Hola, William, y un saludo cordial para nuestros oyentes y televidentes. En este momento, tenemos comunicación con el doctor Iván Cepeda Castro, candidato presidencial del Pacto Histórico, quien ha calificado como una agresión abierta y grave, una amenaza directa contra la región de América Latina, el ataque militar de los Estados Unidos contra Venezuela.
Senador y candidato, buenos días.
Sí, buenos días, es un gusto saludarlos. A pesar de todos los hechos que estamos viendo, que encierran, sin lugar a dudas, peligros para nuestra región, esta se ve amenazada hoy por una posible escalada de violencia en una zona que ha sido, como ustedes bien lo han dicho, históricamente de paz. Es decir, una región en la cual, desde hace ciento cincuenta años, no ha habido un conflicto de dimensiones importantes entre naciones, como sí ha ocurrido en el resto de los continentes.
Señor candidato Iván Cepeda, ¿qué significa que Estados Unidos haya decidido ingresar hasta Venezuela, realizar estos bombardeos y secuestrar al presidente Nicolás Maduro, llevárselo a Estados Unidos y, según informan las noticias, trasladarlo en un barco rumbo al distrito sur de Nueva York para presentarle cargos por narcotráfico?
Uno puede tener cualquier clase de consideraciones sobre la legitimidad de ese régimen político y sobre las actuaciones de Maduro como presidente de un gobierno que ha sido cuestionado por la manera en que se hizo elegir. Sin embargo, de esos cuestionamientos y del reconocimiento de esos problemas a legalizar y legitimar lo que hemos visto hoy, hay una distancia inmensa. Porque ya se ha dicho: el día de mañana, no solo Maduro, cualquier presidente elegido o cualquier presidente de un país puede ser atacado y llevado a un territorio y juzgado. Esto ocurre porque, sencillamente, la ley interna o el capricho de un presidente con poder militar para tomar esa decisión así lo dictamina.
Lo que hemos visto hoy es la desaparición de facto de la legalidad internacional, así como la desaparición de la institucionalidad y del respeto del orden internacional. La consecuencia de esto es el uso de la fuerza y la violencia como única ley que rige hoy en el plano internacional. Es decir, aquí los principios del derecho público internacional son reemplazados por quien tiene el arsenal más potente. Ese es hoy el criterio que aplica Trump hacia cualquier gobierno.
Sí, doctor Cepeda, en ese contexto que usted acaba de plantear, hay que tomarse en serio la estrategia de seguridad nacional de Trump y su correlato con la doctrina Monroe. En esencia, lo que esa doctrina afirma es que todos los gobiernos y estados latinoamericanos deben alinearse con el gobierno de los Estados Unidos y su modelo económico y político. Todo parece indicar que esa estrategia de seguridad nacional, expuesta públicamente hace poco por el Departamento de Estado, demuestra que lo ocurrido en Venezuela será una realidad futura para América Latina.
Sin embargo, no estamos en la época de la doctrina Monroe, ni siquiera en el momento en que Estados Unidos decidió invadir Panamá y llevarse a Noriega en una operación similar. Hoy estamos en un continente distinto, donde hay otros gobiernos, gobiernos que han sido elegidos democráticamente y que tienen un signo político diferente.
Muy distinto al de Trump. Hoy hay un movimiento social activo en todo el continente que ha desarrollado protestas formidables, como las que vimos durante y después de la pandemia. El mundo ha cambiado; no estamos en la época del viejo oeste, en la que se ponía recompensa por traer la cabellera de un forajido perseguido. Las cosas aquí han cambiado, y eso significa que vamos a ver desarrollos en los que esta acción, que es una invasión y una agresión, sin duda tendrá repercusiones en el continente y en el mundo.
En cuanto al panorama latinoamericano, ha sido muy difícil que se expresen los países de la región. Hubo un pronunciamiento de CELAC, pero no ha logrado tener una voz de conjunto, y han sido limitados en su capacidad para disuadir acciones como la que adelantó Estados Unidos. Las relaciones entre los países latinoamericanos hacia ese propósito dependerán de tres gobiernos: el del presidente Petro, el de la presidenta Sheinbaum y el del presidente Lula, quienes tienen en este momento un liderazgo importante.
Existen muchos otros países que también tienen posiciones frente a esto. Menciono, por ejemplo, a los estados de las Antillas y del Caribe, que, a través del organismo de concertación CARICOM, emitieron una fuerte declaración contra las operaciones que venía realizando el ejército y las fuerzas militares estadounidenses en el Caribe. También se puede considerar al gobierno del presidente Orsi en Uruguay. Es perfectamente posible estructurar un bloque que incluya, por ejemplo, al gobierno español para contrarrestar estas situaciones.
Además, en Estados Unidos hay un movimiento social y una posibilidad de reacción. Estados Unidos no es, repito, el país en el que bastaba tener un arma al cinto para tener capacidad decisoria. Aquí hay fuerzas internas que también pueden movilizarse, y de hecho han comenzado a hacerlo, como vimos en las pasadas elecciones de la alcaldía de Nueva York. No veo este mundo como uno en el cual estamos asistiendo al triunfo y a la imposición de un nuevo imperio renovado en Estados Unidos.
Doctor Cepeda, en el ámbito nacional, los expresidentes de derecha, Juan Manuel Santos no condena la invasión; Álvaro Uribe la califica como una operación antinarcóticos; Iván Duque la considera una acción contra un violador de derechos humanos. El único expresidente liberal, Ernesto Samper, ha declarado que es un hecho grave. Por primera vez en 35 años, Estados Unidos vuelve a tener una acción militar contra América Latina, pero pide que haya un acuerdo nacional para superar las dificultades en Venezuela debido a la polarización.
¿Será muy difícil encontrar ese acuerdo nacional en Colombia para unificar un criterio de país frente a los acontecimientos y, sobre todo, a las consecuencias que puede tener esta acción militar de Estados Unidos contra Venezuela en el territorio colombiano? Estamos en una etapa electoral, en la que especialmente la derecha y la extrema derecha no encuentran el camino, porque carecen de argumentos, figuras políticas y realizaciones para ganar las elecciones. Tienen que recurrir a alianzas bastante abyectas, como las que hemos visto de expresidentes como Duque y Uribe.