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ESP - Senado - Otros - 12 de diciembre de 2025

12 de diciembre de 2025
11:00

Contexto de la sesión

Ciclo de conferencias "Encuentros con la Historia". Antonio Pérez Henares.

Vista pública limitada

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Señoras y señores, buenos días. Bienvenidos al antiguo Salón de Plenos del Senado de España, uno de esos espacios privilegiados que tienen la enorme suerte de resumir historia por todos sus costados. Porque no les quepa la menor duda de que si estas paredes pudieran hablar, nos contarían gran parte de lo acontecido en este país a lo largo de los últimos doscientos años. Mi nombre es Jaime Morales García, senador que tiene el inmenso honor de representar a su isla de Gran Canaria. Como viceportavoz de Cultura, hoy y dentro del ciclo de conferencias "Encuentros con la Historia", tengo el placer de presentar a don Antonio Pérez Henares. A su larga y reputada carrera como periodista, don Antonio suma un profundo amor por los acontecimientos del pasado, lo que le ha llevado, además de tener el honor de presidir la Asociación de Escritores con la Historia, a ser uno de los autores más leídos, destacando su enorme capacidad para analizar la fuente y ser fiel a lo que aconteció. Su talento nos demuestra que la historia, desde el punto de vista científico, no tiene que estar reñida con la capacidad de crear un buen argumento literario. Permítanme, como canario, un recuerdo a mi paisano don Benito Pérez Galdós, cuya sombra recorre estos viejos pasillos, especialmente la grandiosa biblioteca del Senado de España. El genio, en sus "Episodios Nacionales", ya marcó una senda de que historia y literatura pueden y deben ir de la mano. Escuchemos a don Antonio Pérez Henares hablarnos del principio del imperio, de Colón a Cortés, situándonos en un momento trascendental para el mundo y en la construcción del Estado moderno por los Reyes Católicos, donde resulta imposible entender las hazañas de los conquistadores sin esa fusión de acción caballeresca e ignorancia a lo desconocido, más propia del hombre de la Edad Media, con los intereses económicos propios de la Edad Moderna, apoyados por los cambios tecnológicos de la época. Reconocer a la Edad Moderna como el tiempo donde se plasma el humanismo en acciones, pero sobre todo en hombres, porque el individualismo, la razón y la cultura serán los motores de Colón, pero también los de Carlos V y, por supuesto, de Cortés. Todo ello plasmado en la hacienda, el ejército y la burocracia que crea la monarquía hispánica y que se expande por todo el mundo, creando el imperio por excelencia de esa etapa histórica: el español. Y junto a ella, siempre el océano Atlántico como terreno codiciado. A las conquistas terrestres se añade la enorme importancia del control de las rutas marítimas en la Edad Moderna. No podemos olvidar nunca que los viajes de Colón son quienes realmente abren las rutas a América y a India. En este punto, permítanme un guiño a mi tierra: la conquista realenga de las Islas Canarias de finales del siglo XV cobra vital importancia, tanto por ser el laboratorio de la posterior conquista y colonización de América, como señalaba el catedrático en los descubrimientos geográficos de la Universidad de Sevilla, don Francisco Morales Padrón, como por su papel de enclave estratégico en las rutas atlánticas. En definitiva, España y Canarias, especialmente, como lo que siempre fue y es, límite y tierra de fronteras. En la casa de la palabra que es el Senado, quisiera terminar esta presentación con una reflexión que nos dejó un grande. Aunque dedicada a Hernán Cortés, estas palabras tienen un carácter universal y generalista. El Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz escribía...
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Que fue publicada en ABC el 29 de diciembre de 1985 y que, cuarenta años después, sigue siendo de absoluta actualidad. Decía Octavio Paz: el carácter ideológico del mito de Cortés es evidente, pero esas luchas pertenecen al pasado. Hoy el mito pelea contra fantasmas. Aparte de su irrealidad, el mito es nocivo, porque en lugar de unir, divide a las conciencias. El odio a Cortés no es odio a España, es odio a nosotros mismos. El mito nos impide vernos en nuestro pasado y, sobre todo, impide la reconciliación. Nació desde la ideología, y solo la crítica de la ideología podrá disiparlo. Cortés debe ser restituido al sitio al que pertenece, con toda su grandeza y todos sus defectos: a la historia. Esta tarea de crítica equivale a una cura moral y debe ser emprendida por aquellos que son los herederos directos de los creadores del mito: los intelectuales y la actual clase gobernante. De ahí que la crítica que propongo tenga que comenzar por ser una verdadera autocrítica. Muchas gracias por escucharme y, por favor, don Antonio, tiene usted la palabra. Buenos días. Bueno, pues ahora me toca la conferencia a mí. Es un placer, como siempre, estar con ustedes, y es, como siempre, un verdadero reto afrontar una de estas sesiones. Estamos profundamente contentos en Escritores con la Historia de lo que se está haciendo y les prometo que continuaremos en esta labor. Quedan de este ciclo todavía algunas conferencias más, pero después habrá otras. Voy a aprovechar las palabras del senador sobre Benito Pérez Galdós para hacer esa reflexión que siempre suelo hacer sobre esos ignaros que, de pronto, dicen que el género histórico es un género menor. Benito Pérez Galdós es un ejemplo de ello, lo sabe todo el mundo, con una obra mínima. Lo mismo ocurre cuando se habla de la pintura histórica; ¿quién era el tal Tiziano o un tal Velázquez? Nada, vamos, de baratillo. Esto tiene mucho que ver, creo yo, con esa especie de bulo generalizado por parte de quienes dicen que hay muchos bulos, que es que un poco la historia de España es algo que mejor no hablemos de ella, porque es un pecado universal que llevamos encima, del que debíamos ir pidiendo perdón, no sé si a los neandertales, que es posible que sí. Benito Pérez Galdós, efectivamente, es el Premio Nobel de Literatura que tuvo que ser. Pero ayer, he de decirles que volví de Toledo a ciertas horas, porque ayer entregamos a Juan Eslava Galán el premio en Toledo. Este premio, que ha comenzado a andar, se llamará "Toledo a Luz de Europa", y será concedido cada año a la personalidad que más haya destacado desde el punto de vista cultural, ya sea escritor, en artes plásticas, escénicas o, incluso, vete tú a saber si un día no podemos dárselo a algo cinematográfico, cuando nuestros cineastas entiendan que en la historia de España hay algunos hechos narrables. Si los americanos han hecho del Far West una narrativa rica, creo que en todo el conjunto de la historia de España daría para al menos una película donde nosotros no fuéramos los malos. Tampoco pido que seamos los héroes, pero, en fin, ¿por qué no? Bien, fue un día grande, una noche grande ayer poderle entregar a Juan Eslava Galán ese premio. Quería contárselo antes de empezar, porque sé que algunos lo irían aquí, porque sé del afecto que se le tiene y porque creo que no podía ser otro el primer premio que Juan Eslava, porque nadie como él ha contribuido.
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Su manera de decir nos hace reír y pensar después. De hecho, uno de sus grandes libros es "La conquista de América contada para escépticos". Hoy les voy a hablar de lo más desconocido de la epopeya americana. Dicen que es incluso un poco gafe, que Colón, en esto de hacer libros sobre él, es un poco gafe. No sé si tendrán razón, a mí la española me fue bien. Les cuento que, por alguna extraña razón, lo que menos conocemos del descubrimiento, el inicio del imperio y la conquista de América es precisamente el principio. Muy pocos españoles y muy poca gente conocen que aquello empezó realmente mal. Lo primero que hay después del primer viaje de Colón es una enorme tragedia. Colón deja en el Fuerte Navidad, cuando el barco de Juan de la Cosa, el gran piloto, se levanta el viento una noche que estaba en calma, solo queda un grumete. Ese barco se va contra las escolleras, se salva lo que se puede, pero, como el Pinzón se había ido con la Pinta a dar una vuelta y no aparecía, no tenían sitio donde meter a la gente, les quedaba la Niña. Con lo cual, deciden dejar 38 hombres al mando de un tal Enrique de Arana, primo hermano de Beatriz Enríquez de Arana, madre de Hernando de Colón. Cuando Colón vuelve en el segundo viaje, no quedan sino tizones. No hay rastro de las armas, solo aparecen españoles muertos en las escolleras, que saben que son españoles porque tienen barba, algunos atados a un madero. Finalmente, cuando llegan al Fuerte Navidad, escarbando, encuentran otros 11 cadáveres. El resto ha desaparecido. ¿Qué pasó? No lo sabemos. Lo que cuenta el cacique amigo de Colón es que él mismo ha sido atacado por Caonabo, el cacique caribe que ya se había apoderado de parte de la isla. Colón se encuentra a los taínos, ingenuos como niños, pacíficos, prácticamente sin armas, que empezaban a sufrir un ataque continuo de los indios caribes, que venían del continente y asaltaban las poblaciones. Caonabo se había casado con la gran cacica Anacaona y dominaba una gran parte de la isla de La Española, la actual República Dominicana y Haití. Colón no tenía miedo y dejó bien pertrechado el Fuerte Navidad. Cuando llega, sigue siendo un misterio qué fue de las armas, porque no aparecen después. Lo cierto es que ese impacto es brutal. Se dan cuenta de que hay unos taínos muy pacíficos, pero unos indios caribes que son peligrosísimos, sobre todo cuando empiezan a darse cuenta de que son antropófagos, que asaltan las islas, se llevan a las mujeres jóvenes y a los niños pequeños, a los que capan para cebarlos. La historia hay que contarla como fue, no como en un momento determinado queramos edulcorarla. Todo esto, curiosamente, lo sabemos porque ya aparece en el segundo viaje de Colón un paparazzi, Michele de Cuneo, que no podía ser sino italiano.
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De muchísimos sitios. Es más, hay un señor y su padre, y ahora el hijo, que dicen que Colón era de un pueblo de al lado del mío, que se llama Espinosa de Henares. Ahí hay unos navegantes absolutamente fabulosos, como ustedes saben. Sin embargo, también han hecho al pobre Colón de Padrón catalán. El otro día surgieron estas historias, tras un exordio monumental, que contaron e investigaron para decirnos que no sabían muy bien de dónde era, pero que era judío. Hombre, el pobre Colón dice todo el tiempo que es de Génova. Su hijo afirma que su padre es de Génova, y todo el mundo que va con él lo respalda. Esta es una de las pruebas: Michele de Cuneo, un amigo suyo genovés, que es bastante rico, se une a ese segundo viaje porque se ha descubierto algo enorme. De la misma manera, en ese segundo viaje va el médico de los Reyes Católicos, un tipo que es el primer médico que va allí, y que no lo conocían en Sevilla. ¿Qué es lo primero que se hace? Lógicamente, se abandona Fuerte Navidad y se establece La Isabela. He tenido el privilegio, en las expediciones que hacía con mi maestro Miguel de la Cuadra, de haber realizado ese viaje. Colón era un navegante excepcional, pero no sabía muy bien dónde poner los puertos, porque el emplazamiento de La Isabela estaba mal decidido; entraban los vientos que no debían. La Isabela recibió diecisiete barcos y más de dos mil personas, y les doy un dato: al año no quedaba ni la mitad. De la conquista de América sabemos, como siempre se cuentan, los triunfos y los avances, pero la realidad es que, por un lado, empiezan a morir los indígenas como chinches debido a las enfermedades que los europeos llevábamos. En Europa ya había mucha gente entonces y, por tanto, se habían producido inmunidades. La viruela existía, pero no mataba tanto como lo hizo allí. Pero cuidado, también por el otro lado, las enfermedades y el clima, junto con determinados elementos de cambio en un ecosistema que no es el tuyo, produjeron enfermedades verdaderamente atroces. El propio Colón estuvo a punto de morir por una enfermedad que se decía que se contraía en los barcos, que era como una especie de fiebre porcina, no como esta africana. Colón se vio reforzado allí por su hermano Bartolomé de Colón y su hermano pequeño, Giacomo, conocido como Diego, ya que no era italiano. Es una bobada, como Américo Vespucio, que era veneciano y formaba parte de la Corona española. Fue el jefe de la Casa de Contratación de Indias. Por eso, tanto los mapas que hacían los demás como los que él elaboraba, firmaba como Américo, y al final eso llegó a Alemania, donde se dijo: "pues este es el tío América". En realidad, no es que Américo dijera "yo he descubierto América", sino que los mapas de la Casa de Contratación de Indias, donde él era el jefe, llevaron a esa confusión. Esta tontería de nacionalismos no puede abarcar algo tan amplio. Fíjense, ya en su nacimiento empieza la idea de imperio. ¿Y qué es lo que hace un imperio? Atraer talento. Un imperio atrae talento. ¿Dónde va el personal? A Nueva York, o a China, aunque allí dejan entrar poco y se expande poco. Pero lo cierto es que los grandes pintores, los grandes navegantes y los grandes militares llegan adonde está el cogollo y el lugar hegemónico del mundo. Desde el principio, empiezan a estar allá, y por eso, en el segundo viaje de Colón, ya va gente muy potente. Vuelve Juan de la Cosa, entre otros.
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No le gusta mucho porque sabe que Juan de la Cosa, a quien le informa, es a su reina, a Isabel. La historia de Juan de la Cosa es fabulosa. En realidad, Colón sale porque Juan de la Cosa, que está de espía en Portugal, avisa que los portugueses están bajando por África, que ya han doblado Bojador, que están a punto de llegar a Nueva Esperanza, que nos están ganando la carrera de las especias, y por eso él va. En el segundo viaje, aunque ha discutido con Cristóbal Colón, la reina Isabel le dice: "tú, allá". Pero en ese segundo viaje, fíjense ustedes, les propongo un juego. Imagínense que alguna vez van a Santo Domingo, y se lo aconsejo fervientemente. Aunque ya había pasado el tremendo huracán del año 1500, la ciudad se había establecido a este lado del Ozama porque estaba más protegida. Se había empezado a construir el Fuerte Ozama. Todavía no había llegado Diego Colón ni había comenzado a construir el palacio de la familia que hoy se ve, pero ya existía la Calle de las Damas, que se había hecho con las piedras que llegaban de lastre en las carabelas, utilizadas para hacer la primera calle empedrada del Nuevo Mundo, que hoy se sigue llamando la Calle de las Damas. ¿Por qué? Porque cuando van las mujeres españolas, castellanas, ya en el tercer viaje, fueron las primeras. Aquellas calles no se podían pisar, se les ensuciaban las sayas de barro, y se empedró la Calle de las Damas para que las señoras castellanas no se ensuciaran. Hoy se sigue llamando así y va desde el Palacio de los Colón. Al subir esa calle, a la izquierda queda Fuerte Ozama, a la derecha, se lo aconsejo, siéntense en un bar que hay en la esquina de la plaza. Al atardecer, vean la primera catedral del Nuevo Mundo, la catedral de Santa María de Santo Domingo. Verán que, si tienen suerte y les da el sol, la piedra tiene un toque nacarado, porque está hecha con piedras que tienen incrustaciones marinas. Allí, al otro lado, estaba Ozama, donde llegaban los barcos. Imagínense que un día han llegado naos de la península y han traído algo muy importante: vino. En los bares de Fuerte, en las tabernas de Fuerte Ozama, se juntan las gentes, no muchas, porque siguen muriendo como chinches. En Santo Domingo había, como mucho, mil quinientos, con todos los que habían seguido viniendo, y ya pueden estar allí. Han llegado el vino y se han reunido. A lo mejor, en una mesa puede estar el viejo almirante, ya casi ciego, que ha vuelto de Jamaica, casi medio muerto, con su hijo Hernando y su hermano Bartolomé. Puede estar Juan de la Cosa, su piloto, quien llegó en ese primer viaje, el primer gran héroe, el primer gran mito de la conquista: el capitán de la Virgen, Alonso de Ojeda. El pequeño capitán que había combatido en la Guerra de Granada, que se había batido mil veces y que no le habían sacado sangre nunca. Si querías que Ojeda te matara, solo tenías que meterte con la Virgen María. Ojeda va a ser el primer héroe porque será quien lleve la famosa carga de caballería del intento de rebelión taína y caribe, aunque a Caonabo ya lo ha capturado él. Caonabo intenta unir a todos los cacicazgos de Santo Domingo, pero eso se lo cuento luego. Verán, en una mesa, como les digo, puede estar Colón y los niños, que son los que le siguieron siendo fieles. La carabela La Niña dio más vueltas para acá y para allá, hasta que ya no pudo más con la última. Pero La Niña es la que vuelve de continuo, tiene poco reconocimiento, ni los niños ni La Niña. Saben que todo, además, está perfectamente documentado.
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Sabemos quiénes iban en todos los barcos y quiénes se murieron. Porque, queridos amigos, somos romanos y somos unos burócratas perdidos, y todo está apuntado, todo hasta lo último. Por eso la historiografía puede ser más accesible. En el primer viaje, en el segundo, en el tercero y en el cuarto, sabemos quiénes iban, y algunos de los Pinzón continuaron. Todos estaban allí, porque en otra mesa pueden estar los Pinzón, que ya se han separado de Colón, y uno de esos hermanos ha descubierto Brasil. Sí, fue el primero que llegó a las costas de Brasil. Al principio queríamos que también fuera nuestro, pero luego ya se sabe el lío que hubo por aquí. En otra mesa, fíjense, puede estar un viejo rodelero que ha venido de Italia, un infante que tiene ya muchos tiros pegados: un tal Francisco de Pizarro, que es amigo de Ojeda. También puede estar un primo suyo que es un pinta, que ha tenido un lío de faldas precisamente en la calle de las Damas. Se había venido un poco de Medellín porque había tenido uno primero, y además con mala suerte, porque tenía ciertos amoríos con una casada. Habían quedado y él trepaba por la tapia, pero había habido una lluvia que reblandeció el muro. Cuando estaba trepando, se le cayó el muro y, al estruendo, salió el marido. La única herida que tenía Cortés era de aquel marido furioso que le alcanzó con la espada en el labio. Hernán Cortés no había combatido demasiado, pero ya había tenido un incidente. En una de esas calles de las Damas, estaba requebrando, y aquí no fue el que se llevó el trastazo, sino él quien le dio con el hierro. No lo mató. Está el bueno de Hernán Cortés, que es un joven que sueña como los otros. También puede estar un tal Balboa, que ha llegado desde Moguer, donde era paje de Portocarrero. Tiene sueños de gloria, y los ha tenido porque Ojeda ha andado con Juan de la Cosa, su gran amigo. Ya están dando vueltas, primero han llegado a Cuba algunos, en este caso Colón, pero Colón ya ha tocado tierra firme en el tercer viaje. El Macuro sabe que es tierra firme, pero sigue creyendo, o mejor dicho, se esfuerza a creer que siguen siendo las Indias. Ha llegado a la desembocadura del Orinoco, y resulta que ese arrastre de aguas es inmenso. Verán, les cuento una experiencia personal. En el año 1998 hicimos el viaje de la ruta que va de Quezal a Macuro, al golfo de Paria, donde Colón toca tierra firme por primera vez. ¿Por qué sabe que ha llegado a un continente? Porque cuando entras a ese golfo, ya sea por la boca de la sierpe o la del dragón, tiras cubos al agua, y al subirlos, el agua es dulce. Es la tremenda desembocadura de un río, delante del cual nuestros ríos son arroyuelos de pequeña magnitud. Quien haya visto el Orinoco como el Amazonas se da cuenta de esa dimensión enorme. Entonces, él dice que tiene que seguir diciendo que ha llegado a las Indias. Estoy convencido de que estos ríos nacen en las fuentes del paraíso, o sea, que son el Tigris o el Éufrates. Era el Orinoco, pero Colón ya sospechaba. Su hijo ya lo dice, pero se resistía, pues eran las Indias su objetivo. En el cuarto viaje, Colón, con esa intuición inaudita, había hecho otra cosa más: había llegado a buscar el paso, ¿saben dónde? A Panamá, al lado de por donde va el canal. Colón busca ese paso porque ahí le han avisado a los reyes.
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Que los portugueses han atravesado el Buen Esperanza y que deben estar en Calcuta. Es en este contexto que Colón, en su tercer viaje, acaba esposado por Bobadilla. Luego hablaremos de Bobadilla, en honor a él. Bien, ¿qué sucede? Colón es un navegante que llega a un sitio donde los indígenas le informan que a nueve jornadas hay un gran mar al otro lado. Colón inicia el camino, pero son marineros. Él busca el paso por mar, se vuelve a embarcar y sigue intentando encontrar una ruta. Muchos siglos después, en el siglo XVI, el rey Carlos I ya intenta y propone la construcción de un canal, y también lo hará su hijo Felipe II. No había la tecnología necesaria; de hecho, cuando se intenta por el canal de Suez, no lo consiguen y se tiene que hacer posteriormente con esclusas. Pero qué intuición, ¿por dónde busca el paso? La idea de encontrarlo se ha convertido en una obsesión. Magallanes lo encontrará no mucho después, mucho más al sur, aunque en ese momento aún no está presente. En una noche, mientras se comparte vino, ya les he mencionado que estaban presentes Ojeda, Juan de la Cosa, un Pizarro, un Cortés, y puede que un cura encomendero llamado fray Bartolomé de las Casas, quien es un gran amigo de los Colón y siempre los defiende. Quien sí está convertido es un tal Antonio Montesinos, el primer dominico. Fray Bartolomé se hizo dominico años después en Cuba. También puede estar allí Balboa, quien ha participado en los primeros viajes colombinos junto a Ojeda y Juan de la Cosa. Colón ya no se lleva bien con Fernando, primero porque las capitulaciones no son aceptadas por él. Fernando creía que iban a llegar a ser virreyes de toda América, y según las capitulaciones, lo eran. Sin embargo, se firma un acuerdo que no se cumple, y esos serán los juicios colombinos que durarán mucho tiempo. Ya se han realizado varios viajes, entre ellos los de Ojeda y su amigo Juan de la Costa, así como la participación de Américo Vespucio, y se han elaborado los primeros mapas. También hay alguien que tiene mucho que ver con Ojeda, y es Juan Ponce de León. Fíjense, puede que haya un cuadro en el que él tuviera que estar. Juan Ponce de León, en ese segundo viaje, es el hombre de mayor nivel nobiliario que va; es un Ponce de León, descendiente de los reyes de León que se ha pasado a Castilla hace mucho tiempo. Posiblemente, ese Juan Ponce de León fuera quien llevara el caballo de la rienda al rey Fernando cuando entró en la Alhambra, y también va a América. Ponce de León tiene una conexión importante con Ojeda: ambos se han casado con indígenas. Desde el primer momento, la reina Isabel ha declarado dos cosas esenciales que cambiarán absolutamente la idea de lo que es el Imperio Hispano. La diferencia exacta del Imperio Hispano respecto a cualquier otro imperio es que el Imperio Hispano es un imperio a la romana. Roma se replica en España, y España se replica en América. Roma hace de las tres provincias hispanas su elemento más potente: la Bética, la Lusitania y la Tarraconensis, que es Hispania. Así, nosotros hacemos de lo que es la Nueva España, que se le llamó al primer gran virreinato, con las mismas leyes y con la ciudadanía, de esa manera, a los habitantes de aquellos territorios. Por eso, Isabel dice: "No porque entonces..."
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