Buenos días, bienvenidas y bienvenidos. Muchas gracias por acompañarnos hoy aquí, y también saludos a las personas que nos están siguiendo por streaming. Para mí es un placer presentar este evento y acompañaros en una jornada tan necesaria, en la que vamos a conocer el detalle de un documento imprescindible: “La sociedad civil ante la vulnerabilidad social y la emergencia ecológica”. Es un trabajo elaborado por la Plataforma del Tercer Sector, la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo y las entidades ecologistas Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF.
Ante el aumento de la desigualdad y el agravamiento de la crisis ambiental, estas organizaciones sociales, ecologistas y de cooperación nos citan hoy aquí para lanzar un mensaje claro: las crisis que estamos viviendo, que son múltiples, están conectadas y solo podremos afrontarlas si lo hacemos de forma conjunta. Este encuentro es, por lo tanto, una invitación a la reflexión, pero también a la acción, porque la emergencia climática y la vulnerabilidad social no son retos aislados: afectan a nuestra salud, a nuestros derechos y a nuestro futuro, individual y colectivo. También veremos cómo estas crisis pueden ser una oportunidad para construir un nuevo modelo económico y social que ponga a las personas y al planeta en el centro, basado en la justicia, la sostenibilidad y la solidaridad. Os invitamos a escuchar, dialogar y compartir, sabiendo que ningún desafío global se puede resolver en solitario.
Para comenzar este acto, lo haremos con la intervención de Laura Martín Murillo, asesora de la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Muchísimas gracias por invitarnos, en nombre del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a formar parte del lanzamiento de esta reflexión que hacéis colectivamente. Yo diría que está aquí casi lo mejor de cada casa; es decir, lo mejor de nuestra sociedad: organizaciones que trabajáis con vuestro esfuerzo directo en la defensa del medio ambiente y de la justicia social, ya sea a nivel nacional o internacional, y en la protección de los colectivos vulnerables. Es un placer estar aquí. La vicepresidenta no ha podido venir, pero me ha enviado para acompañaros y dar la bienvenida a esta iniciativa.
Creemos desde el Ministerio que es muy interesante tener esta discusión que habéis querido abrir. El tema de la vulnerabilidad social y la emergencia ecológica está tan relacionado y es tan importante que podríamos decir que es un solo tema. Ya lo habíamos visto durante las reflexiones que nos han llevado, en las últimas décadas, a impulsar esta transición ecológica y a proponer medidas, tanto internacionales como nacionales, de defensa del medio ambiente: además de tratarse de la supervivencia de nuestros ecosistemas, es un asunto fundamental de justicia social a nivel global. Veíamos que las comunidades más afectadas por las diferentes crisis ecológicas iban a ser las más vulnerables: países especialmente pobres, personas que se ven impelidas, por ejemplo, a la migración porque pierden sus modos de vida por sequías, por eventos extremos.
Eventos climáticos extremos, por ejemplo, cuando hablamos del cambio climático. Pero también a nivel local, dentro de España y de cualquier país, de cualquier comunidad, de cualquier comunidad autónoma, de cualquier municipio. Las personas que están más expuestas a los impactos de la crisis ambiental, las personas que están más expuestas a esas vulnerabilidades, pues son, como no podía ser de otra manera, los más vulnerables de nuestra sociedad. El hecho de que lo tratéis como una única propuesta es un elemento que celebramos, porque además entendemos que esa relación que hemos intentado explicar entre personas y planeta demuestra que esa frontera no existe de manera real. Nuestro bienestar, el bienestar de las personas, y el bienestar del planeta es una línea única.
Es una línea, además, en la que nos damos cuenta de que, por ejemplo, nueve de cada diez personas sufren contaminación y pueden desarrollar problemas respiratorios por contaminación. Cuando hablamos también de contaminación del agua, estamos pensando en el mundo: 1.800 millones de personas que sufren, o pueden sufrir, impactos en su salud porque el agua no tiene la suficiente calidad, no alcanza los estándares de calidad necesarios. Si pensamos en las personas que son especialmente vulnerables por el cambio climático en todo el mundo, estamos hablando de una parte importantísima de la población mundial: 3.600 millones de personas en el planeta viven en zonas muy expuestas, por ejemplo, a los impactos del cambio climático.
En este contexto de trabajar de una manera única, integrada y coherente entre cuáles son las apuestas que hacemos para reducir la vulnerabilidad de las personas y también reducir el impacto de las crisis ambientales, estoy encantada de estar acompañada por nuestras contrapartes en el Gobierno, que nos ayudan a tratar estos elementos de una manera coherente. No siempre es fácil; igual que vosotros habéis tenido que hacer un trabajo de puesta en común y de trabajo colectivo, nosotros también intentamos hacerlo de la misma manera en el seno del Gobierno.
Me gustaría centrarme en una iniciativa que hemos propuesto desde el Ministerio para la Transición Ecológica y que tiene que ver con vuestra propuesta: el Pacto de Estado contra la Emergencia Climática, que estamos presentando y liderando desde el Ministerio, pero que estamos trabajando con todos los ministerios a nivel de Gobierno. Creo que responde también a una reflexión que hemos venido haciendo, que hemos tenido que hacer este último año y que puede ser parte de la reflexión que habéis vivido entre todos. Estamos viviendo un contexto en el que, en el último año, hemos tenido unos impactos tremendos del cambio climático y de la crisis ambiental en España; impactos que nos han llevado, por ejemplo, si pensamos en la dimensión de un evento como la DANA que sucedió en Valencia, a alturas de inundación de hasta 15 metros en determinadas zonas y a velocidades del agua de 20-30 kilómetros por hora. O, por ejemplo, lo que hemos sufrido con los incendios en el último año: 440 municipios afectados, 30.000 personas a las que se ha tenido que evacuar.
Nos hemos visto frente a estos eventos con la realidad, con la evidencia de unos impactos cada vez más fuertes de esa crisis ambiental sobre las personas, y con la necesidad de trabajar ante esas emergencias y de reflexionar sobre cómo tenemos organizada la sociedad, sobre cómo tenemos organizados los sistemas de protección de las personas, para poder poner a la gente a salvo de esas emergencias, tanto en la prevención como en la respuesta. Y, justamente por esos eventos que habíamos sufrido este año, cuando más evidente, más palpable es la dimensión de estos eventos para todos los ciudadanos españoles, nos encontramos también en un contexto...
Se produce un incremento de un cierto escepticismo respecto a esta crisis ambiental. Un escepticismo que, de alguna manera, se ha alimentado en los últimos años. La sociedad española ha sido y sigue siendo mayoritariamente una sociedad que respeta la ciencia, que respeta los datos y la información científica que nos ha explicado durante muchos años cuáles son las crisis ambientales. Sin embargo, es cierto que en los últimos años se está produciendo una reversión entre una parte de la población, todavía pequeña, que incluso frente a las evidencias demuestra cierto escepticismo. Hoy leía un artículo de una revista francesa que señalaba que, justamente en España, estaba aumentando el número de personas que consideraban que la información sobre cambio climático era exagerada.
En este país, en el que hemos tenido 15 metros de agua en algunas calles de Valencia y 440 municipios completamente bloqueados por los incendios, este mismo año se está produciendo esto. Por eso, desde el Gobierno queríamos trabajar en un pacto de Estado con toda la sociedad y con todos los grupos políticos, con todos vosotros. Hemos abierto un proceso de escucha con todos los ministerios para ver cómo hilamos cuestiones que pueden ser particularmente importantes para la sociedad hoy: qué vamos haciendo con nuestros recursos naturales, cómo los aprovechamos, cómo trabajamos, por ejemplo, en elementos fundamentales como la cohesión territorial, para que la gente, la España rural, no se sienta abandonada, que es uno de los elementos de desigualdad que tenemos en nuestra sociedad.
Cómo ponemos el foco en la adaptación, cómo ponemos el foco en las emergencias. Hemos trabajado con todos vosotros, con las organizaciones ambientales, pero también con las organizaciones sociales que se encargan de proteger a la población vulnerable, para mejorar nuestros servicios de emergencias. Este ha sido un trabajo que venimos desarrollando y en el que queremos seguir, y nos viene muy bien porque la propuesta que hacéis hoy tiene mucho que ver con ese espíritu.
Para no alargarme, me gustaría terminar con un mensaje de agradecimiento, y quizá también de responsabilización, al tercer sector, a la sociedad civil y a lo que representáis. Creo que, más que nunca, tenemos que comprender lo importantes que sois para el mantenimiento de la democracia. El hecho de que hagáis propuestas como estas y nos las trasladéis a los gobiernos y a los partidos políticos es importantísimo, porque conseguís que la democracia sea más estable, más resiliente ante las crisis, y que podamos trabajar, por ejemplo, ante las crisis climáticas de una manera mucho más cohesionada. Sois probablemente organizaciones fundamentales en esa confrontación que tenemos que hacer con la desinformación; no quiero decir “lucha”, pero sí esa confrontación, ese volver a ganar espacio para una conversación racional, basada en la ciencia y en lo que conocemos y comprendemos desde las propias comunidades.
Agradecemos muchísimo desde el Ministerio para la Transición Ecológica esta propuesta. Nos tenéis aquí para debatir con vosotros lo que queráis; estamos a vuestra absoluta disposición. Muchísimas gracias.
Muchísimas gracias, Laura. A continuación, vamos a escuchar a José Ángel Calle Suárez, director de Alianzas para el Desarrollo Sostenible e Innovación de la AECID, del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.
Buenos días a todas, buenos días a todos. En primer lugar, agradecer la invitación y excusar al ministro y al director de la Agencia, que están de viaje, como suele pasar en este ministerio. Aspiro a estar medianamente a la altura de ellos y de las compañeras de tan importante responsabilidad que me acompañan hoy en la mesa. Un honor estar al lado de la secretaria de Estado de Derechos Sociales.
Gracias. De verdad lo digo, para mí es un honor acompañaros hoy aquí.
Me gustaría, en primer lugar, agradecer a esta alianza de organizaciones que hoy nos presentáis este posicionamiento conjunto: a la Plataforma del Tercer Sector, a Amigos de la Tierra, a Ecologistas en Acción, a Greenpeace, a SEO/BirdLife, a WWF España y, sobre todo —no puede ser de otra manera viniendo yo de donde vengo—, a la Coordinadora Española de ONGD.
Insisto en el agradecimiento porque es real. Al inicio hablábamos con mis compañeras de la importancia de actos y de posicionamientos de este calibre en el momento en el que estamos. Yo no voy a obviar ese momento. Lo que ustedes nos traen hoy, lo que han acercado al Gobierno de la Nación en estas semanas mientras cuadrábamos las agendas, es un documento de responsabilidad civil y de mucha responsabilidad democrática. Desde ahí, quiero agradeceros este trabajo que hoy nos aportáis.
El documento contiene una serie de reflexiones en materia de cooperación internacional y sobre cómo se vehiculan, imagino gracias a quienes viven cotidianamente esa visión internacionalista —no porque el resto no la compartan—. Me gustaría compartir algunas, intentando ser muy breve.
En primer lugar, el fuerte compromiso, lo digo con claridad, de este Gobierno para acompañaros como sociedad civil no solo en la defensa frente a la vulnerabilidad social, sino ante las diferentes emergencias climáticas que nos atenazan. Y digo nos atenazan en sentido muy plural, no solo aquí, no solo donde el agua superaba esos quince metros terroríficos y vivimos escenas objetivamente dantescas, sino en todos esos países donde tenemos un pie quienes trabajamos en cooperación y vemos cómo esto sucede con más cotidianidad de la que nadie se imagina.
Fuerte compromiso y, además, una alineación de las agendas de desarrollo y de cambio climático en este Gobierno, como decía antes la compañera Laura, que certifica una coherencia trabajada en el seno del Gobierno para mostrar que el convencimiento es real. Me refiero, por ejemplo, a la alineación con la Ley 1/2023 de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global, o con la propia Estrategia Española de Financiación Climática. Compromisos reales, compromisos legislativos. Y no nos vamos a hacer trampas: muchos compromisos no son nada si no hay cuantías económicas. También ahí hay un compromiso de este Gobierno con cuantías económicas: casi mil millones de euros movilizados para ayuda oficial al desarrollo entre 2019 y 2023; en concreto, 961 millones de euros.
Aparte de estos hechos y de esta financiación ya ejecutada, en esa inercia que ustedes solicitan, contamos con adhesiones a compromisos internacionales que conforman las grandes avenidas por las que quiero invitar a seguir caminando juntos, hoy con más fortaleza que antes: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático; el Convenio sobre la Diversidad Biológica; la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación; el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, firmado en 2015 en Japón; o la propia Agenda 2030, esa agenda tan denostada pero tan sencillamente humana, que pretende el acompañamiento de la sociedad y de todos los agentes de desarrollo. Desde la Agencia Española de Cooperación lo intentamos, pero sé que vosotras y vosotros lo lleváis como nadie por bandera, por ser esa bandera global de decencia y de urgencia para marcar la hoja de ruta del documento que planteáis.
Me gustaría seguir conectando este documento con la cooperación internacional, porque —como decía al inicio— también aborda lo que sucede en muchos países con muchísimos menos recursos institucionales y económicos. De ahí la importancia de la Coordinadora como miembro de esta sana y democrática alianza.
La cooperación española lleva muchas décadas trabajando el acompañamiento a la vulnerabilidad social y, muchas, muchas décadas, trabajando frente a las emergencias ecológicas que hoy nos atenazan en primera persona en países desarrollados, pero que, insisto, llevan décadas arrasando los países donde viven nuestros socios, nuestras contrapartes, nuestros amigos y amigas. Por eso quiero trasladar que la cooperación española es un verdadero laboratorio; cuando digo un verdadero laboratorio, un verdadero laboratorio de pruebas.
Propuestas testadas desde el empirismo que ya funcionan. Y, desde luego, en nuestro país la cooperación dejó de ser unidireccional hace mucho tiempo; y, cuando digo unidireccional, enlazo con la idea anterior. Todas esas propuestas que ya funcionan son propuestas de las que la cooperación española se ha venido nutriendo durante muchas décadas, para, cada día, hacerlo un poco mejor. Aprendiendo de lo que otros hacen, porque esta es una política con mucha ambición, pero que se trabaja, desde luego, con muchísima humildad.
Y otra de las ideas que me gustaría compartir con vosotras y vosotros —porque me han presentado como director de Alianzas de la Agencia— es el concepto de alianza. En el documento —y puedo asegurar que lo hemos analizado durante estas últimas semanas en la Agencia, no solo yo, sino también otras direcciones— se utiliza mucho el concepto de colaboración. La colaboración es una acción que acometemos con mucha frecuencia, pero estamos intentando cambiar el paradigma de la cooperación de nuestro país para involucrar cada una de nuestras acciones bajo el concepto, o los paradigmas, de alianzas. Las alianzas no solo son un instrumento operativo; son acuerdos sociales y políticos a largo plazo que van mucho más allá. Antes hablábamos de los ciclos electorales, de los ciclos legislativos, y las alianzas proponen diseños políticos colaborativos mucho más a largo plazo que generan algo que necesitamos hoy más que nunca: certezas; objetivos ambiciosos compartidos entre la sociedad civil y los gobiernos; y algo que es cada día más urgente, paz social. Las alianzas permiten estos tres elementos, que hoy se constituyen como los nuevos paradigmas de la cooperación de la AECID, del Ministerio de Exteriores.
Desde la AECID construimos alianzas con comunidades locales, con la sociedad civil, con el sector privado —sí, también con el sector privado; hay que atraer al sector privado—, con el mundo académico y con gobiernos socios que pueden servir —y así lo hacen— para inspirarnos en nuestra acción cotidiana, también dentro de nuestro país.
Y, hablando de dentro de nuestro país —y enlazando con lo que comentaba antes con la compañera de la Coordinadora—, no puedo estar aquí sin poner en valor la educación para la ciudadanía global para la transformación social. Esto es, a uno de los mayores niveles; por eso hoy me sentía tan agradecido al llegar. La cooperación, ante esos que lo niegan todo —y parece el estribillo de la canción del poeta que se despidió el otro día de los escenarios: «Lo niego todo, hasta la verdad»—… La educación para el desarrollo hoy cambia valores, cambia actitudes, cambia comportamientos y, sobre todo, genera esa conciencia crítica que nuestra sociedad necesita más que nunca y nos permite avanzar hacia sociedades con una vida más sostenible. Y, claro que sí, me siento orgulloso de estar acompañado hoy aquí por estas dos mujeres; una educación feminista genera sociedades mucho más feministas, mucho más basadas en los derechos humanos.
La clave —y ahí reside la dificultad— es cómo hacerlo en contextos tan polarizados como el actual, y en gobiernos que, objetivamente, tanto se miran el ombligo. La respuesta —de la que estoy convencido desde hace décadas— es más cooperación, más alianzas, más personas capaces de comprender la interrelación entre los retos locales y los retos globales.
En este reto conviene poner en valor —como se ha dicho— el papel de los gobiernos locales y de las comunidades autónomas, porque están generando soluciones locales frente a retos ambientales y sociales de amplio espectro. Los gobiernos locales, más allá de tener a la ciudadanía más cerca, tienen identificados los problemas muchísimo mejor que nosotros y, por ello, a veces están mejor posicionados para ofrecer soluciones a problemas tan graves, a desafíos tan globales como estos.
En muchos países donde la AECID trabaja, las comunidades han venido desarrollando adaptaciones casi naturales, casi tradicionales, a fenómenos extremos; y digo tradicionales porque llevan décadas soportando esto solos, solas, adaptándose a fenómenos que pueden inspirarnos también a nosotros. Y viceversa: nosotros también aspiramos a ser capaces de inspirar a los gobiernos locales de otras geografías.
Por todo ello, y concluyo: desde la AECID nos proponemos seguir acompañándoos —insisto en la idea de esas grandes avenidas— de la mano, como aliados y aliadas, para impulsar con más fuerza las políticas de educación para la ciudadanía global.
Esa sana medicina pedagógica y social contra el odio; contra quienes lo niegan todo, insisto, hasta la verdad. Nos proponemos, aún con más fuerza, fomentar el vínculo entre lo local y lo global, sobre todo para seguir —y esto creo que es importante— haciendo saber a la ciudadanía que hoy quienes estáis aquí no sois solo fundamentales, sino también el motor y el acicate que nos obligan a las administraciones y a las instituciones a no perder de vista dos ideas: las personas en el centro y que, ante los desafíos globales, las responsabilidades también han de ser globales. Desde el espacio político del que vengo, el descentralizado, insistimos en que de las crisis se sale cooperando. Y eso es algo de lo que hablábamos antes de subirnos a esta mesa: este Gobierno les necesita, igual que ustedes necesitan a este Gobierno. Muchísimas gracias por invitar a la Cooperación Española; para mí ha sido un honor compartir mesa con estas compañeras.
Muchísimas gracias, José Ángel. A continuación, damos paso a la intervención de María Rosa Martínez Rodríguez, secretaria de Estado de Derechos Sociales del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
Muchas gracias, Eva. Gracias a Laura y a José Ángel por compartir mesa y por el trabajo que hacen. Creo que estamos aquí representados como tres ámbitos del Gobierno que tenemos muy claro y muy interiorizado que tanto la crisis ecológica como la crisis social van de la mano. Laura ha hecho un trabajo inmenso en el Ministerio para la Transición Ecológica desde 2018 —esto no es de ayer— y, por supuesto, la cooperación es de los espacios en los que esto se vio primero: los impactos ecológicos en las condiciones de vida y en el desarrollo social de los países del Sur global. Por lo tanto, hay mucho que aprender del trabajo que venís haciendo en cooperación.
En lo personal, para mí es una absoluta alegría estar aquí, en un espacio en el que se juntan dos ámbitos de trabajo político: el ecologista —con el que, en otra vida, durante más de diez años, he compartido muchas cosas con las organizaciones que hoy están aquí y con otras— y el de la acción social, que es mi ámbito de trabajo actualmente.
Creo que la importancia de este posicionamiento conjunto es, sobre todo, que visibiliza y concreta, que hace público un trabajo conjunto y silencioso que lleváis haciendo desde hace muchos años entre las entidades ecologistas y las del ámbito social, y que se ha traducido en un aprendizaje mutuo, en una mejor comprensión y un mejor conocimiento de ambos ámbitos. Pone de manifiesto, una vez más, la interconexión y la interdependencia que hay entre la crisis ecológica y la crisis social; ambas son globales, como está clarísimo.
El hecho de pasar de trabajar de manera independiente y desconectada a reconoceros como socios, colaboradores y aliados, con objetivos comunes —una mayor igualdad y equidad en un contexto de crisis ecológica—, aporta un enorme valor añadido al que ya de por sí la sociedad civil aporta a la democracia y a nuestro país. Lo que decía José Ángel de las alianzas lo deja claro: trabajar en alianza, trabajar en red y con una visión mucho más allá del “qué hay de lo mío” multiplica por mil, por dos mil, por un millón ese aporte. Además, esta estrategia de alianza ha ido permeando en los discursos y ha perfilado políticas públicas concretas y enfoques de solución de los problemas. Y ha supuesto también un cambio de mirada en la sociedad, en los medios de comunicación y en el sentido común. Porque sin eso muchas veces es difícil avanzar. Ese trabajo y todo lo que podáis seguir haciendo para visibilizar conjuntamente estos dos ámbitos va a ayudar a que cale la idea —que aquí la tenemos todos muy clara, pero a veces no lo está tanto fuera— de que la crisis ecológica y la desigualdad estructural no están separadas: son caras de la misma moneda, están interrelacionadas y las soluciones deben mirar a ambos lados.
No me resisto a señalar al menos cuatro elementos de esta interdependencia, que nunca está de más recordar. El primero, el que siempre repetimos: la crisis ecológica es uno de los factores que más incrementa la desigualdad, la vulnerabilidad y la pobreza en todo el mundo. Y a mí me gusta mucho citar…
El análisis y las conclusiones de la Fundación Mary Robinson señalan que el cambio climático es el mayor factor de violación masiva de derechos humanos de la historia de la humanidad. Hablamos del derecho a la vida, a la educación, a la sanidad y a la vivienda de miles de millones de personas en el mundo.
En segundo lugar, resolver la crisis ecológica sin afrontar la desigualdad estructural y la pobreza solo profundiza la inestabilidad global, incrementa la desafección hacia valores universales como los derechos humanos, la solidaridad y la dignidad humana, y con ello debilita nuestras democracias, nuestras instituciones y la posibilidad de desarrollar políticas públicas eficaces.
En tercer lugar, la crisis ecológica y la desigualdad deben ser elementos a evaluar de forma conjunta en todas y cada una de las políticas públicas. Debemos garantizar que ninguna medida de reducción de emisiones genere más pobreza y que ninguna política social agrave el impacto de la crisis ecológica. En esa simbiosis, las instituciones tenemos una responsabilidad, porque solo así podremos mejorar la calidad de vida de millones de personas y el disfrute de sus derechos en todo el mundo.
Por último, adoptar medidas necesarias y urgentes para afrontar la crisis ecológica será mucho más viable si existe un apoyo social fuerte y masivo. Eso exige que las instituciones sepamos responder a las urgencias y necesidades inmediatas de la ciudadanía: vivienda, suministros básicos, calidad de los servicios públicos, coste de la vida. Ello se traduce en más confianza en las instituciones y en la credibilidad de que somos capaces de dar respuesta a una crisis global como la climática y de que las propuestas que hacemos tienen impacto. Construir confianza resolviendo problemas debe ser parte de la solución a la crisis ecológica.
Debemos promover esa colaboración virtuosa entre las medidas del ámbito ambiental que reduzcan la desigualdad y las medidas sociales que contribuyan a reducir las emisiones, minimicen el impacto ambiental e incluso restauren el daño, porque ya estamos en un punto en el que no solo hay que mitigar, sino también mejorar o compensar.
Hay experiencias valiosas en los últimos años, especialmente en políticas con dimensión social, gracias al trabajo realizado desde 2018 en el Ministerio para la Transición Ecológica: lucha contra la pobreza energética, rehabilitación de edificios, políticas de transición justa en el mundo del trabajo, fomento del transporte público. Todo eso está en marcha y hay que seguir profundizando. El siguiente paso es reflexionar sobre cómo el Estado del bienestar y las políticas sociales, en su sentido más amplio, pueden contribuir no solo a acelerar la transición ecológica, sino también a un reparto más justo de los costes y beneficios y a mitigar los efectos del cambio climático en la población.
Siempre defenderé que tanto las prestaciones sociales universales como los servicios sociales y los servicios públicos en general tienen un papel fundamental para minimizar los efectos de la crisis ecológica en nuestro tejido social, especialmente en los más vulnerables, y para acompañar a personas, territorios y colectivos que deben adaptarse a nuevas realidades sociales y laborales.
En nuestro ministerio, de manera incipiente, estamos empezando a trabajar en ello. Ayer publicamos un protocolo de actuación para las personas con discapacidad en situación de emergencia, aprendizaje también de lo que pasó en la DANA. Estamos explorando y comenzando a trabajar en la adaptación de los servicios sociales y en el papel que tienen en las emergencias y las catástrofes climáticas. Dentro del Observatorio de Salud y Cambio Climático hay un grupo de vulnerabilidad social y, como primicia, os adelanto que en junio tendremos un espacio para debatir sobre la adaptación social y los servicios sociales al cambio climático, del que os contaremos más, algo que no se ha hecho nunca y en el que esperamos contar tanto con las organizaciones del ámbito social como con las organizaciones ecologistas.
Y esto que vemos muy claro en nuestras sociedades —y aquí recojo el relevo de José Ángel—, en nuestro tejido social, en nuestros territorios y sectores económicos, debemos tenerlo también en la dimensión global de nuestro planeta. Es cierto que las relaciones económicas, geopolíticas y comerciales entre el Norte y el Sur global, en muchos casos, son un acelerador tanto de la crisis ecológica como de las desigualdades. Gracias.
de la desigualdad estructural.
Pero más allá del trabajo de la cooperación al desarrollo, que tiene una visión muy integrada de la interconexión de ambas crisis, tenemos que tener muy claro —y estamos tratando de que así sea desde los poderes públicos— que las políticas que diseñemos en el norte global para paliar la crisis ecológica y social deben tener en cuenta el principio de solidaridad global. Es decir, pensar que podemos construir un norte global adaptado a la crisis ecológica, con ciertas cotas de bienestar, de espaldas a la dureza de las consecuencias ambientales y humanas que sufren miles de millones de personas en el planeta, ni es justo, ni es realizable, ni es seguro. Por tanto, ese principio debe ser también parte de lo que nos mueve.
Antes de terminar, me gustaría detenerme en una cuestión que me parece de especial valor estratégico en vuestro posicionamiento conjunto: la mención explícita y valiente a dos herramientas fundamentales para avanzar en las políticas públicas que buscan reducir y combatir los efectos de la crisis ecológica y de la desigualdad estructural: los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Pacto Verde. Me parece un gesto valiente, político y honesto, porque son dos herramientas que, aunque en estos momentos están siendo atacadas, denostadas y cuestionadas, y seguramente sean imperfectas, tienen un enorme potencial como marco de actuación y de toma de decisiones que permite alinear esfuerzos de todos los agentes y ámbitos: el institucional, el empresarial, el ciudadano y también el activista. Tienen un valor por sí mismas que os agradezco de verdad que hayáis puesto en valor, incluso desde la visión crítica o la sensación de insuficiencia que podamos tener.
Creo que defender la naturaleza y salvar el planeta tiene un valor en sí mismo; es una responsabilidad que tenemos quienes vivimos a principios del siglo XXI. Pero lo que le da un sentido completo y absoluto a esta misión es hacerlo para que las personas que viven en él, con independencia de su capacidad económica, del lugar de nacimiento y del conocimiento que tengan, puedan hacerlo con dignidad, con seguridad y con un absoluto respeto de los derechos humanos. Y desde ahí, contad conmigo, contad con nuestro ministerio; diría que contad con el Gobierno, para que las políticas públicas de nuestro ámbito competencial respondan a estos objetivos. Muchas gracias y, de verdad, reconocimiento absoluto a lo que hoy presentáis aquí.
Muchísimas gracias, secretaria de Estado de Derechos Sociales.
Hemos ido tomando nota: retos, políticas públicas, educación, desinformación, responsabilidad, posicionamiento, pero, sobre todo, cooperación y alianzas. Así que vamos a dar paso a esa mesa de diálogo en la que vamos a presentar y analizar el contenido del documento y de este posicionamiento conjunto. Invito a subir a la mesa a Carlos Susías Rodado, vicepresidente de Derechos Sociales, Transición Justa e Internacional de la Plataforma del Tercer Sector; a Javier Ruiz Gaitán, presidente de la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo; y a Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife, como representante de las entidades ecologistas.
Como sabéis, ese documento —lo dijimos al comienzo del evento— lo han elaborado la Plataforma del Tercer Sector, la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo y las principales entidades ecologistas: Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, con un objetivo común, que es afrontar de manera integrada la vulnerabilidad social y la emergencia climática. Asunción, me gustaría empezar contigo.
Porque en el documento queda claro que la degradación ambiental agrava la pobreza, las desigualdades y las crisis humanitarias. ¿Cómo podemos hacer entender que la seguridad de las personas depende del estado de conservación de la naturaleza?
Muy buena pregunta. No me lo ha puesto fácil para empezar. Lo primero, me gustaría dar las gracias a los ministerios que acogen nuestras responsabilidades como representantes de la sociedad civil, y sobre todo gracias a esta cooperación y alianza que hemos creado. Permítanme que me salte brevemente la pregunta para destacar que, como representantes de la sociedad civil, y con responsabilidad y compromiso, siempre hemos querido ser ejemplares y ejemplarizantes. Seguramente no lo hemos conseguido siempre, pero lo de hoy es un ejemplo de que se puede llegar a consensos desde miradas muy diferentes; y aquí, en la casa de todos, en el Congreso, pedimos que se siga este ejemplo: que colaboremos y cooperemos para poder prosperar.
Y dicho esto, voy a explicar cómo podemos hacer ver todo esto. Creo que hasta ahora hemos vivido muy emborrachados de ese Estado del bienestar que se generó después de la Segunda Guerra Mundial. Esto nos ha ido acomodando, como en un sofá con un mando a distancia, donde cambias de canal si algo no te gusta. Pero, incluso antes de que un pequeño virus pusiera todo contra las cuerdas, desde Europa ya se veía que ese Estado del bienestar tenía los días contados, porque estábamos esquilmando los recursos que permitían que hubiera agua suficiente y de calidad, que los campos fueran productivos. Es decir, había que cambiar el modelo.
Así surgió, incluso antes de la pandemia, el Pacto Verde Europeo, ese pacto que desde aquí defendemos, porque viene a afirmar que las políticas ambientales no pueden seguir siendo políticas al margen: son políticas centrales de derechos sociales. Sin embargo, hemos llevado las cosas de tal manera que parece que lo verde es algo superfluo, a lo que solo dedicamos financiación o tiempo en épocas de bonanza económica, y es justamente lo contrario. Ahí venía el Pacto Verde.
Me gustaría, por tanto, cambiar un poco los términos. Cuando hablamos de precariedad laboral, de desigualdad de género, de mortalidad infantil, todo el mundo entiende que hay que actuar. Pero precariedad no solo significa falta de recursos; precariedad también es inestabilidad, riesgo y falta de seguridad, según la RAE. Y podemos hablar perfectamente de mortalidad ambiental: una de cada cinco muertes en el mundo se debe a los efectos de los gases de efecto invernadero. Podemos hablar de desigualdad infantil, porque la pobreza de los niños del mundo les impone esa doble condena de la que se hablaba antes: no solo existe la pobreza infantil, sino que, cuando se ven afectados por los efectos del cambio climático, sufren de nuevo; se magnifican las desigualdades. Del mismo modo, podríamos hablar de pobreza ambiental. Todo el mundo relaciona pobreza con hambre, por ejemplo; pero ¿por qué no hablamos de escasez? Nuestros recursos hídricos se están agotando, y más en un país como España. Con lo cual, ¿es o no es precariedad ambiental?
Por eso, creo que debemos seguir el ejemplo que aquí defendemos todos: colaborar y cooperar para poder prosperar.
Por supuesto, estoy aquí en nombre de las cinco organizaciones ecologistas que ya se han mencionado, así que no lo repetiré, pero también en nombre de todas. Tenemos que atender esa precariedad ambiental, porque si no nos estamos jugando el Estado del bienestar, la paz y la democracia. Ahora que todo está tan polarizado, quizá este posicionamiento conjunto pueda servir para poner las cosas en su sitio. Insisto: si no atendemos esa precariedad ambiental, gobierne quien gobierne, no será un buen gobierno; no se atenderán las urgencias sociales.
La secretaria de Estado lo comentaba: la vulnerabilidad social y la emergencia ecológica son dos caras de la misma moneda, y en el informe creo que también lo dejáis muy claro. Carlos, me gustaría preguntarte cómo afecta la crisis climática a las personas en situación de pobreza y exclusión en nuestro país, en España. Gracias.
Gracias. Y, afortunadamente, estás sentado; te estaba viendo antes todo el tiempo de pie y decía: así no puede ser. Muchas gracias, por supuesto, a los ministerios que han podido participar y, por supuesto, a mis compañeros de mesa.
La Plataforma del Tercer Sector es un conjunto de entidades: está la Plataforma del Voluntariado —cuyo presidente quiero excusar; esta mañana no podía estar—; también está el CERMI, que representa a todo el movimiento de la discapacidad; hablamos de la Plataforma de ONG; por supuesto está la Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social —no la voy a nombrar, que soy el presidente—, una organización que trabaja precisamente contra la pobreza; está la Plataforma de Infancia —tenemos a su secretario general aquí sentado—; y también está la Coordinadora de ONGD. En este momento veíamos que era necesario tener las tres patas, verlo de esa manera. Luego están las principales organizaciones singulares de este país, que son la ONCE, Cáritas y Cruz Roja; detrás de ellas están miles de organizaciones en todo el Estado.
Cuando nos ponemos a hacer esto y cuando vemos el documento, quiero decir una cosa: no sufrimos de adanismo, como si esto surgiera ahora por primera vez o nadie hubiera visto antes estas correlaciones. Llevamos mucho tiempo, creo que todas las organizaciones —no ya como PTS, sino como las organizaciones miembros de la PTS— diciendo que necesitamos tener en cuenta otro tipo de factores.
Querida Rosa, has dicho que no vamos a caer en “lo mío”. Yo creo que el problema que vais a tener los gobiernos y demás es que “lo mío” lo hemos aumentado. Por lo tanto, vamos a ir más allá en ese aspecto, que es especialmente importante.
Esto lo hacemos porque queremos: somos sociedad civil. Nadie nos obliga. Solo así conseguiremos cumplir nuestras misiones y mejorar la vida de las personas, algo imposible sin cuidar la salud del planeta. Esa es la primera idea por donde quisiera entrar.
Luego, es importante el documento por el reconocimiento de la interdependencia de las distintas materias —ya se ha dicho anteriormente, también lo ha comentado Asun—, y por eso es importante tener una hoja de ruta común. Nos va a costar. Esto no está hecho. Aquí mostramos la decisión y la vocación de hacerlo, pero esto va a costar. Es importante tenerlo claro: tenemos que ejercer un liderazgo dentro de la sociedad, para el conjunto de la sociedad, de carácter moral y político. Porque, claro, hay muchas veces que algunas organizaciones sociales dicen que son apolíticas. Pues vale. Cuando hablas de educación, cuando hablas de vida...