Buenas tardes. Vamos a ir empezando porque ya nos hemos pasado un poquito del tiempo. Si os podéis ir sentando, por favor. Quisiera daros las buenas tardes y agradeceros por acompañarnos hoy en este primer encuentro hacia la transición proteica, que tiene como subtítulo "Retos y oportunidades en el impulso de la dieta mediterránea". Mi nombre es Laura Villadiego, soy parte de la Junta Directiva de CECU. Desde la organización de la que formo parte, queremos agradecer profundamente la presencia de representantes institucionales, políticos, organizaciones del sector agrario, de la distribución, entidades científicas, sociedad civil, profesionales de la salud y nutrición, y entidades expertas que estáis hoy aquí, así como a todas las personas que habéis venido. Que estemos hoy juntas aquí, en este espacio, demuestra algo importante: que la transformación de nuestro sistema alimentario es un reto colectivo que solo puede abordarse con diálogo, cooperación y corresponsabilidad entre todos los agentes clave. Hoy en día, al menos yo creo que la palabra "proteína" está prácticamente por todos lados, en buena parte por efecto de los influencers en redes sociales.
Los profesionales nos muestran recetas para incluir más proteína en nuestras dietas, pero también la propia industria alimentaria se ha unido a este carro y desde hace un tiempo ya nos ofrece productos enriquecidos en proteína, o al menos que tienen la palabra proteína bien grande. Sin embargo, los estudios apuntan a que lo preocupante no es la cantidad de proteína que tomamos, sino el tipo. Esto no es una cuestión menor en España, un país que tradicionalmente ha tenido una dieta rica en legumbres, una gran fuente de proteínas, aunque rara vez estén en esas recetas de los influencers. España también es rica en frutas y hortalizas, con una tradición gastronómica y agrícola que forma parte de nuestra identidad mediterránea. Sin embargo, hoy hay datos que nos alertan de la pérdida progresiva de estos alimentos en nuestra dieta y en nuestros entornos alimentarios.
Aunque el 51% de la población identifica las legumbres como la mejor fuente de proteínas vegetales, su consumo real no llega a una ración por semana, muy por debajo de las cuatro raciones mínimas recomendadas por la AESAN para proteger la salud y reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Nuestros entornos alimentarios tampoco están facilitando las cosas. Según el informe de CECU, "¿Quién decide lo que comemos?", que está disponible en la bolsa que les han dado a la entrada, menos del 30% de la oferta disponible de platos preparados en los supermercados españoles es de origen vegetal. Además, la oferta de legumbres en todas sus formas no supera el 5%, a pesar de que el hummus se ha puesto de moda. Esta falta de disponibilidad se suma a la subida de precios y a una comunicación que a menudo invisibiliza los alimentos mediterráneos frescos, lo que limita la capacidad de las personas consumidoras para tomar decisiones saludables y sostenibles.
Quiero recalcar que nuestra falta de tiempo también juega un papel fundamental. En sociedades que cada vez nos exigen más, no nos dejan ni un rato de libertad para poder prepararnos ni siquiera unas lentejas. No es una casualidad que cada vez estemos abrazando más esos platos preparados. No es porque nos gusten más, es porque no tenemos tiempo para cocinar. A pesar de tener todo en contra, la ciudadanía está enviando un mensaje claro. En España, un 35% de la población afirma que ha reducido su consumo de carne, un 22% ha pensado en reducirlo y un 23% podría plantearse reducirlo. Es decir, un 80% de la población cree que hay hábitos que cambiar, siendo la salud su principal motivación. El 83% declara además seguir una dieta mediterránea, aunque los datos muestran que muchas personas no saben realmente en qué consiste este patrón alimentario.
La dieta mediterránea es mucho más que una referencia cultural. Se basa en el consumo y producción de legumbres, verduras, frutas, hortalizas, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva. Por ello, desde CECU creemos firmemente que la transición proteica no solo es compatible con la dieta mediterránea, sino que representa una oportunidad para impulsarla. Promoviendo un mayor consumo y producción de productos vegetales, reforzando la viabilidad de la agricultura familiar y el comercio de proximidad, promoviendo la innovación en proteínas vegetales y garantizando que todas las personas tengan derecho a una alimentación sostenible.
Es urgente avanzar hacia entornos alimentarios que faciliten el acceso a frutas, verduras, hortalizas y legumbres, y hacia políticas coherentes que conecten la producción agraria, la compra pública, la distribución, la innovación en proteínas vegetales y la información veraz a la ciudadanía. En este contexto, desde CECU hemos impulsado un proceso participativo que recoge diagnósticos, experiencias y propuestas de una amplia diversidad de actores. Hoy vamos a presentar los resultados de este trabajo. Ahora mismo les voy a dar paso y abrimos este espacio de diálogo con un objetivo claro: construir una hoja de ruta compartida que recupere los valores de la dieta mediterránea y sitúe a las legumbres, verduras, frutas y otros productos vegetales en el centro de una transición justa.
Por ello, este encuentro es también una invitación a la acción, una invitación a impulsar políticas más ambiciosas, a reforzar las alianzas público-privadas, a escuchar la evidencia científica y a situar a las personas consumidoras en el centro de las decisiones. Y elevar también la cadena de valor de los alimentos vegetales y asegurar que nadie quede atrás en este proceso. Les agradezco a todas las personas presentes por estar aquí y por participar en este diálogo. Me gustaría terminar recalcando ese eslogan que tienen en esa bolsa, que dice: "Make legumes cool again", hagamos que las legumbres sean guays de nuevo.
Les doy paso ahora a mis compañeras para que presenten los resultados. Muchísimas gracias, Laura, por esta bienvenida. Buenas tardes a todas y a todos. Es un placer estar compartiendo este espacio con vosotros y también es un placer presentar esta mesa sobre estrategias para avanzar hacia la transición proteica en la dieta mediterránea desde CECU y Mensa Cívica, con Paola Hernández.
Para poder presentar el trabajo que hemos realizado de forma conjunta durante estos meses, debemos plantearnos una pregunta sencilla pero profundamente política: ¿Qué necesitamos para que la transición proteica sea justa, viable y coherente, impulsando la dieta mediterránea y otras dietas sostenibles y saludables? Para que la transición proteica se materialice en España de manera efectiva y justa, no basta con impulsar la producción y promover el consumo de productos de origen vegetal. La clave, que hemos identificado durante estos meses de trabajo conjunto, reside en cómo lo hacemos, con quién lo hacemos y desde qué modelo cultural y alimentario lo planteamos.
Entendíamos que la transición que deseábamos plantear debía avanzar con un diálogo inclusivo, involucrando a todos los actores de la cadena alimentaria: productores agrarios, industria transformadora, distribución, profesionales de la salud y la nutrición, personas consumidoras, organizaciones sociales y otros agentes clave. Un diálogo que permitiese comprender las necesidades, reconocer las barreras y construir oportunidades reales y compartidas para todos los sectores.
Inspirados por el Plan de Acción para Alimentos de Origen Vegetal, que nació de un proceso participativo y multisectorial, Dinamarca demostró que la cooperación entre sectores no solo reduce resistencias, sino que también genera confianza y legitimidad política al implementar medidas de alcance. Sin embargo, España no es Dinamarca, y nuestra realidad es distinta. Por ello, nuestro punto de encuentro debía reflejar nuestra realidad sociocultural, y entendíamos que la dieta mediterránea era un punto de partida esencial. Como bien ha mencionado Laura Villadiego, los datos de la encuesta realizada junto con More in Common lo demuestran: un 83% de la población afirma seguir este patrón. A pesar de las dificultades para entender lo que realmente implica un patrón de dieta mediterránea, existe una vinculación sociocultural que la convierte en un eje vertebrador de este proceso.
En 2025, desde CECU y Mensa Cívica, hemos llevado a cabo un proceso de diálogo inclusivo para alcanzar consensos entre todas las partes de la cadena alimentaria, estructurado en tres niveles. Primero, comprendimos la mirada de las personas consumidoras a través de la encuesta nacional "La Sociedad Española en las Dietas Plant-Based", realizada junto a More in Common, analizando hábitos, percepciones y motivaciones sobre alimentación vegetal. En segundo lugar, construimos un diagnóstico colectivo reflejado en el informe "Acuerdos para una Alimentación Saludable", un proceso de reuniones con más de 20 agentes del sistema alimentario, que permitió identificar barreras, oportunidades y puntos de consenso. Por último, trazamos los primeros pasos para una hoja de ruta para la transición proteica en España, vinculada con la recuperación de la dieta mediterránea y alineada con la Estrategia Nacional de Alimentación.
Desde septiembre, hemos articulado un grupo reducido pero plural y multisectorial, formado por 14 entidades que representan distintos eslabones del sistema alimentario. Entre ellas, que también se encuentran hoy aquí y algunas formarán parte de la mesa sectorial, están COAG, UPA, WWF, Coalición por Otra PAC, MyTiers, Amigas de la Tierra, Prover y Alimenta.
CESPAS, Academia Española de Nutrición y Dietética, Vegetales, así como CECU y Mensa Cívica. Este grupo se concibe como un espacio de colaboración cualitativa, capaz de aportar diversas miradas y generar propuestas estratégicas que respondan a los retos de la transición proteica desde una lógica de corresponsabilidad y construcción colectiva. Los puntos comunes que se dieron como resultado en este informe diagnóstico fueron debatidos, consensuados y aterrizados. El resultado de las propuestas que hoy vamos a presentar parte de un proceso colectivo, con el deseo de reforzar la idea de dieta mediterránea y fortalecer y transformar nuestro sistema alimentario.
Hoy queremos presentar las cinco líneas que marcan el inicio de una hoja de ruta hacia la transición proteica, entendiendo que se pueden avanzar y mejorar, pero es un punto de partida consensuado con diferentes agentes clave de la cadena alimentaria. Para empezar, el punto uno es impulsar el consumo y la producción de legumbres locales como ejes de salud y sostenibilidad, entendiendo que las legumbres son el corazón nutricional, cultural y ambiental de la dieta mediterránea. Por ello, proponemos incentivar la producción nacional y local de legumbres, priorizando aquellas producidas en pequeñas y medianas explotaciones, así como las legumbres de calidad diferenciada de indicación geográfica protegida y de denominación de origen protegido. También reforzar el papel de las legumbres en la rotación de cultivos, la fijación de nitrógeno y en las políticas agrarias y climáticas. Fortalecer el valor cultural del consumo de las legumbres dentro del marco de la dieta mediterránea. Promover las políticas públicas que incorporen las legumbres en los menús de restauración colectiva, ya sea en comedores escolares, hospitales, residencias para personas mayores o centros de acogida.
Como segundo punto, nos centramos en fortalecer el papel de la evidencia científica independiente, transparente y multidisciplinar como base de las políticas públicas, campañas de sensibilización y educación alimentaria para la promoción de hábitos de vida y dietas saludables. Es importante garantizar que estas políticas y campañas estén alineadas y basadas en la evidencia científica independiente, alejada de intereses particulares, porque la población necesita información clara, fiable y coherente.
En el tercer punto, hablamos de reforzar la dieta mediterránea como un marco cultural y nutricional común, a partir de la creación de políticas públicas, educación alimentaria y estrategias para la transición proteica. Incorporando criterios de la dieta mediterránea en las políticas de compra pública y licitaciones, garantizando así la presencia de legumbres, frutas y hortalizas en la restauración colectiva. Además, potenciar el papel de los mercados locales y de proximidad como espacios comunitarios de promoción de la dieta y cultura mediterránea, y promover una producción y distribución de alimentos frescos y de temporada, priorizando aquellos que provienen de producciones locales y nacionales.
La cuarta línea sería garantizar la accesibilidad física y económica de frutas y hortalizas, promoviendo políticas estructurales, incentivos y entornos que faciliten su elección cotidiana, especialmente para los sectores de la población más vulnerables. Recomendamos fomentar la proximidad y la producción local de frutas y hortalizas, priorizando específicamente a pequeñas y medianas explotaciones agrícolas a través de incentivos fiscales. Incorporar criterios y garantías de accesibilidad a frutas y verduras en los pliegos de licitación, asegurando el acceso equitativo a alimentos vegetales frescos y de proximidad. Extender la promoción y accesibilidad a otros alimentos clave en la dieta mediterránea, como las legumbres, cereales integrales y aceite de oliva, asegurando su coherencia con las políticas alimentarias y de salud pública.
Por último, la quinta línea sería fomentar un marco estable de cooperación y coordinación entre todos los actores de la cadena alimentaria.
Gracias. Para garantizar la disponibilidad, asequibilidad y promoción activa de alimentos saludables, la transición proteica solo será posible si trabajamos juntos y juntas desde una lógica de sistema. Recomendamos alinear las prioridades y responsabilidades del sector primario, industria, distribución y políticas públicas para construir un sistema alimentario accesible y sostenible vinculado a la transición proteica y la recuperación de la dieta mediterránea. Es fundamental incorporar criterios de sostenibilidad y salud pública en licitaciones de compra pública en el marco de la dieta mediterránea, así como promover que las cadenas de distribución asuman un papel activo en la promoción de productos vegetales, priorizando especialmente las legumbres de calidad diferenciada y ecológicas de pequeñas y medianas producciones.
En conclusión, lo que presentamos hoy no es únicamente un conjunto de propuestas técnicas, es sobre todo un acuerdo colectivo, una construcción compartida entre sectores que no siempre conversan entre sí, pero que ha demostrado que existe un terreno común sobre el que es posible avanzar. Estas cinco líneas estratégicas que hemos expuesto representan el inicio de una hoja de ruta para transformar nuestro sistema alimentario, y se hace desde tres convicciones fundamentales.
La primera es que la transición proteica no es un fin en sí mismo, sino un medio para reforzar un modelo alimentario que proteja la salud pública, garantice el acceso equitativo a alimentos básicos y contribuya a la sostenibilidad del territorio. Segundo, que la dieta mediterránea es el lenguaje común que nos permite unir tradición, cultura y sostenibilidad. Impulsarla no significa mirar al pasado, sino actualizar un marco nutricional que lleva décadas demostrando su valor para la salud, la biodiversidad y la cohesión social. Y tercero, que ningún sector puede impulsar esta transformación en solitario. La transición proteica implica cambios en la producción, la industria, la distribución, la restauración colectiva, así como en las políticas públicas, incluida la educación alimentaria. Esto requiere una gobernanza compartida, estable y dialogada.
Finalmente, este proceso nos ha enseñado que los consensos existen. Cuando el debate se construye en una escucha activa y en la corresponsabilidad, aparecen espacios de un acuerdo real, incluso entre posiciones que tradicionalmente se pueden concebir como contrapuestas. Pero también sabemos que el diagnóstico por sí solo no basta. Por ello, pedimos que a partir de hoy nuestro desafío sea convertir estas líneas estratégicas en acciones concretas, en políticas públicas coherentes, en presupuestos alineados, en marcos regulatorios que impulsen una producción vegetal sostenible y en entornos alimentarios que faciliten a la ciudadanía elegir en salud y sostenibilidad, sin que esto sea un privilegio.
Nuestro compromiso es seguir sosteniendo este espacio de diálogo y acompañar la implementación de estas propuestas, así como reforzar este espacio de cooperación multisectorial que estamos teniendo ahora. Queremos que esta hoja de ruta crezca, se fortalezca y se convierta en una referencia para avanzar hacia un sistema alimentario más justo, sostenible y profundamente mediterráneo. A todas las entidades, administraciones, organizaciones y personas presentes aquí hoy, gracias por estar y ser parte de este camino colectivo. Finalmente, lo que viene ahora es construir con una voluntad compartida una transición proteica que no deje a nadie atrás. Muchas gracias.
Ahora vamos a dar paso a la siguiente mesa, que es "Espacios de diálogo: Perspectivas desde los sectores productivos y sociales". Vamos a dejar que nuestros compañeros pongan las aguas. Perdón, me he equivocado, los nervios, lo siento. Mesa 2: ¿Qué está pasando en Europa? Avances y aprendizajes en la transición proteica, junto a Agustín Reina, director general de BEUC, y David Sánchez, director de CECU.
Buenas tardes a todos y a todas. Al abordar este debate sobre la transición proteica, queríamos enmarcarlo en el ámbito europeo, ya que muchos de los debates sobre alimentación están relacionados con lo que se discute en Bruselas. Por ello, queremos agradecer a Agustín Reina, director de BEUC, la Organización Europea de Consumidores que agrupa a 45 organizaciones de 32 países, entre ellos CECU, por compartir con nosotros cómo se están desarrollando estos debates.
Al iniciar esta hoja de ruta hacia una transición proteica, es fundamental tener en cuenta los debates que se producen a nivel europeo. Muchas gracias, David, por la invitación y felicitaciones por este importante trabajo. Como mencionabas, los debates en torno a la alimentación son una competencia compartida entre Europa y los Estados miembros, y también a nivel local y regional. Sin embargo, muchas decisiones tomadas a nivel europeo tienen un impacto directo en las dietas de los consumidores en todos los Estados miembros.
Actualmente, podemos identificar distintos puntos de debate. Un área de gran discusión es la Política Agrícola Común (PAC), que ha sido debatida extensamente. Históricamente, la PAC ha jugado un papel crucial en el sostenimiento del sector agrícola, pero ahora también es esencial para establecer incentivos que promuevan una producción alimentaria más saludable y sostenible. Esto es algo que hemos solicitado a nivel europeo.
El año pasado realizamos una encuesta en varios países de la Unión para identificar si los consumidores conocen la PAC y el destino de su presupuesto. La realidad es que muchos no tienen idea. Sin embargo, cuando se les explica, queda claro que, aunque apoyan el sector agrícola europeo, también desean que se apoyen los esfuerzos para lograr una producción más sostenible. Los consumidores también indican que es importante apoyar a los pequeños productores, jóvenes y familiares.
Con esta evidencia, llevamos estos temas a los debates europeos para informar la toma de decisiones. No siempre se avanza en la dirección deseada, ya que es un sector no solo económicamente importante para la Unión, sino también políticamente sensible. Aun así, se han logrado ciertos avances para reorientar incentivos.
Otro punto relevante es el próximo Cardiovascular Action Plan. Existe una creciente concienciación sobre el impacto de las dietas no saludables, no solo en el medio ambiente y los ecosistemas, sino también en nuestra salud. Esta concienciación permite identificar medidas para reducir enfermedades no transmisibles como la diabetes y la obesidad. Aunque hay recomendaciones a nivel europeo, la implementación y el diseño de estas medidas son principalmente nacionales. Un ejemplo es Dinamarca, que ha decidido establecer su propio plan de acción.
Ejemplos muy concretos, es decir, por ejemplo, la contratación pública, asegurarnos de que en las cantinas y restaurantes de lugares públicos haya acceso a alimentos más saludables, proteínas de origen vegetal y demás. Todo este tipo de sugerencias las llevamos también a nivel europeo. Si bien va a ser una recomendación que va a ir a los Estados miembros, por lo menos asegurarnos de que hay un entendimiento común a nivel europeo, no solamente sobre cuál es el problema, sino también sobre cuáles son las soluciones que existen. Este trabajo que han hecho ustedes es fundamental para nosotros, porque podemos ir a los distintos foros europeos y mostrar que hay evidencia de una falta de acción no solo a nivel europeo, sino también a nivel nacional.
El tercer punto que vale la pena discutir, aunque es un tema muy nacional, pero que se discute a nivel europeo, tiene que ver con los impuestos. También es una cuestión de incentivos. Reducir, por ejemplo, el IVA en vegetales, legumbres y demás para crear un incentivo económico, porque lo que vemos es que hay barreras económicas para las personas consumidoras que desean acceder a este tipo de alimentos más saludables.
En cuanto a cómo se percibe desde las personas consumidoras a nivel europeo la transición proteica hacia dietas más basadas en plantas, hemos hecho una encuesta hace un par de años que demuestra que las personas consumidoras quieren comer mejor porque quieren sentirse mejor. La cuestión es qué tan fácil es comer bien y acceder a alimentos de calidad nutricional. Hoy por hoy en Europa tenemos una deficiencia nutricional enorme. No nos faltan los alimentos, lo que nos faltan son los nutrientes que provienen de ellos. Esto nos demuestra que, por más que uno quiera comer mejor, el precio sigue siendo un obstáculo, especialmente en la crisis del costo de vida que impacta a muchas personas consumidoras en Europa.
La falta de información sobre el valor nutricional es otro desafío. Aquí han tenido el debate de Nutri-Score, quizás no tan fuerte como en Italia, pero es un tema que hay que atender. En definitiva, tenemos que crear esquemas donde el consumidor pueda acceder a información en el momento de comprar algo. El Nutri-Score es actualmente el sistema de etiquetado que ofrece la mayor facilidad al consumidor para hacer una elección más sana. A nivel europeo es un tema complicado de abordar, también por las diferencias entre los Estados miembros, pero es un tema que se debe discutir.
En el informe también lo dejamos claro: en los supermercados se podría hacer mucho más para que haya disponibilidad de frutas, verduras y legumbres, y también en la reformulación de los alimentos, especialmente los ultra procesados, donde hay una responsabilidad de los productores para mejorar la calidad nutricional de estos productos.
Desde la perspectiva de organizaciones de personas consumidoras como nosotros o las que agrupa BEUC, el papel que podemos jugar en esta transición proteica y para que los entornos alimentarios permitan una dieta sana y sostenible es fundamental. Informar a los distintos órganos de toma de decisión sobre cuáles son las expectativas de los consumidores y las dificultades que enfrentan para acceder a dietas más saludables es crucial. Hace 10-15 años, que una organización de personas consumidoras recomendara no comer carne era impensable. Yo recuerdo discusiones en el BEUC sobre este tema. Hoy por hoy...
La mayoría de las asociaciones de consumidores recomiendan comer menos carne. Por más que sea un tema sumamente político, y es cierto, es un tema político y se puede politizar muchísimo, la evidencia demuestra que el menor consumo de carne es importante, no solamente para la transición ecológica, sino también para el consumidor como tal. Y yo creo que no debemos tener miedo de articular también esos argumentos, siempre basados en la evidencia. Aquí creo que las asociaciones de personas consumidoras juegan un papel muy importante. Muy bien, pues con esto nos quedamos un poco con la perspectiva a nivel europeo de todo este debate.
No sé si tienes alguna cosilla más que quieras comentar. No, agradecerles por la invitación de vuelta y felicitaciones por el trabajo que hacen. A ti por venir. Y pasamos a la siguiente, esta vez sí, a la mesa de diálogo que comentaba Saray antes: la de "Nos comprometemos", las perspectivas desde los sectores productivos y sociales. Muchas gracias.
Muy buenas tardes a todas y a todos. Estamos aquí ya con el primer espacio de diálogo. "Nos comprometemos" para conocer la perspectiva desde los sectores productivos y sociales. Soy Eduardo Montero, soy parte del área de alimentación de CECU y voy a moderar este espacio bajo el título que hemos comentado. Durante la próxima hora vamos a tener la oportunidad de conocer la opinión de varios representantes de diferentes organizaciones pertenecientes a todas las partes o a gran parte de la cadena alimentaria y también de la alimentación a nivel general. Son personas, la mayoría de ellas, que de un modo u otro han participado ya en este proceso de diálogo y de análisis de barreras y oportunidades que comentaban mis compañeras Saray y Paola, y con las que hemos trabajado conjuntamente para impulsar la recuperación de la dieta mediterránea a partir de una transición proteica que sea justa, pero que también sea justa desde la producción y el consumo, y que además sea saludable y sostenible con el territorio y con las vidas de las personas que producen.
Sin entretenerme más, que tenemos el tiempo un poquito limitado, voy a presentar a quienes nos acompañan en la mesa. A mi izquierda se encuentra Javier Fatás, representante de la Comisión Ejecutiva de COAG, y nos permitirá conocer la opinión que desde la producción primaria se tiene sobre este asunto. Muchas gracias por aceptar la invitación a asistir. Un poquito más a mi izquierda se encuentra María Sánchez, directora de alimentación en ANGED, la Asociación Nacional de Grandes Empresas de la Distribución. También gracias por asistir. A mi derecha están Verónica Rebollo y Pablo Saralegui, que forman parte de Alimenta, el Think Tank por la Transición Alimentaria, y nos van a ofrecer la visión desde el punto de vista de la investigación. Y por último, a mi izquierda, Manuel Moñino, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, que cerrará las intervenciones poniendo en valor el punto de vista desde la nutrición. Encantado de tenerte aquí, con especial atención porque te pillamos a ultimísima hora.
Gracias por haber aceptado participar en esta sesión con tan poco tiempo. Primero, me gustaría pedirles una ronda muy rápida, de dos o tres minutos, en la que puedan exponer brevemente desde su sector y experiencia cuáles creen que son los principales retos para hacer realidad las propuestas que han comentado Saray, Paola, Laura y Agustín en torno a la transición proteica. Unas líneas generales, ya que profundizaremos más adelante. María, si quieres empezar tú.
Buenas tardes a todos. Muchas gracias a la organización por habernos invitado a formar parte de esta mesa. Es un placer compartirla con compañeros con los que hemos tenido la oportunidad de debatir previamente de forma muy interesante. Los retos a los que nos enfrentamos son varios. En primer lugar, es fundamental que el consumidor entienda de qué hablamos cuando mencionamos la transición proteica. No es lo mismo fomentar dentro de la dieta mediterránea el consumo de legumbres, hortalizas o verduras que el de productos plant-based. Es crucial explicar al consumidor con un etiquetado claro y una información nutricional precisa, para que sepa de qué estamos hablando. Los mensajes claros, el etiquetado y las propiedades nutricionales de las legumbres, hortalizas y verduras, así como de los productos elaborados a base de vegetales, son esenciales, al igual que la huella medioambiental que puedan tener.
También es importante garantizar la producción. Actualmente, en España producimos alrededor de 470.000 toneladas, importando casi otras 400.000. Por tanto, si apostamos por esta transición, debemos asegurar que nuestra producción pueda satisfacer las demandas de los consumidores y que sea capaz de responder adecuadamente. Además, es crucial vencer las barreras culturales. Durante mucho tiempo, estos productos se han asociado a alternativas a los cárnicos, lo que ha generado resistencia en algunos consumidores a probar productos vegetales y a reducir el consumo de frutas, hortalizas y legumbres. Nos estamos alejando del modelo de dieta mediterránea, a pesar de que históricamente es la base de nuestra alimentación.
Por último, no debemos perder de vista el tema del precio. La realidad socioeconómica actual es compleja y debemos ser capaces de llegar a toda la población, desde las economías más holgadas hasta las personas más vulnerables. El precio de las hortalizas y verduras ha aumentado un 99% en la última década. Aunque las legumbres han reducido su precio en un 7% el último año, han estado subiendo en los últimos 10 años. Si queremos que el consumidor acoja más estos productos dentro de su dieta, debemos ser muy eficientes en la producción, logística y en la forma de ofrecer estos productos al consumidor.
Desde el punto de vista de la nutrición y la salud pública, los retos son varios. El primero es la creación de entornos alimentarios que faciliten el acceso a alimentos saludables propios de la dieta mediterránea, como legumbres, frutas, hortalizas y cereales integrales. Esto es crucial para la adopción de hábitos alimentarios saludables. La equidad en el acceso a la alimentación también es un reto. Actualmente, las familias de bajos ingresos y nivel educativo son las que más sufren las altas tasas de obesidad infantil. El acceso asequible a alimentos saludables no es una realidad para todos. Es cierto que a mayor nivel de alfabetización alimentaria, uno tiene más criterio para elegir adecuadamente.
Manipular un poco y dirigirse en toda esa oferta para poder comer saludable por un buen precio, pero este no es el caso de la población general. Uno de los retos que hay que trasladar al gobierno es que se debe diseñar una cesta básica de alimentos que sea utilizada como una política social y que además sea un instrumento de equidad y cohesión social. La alfabetización alimentaria es crucial en un entorno donde las campañas de promoción de hábitos saludables no están presentes, y hay una gran exposición a alimentos poco saludables, ultraprocesados y de baja calidad nutricional, que no son propios de la dieta mediterránea. Encontramos un currículo escolar donde la nutrición está totalmente ausente y los jóvenes concluyen la educación obligatoria sin saber cocinar. Esto es grave, ya que la alfabetización alimentaria nos permitirá movernos por el sistema alimentario y utilizar los recursos con mayor eficiencia.
Otra cuestión que ya ha comentado María es que está muy de moda el plan BASE, pero es importante destacar que el plan BASE no es una dieta vegana ni vegetariana. Estamos hablando de la dieta mediterránea, que no excluye alimentos por su origen, aunque está principalmente basada en plantas, legumbres, frutas, hortalizas, cereales integrales y demás. Es importante enfatizar que si queremos promover legumbres, no debemos hacerlo a través de procesados que puedan no ser propios de la dieta mediterránea, sino recuperar las legumbres tradicionales como las lentejas, los garbanzos, las diversas variedades de alubias o guisantes.
Tendremos más ocasión de seguir debatiendo. Buenas tardes. Primero, me gustaría agradecer a CECU y a Mensa Cívica por generar este espacio de debate, un espacio con distintas perspectivas que ha buscado el consenso entre todos los colectivos presentes, lo cual es muy importante. Hablaré desde una visión agraria, como agricultor, y ofreceré esa perspectiva agrícola. Para nosotros, desde COAG, es importante esta transición proteica, pero más importante que el qué o el quién, es el cómo hacemos esa transición. Es crucial que esto permita que la gente pueda seguir viviendo en sus pueblos, llevando sus explotaciones adelante y teniendo estabilidad. Para ello, necesitamos que estas producciones estén remuneradas de manera justa, y que toda la cadena, hasta llegar a los consumidores, sea igualmente justa y equitativa, con eslabones lo más pegados al territorio.
Por otro lado, creemos que hay que promocionar y permitir la accesibilidad a la dieta mediterránea para toda la población. La parte social de este proyecto es lo más importante, por lo que no debemos quedarnos solo en la meta de la transición proteica, sino en cómo la alcanzamos. Creemos que es tan importante el fin como el camino para llegar a ese fin. Muchas gracias.
Pablo, me lanzo a contestar, pero sé que también puedes contribuir desde tu área. Nosotros ofreceremos la perspectiva desde un think tank, aunque somos una asociación científica.