Buenos días, señorías. Vamos a proceder al inicio de la comisión convocada para el día de hoy. En primer lugar, como ya saben, procederemos a la contestación a preguntas dirigidas al Gobierno; a continuación, debatiremos una proposición no de ley y, después, el informe sobre subsidiariedad. Las votaciones las haremos, de común acuerdo con los grupos, al finalizar la sesión.
Empezamos con la contestación a las preguntas. Indicar a los portavoces que, para cada pregunta, el grupo proponente y el compareciente por parte del Gobierno dispondrán, entre ambos, de un total de diez minutos, que podrán distribuir como consideren.
Comenzamos con la primera: Medidas previstas para garantizar, en el plazo restante, la recepción íntegra de los 92.417 millones de euros del Plan de Recuperación y Resiliencia que aún no se han solicitado.
Comparece por parte del Gobierno don Israel Arroyo Martínez, secretario de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa. Para formular la pregunta, tiene la palabra el señor Olano, del Grupo Parlamentario Popular, grupo solicitante de la comparecencia.
Muchas gracias, señor presidente. Buenos días, señorías. Señor Arroyo, bienvenido a esta comisión en la que usted comparece como uno de los responsables del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
Señor Arroyo, le confieso que hoy tiene usted una tarea difícil. Una vez más debe intentar vender como un éxito lo que ya es reconocido dentro y fuera de España como uno de los mayores fracasos en la gestión pública de nuestra historia reciente. Lo que hoy nos traen aquí no son logros, señor Arroyo, son excusas. No son avances, son pretextos y, desde luego, no es transformación lo que presentan, sino propaganda vacía que oculta un desastre que, repito, ya es difícilmente tapable.
Unos fondos concebidos como palanca para modernizar nuestra economía, reforzar la productividad y reconstruir el tejido empresarial tras el shock de la pandemia del COVID-19. Desde luego, son tres grandes objetivos y, también, han obtenido tres sonoros fracasos.
Recordemos las cifras que ustedes mismos han publicado. España tenía asignados, o tiene asignados, 163.014 millones de euros de los fondos Next Generation EU. A mayo de 2025 solo se han ejecutado 53.646 millones, es decir, no llega al 33% del total. De 71.383 millones convocados, solo 53.646 han sido resueltos. Si hablamos de los PERTE, de 25.600 millones, únicamente 19.000 han llegado a buen puerto.
Pero la magnitud del desastre no termina aquí, señorías. Faltan ocho meses para concluir la ejecución. En agosto de 2026 todos los fondos deben estar utilizados y, a este ritmo, una parte muy relevante no se ejecutará nunca. Esa es la realidad: aproximadamente el 50% del dinero que la Unión Europea puso a disposición de España no se va a ejecutar. Desearía equivocarme, pero creo que no va a ser así. Y ese 50% no ejecutado es el tamaño de su fracaso, señor Arroyo. Este fracaso es lo que pretenden ocultar con su relato, pero, desgraciadamente, ya no les cuela.
¿Qué medidas tiene previstas para garantizar, en el plazo restante, la recepción íntegra de los 92.417 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que todavía no se han solicitado? Gracias.
Gracias, señor Olano.
Tiene ahora para contestar el secretario de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa, Israel Arroyo Martínez, por un tiempo máximo de diez minutos.
Muchas gracias, presidente. Muchas gracias, señorías. Gracias, señor Olano.
Antes de comenzar mi respuesta, me gustaría contextualizar. El contenido del Plan de Recuperación esencialmente consistía en dos grandes bloques. El primero son transferencias, es decir, gasto finalista financiado por la Unión; y el segundo era un bloque de préstamos, la famosa adenda que se aprobó posteriormente y cuya segunda fase era una continuación de la primera, pasando de los elementos de transferencias a instrumentos de financiación finalista.
En esta segunda fase, la iniciativa ya no surgía directamente del Estado miembro o del gobierno receptor, sino a demanda de los ciudadanos y, fundamentalmente, de las empresas. Es decir, eran préstamos en los que las empresas, en función de proyectos potencialmente interesantes que encajaran con las finalidades del Plan de Recuperación, solicitaban, a través de distintos canales, fondos y gestores de instrumentos financieros habilitados.
Desde el principio se era consciente de que aquello era más bien un colchón de seguridad: una cantidad de préstamos muy abundante puesta a disposición de la economía española, con la finalidad de que ningún proyecto alineado con los objetivos del Plan de Recuperación dejara de llevarse a cabo por falta de financiación. En ese sentido, la adenda ha funcionado bien, de acuerdo con su finalidad y su naturaleza de red de seguridad.
Ahora bien, la ejecución no está cerca del 100%. En transferencias, en cambio, estamos en cifras muy elevadas: ya se ha recibido en torno al 70% de los fondos y el porcentaje de ejecución es muy alto. El impacto transformador de esa primera parte del Plan es indudable; lo reconocen las estimaciones del Banco Central Europeo, de la Comisión Europea y las nuestras propias. Que España sea, por segundo año consecutivo, la economía desarrollada que más crece se debe en buena medida a ese impacto transformador. El papel de la adenda, insisto, era distinto, y conviene subrayarlo.
¿Quiere esto decir que esos fondos no se van a utilizar? No. Precisamente porque es importante que esa naturaleza transformadora del Plan no se pierda, estamos trabajando con la Comisión en una adenda de simplificación que, como le comentaba hace un momento al presidente, tengo la mala —o la buena— suerte de que se aprueba hoy, o se está aprobando, en el Consejo de Ministros. Por ello no puedo dar mucho detalle, pero en muy poco tiempo conocerán más sobre sus contenidos.
La intención de esa adenda, trabajada con la Comisión Europea, es que la utilización del Plan de Recuperación vaya más allá de 2026, fecha inicialmente prevista. Además, la ventaja financiera que ofrecía la financiación de los préstamos europeos se ha reducido mucho respecto al coste de la deuda española: que la financiación de un proyecto provenga de deuda emitida por la Unión o por el Estado español supone hoy una diferencia muy pequeña. Sin embargo, las limitaciones de utilización de esa deuda en el esquema del Plan de Recuperación son mayores. En consecuencia, el sentido de la adenda inicial ha cambiado.
Lo que debemos procurar es que la restricción financiera desaparezca, manteniendo al mismo tiempo la flexibilidad que nos proporciona esa financiación, esos fondos, ese colchón de seguridad del que les hablaba, pero de una manera más flexible. En suma, la adenda cumple una función esencial de simplificación, tanto de procedimientos y de verificación del cumplimiento de hitos como de la propia naturaleza de su utilización.
Muchas gracias.
Yo creo que lo fundamental es garantizar que la utilización de los préstamos sea la mayor posible; en eso estamos trabajando.
Muchas gracias, señor secretario de Estado. Tiene el segundo turno, señor Delgado, por tiempo de 7 minutos y 48 segundos.
Gracias, presidente. Señor Arroyo, no tranquilizan en absoluto sus palabras. No reconocer el problema, desde luego, garantiza que no se vayan a ofrecer respuestas adecuadas. Y créame que lo lamentamos, porque su fracaso es el fracaso de España, y como españoles los fracasos de nuestro país nos duelen. Hemos pasado de la ambición del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia al conformismo plasmado en la séptima adenda que se aprobará hoy y, finalmente, a la resignación ante unos resultados que son y serán francamente pobres. Unos resultados que acreditan lo que ya es evidente: estamos ante una oportunidad perdida, señor Arroyo.
Hablemos de los hitos y los objetivos, el verdadero termómetro del rigor en la gestión de los fondos. España —el Gobierno— se comprometió a cumplir más de 500 hitos y objetivos. A día de hoy, según palabras del ministro de Economía la semana pasada, se han cumplido únicamente 260, aproximadamente la mitad. Y lo más grave es que han tenido que modificar esos compromisos hasta en seis ocasiones y, me temo, en esta séptima también, para rebajar la ambición, reducir el alcance y desactivar la potencia transformadora de las reformas pactadas con Europa.
Hoy, según ha garantizado usted aquí, conoceremos esa séptima modificación; se va a aprobar en el día de hoy. Se supone que usted la conoce, pero nos dice que no va a darnos ningún detalle. Por respeto a esta comisión, le pediría que ahondara un poco más en lo que ya sabe que se va a aprobar. Estamos en la Comisión Mixta para la Unión Europea, donde deben ustedes dar cuenta, no tanto en ruedas de prensa, sino, fundamentalmente, en esta comisión, ante los representantes de la soberanía nacional.
Esa modificación, al parecer, pondrá negro sobre blanco la resignación de un Gobierno superado y más preocupado del relato que de la transformación de nuestra economía. La prueba palpable es la propuesta del Gobierno en esta séptima adenda que hoy nos oculta: parte de las medidas pendientes, hasta ahora incluidas en nueve leyes, se convertirán en normas de rango inferior, según publican diversos medios; se convertirán en reales decretos y órdenes ministeriales. ¿No le parece una tomadura de pelo decirle a la gente que una ley tiene el mismo efecto transformador que una orden ministerial, que no pasa de ser una norma meramente organizativa, un instrumento administrativo para ejecutar una ley, pero desde luego no para transformar absolutamente nada? No transforma la realidad; ejecuta lo que ya existe. ¿Dónde está, por tanto, la ambición, señor Arroyo? Pasamos de la ambición transformadora de una ley a la resignación de una mera orden ministerial.
Señorías, esto no es un ajuste técnico; es una degradación política consciente del acuerdo firmado con la Unión Europea hace unos años. Una degradación que es la prueba manifiesta de su incompetencia y de su falta de apoyos parlamentarios. Se lo dijimos desde el primer día, señor Arroyo: esta legislatura es un error mayúsculo. Pedro Sánchez antepuso su interés personal al interés general, forzando una legislatura sin apoyos ni dentro de este Parlamento ni fuera y, si me lo permiten, sin vergüenza democrática alguna. Y ustedes hacen seguidismo de esa traición a los principios democráticos más elementales.
Pero si quieren un indicador irrefutable de su fracaso, hablemos de los desembolsos. A estas alturas deberíamos estar solicitando el séptimo desembolso, y ustedes únicamente han solicitado cinco. El último, el quinto, llegó con retraso, con la retención de mil millones de euros y con observaciones críticas, con una Comisión cada vez más preocupada por la falta de avances reales. ¿Por qué no ha solicitado España aún el sexto desembolso, como sí lo hizo Italia hace casi veinte meses, o el séptimo, que Italia ha solicitado hace ya ocho meses? ¿Lo están retrasando por estrategia, como dice el ministro Cuerpo eufemísticamente, o simplemente porque la Comisión les negaría una parte importante de ese desembolso, como ya hizo con el quinto pago?
En definitiva, señorías, Europa está frenando los desembolsos simple y llanamente porque el Gobierno de España está frenando las reformas. Así de simple, así de demoledor. Y lo que ya suena a tomadura de pelo es que pretendan vendernos como un éxito el no haber utilizado más de 65.000 millones de euros.
…de euros en forma de créditos. Esos fondos no se usaron en 2022 y 2023, que es para cuando fueron diseñados, y usted lo sabe, señor Arroyo, cuando las empresas tenían serios problemas de financiación. Aquí lo dice muy bien esta gráfica del Banco Central Europeo. No se utilizaron en aquel momento simplemente porque ustedes no cumplían los requisitos: eran incapaces de cumplir los hitos y los compromisos, cuando las empresas españolas multiplicaban por seis u ocho las dificultades para el acceso al crédito. Y el resultado es conocido por todos: en España han desaparecido 49.000 empresas desde aquella época. Sin embargo, Italia, que sí utilizó esos fondos disponibles en forma de créditos, en ese mismo tiempo creó empresas.
La explicación, señor Arroyo, es clara y dolorosa. Han convertido el plan en una máquina burocrática incapaz de ejecutar con eficacia. Han orientado hasta el 70% de los fondos hacia el sector público en lugar de potenciar el sector productivo. Han desviado inversiones hacia gasto corriente, diluyendo desde luego el impacto transformador, algo por lo que sin duda tendrán que dar cuenta más pronto que tarde. Y han paralizado proyectos esenciales por su obsesión con controlar, centralizar y, sobre todo, rentabilizar políticamente cada anuncio. Altri, en mi provincia, Lugo, es un buen ejemplo. Y han sustituido la ejecución real por maquillaje, usando hitos administrativos sin impacto alguno para vender avances inexistentes. Tienen atascadas reformas que tendrían que haber cumplido en el año 2023, hace más de dos años, señor Arroyo. ¿Les suena la Ley de Industria? ¿Les suena la Estrategia de Salud Pública? Tenían que estar aprobadas hace más de dos años y, sin embargo, todavía son una quimera.
Lo cierto es que, cuando a sus declaraciones se les quita la propaganda, lo que queda —la realidad que se puede advertir con claridad— es que este Gobierno no gestiona: simula. Este Gobierno no transforma: parchea. Este Gobierno no impulsa reformas: simplemente las recorta. Y esta es la realidad de un fracaso histórico que consiste en dilapidar más de 163.000 millones de euros. Señor Arroyo, lo que se desvanece entre sus manos no es un expediente administrativo más; es la posibilidad histórica de modernizar España. Pero su falta de competencia en la gestión, su soberbia en la elaboración del MRR y sus adendas, su voluntad de ocultar toda la información a los ciudadanos —vaya usted a saber si no era para poder perpetrar determinadas fechorías que han llevado a la cárcel a tres de los más íntimos colaboradores de Pedro Sánchez—, toda esta forma de actuar ha erosionado la credibilidad de España ante Europa y ante los inversores extranjeros. Porque lo que antes era confianza hoy es desconfianza, señor Arroyo. Y lo que ustedes vendieron como liderazgo hoy es resignación ante el fracaso. Ese es su legado: el de Sánchez, de Calviño y de Cuerpo. Un sonoro fracaso. Un fracaso que haría dimitir a cualquier gestor público responsable. Señorías, España no se puede permitir que el mayor programa de inversión de su historia termine siendo el mayor fracaso de su historia. Y, desde luego, no cuenten con el Grupo Parlamentario Popular para estar callado mientras esto ocurre. Nada más y muchas gracias.
Muchas gracias, señoría. Para contestar, tiene la palabra el secretario de Estado por tiempo de algo más de cinco minutos.
Muchas gracias, presidente. Señoría, empezando por la información que se le puede dar de esa adenda, lógicamente es algo que se está discutiendo en el Consejo de Ministros y que no va a ser definitivo ni se va a conocer hasta que no finalice el Consejo de Ministros y este adopte, en su caso, la decisión. Más allá de la rueda de prensa y de lo que se publique al final, le remito a la comparecencia del ministro del próximo día 17, donde tendrán la posibilidad de preguntar cualquier duda o cualquier detalle que quieran conocer acerca de la ejecución del plan y de la adenda.
En cualquier caso, respecto a cómo funcionan estos sistemas de adenda y, en particular, estas adendas de simplificación que han sido instadas por la Comisión Europea, el diseño de los planes de recuperación en el año 2020 —parece mentira, pero han pasado ya cinco años— lógicamente no podía prever cada detalle, cada elemento, las dificultades que iban a surgir a lo largo del tiempo para acreditar el cumplimiento de los distintos hitos y objetivos que componían el plan en ese momento, que además no le tengo que recordar en qué circunstancias se diseñó. Los Estados miembros, pero fundamentalmente la Comisión Europea, se han encontrado con auténticas dificultades administrativas y operativas para verificar la ejecución de determinados hitos, y lo que ha pedido la Comisión a los Estados miembros, acercándose el final del plan, es un esfuerzo de simplificación en la ejecución y en el cumplimiento. Eso es, precisamente, en lo que estamos trabajando.
Y en cuanto a la forma de verificar esos hitos: todo este esfuerzo, que ha sido un esfuerzo conjunto y en el que se viene trabajando con la Comisión desde hace meses, tiene sentido. Desde luego, una de las premisas de esas adendas es no reducir la ambición, con lo cual niego la mayor de su aseveración. El objetivo de la Comisión es que, manteniendo el nivel de ambición, la verificación de los hitos sea más simple, lo cual también tiene ventajas evidentes para los Estados miembros, porque esa simplificación desciende a través de la cadena y supone más sencillez en la tramitación. De hecho, algunos de los modelos en los que se está trabajando —por ejemplo, la implementación de esquemas de ayudas o la simplificación de requisitos en los préstamos— van a beneficiar al final a empresas y ciudadanos.
Otro elemento que ha repetido usted, y que había leído ya en algún sitio, es lo del 70% de la ejecución del Plan de Recuperación a través de gestión de instituciones o administraciones públicas. A mí me parece falaz, porque, al final, la intermediación de la Administración pública va a existir siempre, sea el Estado, una comunidad autónoma, una administración local o, en algún caso, una empresa pública. Pero, al final, los beneficios de esas inversiones son sociales, van a beneficiar a toda la sociedad, y la ejecución la realizan empresas privadas. Con lo cual, poner el filtro en quién es el receptor de los fondos en un punto de una cadena que normalmente tiene varios pasos, en el lugar donde a usted le parece que puede ofrecer una versión más favorable a sus intereses, me parece poco riguroso.
Respecto a la comparación con otros Estados miembros, me remito a lo que le he dicho en mi primera respuesta: España es, por segundo año consecutivo, la economía que más crece. Respecto a la falta de confianza de los inversores, también me remito a lo dicho: la prima de riesgo está en mínimos históricos y el diferencial de la deuda pública española respecto a la alemana se ha reducido enormemente. No hay absolutamente ningún temor ni falta de interés de los inversores extranjeros; todo lo contrario: la deuda pública española es muy apreciada y ha sido revisada al alza por las principales agencias de rating en el último año.
En definitiva, no se sostiene hablar de fracaso en la ejecución del Plan de Recuperación. Para poder afirmar eso hay que retorcer mucho la realidad, las cifras y la evidencia que tenemos. No se sostiene ni cuando vemos los datos de ejecución: somos el primer país en volumen de fondos recibidos y el segundo en número de hitos cumplidos. Ahora bien, como usted decía, esa tampoco es siempre la métrica más adecuada, porque en muchas ocasiones los hitos no estaban perfectamente diseñados y puede haber hitos muy numerosos que no respondan realmente al nivel de ambición de una determinada reforma, y viceversa. Yo creo que el Plan de Recuperación ha tenido un impacto fundamental en el tejido productivo de España, en la modernización de la economía española y, sobre todo, tendrá un impacto que perdure a largo plazo a través de las reformas. Eso es lo más importante.
Gracias, señor secretario de Estado. Pasamos ahora a la segunda cuestión, planteada también por el Grupo Parlamentario Popular: la forma en la que están repercutiendo en la familia española los 163.800 millones de euros asignados a España por la Unión Europea a través del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Para el planteamiento de la pregunta, tiene la palabra su señoría Marcos. Tiempo máximo de diez minutos en las dos intervenciones.
Gracias, presidente. Señor Secretario de Estado, la verdad es que da tristeza escucharle y pensar que no van a hacer nada para arreglar este absoluto desaguisado.
La recuperación y resiliencia se planteó para que los países se recuperasen tras la pandemia, pero no de cualquier forma, sino con reformas estructurales que, a medio y largo plazo, consigan la transformación económica, la cohesión social y un crecimiento sostenible. ¿Nos puede decir cuáles de estos objetivos han conseguido ustedes con los 163.000 millones que la Unión Europea ha puesto a disposición de España y que tendremos que devolver? Pero sin tomarnos el pelo, por favor. Ya lo ha hecho bastante durante la primera pregunta. Dinero tienen, límites ninguno, pero siguen ocultando la ejecución real. ¿Están cambiando objetivos para rebajar controles y ambición, manejando el dinero público europeo a su antojo? Tienen que darle las gracias a los señores de Vox para que así sea, porque también tienen que apoyar a Sánchez, no sea que caiga y luego ellos no tengan de qué vivir. Con las comunidades autónomas no han contado para nada; por tanto, el único límite es su propia incompetencia. Lo que van a aprobar esta mañana es una adenda de minoración de las inversiones y del alcance de las reformas. ¿A quién quieren engañar?
Quedan siete meses para que finalice el plazo. Han tenido cuatro años y, a fecha de hoy, hay 92.417 millones de euros que ni siquiera están solicitados a la Unión Europea. Aunque cambien otra vez de objetivos para solicitar algo y la Comisión se compadezca de su fracaso, ya no se van a poder gastar porque no queda tiempo. Díganos: ¿está sobrando este dinero? ¿Se ha producido ya la transformación económica? ¿Cuáles son los indicadores? ¿En qué lo están notando las empresas si el dinero se está quedando en los ministerios y en los entes que dependen de ellos? ¿Ha mejorado su competitividad? ¿Están digitalizadas? ¿Tienen más beneficios? ¿Pueden contratar más? ¿Ya encuentran mano de obra cualificada los empresarios? ¿Se está generando empleo que permita trabajar y no ser pobre, a pesar de tener tres puestos de trabajo? ¿Cuánto ha bajado el absentismo laboral? ¿Ha aumentado el PIB por ocupado y la productividad? ¿Cuánto ha aumentado el consumo privado y cuánto el gasto público con los fondos? ¿Cuánto ha crecido la inversión extranjera neta? ¿Ha aumentado la cohesión social? ¿Están llegando los beneficios de los fondos europeos a las familias y a las clases medias? Díganos cuánto ha aumentado su bienestar, si tienen mayor poder adquisitivo, si pagan menos por la cesta de la compra, si pagan menos impuestos, si se ha reducido el índice de pobreza —incluida la infantil o la energética—, como ha ocurrido en el resto de Europa. ¿Tienen en España los jóvenes más facilidad para emanciparse, para comprar una vivienda, para acceder a un puesto de trabajo bien remunerado?
Estos eran los objetivos, no dedicarlos a pagar juergas, manipular másteres ni a construir muros. Denos los datos. Los tendrían que haber traído antes. Su obligación aquí es explicar qué están haciendo con el dinero europeo y traer las propuestas de cambio de las adendas. Y, sin embargo, dice que no nos lo puede contar, que nos enteremos por la prensa. Quedan siete meses: hay dos de cada tres euros aún sin gastar y más de 92.000 millones sin solicitar. Contéstenos a todas estas preguntas, por favor. Muchas gracias.
Muchas gracias, señora Marcos. Tiene la palabra, para contestar, el secretario de Estado.
Muchas gracias, señora Marcos. La verdad es que no sé ni por dónde empezar, porque ha sido un batiburrillo de cuestiones que no tenían mucha relación unas con otras. Permítame ir a lo más importante desde el ámbito de mis competencias, que es lo que usted ha mencionado respecto a la productividad. Es verdaderamente importante que se sepa —porque, de alguna manera, no está llegando ni siquiera a ámbitos tan cualificados como esta Comisión— que la productividad de los trabajadores en España está aumentando a la vez que se está produciendo un fuerte crecimiento del empleo. Y esto es algo absolutamente insólito en el modelo de crecimiento español. Durante muchos años, nuestro modelo ha sido exactamente lo contrario: la productividad solo crecía en épocas de destrucción de empleo. Por primera vez en mucho tiempo está ocurriendo lo contrario, y esto es una buenísima noticia. A mi juicio, tiene mucho que ver con algunas de las reformas que se han llevado a cabo; me gustaría subrayar la reforma laboral, que es una de las más importantes por su impacto directo sobre la economía en el marco del Plan de Recuperación.
En segundo lugar, le reitero que el hecho de que queden fondos por desembolsar tiene fundamentalmente que ver con la demanda de estos fondos. La segunda parte del plan, la adenda, se aprobó en 2023; era, por tanto, imposible que en 2022 y 2023 se hubiese podido ejecutar esa parte en la medida en que requiere convocatorias, proyectos y solicitudes por parte de los beneficiarios.
Era una adenda de préstamos dirigida por la demanda del sector privado; si no ha habido solicitud de financiación, lógicamente no se ha pedido dinero y no se puede prestar. Por otro lado, eso que le preocupa a usted tanto, que es que el Plan de Recuperación tenía una fecha de finalización a mediados de 2026, a nosotros también nos preocupa, y parte de la adenda que se está trabajando con la Comisión Europea, cuya aprobación es previsible, tiene que ver con que esos fondos no se pierdan, entre comillas, y se puedan seguir ejecutando más allá de 2026. Creo que es uno de los elementos más importantes de la adenda: que, a través de distintos esquemas permitidos y promovidos por la Comisión, España pueda hacer uso de esos fondos más allá de esa fecha. Como les decía al principio, se trata de que esas oportunidades para las empresas españolas de recurrir a esa financiación orientada y alineada con los objetivos y con la finalidad del plan continúen más allá de 2026.
En cualquier caso, insisto: los indicadores económicos de España son objetivamente e indudablemente muy positivos —el empleo, el crecimiento del PIB, el crecimiento de la productividad, la reducción de la desigualdad—. A toda esa enumeración que usted ha hecho, la respuesta es un sí rotundo, y tiene bastante que ver con el Plan de Recuperación; no es el único factor, pero es uno de ellos. Una de las cosas en las que se ha traducido este buen comportamiento de la economía española es en la reducción de la prima de riesgo; es decir, en la reducción del diferencial entre financiarnos a través de la Unión Europea o financiarnos directamente en los mercados. La reducción de esa prima de riesgo tiene consecuencias fundamentales en el planteamiento y, probablemente, si ese diferencial estuviera prácticamente anulado, como sucede a día de hoy, la adenda del año 2023 se habría diseñado en términos muy diferentes. Por ello, es razonable que la modificación que se realice hoy tenga en cuenta esas nuevas circunstancias.
Gracias, señor secretario. Tiene la palabra, en segundo turno, la portavoz del Grupo Popular, por un tiempo de casi siete minutos.
Oiga, le reconozco el desparpajo. O sea, que las empresas y la economía española están tan bien que no hace falta pedir el dinero. Pero ¿cómo lo van a solicitar si no está? ¿Y cómo van a acceder cuando los criterios los ponen ustedes y no se corresponden en absoluto con las necesidades de las empresas y sus características? Hay que tener valor, ¿eh? Hay que tener valor. Le pregunto todo esto porque el ministro suele presumir de ello, igual que ha hecho usted, pero realmente lo que no sabemos es qué está haciendo el Gobierno con el dinero de los fondos europeos. La Comisión Europea ya ha anunciado que les va a auditar. No se fían; no se fían de que no haya fraude. El Tribunal de Cuentas Europeo lo hará también. Díganos: ¿cuánto dinero europeo vamos a perder y dónde está lo que ha llegado? Esta Comisión tiene derecho a saberlo, entre otras cosas porque todos tendríamos que devolverlo, como usted sabe bien. Le voy a dar datos, todos oficiales; le voy a contestar yo a las preguntas. Debería saberlos usted.
Hoy en España somos todos más pobres. El dinero no ha llegado ni a la economía ni a las familias ni ha mantenido a las clases medias, que son quienes pagan impuestos, no para que ustedes hagan chanchullos, sino para que España tenga mayor calidad de vida, menos pobreza y más futuro para sus hijos. Y ustedes la están aniquilando con su incompetencia. Miren, solo ustedes decidieron gobernar sin el Parlamento después de haber perdido las elecciones. Solo ustedes han decidido los compromisos y plazos que España asumía para recibir los fondos, sin contar con nadie. Solo ustedes han llevado a España a ser el problema de Europa y el fracaso más estrepitoso del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Es inexplicable que le sobren a España más de 92.000 millones de euros, y todavía más inexplicable es que, de lo que ha llegado, en el presupuesto de este año no se haya gastado ni el 13% de lo presupuestado.
Y, a pesar de eso, seguimos liderando el paro en la Unión Europea, a pesar de que tenemos 150.000 vacantes sin cubrir. ¿Nos lo puede explicar? Gran éxito de las medidas de empleo. El 11,3% de los trabajadores con empleo están en riesgo de pobreza, ¿lo puede explicar? La tasa de absentismo ha aumentado un 90% desde 2018. Somos el segundo país de la Unión Europea con más niños en riesgo de exclusión, el 34,6%. Duplicamos la tasa de pobreza energética de la Unión Europea y uno de cada seis hogares no puede calentar su vivienda en invierno. Gran éxito de su gestión de los fondos europeos en la transformación del tejido social.
El precio de la vivienda ha aumentado el triple que en la eurozona y al Ministerio de Vivienda le sobra más del 90% del dinero europeo que tiene presupuestado este año, cuando la vivienda es el primer problema de los españoles. Pero eso sí, la línea ICO está a cero: no han gastado nada. ¿Será que no hace falta? ¿Nos gusta a todos que no haya viviendas? ¿Nos encanta que el precio haya subido un 25%? ¿Ya nos puede explicar cómo?
No hagan trampas al solitario: la economía crece, el PIB crece, pero por el aumento de la población, no por eficiencia. Si se fija, el PIB por ocupado es hoy un 0,8% inferior al de 2018. Es un crecimiento ficticio, sostenido por un gasto público disparado en más del 18%, el triple del consumo privado. La inversión extranjera neta ha caído más del 60% por la inseguridad derivada de los cambios de opinión del Gobierno y por el problema de productividad que han generado sus políticas. De hecho, mientras la productividad en Europa ha crecido un 2%, en España ha caído 0,7 puntos porcentuales. ¿Nos puede explicar?
Si además están gestionando los fondos europeos, y somos el país al que la Unión Europea más fondos ha destinado, ¿cómo puede ser que tengamos más de 92.000 millones de euros sin solicitar, dos de cada tres euros sin gastar, y ustedes sigan endeudando a España en más de 200 millones de euros al día? Han disparado la deuda en medio billón de euros más que en 2018. Pero, además de esto —o sea, no gastan el dinero europeo—, nos endeudan más y además suben los impuestos y cotizaciones en 97 ocasiones. Somos el quinto país europeo donde más ha aumentado la presión fiscal, mientras la renta per cápita, lo que tenemos cada uno de nosotros, según Eurostat —no diga que me lo estoy inventando—, se ha alejado 730 euros de la media europea. Esta es la realidad que viven las familias: la renta per cápita respecto a Europa, a la cola; los impuestos, a la cabeza. Estos son datos oficiales, no sus cuentos, señor secretario de Estado.
La realidad está en la calle: el 90% de los españoles ha perdido poder adquisitivo desde 2018. Los precios han subido un 22,7% y los alimentos más del 38%, y el salario medio ha perdido 967 euros de capacidad adquisitiva. ¿Me quiere decir dónde está el éxito? ¿Qué están haciendo con el dinero de Europa, de la deuda y de nuestros impuestos? ¿Dónde está? ¿Quién se lo está quedando, señor secretario de Estado?
El resultado es devastador para todos: hay menos clase media —esa que paga sus cargas impositivas y que tendrá que devolver el dinero de los fondos europeos—, que ha caído casi quince puntos porcentuales; la clase baja o en pobreza se ha multiplicado por seis, estamos casi en el 20%, y la brecha social se amplía, a pesar del dinero de los fondos europeos, de la deuda y de los impuestos. Esta es la factura que los españoles pagamos de la gestión del Gobierno progresista: más deuda, más impuestos, menos renta, menos clase media y más pobreza.
Y en lugar de poner soluciones, nos cuentan cuentos, camuflan la realidad, ocultan la ejecución, intervienen las instituciones que les evalúan y crean falsos relatos, como si eso fuera a resolver el problema. Señora Arroyo, esta es la realidad económica que ustedes intentan tapar con titulares. Explíquenos qué han hecho con el dinero de los fondos europeos para que la realidad sea esta —y son todo datos de fuentes oficiales—, cómo piensan cambiarla en siete meses y qué va a hacer para no perder los más de 92.000 millones de euros que quedan por solicitar. Muchas gracias.
Gracias, señora Marcos. Para finalizar, tiene el turno de palabra el secretario de Estado por un tiempo de casi seis minutos.
Muchas gracias. Bueno, señora Marcos, yo le diría que cuando se le ha explicado en tres ocasiones una cuestión y vuelve a preguntar por cuarta vez lo mismo, aquí ya no hay un problema de que no lo conozca o no lo entienda; el problema es que no quiere entenderlo. Yo añado que la ristra de cifras que ha soltado, manipuladas y sin contexto, entra directamente en el terreno de las fake news. No obstante, me centraré en la pregunta por la que me han pedido comparecer: cómo ha llegado el Plan de Recuperación a la economía…
La recuperación de la economía española ha llegado por múltiples vías. Ha llegado por el terreno de las inversiones. El porcentaje de ejecución de las inversiones es muy elevado y, además, son inversiones altamente productivas.
Le insisto: la adenda, como le explicaba al principio, tiene que venir a demanda de las empresas; no es algo que el ICO ni ninguno de los fondos que los gestionan pueda imponer. El volumen de financiación disponible ha estado ahí como colchón de seguridad y su utilización ha dependido de la demanda de las empresas. Pero, cuando la ventaja financiera de los préstamos de la Comisión Europea es prácticamente inexistente respecto a otros préstamos de distintas instituciones o del propio sistema financiero español, y además el Plan de Recuperación conlleva requisitos asociados a la naturaleza de los proyectos —su naturaleza verde, la cláusula de no causar daño significativo, etc.—, es lógico que la demanda relativa de ambos instrumentos sea diferente.
Por otro lado, insisto: las reformas son lo que está marcando la diferencia. Le recordaré algunas. Si tanto le preocupa la pobreza, permítame señalar que fue este Gobierno quien creó el Ingreso Mínimo Vital; que se critique una supuesta falta de preocupación por la pobreza al Gobierno que estableció esa prestación resulta, cuando menos, sorprendente. La reforma laboral ha sido ampliamente aplaudida, y con razón; en mi opinión —lo digo con honestidad— está detrás, fundamentalmente, del crecimiento de la productividad por trabajador del que le hablaba: la productividad está creciendo tanto por hora como por ocupado, al contrario de los datos que usted mencionaba.
En definitiva, los principales objetivos y grandes líneas del Plan de Recuperación se han cumplido: primero, la recuperación tras la pandemia. Hemos recuperado no solo el nivel, sino también la tendencia anterior a la pandemia, en buena medida gracias al impulso del Plan de Recuperación —de las inversiones, pero sobre todo de las reformas—. En segundo lugar, la cohesión social: gran parte de las reformas estaban vinculadas al cumplimiento de recomendaciones específicas de país de la Unión Europea, y muchas tenían que ver con la falta de políticas de cohesión social y de lucha contra la pobreza, en particular la pobreza infantil. Todas esas reformas se han llevado a cabo durante estos años, asociadas al Plan, y eran recomendaciones que arrastrábamos desde hace mucho y a las que gobiernos anteriores no dieron respuesta. Y para hacer una reforma como el IMV o para luchar contra la pobreza infantil no hacía falta que la Unión Europea nos diera dinero; bastaba la voluntad de hacerlo. Le aseguro que se habría hecho igualmente con y sin Plan de Recuperación, porque este Gobierno tenía intención de hacerlo.
En un sentido amplio, el Plan de Recuperación ha tenido un impacto enorme en la economía española y, por tanto, en las familias españolas. Una de las grandes virtudes de esta nueva forma de gestionar la relación entre la Unión Europea y los Estados miembros es que el diseño del Plan incorporaba un elemento fundamental de ownership, de compromiso del propio Estado miembro; eso ha permitido que el Plan esté muy bien diseñado y adecuadamente orientado a las necesidades de la economía española.
Cuando usted dice que el Plan de Recuperación no es un éxito, le invito a que pregunte cómo están los planes de recuperación de otros Estados que, en principio, no solo eran mucho menos ambiciosos, sino que, incluso con esa menor ambición, su grado de ejecución es mucho menor. Y, en definitiva, sobre el impacto: sé que no es lo ideal medirlo con un único número, como el efecto sobre el crecimiento del PIB; es un dato frío, con poco contexto, que deja muchas cosas fuera, pero es el más inobjetable que tenemos.
Cierro con lo que dije al comienzo de mi intervención, en mi primera respuesta.
Todas las entidades que han evaluado el impacto del Plan de Recuperación sobre la economía española coinciden en dar un elevado impacto sobre el nivel del PIB, es decir, sobre su crecimiento en estos años y sobre el crecimiento futuro de la economía española. Ha tenido, por tanto, un impacto permanente y duradero.
Muchas gracias. Pasamos a la siguiente pregunta. Rogamos al señor Moreno Blanco que se incorpore. Continuamos la Comisión con la pregunta formulada por Esquerra Republicana y EH Bildu, sobre la previsión de promover, en el marco de la Unión Europea, iniciativas de carácter político y/o diplomático destinadas a apoyar el avance y la consolidación del proceso de paz en el Kurdistán. Para contestar, por parte del Gobierno, está el señor Moreno Blanco. Como antes comentábamos, disponen de diez minutos, que administrarán como consideren. Tiene la palabra el señor Elejalde.
Gracias, señor presidente. Gracias, señor Moreno. Creo que es conocido por todas y todos que nos encontramos en un momento global complejo, convulso y preocupante. La escalada bélica y de conflictos que se está dando a lo largo del planeta es grave. Me gustaría mencionar la invasión rusa de Ucrania o el genocidio que Israel está cometiendo en Palestina como ejemplos de ello, pero no olvidemos que son muchos los conflictos, además de estos, que se suceden en el mundo, muchos de ellos olvidados, muchos de ellos silenciados. En este momento convulso, es también cierto que el gasto en armamento va subiendo, diría que en la mayoría de los presupuestos de los Estados, y, de forma paralela, el gasto que esos mismos Estados dedican a la paz y a la diplomacia va disminuyendo.
Estamos, de manera global, en una transición sistémica, una transición civilizatoria. Este tipo de transiciones complejas pueden hacerse de manera pacífica y democrática, o no; y la historia nos ha ofrecido ejemplos de lo segundo. Para que este tipo de transiciones se puedan hacer de manera democrática y pacífica, qué duda cabe de que contar con unas normas, unas leyes, una legalidad internacional, además de unas instituciones globales que permitan una gobernanza en ese sentido, sería de gran ayuda. Pero es verdad, y creo que también estaremos todas o prácticamente todas de acuerdo, en que aquellas instituciones que principalmente se crearon a partir de la Segunda Guerra Mundial para permitir esa gobernanza global, para permitir la prevención y, en su caso, la resolución de conflictos entre Estados y no solo, están en una gran crisis.