En este mientras tanto, debemos ser capaces de articular una defensa férrea de la universalidad. El Ministerio de Juventud, Infancia y Derechos Sociales, así como todo el espacio de Sumar, estamos impulsando con claridad una medida: la prestación universal de crianza. No solo porque sería una medida sumamente eficiente para paliar la pobreza infantil, sino por la potencia transformadora que conlleva. Hablar de universalidad de derechos implica necesariamente hablar de fiscalidad; es decir, quien más tiene, más debe contribuir. Debemos sortear esas brechas y dejar de justificar por qué un migrante necesita ser atendido en sus derechos.
Es fundamental que, en la medida en que no seamos capaces de dibujar un escenario para avanzar en la ofensiva y sin complejos en la defensa del país que queremos construir, creamos en la potencia transformadora de nuestras propuestas. Si ellos están siendo capaces de articular fenómenos en un sistema que depreda el planeta y los cuerpos, ofreciendo una ficción de cercanía a través de la hiperconectividad y una comunidad basada en el odio, nuestra apuesta debe ser generar una comunidad de comunidades, no una suma de soledades.
En este contexto, ante el avance del feminismo, emergen reacciones fascistas. Como bien decía Simone de Beauvoir, bastará una crisis económica para que todos nuestros derechos sean cuestionados. Existen intersecciones de clase, género, origen y raza, porque no todos los cuerpos sufren de la misma manera. Celebro que existan espacios como este donde podamos situar los datos y debatir sobre los grises y las dudas.
Es crucial preguntarnos: ¿con qué intervenciones seríamos más eficaces para determinados grupos poblacionales? ¿Cómo podemos generar espacios donde dudar sea posible para construir lugares más sanos? ¿Cómo generamos una sociedad de buenos tratos más allá de los elementos que ya se han probado y que no están dando resultados adecuados? Debemos tener la capacidad de autoevaluarnos para diseñar juntas soluciones que nos sirvan a todas y que, sobre todo, acaben con el mantra de enfrentarnos entre generaciones y entre personas migrantes o locales.
Agradezco profundamente que se celebren estas jornadas y me quedo aquí para tomar buena nota y participar del debate con una consigna clara: con todas o no será. Muchísimas gracias y que tengáis una buena jornada.
Antes de presentar la siguiente mesa, quiero resaltar la importancia de valorar a nuestra juventud. Mientras nuestra juventud estaba parando a los divulgadores de bulos en las universidades, estaba dando la cara en los desahucios y luchando también por el pueblo palestino. En contraste, las juventudes de los nazis estaban robando dinero de la gana. Debemos darnos cuenta de la diferencia.
Gente que lucha por un país mejor y de quién no. La siguiente mesa la presentará mi compañero Lander Martínez, así que vienen los expertos y con muchas ganas escuchamos. Un aplauso para ellos, por favor.
Vale, pues, bienvenidos y bienvenidas a todas a esta primera mesa. Yo no me voy a extender mucho, porque para no perder la costumbre ya vamos retrasados en tiempo. Entonces, sí que os aviso que seré un poquito firme con la moderación, sobre todo para que nos dé tiempo a las tres cosas que queremos hacer: que expongáis primero con un poco de profundidad lo que venimos a trabajar hoy, que podáis responderos después, y que, si queda un poco de tiempo, podamos atender también a las preguntas que las personas que han venido aquí puedan hacernos.
Esta primera charla tiene un título que considero bastante sencillo y claro: ¿Qué está pasando? ¿Votan los jóvenes a la ultraderecha? ¿Cuáles son las causas? Y si esto es así, ¿qué estrategias emplean las formaciones ultras? Hay ciertas cosas que están claras; evidentemente, no todos los jóvenes votan a la ultraderecha, ni mucho menos. Sin embargo, también es evidente que las derechas radicales han conseguido conectar con una parte de la juventud, especialmente la masculina, y que esto no es casual ni coyuntural.
Hoy vamos a hablar de muchos de los factores que pueden responder a estas preguntas desde diferentes perspectivas. Podemos hablar de una generación que ha crecido encadenando crisis económica, climática, sanitaria, de vivienda, de expectativas vitales y de la existencia de malestares reales. Cuando no se canaliza políticamente en clave emancipadora, siempre habrá alguien que lo canalice. Aquí es donde entra el papel de la extrema derecha, que no tanto ofrece soluciones reales, sino relatos simples para problemas complejos, señalando culpables, construyendo identidades cerradas y prometiendo una cierta restauración de control y orden.
Además, sabemos que no estamos ante acciones improvisadas; se utilizan códigos culturales cercanos a la juventud en redes sociales, lenguaje de humor, provocación estratégica, victimismo, y se ha sabido convertir el antifeminismo en un elemento de identidad política, especialmente para algunos jóvenes que viven estos cambios y avances en igualdad como una amenaza. Por esto, esta mesa es importante, no para caer en explicaciones simplistas, sino para entender causas, mecanismos y estrategias, y ojalá encontrar soluciones.
Así que paso a presentaros a las personas que están en esta mesa, para que también os presenten en orden de intervención. La primera persona es Steven Forti, profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona, con investigaciones centradas en fascismos, populismos, nacionalismos y las extremas derechas en la época contemporánea.
Autor de varios libros y presente en discusiones como las de hoy, tenemos a Pau García, licenciada en Filosofía y secretaria de Juventud de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras, quien ha recorrido diversos sectores como la educación, la sanidad, la hostelería y almacenes. También contamos con Belén Guirao, graduada en Derecho y secretaria general de la Organización de Jóvenes de UGT, conocida como RUGE, con una larga trayectoria sindical que ha impactado en luchas por la igualdad, la solidaridad antifascista y los derechos de trabajadores y trabajadoras.
Javier Carbonell, doctorando en la Universidad de Edimburgo, es director de Future Policy Lab y autor del informe "De proveedor a precario", sobre lo que vamos a hablar hoy. Es profesor asociado en diversas instituciones, como Sciences Po y la Universidad Pompeu Fabra. Por último, Iñigoen Delgado, doctor en Sociología por la Universidad de Barcelona, es investigador, formador y divulgador en masculinidades, con experiencia en movimientos sociales, juventud y prevención de discursos de odio, siendo un gran conocedor de la manoesfera.
Muchas gracias a todos por estar aquí. Ahora, no tengo mucho más que añadir, así que le doy la palabra a Steven. Tendrán unos ocho o nueve minutos, y yo les avisaré cuando esté por terminar el tiempo.
Buenas tardes a todas y a todos. Gracias por la invitación a esta jornada, que considero importante y que nos atañe como ciudadanos y ciudadanas, y sobre la cual conviene reflexionar. Intentaré, en este breve espacio de tiempo, presentar algunos elementos que puedan ayudar a las reflexiones posteriores, a partir de estudios y análisis realizados este año, tanto en España como en el extranjero, sobre las causas del auge de estas formaciones políticas, para luego centrarme en el tema de los jóvenes.
En primer lugar, al intentar responder a la pregunta de por qué cada vez más gente vota a la extrema derecha, se suelen recordar tres grandes razones que explican este fenómeno. La primera es el aumento de las desigualdades: los ricos cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres, el achicamiento de la clase media, la precarización del trabajo y la ruptura del ascensor social.
La segunda razón es el llamado "cultural backlash", es decir, la reacción cultural a los cambios en nuestras sociedades en temas de valores y derechos. Aquí entran el feminismo, los derechos LGTBIQ, el derecho al aborto y los cambios derivados de la llegada de población de origen extranjero, que generan cierto rechazo o incomodidad en sectores de la población, así como percepciones de miedo, una de las emociones más presentes en el mundo actual. La extrema derecha capitaliza políticamente estas emociones.
Por último, hay un tercer ámbito que me interesa especialmente, que se puede agrupar bajo el concepto de crisis de las democracias liberales. Este concepto, aunque abstracto, puede concretarse en cuatro palabras: desconfianza, desalineamiento, debilidad de los cuerpos intermedios y deshilachamiento de la sociedad. En cuanto a la desconfianza, diversos estudios y encuestas muestran altos niveles de desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones. En prácticamente ningún país occidental, más del 30% de la población confía en las principales instituciones democráticas, como el gobierno, los parlamentos y los partidos políticos.
El desalineamiento se relaciona con la volatilidad electoral y el aumento de la abstención, un tema muy importante en el caso de los jóvenes, que ha sido analizado por diferentes politólogos. La debilidad de los cuerpos intermedios, como partidos democráticos, sindicatos y asociaciones de la sociedad civil, es clave para el funcionamiento de una sociedad pluralista, ya que actúan como correa de transmisión entre territorios e instituciones.
Demandas, reivindicaciones y quejas de la ciudadanía. Si los cuerpos intermedios son más débiles, evidentemente, eso afecta al estado de salud de un sistema democrático pluralista. Por último, el deshilachamiento o atomización. Estamos en sociedades más atomizadas, y esto es una consecuencia, sí, de las nuevas tecnologías, pero también del impacto de la ideología neoliberalista. No perdamos de vista que el neoliberalismo no es solo una manera de gestionar la economía, como se ha explicado, sino que es una ideología que ha ganado por goleada, justamente porque no se ha presentado como tal; es una doctrina invisible, citando el título de un libro reciente de George Monbiot sobre el neoliberalismo.
A todo esto cabe añadir algo más, que se junta con todas estas causas, con sus matices según el contexto nacional y el momento. Han ido creando, y van creando, una mezcla de sentimientos que podemos definir como insatisfacción, frustración, resentimiento y rabia, que se suma a otros, como el miedo, que está muy presente en nuestras sociedades, el temor o la inseguridad. ¿Inseguridad frente a qué? ¿Miedo frente a qué? Frente a los cambios que estamos viviendo y que tenemos que enfrentar, que atañen tanto al mundo del trabajo como a las relaciones personales y al desorden geopolítico que estamos viviendo, muy claramente en el último año, así como el cambio climático y las pandemias. Esto, evidentemente, crea una demanda, si cabe, mayor que en el pasado, de protección y seguridad, de orden. La protección y la seguridad se pueden declinar de muchas maneras. La extrema derecha la declina a su manera y consigue ofrecer, a una parte de la población, respuestas con una cierta protección y seguridad frente a enemigos reales o supuestos, que pueden ser los migrantes, las élites globalistas, las izquierdas, lo "woke", etcétera.
Este es el marco en el cual nos movemos y deberíamos movernos para entender por qué y hasta qué punto hay un apogeo autocrático y hacia formaciones de extrema derecha entre los jóvenes. Para entrar en esta cuestión, plantearía dos cuestiones. La primera: ¿se está magnificando el apoyo de los jóvenes a la extrema derecha o las opiniones ultraderechistas de los jóvenes? Es cierto que diferentes estudios muestran una simpatía y una intención de voto creciente en parte de la juventud, sobre todo entre los varones, en algunos países, entre ellos España. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la extrema derecha ha subido en todas las franjas de edad. No nos encontramos, como en el pasado, con partidos que suman el 4, el 5 o el 6% de los votos; ahora estamos con partidos que obtienen el 15, el 20, el 25 o el 40%, según el país.
Por lo tanto, debemos pensar el tema de la juventud en un marco que atañe también a la gente adulta y mayor. Por otro lado, la volatilidad electoral, sobre todo entre los jóvenes, es muy elevada y los patrones pueden ir cambiando. Esto lo menciono en relación a la segunda pregunta: ¿este fenómeno es coyuntural o es un cambio de época, es sistémico? Por ejemplo, en Italia, en 2019, en las elecciones europeas de ese año, la extrema derecha consiguió muchos votos entre los jóvenes, alrededor del 40%, sumando el partido de Meloni y el de Salvini. En las europeas del 2024, en cambio, ha bajado al 25% entre los jóvenes.
No pensemos que esto sea una fotografía fija; es un fenómeno que puede cambiar de una forma u otra. Para ir terminando, algunos de los elementos que explican ese creciente, si bien matizable, apoyo entre sectores de la juventud a la extrema derecha se conectan con esas macrocausas que mencionaba antes. El primero que atañe a las desigualdades se relaciona, sobre todo, con la ruptura del ascensor social y, especialmente, con la percepción de que este se ha roto. Es decir, la percepción de esa ruptura es aún mayor que lo que muestra la realidad.
Digamos, unas expectativas no cumplidas de cara al futuro, que atañen evidentemente mucho más a los jóvenes que a la gente adulta. El miedo a que esas expectativas sobre tener una familia, una vida, un trabajo, puedan afectar. El tema de la vivienda es, sin duda, un asunto que se ha mencionado con razón, ya que impacta en el posible futuro de mucha gente joven.
Por otro lado, es cierto que entre los varones hay una tendencia de reacción frente a los avances del feminismo, que se conecta con la circulación en redes sociales, y no solo con discursos machistas, antifeministas y misóginos, como es el caso de la llamada manosfera. Esta influencia tiene un impacto significativo en una franja de edad que consume mucho más contenido de redes sociales en comparación con otras generaciones.
Esto nos lleva a otra temática que me parece especialmente importante: la manera en que se presenta la extrema derecha, que se muestra como rebelde, provocadora y transgresora. Esto, entre los jóvenes, no puede dejar de tener un impacto. Además, es relevante señalar que en España, para la franja de edad de 18 a 24 años, la única experiencia política de gobierno que conocen es la de la izquierda, lo que genera un sentimiento anti-establishment.
Cierro solo añadiendo dos elementos, sin entrar en profundidad. Uno es el impacto de la pandemia, que ha afectado considerablemente y que quizás hemos olvidado una vez que hemos salido de los encierros. El otro es la insatisfacción, no tanto con las democracias en sí, sino con el funcionamiento de nuestras democracias. Esto puede tener una declinación progresista, es decir, mejorar y llenar de contenido social nuestras democracias, pero también puede derivar a medio o largo plazo en un sentido autoritario.
Agradezco a Steven por sus aportaciones. Pau y Belén, vosotras tenéis una profunda trayectoria sindical y conocéis bien lo que es la precariedad laboral, las condiciones abusivas, los bajos salarios y la falta de perspectivas de futuro. Entiendo que tenéis algunas intuiciones sobre lo que puede suponer esto en la orientación del voto de las personas jóvenes y en sus vidas.
Mi nombre es Pau García Orrit, soy una mujer, aunque en ocasiones se me identifica erróneamente como Don Pau García. Aprovecho esta broma para trasladar mi agradecimiento desde una valenciana al Grupo Parlamentario Plurinacional de Sumar por llevar la voz de las valencianas a todos los rincones.
Estoy muy de acuerdo con lo que ha comentado el compañero Steven Forti. Quisiera resaltar el concepto de atomización, que me parece muy interesante. Cuando hablamos de atomización, no solo nos referimos a que las personas funcionan en una sociedad con lógicas más individualistas, sino que también hacen lo posible por no tocarse entre sí. Los átomos no se tocan entre sí, se tocan sus electrones. Esto es lo que le da sentido a lo que quiero expresar.
Creo que no deberíamos permitir que se afirme que la gente joven es de derechas sin que se matice que la derecha está permeando en todas las generaciones de nuestra sociedad. La tendencia de que la gente joven se identifique con la derecha tiene mucho que ver con que las generaciones anteriores quizás creían que eran más de izquierdas o no han hecho del todo el trabajo necesario. Esto no es una responsabilidad...
No se trata de hacer una lucha intergeneracional ni mucho menos, ya están muy interesadas muchas personas en que hagamos esto. Se trata de poner el foco en que, en primer lugar, no podemos sobrecargar de responsabilidad a las personas más jóvenes de nuestra sociedad, y en segundo lugar, no podemos tener un doble rasero con ellas. Este fin de semana han salido unas declaraciones de Rosalía hablando del feminismo, y todo el mundo se ha rebotado, con razón. Sin embargo, me hubiera gustado haber visto esa misma reacción en muchas otras organizaciones cada vez que un compañero ha asistido a un concierto de Sabina, quien ha expresado opiniones mucho más cuestionables, y que seguimos apoyando dentro de nuestras organizaciones progresistas y revolucionarias.
Dicho esto, tenemos claro que desde el sindicato no podemos pretender que las personas jóvenes tengan una creencia ciega en la democracia solo porque nosotras lo querríamos. Hay jóvenes a quienes no se les ha enseñado nada sobre esto en los centros educativos, y su concepto de democracia proviene de documentales que no les apelan en absoluto. Hemos confiado como sociedad en que sus familias deberían explicarles esto, cuando en realidad es una responsabilidad de todos y de todas. Si el día de mañana las jóvenes no creen en el sistema que les estamos dejando, será porque no hemos puesto el empeño necesario. Esto también nos apela a nosotras, a las que somos jóvenes, pero ya no tan jóvenes. Es una responsabilidad colectiva que nos debe activar desde hoy y todos los días.
Además, esto se relaciona con el no futuro en el que estamos sumidos actualmente. En todos los anuncios que está haciendo el Ministerio de Vivienda, si han acertado en algo, es en afirmar que nadie se imagina un futuro sin una casa. Es lo único en lo que han acertado hasta ahora. Si una persona necesita tener 70.000 euros ahorrados para poder acceder a una vivienda, no me extraña que muchos digan, equivocadamente, "esto es el sistema". Ante este no futuro, hay una frustración generalizada y un descrédito que debemos combatir y canalizar de alguna manera. Esto tiene mucho que ver con la pandemia. Las adolescentes que vivieron la pandemia en sus casas, quienes se llevan bien con sus familias, genial, pero no sé cómo habrán sido las adolescencias de quienes no tienen esa suerte. Quizás no lo han pasado bien y han estado más tiempo a merced de los algoritmos que controlan las multinacionales de lo que deberían.
No podemos caer en el abandono y simplemente culpabilizar a esta gente por lo que está ocurriendo. La reacción antifeminista seguramente tendrá mucho que ver con esto. Recordando el boom feminista de las huelgas de 2017 y 2018, surgía la pregunta entre los compañeros: "Como hombre feminista, ¿qué hago?". En aquel momento, y ahora es fácil decirlo, debimos darnos cuenta de que había que ofrecer también un espacio de emancipación a ellos, y no lo supimos hacer. Es importante reconocerlo. En aquel momento, estábamos muy cansadas y queríamos nuestro espacio, pero debimos encontrar también un espacio emancipador para ellos.
Por último, creo que es relevante señalar que el concepto de libertad se ha visto completamente absorbido por el individualismo. Si hacemos un ejercicio de pensar en una imagen de libertad que tengamos en nuestra cabeza, dudo que alguien se imagine algo que no sea individual. Muy poca gente probablemente se haya imaginado una manifestación, una huelga, o incluso una fiesta. Esto representa una pérdida grave del concepto de libertad. La libertad debe ser también un concepto colectivo que nos impulse hacia la colectividad. No solo hemos cedido este concepto al individualismo, sino que también se lo hemos entregado a la derecha. Si la gente necesita sentirse dentro de estos parámetros y esta lógica individualista, debemos reflexionar sobre ello.