Congreso de los Diputados Otros

Congreso de los Diputados - Otros - 3 de diciembre de 2025

3 de diciembre de 2025
15:00
Duración: 292h 11m

Contexto de la sesión

Reconocimientos Pulso Vital 2025 - Reconocimientos Pulso Vital 2025 - Sala: Ernest Lluch

Vista pública limitada

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Muy buenas tardes a todos. Es un honor poder darles la bienvenida al acto “Aportando valor al sistema de salud”, que tenemos el privilegio de celebrar en el Congreso de los Diputados. Hoy nos reunimos más de 150 personas, entre quienes estamos presentes y quienes nos acompañan vía streaming, todas unidas por un compromiso común: avanzar hacia un sistema de salud cardiovascular más equitativo, eficiente y eficaz, centrado en el paciente. La Alianza Cardiovascular nació en 2023 con un propósito firme: dar respuesta a las necesidades aún no cubiertas en la atención de las enfermedades cardiovasculares en España. Dos años después, estas enfermedades siguen siendo la segunda causa de muerte en nuestro país y la primera entre las mujeres españolas, provocando un profundo impacto tanto en la vida de las personas como en nuestro sistema sanitario. Nuestra visión es clara: unir esfuerzos, compartir conocimiento y generar estrategias basadas en la evidencia y en el consenso experto para mejorar la atención de las enfermedades cardiovasculares y, sobre todo, la vida de los pacientes.
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Quiero empezar haciendo una mención especial a nuestro comité de expertos, cuyo conocimiento, experiencia y dedicación han permitido marcar una hoja de ruta clara y viable mirando hacia el futuro de Pulso Vital. Esta alianza se ha convertido en una plataforma abierta, colaborativa y dinámica donde voces, intereses y perspectivas distintas se unen para enfrentar de manera integral los retos de la salud cardiovascular en nuestro país. Asimismo, quiero agradecer enormemente a Amgen, Daiichi Sankyo, GSK, Lilly, Novartis, Novo Nordisk, Recordati y Sanofi, cuyo apoyo es fundamental para transformar las ideas en resultados reales. Gracias a ellos hemos podido impulsar proyectos que generan un impacto tangible en la atención cardiovascular y que promueven la innovación y la excelencia científica. No menos importante es el apoyo de nuestras 22 entidades colaboradoras, que a lo largo de estos años han demostrado que la colaboración multidisciplinar es la verdadera fuerza que impulsa el cambio. El camino recorrido hasta hoy nos demuestra que los avances reales se logran cuando unimos esfuerzos. Gracias a esta cooperación, Pulso Vital, Alianza Cardiovascular, se ha consolidado como un espacio de referencia capaz de generar propuestas innovadoras y fortalecer la coordinación entre los actores clave de la salud cardiovascular en España. Mirando hacia adelante, nuestra meta es seguir impulsando un modelo de atención más equitativo, más eficiente y verdaderamente centrado en el paciente. Muchas gracias. A continuación, cedo la palabra a doña Maite San Saturnino, presidenta de la Organización de Asociaciones de Pacientes. Señoras y señores diputados, autoridades sanitarias, profesionales, representantes de la industria, asociaciones y entidades aquí presentes: es un honor tomar la palabra hoy en nombre de los pacientes, en un evento que, más que un encuentro técnico, es una llamada urgente a la responsabilidad compartida. Porque cuando hablamos de la atención cardiovascular no hablamos de un área clínica más; hablamos de una de las principales causas de enfermedad y mortalidad en nuestro país. Y hablamos, sobre todo, de personas: personas con nombre, con familias, con proyectos de vida, que dependen de un sistema capaz de acompañarlas, protegerlas y ofrecerles respuestas a tiempo. Queremos empezar reconociendo algo esencial: la salud cardiovascular es un asunto de Estado. No es solo un reto médico; es un reto social, económico y humano. Cada infarto prevenido, cada paciente que logra controlar su hipertensión, su colesterol o su insuficiencia cardíaca es un logro colectivo que alivia el sufrimiento, reduce los costes y mejora la vida de miles de personas. Por eso, hoy queremos subrayar tres mensajes que consideramos fundamentales para avanzar hacia una mejor atención cardiovascular y, con ello, hacia un sistema de salud más fuerte y justo. En primer lugar, la prevención y el diagnóstico precoz deben ser prioridad nacional. Los pacientes lo vivimos cada día: cuando la atención llega tarde, llega con más dolor, más secuelas y más desigualdad. Necesitamos estrategias firmes de prevención, cribado y educación sanitaria que no dependan del código postal ni de la situación socioeconómica. No podemos permitir que la presión arterial, el colesterol, la diabetes o la obesidad sigan sin control por falta de tiempo en consulta, por barreras de acceso o por falta de formación e información comprensible. La prevención no es un gasto; es la mayor inversión en salud que un país puede hacer. En segundo lugar, necesitamos un sistema que cuente con el paciente cardiovascular como un agente más. Porque nosotros y nuestros familiares tenemos que convivir con decisiones difíciles, tratamientos complejos, cambios en el estilo de vida y, muchas veces, miedo. Esa carga se lleva mejor cuando nos sentimos acompañados. Acompañar significa escuchar, explicar de forma clara, compartir decisiones, simplificar tratamientos, coordinar profesionales, integrar la farmacia comunitaria, apoyar a los cuidadores y detectar precozmente la falta de adherencia. Los pacientes cardiovasculares no queremos protagonismo; pedimos participación real. En tercer lugar, la innovación, la equidad y la sostenibilidad deben avanzar juntas. Necesitamos innovación en un sentido más amplio: clínica, tecnológica, organizativa y también social. Pero esta innovación debe ir acompañada de equidad y sostenibilidad.
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Solo tiene valor si llega a todos, si no amplía desigualdades y si se sostiene en el tiempo. Eso implica garantizar el acceso a tratamientos y dispositivos, apostar por la digitalización inclusiva, asegurar la continuidad asistencial y proteger la disponibilidad de medicamentos esenciales. Porque ninguna innovación compensa un fármaco que falta, una cita que llega tarde o un sistema que no se coordina. La equidad no debe ser un objetivo aspiracional; debe ser un compromiso tangible. Para concluir, hoy, desde esta institución que representa a la ciudadanía, como presidenta de las más de cincuenta organizaciones de pacientes de la Fundación Española del Corazón, Pacientes FEC, pedimos que la salud cardiovascular sea abordada con visión a largo plazo, con políticas basadas en evidencia y con la participación estructurada de los pacientes cardiovasculares en cada decisión relevante. Porque cuando el sistema escucha a quienes viven la enfermedad en primera persona, las políticas son más acertadas, los recursos se optimizan y los resultados mejoran. Aportar valor al sistema de salud significa aportar valor a la vida de las personas. Y en ese camino, Pacientes FEC estamos y estaremos dispuestos a contribuir, colaborar y ser parte activa de la solución. Hoy les pedimos que mantengan un compromiso firme con los valores que compartimos: equidad, continuidad, prevención, participación y humanidad. También queremos agradecer a los profesionales que cada día sostienen el sistema con su trabajo, su conocimiento y su dedicación; a la industria farmacéutica por su esfuerzo constante en investigación, producción, innovación y garantía de suministro; y a ustedes, señoras y señores diputados, por su compromiso, su presencia y su sensibilidad hacia una causa que afecta a millones de personas en nuestro país. Esta jornada es una oportunidad para convertir retos en soluciones y para poner en el centro la salud cardiovascular. Muchas gracias. Muchas gracias, Maite. A continuación, doy paso a doña Maribel Sánchez, vicepresidenta segunda de la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados. Buenas tardes y muchísimas gracias, Borja, director general de Bioinnova, y a Maite San Saturnino, presidenta de la organización de pacientes. Muchas gracias por acompañarme en esta mesa. Para mí es un honor poder darles la bienvenida al Congreso, a su casa; hacerlo en nombre de la Comisión de Sanidad y hacerlo en nombre también de mi grupo parlamentario, el Grupo Parlamentario Popular, donde nos acompaña la portavoz Elvira Velasco. También hay otra compañera, María, del Grupo Parlamentario Socialista, secretaria de la Mesa, y seguro que hay algún diputado más, pero me van a disculpar, que la vista ya me falla. Quiero comenzar expresando ante todo mi agradecimiento y reconocimiento a todas las organizaciones, instituciones, profesionales sanitarios, sociedades científicas, pacientes y a todos aquellos que hacen posible este espacio de diálogo y construcción conjunta. Lo han materializado en el segundo informe que hoy aquí se presenta. Este es el trabajo de todas esas organizaciones, de todas esas instituciones que acabo de nombrar y de todas las personas que aquí están representadas, y lo primero que quiero es felicitarles por ello. Pulso Vital y Alianza Cardiovascular están consiguiendo situar la salud cardiovascular en el foco de la agenda pública, y este es un ejemplo. No solo por la calidad del trabajo realizado, sino porque han sabido crear algo que hoy es más necesario que nunca y que, por desgracia, es poco habitual en esta casa: el consenso y el compromiso, pilares imprescindibles cuando hablamos de enfermedades que siguen siendo una de las principales causas de mortalidad y de discapacidad, no solamente en este país, sino en todo el mundo. La salud cardiovascular es, ante todo, un asunto de Estado y así tenemos que verlo. Nos interpela como responsables públicos que somos, también como ciudadanos y como parte de una sociedad que aspira a vivir más y, sobre todo, a vivir mejor; no solo más años, sino más calidad a esos años. Prevenir, detectar a tiempo y tratar adecuadamente estas enfermedades no es únicamente un objetivo sanitario, es un compromiso social, y así es como tenemos que trasladarlo también los representantes públicos. Es proteger la calidad de vida, asegurar la sostenibilidad del sistema y avanzar hacia un modelo de salud más moderno, más cercano y también más justo. Y es aquí donde el trabajo legislativo cobra especial relevancia. Desde el Congreso, nuestra responsabilidad es convertir...
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El conocimiento científico y las necesidades de la ciudadanía, que son las que aquí nos trasladan esta tarde, deben traducirse en marcos normativos que impulsen la prevención, refuercen la equidad y permitan una respuesta más eficaz ante el reto que suponen las enfermedades cardiovasculares. El Parlamento debe ser un espacio abierto al diálogo con la comunidad sanitaria y con los pacientes; por supuesto, un espacio capaz de generar acuerdos amplios y duraderos en materia de salud pública. Solo así podremos garantizar que las políticas que aprobamos estén alineadas con los retos reales de nuestro país y respondan de manera efectiva a las demandas de una sociedad que espera de nosotros rigor, consenso y visión de futuro. Por eso, desde este Congreso debemos valorar especialmente el trabajo que impulsa esta iniciativa, y de nuevo le felicito por ello: porque transforma datos en propuestas, convierte la experiencia clínica en políticas públicas y la preocupación social en estrategias compartidas, y porque nos recuerda que la salud no entiende de fronteras políticas ni ideológicas. Para lograr avances reales necesitamos colaboración entre administraciones, coordinación con las comunidades autónomas, que son las que gestionan nuestra sanidad, y una escucha activa a quienes están sobre el terreno, que son, sin duda, los profesionales y los pacientes. Pulso Vital–Alianza Cardiovascular consolida así un marco de trabajo que nos permite avanzar hacia un país más preparado frente a las enfermedades cardiovasculares, más consciente de sus factores de riesgo y más ambicioso en la prevención, la innovación y la equidad en el acceso a la atención sanitaria. Espero, pues, y finalizo, que esta jornada sirva para fortalecer alianzas, actualizar prioridades y, sobre todo, para seguir construyendo juntos un futuro en el que la salud cardiovascular sea un eje central de las políticas públicas. Muchísimas gracias por su compromiso y, sin más, damos por inaugurada esta jornada. Gracias a todos. A continuación, vamos a dar paso a la primera ponencia de la tarde, a cargo del doctor González Juanatey. La hemos titulado: “Pilares del Plan Europeo de Salud Cardiovascular: equidad, digitalización y mejora de resultados”. Muchas gracias. Muy buenas tardes y muchas gracias por la invitación. Intentaré compartir con ustedes algunos aspectos relacionados con la oportunidad que estábamos esperando. La oportunidad que estábamos esperando en enfermedad cardiovascular es el Plan Europeo de Salud Cardiovascular. En Europa hay en este momento dos planes: el de cáncer y el de salud mental. Era una absoluta prioridad que la Comisión Europea reconociera la necesidad de un plan de salud cardiovascular, y así ha sido. Estos planes tienen una gran importancia porque están vinculados a un presupuesto finalista para un determinado conjunto de acciones; esa es una de las formas de garantizar el éxito de las iniciativas que se contemplen en el plan. No tengo conflictos de interés. Represento a la Federación Mundial de Cardiología en la comisión del plan y voy a compartir con ustedes algunos aspectos relacionados con este plan, que de alguna forma se publicitó y se aprobó ya en el año 2022 por el Parlamento Europeo. Se espera que a principios del año próximo podamos conocer los aspectos fundamentales del plan y las iniciativas prioritarias a desarrollar, como les decía, vinculadas a esos proyectos. Este es el conjunto de organizaciones que estamos directamente implicadas en el plan. ¿Por qué un plan europeo de salud cardiovascular? Sin duda, por las inequidades, más allá del propio impacto de las enfermedades cardiovasculares. Esta diapositiva refleja la enorme inequidad en salud cardiovascular en Europa, que guarda una relación directa con el nivel socioeconómico de los países europeos. Esa inequidad se puede trasladar a cifras: esta es la mortalidad cardiovascular en Bulgaria. La expectativa de vida es casi diez años menor que aquí.
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Gracias, señor presidente. Prácticamente el 70% de la mortalidad prematura es de causa cardiovascular. Si nos morimos jóvenes, nos morimos de causa cardiovascular. Esta es la situación en España. Ya antes se refirieron quienes presentaban la jornada a esta realidad. La enfermedad cardiovascular representa uno de los grandes retos de salud en nuestro país. Pero también en España existen inequidades, que comentaré muy brevemente. Recientemente, con el anterior ministro de Sanidad, José Miñones, llegamos a desarrollar un proyecto vinculado a las inequidades. En España, ser trabajador manual no cualificado tiene un riesgo de infarto de miocardio cinco veces mayor que si eres universitario y tienes un nivel de vida mayor. La enfermedad cardiovascular, más que nunca, está vinculada al género, pero al género asociado a la inequidad social. Tenemos que ver cómo ser más eficaces en prevención cardiovascular, pero, fundamentalmente, cómo debemos ser más eficaces con los más vulnerables. El plan europeo tiene esa orientación hacia la vulnerabilidad, y lo mismo podría aplicarse a nuestro país, ya que la enfermedad cardiovascular, el mal control de los factores de riesgo y los peores estilos de vida se concentran en los niveles socioeconómicos más bajos. ¿Cómo podemos ser más eficaces en ese objetivo? Pues bien, España lidera en Europa el disponer de una estrategia. Solo hay tres estrategias nacionales en este momento y, al hilo del plan, creo que hasta siete países más han iniciado las suyas. Esta es la Estrategia Española de Salud Cardiovascular, un documento fantástico, también vinculado a estos aspectos de la inequidad, porque los consideramos el elemento central en enfermedad cardiovascular. Tiene varias barreras, pero sobre todo una: no está directamente vinculada a un presupuesto. Las acciones necesitan presupuesto e identificar acciones prioritarias, como en el plan europeo, orientadas a la vulnerabilidad, a los más desfavorecidos, ya que sería la única forma de ser más eficaces en la implementación de un plan. Estas son las dos grandes prioridades del plan europeo: reducir las inequidades en Europa —que, como ven, son extraordinarias—; uno no se puede imaginar la diferencia, ya no solo en prevención, sino en la atención cuando se sufre una enfermedad cardiovascular, entre distintos países de Europa, estando España entre los países que lideran la calidad; y, en segundo lugar, la transformación digital. El Espacio Europeo de Datos Sanitarios puede ayudarnos a ser más eficientes en trasladar las medidas de forma general, con la necesaria implicación directa no solo de los pacientes, sino de los ciudadanos en su conjunto. Estos son los dos grandes pilares. Luego les comentaré algún aspecto relacionado con una buena práctica clínica que procede de España y que se incorporará en el plan. Dentro del plan europeo tenemos el reto de incluir la atención a la muerte súbita. Este es el proyecto de la nueva dirección de la Sociedad Española de Cardiología y el proyecto personal de su presidente actual, el doctor Ignacio Lozano, donde vemos que la muerte súbita en España es un problema de enorme magnitud que necesita un abordaje específico. En Europa sucede lo mismo y se observan diferentes situaciones entre países. España necesita una estrategia específica de atención a la parada cardíaca, la parada cardiorrespiratoria, en nuestro país, ya que aproximadamente 50.000 personas en España sufren una parada cardiorrespiratoria y los índices de recuperación son muy heterogéneos entre países de la Unión Europea. Sería urgente un programa específico que se dirija, desde esta Cámara, al conjunto de las comunidades autónomas para especificar de forma clara objetivos en un plan de parada cardíaca. El Plan Europeo de Salud Cardiovascular tiene seis objetivos principales, seis prioridades. Como les decía, me voy a referir a los dos grandes pilares: cómo reducir la inequidad y cómo aprovechar la transformación digital.
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También debemos avanzar, y el programa europeo va a incluir sistemas de conexión: más que hablar únicamente de telemonitorización, se trata de la conexión digital de pacientes y ciudadanos con los sistemas de salud. Aquí caben diferentes formas de monitorización, tanto domiciliaria como ambulatoria, y España va a aportar algunas buenas prácticas. Una de ellas es la demostración, en pacientes con insuficiencia cardíaca —que es la única enfermedad cardiovascular cuya prevalencia e incidencia siguen aumentando—, de la eficacia de un sistema basado en datos y liderado por enfermería. Fíjense en el impacto en salud: es el estudio HERMES, dirigido por Josep Comín. Se trata de una innovación en la que un sistema digital, con liderazgo de enfermería, es capaz de separar de forma significativa las curvas de mortalidad e ingresos hospitalarios. Esto se convertirá en un proyecto específico, con presupuesto para su implantación en los distintos países de la Unión Europea, basado en esta experiencia española. Otra experiencia española, iniciada en nuestra comunidad autónoma y hoy muy extendida, es mejorar el acceso y la comunicación entre profesionales sanitarios a través de sistemas de soporte digital, lo que denominamos consulta electrónica integrada en las historias clínicas. En este momento es bastante universal en los diferentes servicios autonómicos de salud. Como les decía, en el programa que impulsamos durante el período en que José Miñones fue ministro de Sanidad intentamos crear un mejor observatorio de algunos elementos de calidad asistencial. Fíjense en la espera media de un servicio de cardiología en España para atender una derivación desde atención primaria: hace dos años era casi de 100 días. Hay mucha heterogeneidad, pero la media rondaba esos 100 días. ¿Qué podemos hacer para ser más eficientes? Esto puede ser una cuestión de recursos, pero también de organización asistencial. Diseñamos, y hoy es ya un proyecto general en casi todas las comunidades autónomas, un sistema integrado en la historia clínica electrónica —de ahí la importancia de la recogida de datos y de historias que se comuniquen— que, en nuestro caso, funciona entre comunidades autónomas y cuyo objetivo en el plan es que funcione entre países de la Unión Europea. Casi 7.000 demandas de consulta llegan a nuestro servicio de cardiología desde atención primaria, a través de la historia clínica electrónica. No hay una consulta presencial inmediata: un cardiólogo responde en menos de tres días y, o bien resuelve la duda, o bien decide que el paciente sea visto en un plazo no superior a 14 días. El resultado fue claro: descendió la demora asistencial y, además, hubo menos hospitalizaciones y menos mortalidad. El sistema permite identificar pronto a los más vulnerables y concentrar la atención rápidamente en ellos. Es un cambio en la organización de la atención ambulatoria que impacta directamente en los resultados en salud. Esta es una prioridad del plan, basada en la experiencia española, y también una prioridad en España, al hilo de la intercomunicación entre autonomías y entre sistemas sanitarios. Dentro del plan se impulsa, además, un proyecto de consulta electrónica avanzada: formar a médicos de atención primaria en pruebas básicas —ecoscopia y holter de eventos para detectar arritmias—. Esto aporta mucho valor al ejercicio de la atención primaria, porque la medicina se hace en los centros de salud; sin una atención primaria comprometida y de calidad no habrá buena medicina en ningún entorno. El objetivo es mejorar la disponibilidad tecnológica en los centros de salud, reforzar la atención precoz y optimizar la asistencia ambulatoria. Por último, el plan incorpora aspectos vinculados a la digitalización, y la prioridad es la incorporación de inteligencia artificial en los sistemas de apoyo a la decisión clínica y de estratificación clínica. Es una de las grandes prioridades del proyecto. Muchas gracias.
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En salud, la inteligencia artificial tiene que ser un elemento central para la concesión de los proyectos. Aquí hay múltiples experiencias; el electrocardiograma es la herramienta más útil para estratificar el riesgo y para un diagnóstico precoz. En este momento existen diferentes algoritmos que utilizan el electrocardiograma. El plan europeo va a dedicar una dotación presupuestaria específica a programas de inteligencia artificial basados en electrocardiograma que se implanten especialmente en los servicios de emergencias, de urgencias y en los centros de salud. Estos sistemas permiten estratificar de forma rápida a pacientes con dolor torácico que puedan presentar un síndrome coronario agudo y su eficiencia y robustez son, en ocasiones, superiores a las de los profesionales. Ahora bien, que nadie piense que la inteligencia artificial va a suplantar nuestro criterio: el criterio profesional es básico y debe modular todas las decisiones de la inteligencia artificial. Es igualmente cierto que los sistemas de medicina que no incorporen inteligencia artificial no van a pervivir en el tiempo. Otro proyecto, con experiencias en España, se centra en la insuficiencia cardiaca mediante sistemas de reconocimiento de voz: el paciente con sospecha de insuficiencia cardiaca graba unas frases definidas; el sistema, ya adaptado a diferentes idiomas de la Unión Europea, discrimina de forma automática a quienes tienen alto riesgo de hospitalización próxima. Por tanto, sirve como un sistema de estratificación del riesgo en insuficiencia cardiaca. Basados en la experiencia española de consultas electrónicas, en nuestra área fuimos capaces de desarrollar un algoritmo de inteligencia artificial que, en todas las derivaciones del médico de atención primaria, identifica de forma muy robusta la “línea roja”, es decir, a aquellos a quienes les va a ir mal pronto. Eso permite identificar rápidamente a los más vulnerables y hacer que el sistema sea más eficiente. Como veis, gran parte de las iniciativas del plan, y en este momento de su presupuesto, se dirigirá a la transformación digital en Europa, donde las experiencias españolas tendrán una buena cabida. Está claro que la inteligencia artificial no va a suplantar a los profesionales: necesitamos su criterio. Pero es, sin duda, una realidad actual para hacer más eficientes todos los sistemas y, especialmente, los sistemas públicos de salud. En cuanto a las prioridades del plan europeo, las seis grandes prioridades del plan están definidas. El plan está previsto que vea la luz a mediados del año próximo, ya con iniciativas específicas directamente vinculadas a lo anteriormente comentado. Se trata de evitar las inequidades, concentrarse en los niveles socioeconómicos más bajos y en la mujer, porque es ahí donde se está concentrando la inequidad y donde se sitúan los principales retos de prevención. Posteriormente habrá una serie de iniciativas, incluso legislativas, sobre la regulación de los ultraprocesados y sobre la regulación del tabaco más allá de la regulación actual. Estos son los próximos pasos del plan europeo, con el compromiso de todos los que estamos trabajando en él para que vea la luz a mediados del año próximo. Era la oportunidad que estábamos esperando. Tenemos entornos claros que nos interpelan también a España, sobre todo lo vinculado a la guerra, a la vulnerabilidad y a lo vinculado al espacio español de datos sanitarios dentro del sistema de historias clínicas electrónicas de las comunidades autónomas. Seguro que este Congreso de los Diputados y el Senado serán capaces, el año próximo, de aprobar algún tipo de iniciativa que facilite la interconexión de historias clínicas electrónicas. No puede haber 17 comunidades autónomas opacas entre sí en datos de salud. Y, sin duda, como decía, también la mejor forma de predecir el futuro en un área tan crítica como la prevención y la salud cardiovascular.
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Promover la salud cardiovascular es, en definitiva, construirla. El plan ha intentado identificar prioridades para los próximos dos o tres años; son prioridades directas que pueden afectar y que, de hecho, afectan a nuestro país. Es la oportunidad que estábamos esperando en Europa y, diría, también en España. Muchas gracias. Dentro de esta jornada, a continuación tenemos un foro de expertos. Para mí es un honor contar en esta mesa con expertos de la calidad de los que nos acompañan; además de ser excelentes profesionales, son grandes personas, y eso se nota en el día a día y en el trabajo que llevan a cabo. Me acompañan en esta mesa: doña Elvira Velasco, portavoz en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, representante del Grupo Popular; la doctora Paloma Sempere, farmacéutica hospitalaria en el Servicio Gallego de Salud (Sergas), Board Certified Cardiology Pharmacist y coordinadora del Grupo de Trabajo Cardio de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria; doña Sonia Peláez, directora de Gestión de Investigación e Innovación del Hospital de Toledo, jefa de Gabinete de la Secretaría de Estado de Sanidad y excoordinadora técnica de la Estrategia en Salud Cardiovascular (ESCAV) del Sistema Nacional de Salud; y, por último y no menos importante —y esto lo entenderán, porque estamos en la Casa del Corazón, junto a la Fundación Española del Corazón y la Sociedad Española de Cardiología—, el doctor Andrés Íñiguez, jefe de Servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo y presidente de la Fundación Española del Corazón. Para no alargarnos en el tiempo, la primera pregunta va dirigida a doña Paloma Sempere y al doctor Andrés Íñiguez: en el entorno hospitalario, ¿qué dificultades observan en la optimización de los tratamientos cardiovasculares y su seguimiento? Buenas tardes a todos y gracias, Maite, por tu presentación. Desde el punto de vista de la farmacia hospitalaria, podemos identificar claramente tres barreras principales: la fragmentación asistencial; la falta de interoperabilidad de los datos necesarios para la optimización de los tratamientos; y la variabilidad en el acceso a los tratamientos entre los distintos territorios. Estas tres barreras favorecen la falta de adherencia, aumentan las probabilidades de errores de medicación, duplicidades y polimedicación, y además pueden limitar, de alguna forma, el acceso a tratamientos con evidencia de beneficio cardiovascular. En primer lugar, mi agradecimiento por la invitación a participar en esta sesión, que me parece de extraordinaria utilidad.
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Para no duplicar algún comentario que ha hecho Paloma, centraré mis observaciones en tres o cuatro puntos clave, y no lo limitaría exclusivamente al tratamiento, sino a cualquier otra actividad. En primer lugar, todos somos conscientes de que la sanidad tiene una demanda infinita y los recursos son finitos; por lo tanto, esa es la primera limitación que debemos considerar. En segundo lugar, echo en falta, para evitar barreras, la existencia de agencias de evaluación de tecnologías sanitarias independientes que aporten valor añadido respecto a cualquier innovación terapéutica o de otro tipo. De forma que lo que se apruebe tenga verdadero valor en términos de aumento de años de vida o de calidad de vida. Y, en este sentido, no basta solo con los IPT que, de alguna manera, el Ministerio y las comunidades autónomas emiten con cada innovación y que, en muchos casos, limitan su introducción en base a interpretaciones más o menos extensas de la evidencia científica. La otra pata que falta para evitar estas barreras es contar en España con un observatorio de resultados en salud que aporte información válida y real de la práctica clínica, y que nos dé lo que de verdad necesitamos: variables y datos que nos permitan medir y comparar. Solo así podremos mejorar y evitar las barreras que comentamos. Perfecto. ¿Qué herramientas digitales o modelos de trabajo podrían mejorar la adherencia, la seguridad y la eficiencia terapéutica? Para ello, es esencial realizar un seguimiento farmacoterapéutico estructurado y continuado, que favorezca la adherencia, la seguridad y la eficiencia. También creo, como nos ha explicado el doctor Juanatey, que la historia clínica electrónica única e interoperable debe formar parte de cualquier proyecto mínimo de las administraciones sanitarias. Quienes tenemos la suerte, como el doctor Iñiguez y yo, de trabajar en un entorno con esta historia clínica electrónica, conocemos sus potencialidades. Una de ellas, como ha explicado Ramón, es la e-consulta. La e-consulta reduce tiempos de espera, reduce hospitalizaciones y, lo que es más importante, reduce mortalidad. Desde la perspectiva de la farmacia, la adoptaría como modelo de trabajo entre la farmacia hospitalaria y la farmacia de atención primaria, y el impacto sería inmenso si incluyéramos a la farmacia comunitaria, porque buena parte de la enfermedad vascular se maneja en primaria. Debe adoptarse como modelo de trabajo porque, básicamente, implica una comunicación eficaz y compartir información; y compartir información es la clave del éxito. Asimismo, las aplicaciones de telemonitorización han demostrado ser muy efectivas y mejorar la adherencia, la seguridad y la eficacia de los tratamientos, porque acercan al profesional al paciente. Por último, la inteligencia artificial integrada en modelos de atención farmacéutica nos permitirá introducir de forma ágil la información que aportan los PROMs y los PREMs. Los PROMs proporcionan información clínica desde la perspectiva del paciente; los PREMs nos hablan de su experiencia y pueden utilizarse con fines organizativos. Combinados, harán que la atención sanitaria sea más precisa, más centrada y orientada a resultados en salud. Como consideración final, no debemos confundir digitalización con formación digital: contar con herramientas no sustituye la capacitación de los profesionales.
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Contar con aplicaciones y desarrollos adecuados que permitan manejar la información, mejorar la organización, la gestión y la conectividad, o que sirvan de herramientas, no es lo mismo que transformación digital. Y, desde luego, una transformación digital, en mi opinión, no es válida si no mejora la calidad de vida, la eficiencia o si no promueve la equidad y la atención integral. Hace tiempo que alguna organización definió una serie de premisas sobre lo que debe ser la transformación digital. La primera es que debe poner el foco en la salud. Si se pone el foco únicamente en el cuidado agudo de la enfermedad, mal vamos. Y si no se controlan los determinantes sociosanitarios de la salud, poca transformación vamos a ver. La segunda premisa es mejorar varios objetivos: no solo el nivel de salud, sino también la experiencia —qué siente el paciente, como se ha comentado con los premios—, la experiencia del profesional y, desde luego, la eficiencia en la utilización de los recursos. Además, es necesario que esa transformación digital incluya un rediseño organizativo. Porque, como decía Einstein, hacer lo mismo solo conduce a los mismos resultados. Tenemos que hacer algo diferente y enfocarnos hacia una reingeniería de procesos con y para el paciente, no vinculada a las necesidades de los profesionales, y buscar resultados en salud: medir, evaluar y mejorar, con resultados orientados a la población. No es lo mismo una historia clínica electrónica que una historia digital de salud. La historia digital de salud es una necesidad. Se ha señalado la importancia de la interoperabilidad de los sistemas de salud, pero no se trata solo de compartir los episodios agudos de enfermedad, sino de disponer de una historia de salud de cada individuo, asociada a una identidad digital única, aceptada por todos los países y por todas las comunidades, para entrar en una verdadera transformación digital. Durante años también se ha demonizado la gestión clínica, y parte de la transformación digital debe ser contribuir a una mejor gestión clínica, entendida como corresponsabilidad en la gestión de los recursos y de las actuaciones entre gestores, profesionales, pacientes y, desde luego, las organizaciones sanitarias implicadas. Asimismo, la transformación digital debe aportar y fortalecer la colaboración público-privada. Todos los sectores productivos han de estar integrados e implicados en esta transformación; sin ello, probablemente no se alcanzará una visión completa. Y, por último, respecto al uso de la inteligencia artificial en la transformación digital: es innegable, está aquí. Pero debe contribuir a una humanización de la asistencia, no a su deshumanización; ha de ser una ayuda científico-técnica para los profesionales y para mejorar lo que hacemos, evitando el riesgo de deshumanizar la medicina. Perfecto. Pues, Sonia, la siguiente pregunta es: desde el ámbito de la gestión hospitalaria y la innovación, ¿cuáles son los puntos críticos que necesitan una mayor transformación para mejorar los resultados en salud cardiovascular en los próximos años? Buenas tardes a todos y a todas. Maite, gracias por tu presentación. Quiero agradecer la invitación a estar aquí porque he formado parte del grupo y porque estamos en un foro de personas comprometidas, todos los que estamos aquí, en seguir avanzando en la mejora del abordaje de la salud cardiovascular, que no es poca cosa. Como ha dicho Maite, estuve coordinando la Estrategia en Salud Cardiovascular con muchos de los expertos que estáis aquí; dedicamos muchas horas y mucho esfuerzo, y no queremos que eso se quede en papel mojado. El compromiso que todos tenemos aquí, y el que adoptaron los consejeros y consejeras, es importante; y aquí, en el Congreso, es donde se impulsan las iniciativas. Dicho esto, sobre la innovación hospitalaria: para hablar de innovación hospitalaria debemos referirnos a la Estrategia de Salud Digital, que ya pone de manifiesto y define la innovación como todo cambio tecnológico y no tecnológico, basado en el conocimiento y que genera valor. Ese valor puede ser económico o no económico.
Fragmentos 1-10 de 31 (15 disponibles públicamente)

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