Gobierno · Cuenta Pública

Thursday 01 de June, 2023 · 10:00 · 17546h 2m

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Hola, ¿cómo están? Buenos días. Hola, buenos días. Desde el interior del jardín en donde ya se ha solicitado.

00:05:00

Gracias.

00:10:00

Gracias. Gracias. ¡Hola!

00:15:00

Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí. Gracias.

00:20:00

Estamos a minutos del ingreso de su excelencia del Presidente de la República. Por favor, tomen sus ubicaciones y, mientras tanto, pueden tomar asiento. Si son tan amables, permanezcan a la espera de su excelencia el Presidente de la República.

00:25:00

Señoras y señores, hace su ingreso al Salón de Honor del Congreso Nacional, Su Excelencia el Presidente de la República, don Gabriel Boric Font. Gracias.

00:30:00

En el caso de los niños, no es un problema, porque si no, no se puede. En nombre de Dios y de la patria, se abre la sesión. Someto a aprobación el acta de la sesión del Congreso Pleno celebrada el 20 de julio de 2022. Si le parece a la sala, se aprueba. Su Excelencia, el señor Presidente de la República, concurra a esta sesión para dar cuenta al país del estado administrativo y político de la Nación, de acuerdo con lo establecido en la Constitución Política de la República. Ofrezco la palabra a su Excelencia, señor Presidente de la República, don Gabriel Boric. Honorables miembros del Congreso Pleno, chilenos y chilenas, habitantes de nuestra patria, qué emoción siento y me imagino sentimos cuando escuchamos cantar juntos el himno nacional, lleno de vida, de pasión y siendo quizá la canción que más haya escuchado en este último año. Cada vez...

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Que suena, me sigue llenando de orgullo y creo que eso es algo que nos une. Ser Presidente de la República es una tremenda responsabilidad porque nos observa e inspira a nuestro pueblo y también la larga historia de nuestra patria, construida por quienes nos antecedieron. He asumido esa responsabilidad con conciencia de quien conoce sus límites, pero a la vez con la convicción adquirida al haber conversado y mirado a los ojos a miles de compatriotas, quienes hacen más grande a nuestro país y levantan día a día el orgullo compartido de ser chilenos. Me guía en mi labor la curiosidad fantástica de un niño aymara en Putre; el empuje para salir adelante de una comerciante en Antofagasta; la sabia calma de un pescador de las caletas de Tarapacá, protegido por San Lorenzo; la larga tradición de un arriero transhumante de Paihuán; los ojos llorosos de una familia en Quilpué; el esfuerzo permanente de una madre soltera de Cerro Navia y el cariño cargado de historia de un ferroviario maulino; la fuerza y resistencia de una pobladora damnificada por los incendios de Ranquil; la energía incombustible de una alcaldesa rural del Bío Bío; el comprometido sacrificio de una mujer cuidadora de personas mayores en Purén; la mirada angustiada de una madre con su hijo enfermo en Valdivia; la sorpresa tierna de una niña en Puerto Varas; la alegría pura de un joven músico de Aysén; y la chispa de una emprendedora turística en Puerto Natales. El mensaje de todos ellos y de todas ellas, que representan a miles, es que no los olvidemos, que no nos olvidemos, que es por ellos y por ellas que estamos aquí. Nuestro gobierno, estimados y estimadas, lleva un año y casi tres meses de mandato. No han sido tiempos fáciles y vale la pena recordar cuál era el escenario, los hechos, cuando asumimos el gobierno. Recién amainaba la pandemia, gracias al trabajo heroico de las autoridades y del personal de salud, tanto público como privado, aunque dejando tras de sí una huella de dolor, inseguridad y retroceso en muchos ámbitos. Se iniciaba, además, en febrero, la invasión de Rusia a Ucrania, lo que trajo consigo convulsiones económicas que hasta hoy nos siguen golpeando. La inflación reaparecía con toda su crueldad, afectando sobre todo a los más pobres y a la clase media precarizada. El déficit fiscal se había situado el año anterior en una cifra récord del 8% del PIB, después de aumentos de gasto del 30% por sobre lo presupuestado. La economía, ya débil tras casi una década de bajo crecimiento, aumento de la deuda pública y tres años de alta incertidumbre, se veía ahora también amenazada por la caída de la inversión y la salida de capitales. Cuando llegamos al gobierno, teníamos una inmigración irregular desbordada en la frontera norte, afectando significativamente la calidad de vida de los compatriotas que habitan en esas regiones, e impactando también al conjunto de nuestra nación. La violencia en el sur, mal escudada tras la causa mapuche y desnaturalizando las legítimas demandas de un pueblo, se expandía y diversificaba, provocando una inseguridad que afecta la vida, la economía y que hacía muy difícil establecer puentes de diálogo. Frente a una delincuencia cada vez más organizada, osada y violenta, nuestras policías, sin embargo, carecían de recursos y tecnología, en un contexto marcado por un preocupante déficit de respaldo ciudadano. Las manifestaciones violentas eran recurrentes y, junto con la pandemia, volvieron más impredecible la vida cotidiana de nuestros conciudadanos, deteriorando espacios públicos que son y deben ser de todos.

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A lo anterior habría que agregar otro factor de incertidumbre. Para hacernos cargo de las legítimas y profundas demandas que un pueblo entero hacía a su democracia, decidimos optar por más democracia. Y en noviembre de 2019 acordamos, entre todas las fuerzas políticas, iniciar un proceso constituyente que fue abrumadoramente ratificado por el plebiscito de entrada. Elegimos para ello una convención constitucional que, lamentablemente, no hizo suya la necesidad de encuentro, de unidad, de entendimiento que esperaban las chilenas y chilenos, generando un clima de intolerancias recíprocas y enfrentamientos que terminaron finalmente con el rechazo a la propuesta que de ella emanó. Visto en retrospectiva, creo que debimos haber sido más firmes ante las señales de alerta y haber promovido y exigido un mayor diálogo y consenso transversal, tanto en el seno de la convención como con la sociedad. Ahora, estimados y estimadas, si expongo esto, no es por el afán de culpar a otros, sino porque, y quiero ser claro en esto, son nuestras responsabilidades como gobierno. Hago esta retrospectiva para compartir lo que constatamos cuando nos hicimos cargo del gobierno en marzo pasado. Tenemos grandísimos desafíos que abordar, pero con un Estado que aún no cumple plenamente con los estándares que para ello se requieren. Necesitamos más agilidad y menos burocracia, más compromiso público y menos conformismo, más presencia del Estado en los territorios y menos en las oficinas; y es en esa dirección en la que estamos avanzando. Si alguien me preguntara si estas constataciones han modificado nuestros principios, mi respuesta es que no. Seguimos profundamente convencidos de la necesidad de avanzar hacia un país que ofrezca más libertades, que practique la solidaridad para cuidar a los más necesitados y que, a la vez que promueve el crecimiento, distribuya de manera justa la riqueza que genera; que se relacione de una manera sustentable y respetuosa con la naturaleza; que defienda las diversidades y enfrente con firmeza la homofobia; y que no relativice los crímenes del pasado. Si de manera inmediata alguien me preguntara: ¿acaso constatar el grado de tensión que presenta nuestra sociedad chilena, los miedos, las incertidumbres y el retraso del Estado para dar respuesta oportuna, te ha hecho cambiar tus prioridades? Mi respuesta es sí, tajantemente sí. Por ello, no tengo ningún complejo en declarar aquí, ante ustedes, que al ver la situación de discordia en la que estaban nuestras relaciones sociales, nuestra seguridad y nuestro aparato estatal, hemos reordenado nuestras prioridades y seguiremos haciendo todo lo necesario, porque las urgencias del pueblo deben ser también las urgencias del gobierno. Ahora los invito a todos los presentes y a quienes nos escuchan en sus casas a que, más allá de los juicios ya formados, evaluemos —desprovistos de las pasiones contingentes— el escenario actual. Y quizás la mayoría concorde en que el panorama de Chile es, al menos, más ordenado que cuando tomamos el gobierno. La escalada inflacionaria, peligrosa, está frenada y en retroceso; las fronteras están más controladas; las divergencias constitucionales comienzan poco a poco a encauzarse; y los retrocesos sociales que generó la pandemia se comienzan a revertir en empleo, en salud y en educación. Pero no nos equivoquemos: no podemos...

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En ningún caso debemos considerarnos satisfechos, pero las tendencias disolventes que existían en nuestra sociedad al menos han comenzado a retroceder. Estamos mejor parados como país, estamos más fortalecidos como democracia. Y esto, por cierto, no es el resultado único ni principalmente del gobierno que presido; es el resultado del trabajo de los diversos poderes del Estado aquí presentes: del Poder Judicial, del Poder Legislativo y del Ejecutivo, de todas las fuerzas políticas, de las Fuerzas Armadas y Carabineros, de la sociedad civil, de los trabajadores, emprendedores y empresarios, y en especial, compatriotas, de la extraordinaria resiliencia que han mostrado las chilenas y chilenos en conjunto con sus familias. Pero creo que hay algo fundamental que nos falta recuperar y que está ahí, a la mano: la esperanza y la confianza en nosotros mismos. Estoy convencido de que podemos hacerlo. Permítanme mostrarles, como ejemplos, algunos hechos. Hemos evitado la crisis económica que muchos anunciaban y la economía se recupera con un admirable equilibrio fiscal y una inversión extranjera que, en el año 2022, fue la más alta de los últimos nueve años. Nuevamente, nosotros como gobierno hemos hecho nuestra tarea en materia de gasto y de apoyo a la inversión de los proyectos, pero esto es el producto del esfuerzo de los trabajadores, de los empresarios y de la conducción del equipo económico del gobierno. Tenemos una economía resiliente, no exenta de riesgos, que debemos cuidar y prever. Y por eso la vamos a cuidar, porque sabemos, y es cuestión de mirar un poco más allá de nuestras fronteras, que sin estabilidad económica las familias chilenas no pueden conseguir la tranquilidad que necesitan para alcanzar sus metas. En segundo lugar, ante la inseguridad, hemos hecho del combate a la delincuencia nuestra primera prioridad, destinando para ello más recursos a la policía, creando una política nacional contra el crimen organizado y el plan Calle sin Violencia, que ya avanza en la disminución de delitos, en la desarticulación de bandas y en el decomiso de droga y armas. Todo esto lo expliqué en detalle cuando fue interpelada en la Cámara la ministra del Interior, Carolina Tohá, y me referiré a este asunto más adelante. Tercero, en colaboración con gobernadores y alcaldes, hemos comenzado—y esta colaboración es fundamental, porque sin ellos no podríamos—a recuperar las ciudades y los espacios públicos. Sin lugar a dudas, nos gustaría hacerlo más rápido y he dado instrucciones, lo saben nuestros delegados y colaboradores, de avanzar con más velocidad, más ganas y más empeño. Estoy convencido de que la recuperación de los espacios que son de todos es la señal más clara de que Chile y su pueblo pueden más que la delincuencia. Cuarto, la violencia en el sur había mostrado una disminución sustantiva en el último año gracias a un conjunto de medidas: las inversiones y diálogos promovidos por el Plan Buen Vivir, el apoyo a la policía y la valiosa colaboración de las Fuerzas Armadas. Las cifras al respecto han sido expuestas por todas las instituciones del Estado, para quien quiera verlas. Por acción de la Fiscalía y el Ministerio del Interior, están presos los cabecillas de la CAM, y la policía ha desmantelado muchas de las bandas dedicadas al robo de madera y a la realización de ataques violentos. Sin embargo, debemos reconocer que en los últimos tres meses hemos vivido un recrudecimiento de la violencia y actos terroristas con víctimas inocentes que a todos indignan, lo que nos obliga a actualizar nuestras estrategias de persecución del delito en la zona, a la vez que no renunciamos al diálogo ni a la búsqueda de una solución para la deuda que tenemos con el pueblo mapuche. En esta línea y, tal como comprometí con los parlamentarios de la zona aquí presentes, durante las próximas semanas terminaré una ronda de conversaciones que hemos estado realizando con los diversos actores involucrados.

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Para abordar de manera específica, responsablemente y por sobre todo con unidad, el flagelo de la violencia y mejorar nuestro despliegue en el deber que tenemos como Estado de garantizar la seguridad a todos nuestros habitantes y, además, dar una atención preferente a las víctimas. Sí, hemos avanzado en retomar el control de las fronteras del norte, que venía siendo perforada desde mucho antes de que asumiéramos como gobierno. En esto tenemos que ser claros: sin fronteras seguras no hay Estado, y las nuestras en el norte habían colapsado gravemente. Para esta misión hemos requerido la colaboración de las Fuerzas Armadas, aquí presentes mediante sus comandantes en jefe, a quienes felicito sinceramente por su labor. Estamos, en conjunto, avanzando en la resolución de la crisis humanitaria en la frontera norte y desplegando todas nuestras capacidades a través de nuestro servicio exterior y de la Cancillería para encontrar fórmulas de colaboración con los países limítrofes y el resto de América Latina, para encarar de esta manera las crueles consecuencias del éxodo venezolano. Ya vemos los primeros resultados, con un trato de dignidad también hacia los migrantes. Y por último, algo que, al calor de la lucha política del día a día, no le damos todo el valor que tiene, pero que cuando uno lo conversa con gente de afuera, en el mundo se observa con admiración. Luego de las convulsiones y el estallido social del 2019, y el rechazo de la propuesta de la Convención pasada, quienes estamos en este salón, a pesar de nuestras diferencias y pese al escepticismo de muchos, fuimos capaces de reencauzar el proceso constitucional, asumiendo sin complejos las lecciones y aprendiendo de la experiencia anterior. Muchas gracias a los parlamentarios, jefes y jefas de partido que participaron de ese proceso contra viento y marea, porque es así que constituimos nuevas instancias y elegimos, con una alta participación, al Consejo Constitucional, el cual tendrá ante sí un borrador que ha sido aprobado por la unanimidad de los expertos designados para ello, en un encomiable esfuerzo reconocido transversalmente por poner de acuerdo diferentes visiones de lo que debemos aprender. Queda sin lugar a dudas mucho debate y una nueva propuesta que deberá ser visitada en diciembre próximo. Pero, estimados y estimadas, tengo confianza en que se buscará lograr un texto que pueda ser abrazado como propio por la amplia mayoría de los chilenos y chilenas, de tal modo que podamos cerrar esta página y disponer de una certidumbre básica para desarrollar nuestras vidas y relaciones en sociedad. Hemos escuchado fuerte y claro el mensaje de la ciudadanía en el plebiscito del 4 de septiembre: no queremos, como sociedad, una constitución partisana, sino una constitución incluyente que acoja el libre juego democrático, que promueva los acuerdos, que fortalezca nuestras instituciones y que acelere las decisiones para no seguir postergando las reformas que para la ciudadanía son urgentes. Quizás algunos de ustedes podrían no estar de acuerdo con este balance y podrán observar la parte vacía del vaso, y no la llena. Lo entiendo; solo les pido que comprendan que nuestro país pasa por un momento en el que necesitamos más lucidez y no más rabia, más conversación y menos insultos, más colaboración y menos confrontación, más inteligencia y menos encono. Estoy seguro de que, si ponemos a Chile por delante, vamos a ser capaces de lograr ese ánimo por el bien de nuestros compatriotas. En este año transcurrido...

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Hemos debido adaptarnos y responder a las contingencias que, como todos saben, han sido numerosas y profundas. Sin embargo, siempre cuando pienso respecto a esto, pienso también en lo que le tocó a expresidentes, a la presidenta Bachelet, al presidente Piñera, al presidente Lagos, al presidente Frey, al presidente Elwin, y qué decir de ahí para atrás. Sabemos que estar en el sillón de O'Higgins... en la casa donde tanto se sufre es difícil per se, pero ante esas contingencias hemos conseguido también materializar un conjunto de cambios que están en nuestro programa y que significan mejoras significativas en la vida de nuestros compatriotas. Hay algunos que dicen que este gobierno tiene poca gestión, pero salgamos de los eslóganes y vamos a los hechos. Materializamos el copago cero que consagra la gratuidad en el sistema público de salud y que ya ha beneficiado a más de 658 mil personas. A la vez, hemos reducido significativamente las listas de espera respecto de cómo las recibimos producto de la pandemia. En esto, por supuesto, no le atribuyo responsabilidad al gobierno anterior; no hay que ser injustos respecto a estos temas, es muy ponderado. Sacamos adelante una ley recogiendo varias iniciativas de ustedes, parlamentarios y parlamentarias —principalmente parlamentarias— para asegurar el pago efectivo de la pensión de alimentos y que las mujeres ya no estén solas. Aprobamos en conjunto la reducción de la jornada laboral a 40 horas y, en acuerdo con la CUP, aumentamos el sueldo mínimo a 500 mil pesos, llegando además a un acuerdo importantísimo e inédito con las mayorías de las organizaciones de las pymes, para que nadie se quede atrás. Todo esto es trabajo compartido. Quienes están en sus casas y escuchen los aplausos, los aplausos no son para mí, son para todos quienes han trabajado en hacer esto posible, incluidos muchos de ustedes que, desde sus hogares, colaboraron movilizándose y organizándose. Por ejemplo, gracias al trabajo de este Parlamento y al impulso que dimos como gobierno, pero principalmente gracias a las asociaciones y a madres y mujeres, logramos sacar adelante una política tan sentida por miles de familias como la ley TEA, que hoy día es realidad. Las personas neurodivergentes, que sé que nos están escuchando atentamente, al fin son reconocidas por el Estado. Aprobamos hace poco un royalty minero para incrementar los beneficios y el desarrollo para Chile, sus regiones y sus comunas, en una alianza importante con alcaldes y gobernadores. Ahí se nos demuestra que cuando ampliamos la cancha, cuando involucramos a más gente y cuando conversamos, podemos llegar a acuerdos que son importantes para todos. Avanzamos día a día, sin descanso, a paso firme con el plan de emergencia habitacional, y aunque esto legítimamente podría parecer insuficiente, permítanme decirles, desde mi posición como presidente de la República —la que me ha dado la oportunidad de conocer las dificultades que implica producir inflexiones y cambios en la democracia— que, sin desconocer que queda muchísimo por hacer, expreso mi orgullo por lo que hemos alcanzado en este primer año. Ninguno de estos logros habría sido posible sin el diálogo con los actores sociales, entre ellos empresarios y sus representantes —cada vez más mujeres entre ellos—, así como trabajadores del sector público y privado en sus organizaciones sindicales. A todos ellos, y a los movimientos sociales, a las organizaciones sociales, muchísimas gracias. Este gobierno se construye también con ustedes. Mucho de esto se ha logrado materializar también por los acuerdos alcanzados aquí en este Congreso. Y es hora de reivindicar la política, de sentirnos orgullosos.

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De la actividad política, hay mucho que mejorar; tenemos muchas cosas que cambiar, pero la política vale la pena. Y cuando se hace con orgullo, cuando se hace con humildad y cuando se hace pensando en el bien de los chilenos y chilenas, da resultado. Por lo mismo, agradezco a los parlamentarios, más allá de las discusiones que podamos tener y más allá de las redes sociales, la disposición a poner las urgencias de la población por delante de las disputas políticas. Se demuestra que cuando somos capaces de ponernos de acuerdo, poniendo en el centro a las personas, mejora la vida, concretamente, en nuestro Chile. Honorables miembros del Congreso Nacional, estimados compatriotas: enfrentar los desafíos que tenemos como país requiere de una estrategia integral, apuntando hacia los principales nudos de nuestras actuales dificultades que impiden que seamos una sociedad más próspera y cohesionada. Quiero que sepan que nuestra hoja de ruta considera tres ejes en torno a los cuales se concentrará la agenda y acción del gobierno en esta próxima etapa: derechos sociales, seguridad pública y desarrollo sostenible. En derechos sociales, nuestro país ha experimentado durante las últimas décadas avances importantes en materia social que han permitido a muchos ciudadanos y ciudadanas dejar atrás las manifestaciones más dramáticas de la pobreza. Pero ojo, no debemos confiarnos ni relajarnos en la lucha contra la pobreza. La mayoría de las familias chilenas tienen un recuerdo generacional respecto a lo que significa superarla, al recordatorio de los grandes esfuerzos que tuvieron que hacer y al orgullo que ese esfuerzo les provoca; dicho mérito debe ser reconocido y no ninguneado ni visto con paternalismo por la política. Junto a esta lucha, que más que una obligación política es una obligación moral, debemos transitar hacia un país en donde la igualdad sea más efectiva y la integración, junto con la equidad en las bases del desarrollo y la democracia, sea sólida. Nuestro norte, compatriotas, es avanzar hacia el reconocimiento de derechos que constituyan pisos compartidos de dignidad para cada persona que habita en esta larga y angosta faja de tierra, sin en ningún caso desconocer el esfuerzo individual. Creo y tengo la profunda convicción de que cuando colaboramos, cuando nos ayudamos, y cuando hay solidaridad y cohesión social en nuestro Chile, avanzamos mejor y más rápido. En este primer año de gobierno, pusimos el foco en mejorar las condiciones de las y los trabajadores, porque son ellos quienes logran sacar adelante a sus familias, sostienen nuestra economía y hacen posibles los cambios sociales para construir un Chile más digno y justo, como ha sido siempre, históricamente. Son las luchas de los trabajadores las que han hecho avanzar en dignidad las condiciones de vida de la mayoría del pueblo. En solo 15 meses, logramos, gracias también a ustedes, un triunfo compartido; celebremoslo juntos. Hemos cumplido nuestro compromiso de gobierno de alcanzar el sueldo mínimo de 500 mil pesos mediante un incremento que empezó a regir en mayo de este año y que estará totalmente vigente en julio del 2024. ¿Qué significa esto? Significa que en un poco más de dos años y con acuerdo de la central sindical, con diálogo con el mundo empresarial, así como con las pymes y las cooperativas, vamos a lograr un aumento nominal del 42%. No hagamos trampa: dado que la inflación proyectada durante este período es de un 19%, el aumento real será igualmente significativo, ascendiendo a un 23%, lo que resulta profundamente importante para las 941.000 familias que están afectadas por el ingreso mínimo. Asimismo, hemos logrado consagrar por primera vez en la historia un subsidio para apoyar a las MIPIMES y cooperativas en el alza de los salarios, lo que nos ayudará a que esta importante alza salarial —que generó dudas y un debate legítimo— ocurra al mismo tiempo en que estamos cuidando el empleo, pues nos importa cuidar el empleo.

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Y gracias a un amplio acuerdo social y político, logramos aprobar la ley que reduce de manera gradual la jornada laboral de 40 horas. En esta promulgación, permítanme contarles que en el evento realizado en el Parque de la Familia conocí a Lidia, madre de Baltasar, trabajadora de la PYME Entorno Circular. ¿Qué nos dijo Lidia? Su experiencia muestra lo importante que puede ser esta medida y cómo cambia la calidad de vida de una familia. Hoy, Lidia puede ir a dejar a su hijo Baltasar al colegio, quien requiere una rutina especial, ya que tiene TEA. Esta ley es una ley pro familia que permitirá más tiempo para estar juntos, para disfrutarnos, para conocernos en profundidad y para hablar. Imagínense… ¿cuántos cuentos más se contarán en las noches de los hogares de Chile, gracias a que padres y madres podrán llegar más temprano del trabajo? En definitiva, lo consideramos como un espacio para trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Agradezco a quienes, con mucho esfuerzo y a pesar de los escepticismos iniciales, empujaron esta iniciativa. Quiero destacar la colaboración de las organizaciones de trabajadores que nos acompañan en esta cuenta. ¿Dónde están? Compañeros, muchas gracias. También agradezco a los gremios de las empresas de todos los tamaños que están presentes y a buena parte del mundo político que concurrió a estos consensos para tramitar estos proyectos. Ese es el espíritu que debe primar a la hora de enfrentar los desafíos que tenemos como país, con convicción y con diálogo. Así vamos avanzando. De la misma manera, seguimos impulsando una robusta agenda en materia laboral. Presentaremos un proyecto para flexibilizar, de manera transitoria, los requisitos de acceso al seguro de cesantía, aumentando su beneficio y permitiendo que 651.000 personas accedan a él. Seguiremos combatiendo las injusticias y barreras que afectan a las mujeres trabajadoras de Chile. Este año avanzaremos en dos cuerpos legales: el proyecto de ley de equidad salarial, para cerrar las brechas salariales entre hombres y mujeres, e ingresaremos el proyecto de ley de conciliación, trabajo, vida personal y familiar, que incorpora jornadas de trabajo híbridas, turnos o permisos para acompañar a familiares a controles médicos, citaciones del colegio o diversas situaciones de emergencia. Seguimos comprometidos en ampliar, con recursos de la reforma tributaria, el derecho justo y necesario a esa cuna para todas y todos, eliminando la discriminación de género que hoy afecta a las mujeres. Porque, estimados y estimadas, trabajo y familia no se pueden contraponer. ¿Cuánto sufren los niños y las niñas y también los padres y madres al sentir que tienen que elegir entre estar con sus hijos en momentos importantes o solo dedicarle la vida al trabajo y llegar cuando ya duermen? La experiencia de otros países nos muestra que esta es la mejor forma para terminar con la desigualdad salarial entre hombres y mujeres y, además, es fundamental para avanzar en corresponsabilidad. Aquí viene un punto muy importante, y les pido a todos atención: tenemos el deber de mejorar las jubilaciones de todos los chilenos y chilenas. Hoy, no mañana, no en 10 años más, hoy, a inicios de este año, logramos, gracias a un acuerdo transversal, aprobar una ley corta que permitió...

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Ampliar la cobertura de la pensión garantizada universal o PGU a más de 70.000 personas mayores, que ya había comenzado en el gobierno anterior. Pero todo Chile sabe que eso no es suficiente. Todos ustedes saben que no es suficiente. Concretar la reforma de pensiones, luego de más de 15 años de incapacidad de ponernos de acuerdo, se ha vuelto una urgencia nacional y prioridad de nuestro gobierno. Hace siete meses presenté a este Congreso una propuesta que creemos seria y contundente para mejorar las pensiones actuales y futuras, a través de un sistema previsional mixto y equilibrado, que fortalece la libertad de elección de los afiliados, mantiene la heredabilidad de los ahorros y al que contribuyen empleados, trabajadores y el Estado, quien a su vez garantizará un piso mínimo de 250.000 pesos. Van siete meses y aún no se inicia la votación particular de este proyecto. Hoy Chile le exige al Gobierno y a este honorable Congreso Nacional responsabilidad, celeridad y compromiso en la tramitación de esta reforma, que no tiene que salir exactamente como nosotros la presentamos. Y por eso, tal como hemos logrado acuerdos transversales en otras ocasiones, podemos lograrlo aquí también si de nuevo ponemos en el centro a los chilenos y chilenas, que merecen tener una vejez digna y tranquila. Hay algunos que dicen que es mala y otros que creen que es buena; tenemos que ponernos de acuerdo y sacar la reforma de pensiones. El Gobierno está disponible para conversar cuáles son las mejores herramientas para cumplir este objetivo, y espero que este Congreso lo esté también. Nadie va a conseguir el 100% de lo que quiere; lo importante es la gente, no nosotros. Nuestros compatriotas no tolerarán un nuevo fracaso en esta materia. En materia de salud, todos sabemos aquí que garantizar el derecho a la salud y la cobertura universal significa que todas las personas, habitantes de nuestra patria, sin importar su condición social, económica o de previsión de salud, puedan acceder a los cuidados oportunos que todos merecemos. Uno de los grandes flagelos de nuestra sociedad es la llamada lista de espera. Durante el primer año de gobierno logramos avances significativos: redujimos en un 32,7% la mediana de tiempos de espera para cirugías y en un 22% la de consultas de especialistas, lo que significó que 330.110 casos que esperaban por una cirugía la obtuvieran, y lo mismo para 1.987.461 personas que requerían la evaluación de un especialista. Para lograrlo, cumpliendo con la Cuenta Pública pasada, tuvimos que inyectar 140 mil millones de pesos para extender los horarios de trabajo en los centros de salud. Los visitamos con la ministra Aguilera en el San Borja Rearán, trabajando los fines de semana y junto a los subsecretarios, reduciendo los pabellones en desuso y costeando también operaciones en centros privados de salud, porque sabemos que están por ahí. Karen Tal, que me lo ha planteado, indicó que la colaboración con el sector privado para esto es fundamental. Además, instalamos siete centros de resolución de cirugía mayor ambulatoria en regiones de Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana y la Araucanía. Esto suena como un gran avance, pero no es suficiente. La mitad de las personas hoy aún debe esperar más de 330 días para realizarse una cirugía y más de 260 para atenderse con un especialista, y eso es inaceptable. Me pregunto: ¿quiénes de los presentes en esta sala tolerarían estos tiempos de espera? Quiero señalarles que es nuestra prioridad reducir en un 40% los tiempos de espera al finalizar mi mandato; y esto, en números, significa bajar de los actuales 330 días de espera para una cirugía a 200, llegando a la menor cifra en los tiempos de lista de espera desde que estos se registran centralizadamente. Es una meta ambiciosa, pero sé que lo lograremos fortaleciendo nuestra red pública y su productividad y también...

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Buscando nuevas e innovadoras formas de colaboración con el sector privado. Esto va a ser un tremendo esfuerzo. Y para sostenerlo de manera responsable, nuevamente, estimados congresistas, necesitamos de recursos adicionales, y es una razón más para insistir en la importancia de la reforma tributaria. De la mano con la reducción de las listas de espera, concretamos también uno de los hitos más importantes en la salud pública del último tiempo, que nos dijeron que era imposible: el copago cero. Y gracias a esta medida, la salud pública hoy es gratuita para todas y todos los usuarios de FONASA. Son más de 5 millones de personas, son familias de clase media que ya no tienen que pagar un porcentaje por sus atenciones o tratamientos. A la fecha, son más de 650.000 usuarios beneficiados. Y quiero que dimensionemos esto bien: ¿qué es lo que significa? Voy a poner un ejemplo concreto. Daniel, hace 15 años, recibe un tratamiento por una enfermedad crónica en el Hospital San Borja y, hoy, gracias al copago cero, dejó de preocuparse por los más de 300.000 pesos mensuales que tenía que pagar. 300.000 pesos mensuales. Guaymará, con quien estuve en Cerro Navia, tuvo un periodo en que su familia no contó con recursos para solventar las inyecciones que necesitaba, y gracias al copago cero hoy ha podido retomar su tratamiento sin ese costo. Sé, estimados, que tenemos muchísimas cosas más que avanzar en salud. Sé que todavía hay muchas enfermedades que son carísimas y difíciles de costear. Sé que los bingos existen y que, sin lugar a dudas, no solamente nos conmueve, sino que estamos trabajando para ello. Fortalecer la atención primaria y avanzar hacia su universalización es una prioridad. Esta estrategia se enfoca en generar salud y bienestar, y no solo en tratar enfermedades; la salud no es solamente la ausencia de enfermedad, es el bienestar integral de la persona. Hoy contamos con siete comunas pioneras: Canela, La Cruz, Renca, Alhué, Coltauco, Linares y Perquén. Tenemos el compromiso de expandir gradualmente el número de comunas que cuenten con este sistema y brindar atención gratuita y cercana que pueda prevenir y resolver la mayoría de los problemas de salud de quienes viven en estos territorios, sin necesidad de tener que recurrir a un hospital. También en Chile somos cada vez más conscientes, a veces de manera trágica, de que la salud mental importa, y de las barreras que existen para acceder a una salud mental digna. Saben ustedes que una de cada cuatro personas en nuestra patria tiene algún padecimiento vinculado a la salud mental, y de ellas solo el 20% recibe algún tipo de tratamiento. No es aceptable. Por eso, ante el país, reafirmo mi compromiso para materializar la mayor inversión en salud mental de los últimos 30 años. Vamos a habilitar al menos 15 centros y dejaremos en desarrollo otros 23. A la fecha, y tal como prometimos, ya se encuentra en funcionamiento el nuevo centro en San Antonio y, este 2023, inauguraremos los centros de Villarrica y Quellón. Permítanme, en este punto, hacer una breve reflexión. En el último tiempo hemos conocido lamentables casos de jóvenes que se han quitado la vida. Nadie sabe el dolor que una persona puede cargar por dentro. Los invito, compatriotas, a que nos juzguemos menos y nos escuchemos más; a que nos miremos a los ojos con empatía y cariño, en vez de con sospecha, y que, de esta manera, con algo tan simple como una palabra —quizás no tan común en política, pero necesaria—, con cariño, podamos tratarnos mejor.

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Evitemos tanto juicio rápido, escuchemos y entendámonos. Debo referirme también a un tema contingente y delicado para toda la sociedad, pero en particular para tres millones de personas que hoy están afiliadas a una ISAPRE. Las ISAPRES, como todos sabemos, han sido condenadas por la justicia, la Corte Suprema, a devolver los cobros excesivos que realizaron a sus usuarios durante años. Como he señalado antes, nuestro gobierno está abierto a buscar las mejores soluciones y alternativas que permitan cumplir y respetar el fallo de la Corte de manera responsable y que no ponga en riesgo las prestaciones a estas miles de familias. Podemos mejorar la ley, la ley corta que presentamos a tal efecto, pero reitero: Chile no podría entender ni aceptar un nuevo perdonazo. Pasemos a educación, porque allí las desigualdades y los desafíos se agravaron fuertemente durante la pandemia. Esto, como sabemos, fue un fenómeno global, pero que pegó particularmente fuerte en Chile. Y, como he dicho antes, también debemos ser autocríticos respecto a quienes insistimos en mantener cerradas las escuelas por tanto tiempo. En todos los países ha habido dificultades pedagógicas y de convivencia para el retorno a clases, pero en enero de este año convocamos a expertos de distintos sectores para conformar un plan de reactivación educativa, un consejo para la reactivación educativa. Y en este marzo dimos inicio al Plan Nacional de Reactivación, que busca reducir el ausentismo escolar, fortalecer los aprendizajes y mejorar la convivencia y la salud mental. Nuestra voluntad, junto al trabajo de profesores y el empuje de todos los actores políticos, es trabajar unidos para que ningún niño, ninguna niña, ningún joven se quede atrás. Con este marco, iniciamos una campaña para convocar a 20.000 tutores voluntarios con el fin de reforzar habilidades de lectoescritura en todo Chile, y a la fecha, pese al escepticismo que generó este anuncio en un momento, ya tenemos 16.000 tutores inscritos y en proceso de capacitación. Junto a ello, estaremos incorporando 1.300 profesionales y técnicos de la educación a lo largo del país para poder revincular a quienes han dejado las aulas. Durante nuestro primer año avanzamos en reducir la inasistencia grave en un 13% y, para el 2025, tenemos metas claras: disminuir a la mitad los estudiantes que presentan un nivel de inasistencia grave, alcanzar el promedio de asistencia previo a la pandemia y elevar la tasa de revinculación anual a un 45% de los estudiantes que han sido desvinculados. A lo largo del país, estimados y estimadas, hemos invertido también más de 119 mil millones de pesos para reparaciones y mejoras en escuelas y colegios, y para este año proyectamos avanzar hasta los 155 mil millones de pesos, especialmente en sectores rurales. No me olvido del compromiso que tenemos con Juan Fernández y que estamos avanzando. Durante junio presentaremos, además, otro proyecto de ley para mejorar el sistema de aseguramiento de la calidad de la educación, y con esto buscamos que los colegios no pierdan su reconocimiento oficial según su desempeño, sino que reciban el apoyo prioritario del Estado para mejorar. Asimismo, hemos ingresado un proyecto de ley que ajusta y corrige algunos aspectos del proceso de traspaso, instalación y funcionamiento de la nueva educación pública, y estamos convencidos de que la educación pública es la columna vertebral del sistema educativo. Además, estamos fortaleciendo en calidad, gobernanza e infraestructura los centros de formación técnica públicos. En 2022 invertimos más de 14 mil millones de pesos y, en 2023, seguiremos adelante con un presupuesto que crece un 112% con respecto al año anterior. Compatriotas, no podemos avanzar hacia el futuro sin reconocer las deudas del pasado. Y Chile tiene una deuda histórica con los profesores, generada en dictadura. Debo, frente a esto, ser muy sincero y responsable: el Estado de Chile no cuenta hoy con los recursos suficientes para hacerse cargo de toda esa raparazón.

01:25:00

Y por ende necesitamos de llegar más recursos con la reforma tributaria. De aprobarse esta, inmediatamente presentaremos un proyecto para cumplir con este compromiso e invito a esta sala y a quienes murmuran a hacer parte de este noble y necesario gesto de reparación. Pero no es suficiente. Son demasiados los profesores y profesoras que nos han dejado en esta larga espera, y esta dura realidad nos obliga a actuar de inmediato. Por eso, como Presidente de la República, estoy disponible para que, considerando las limitaciones actuales de presupuesto, lleguemos a un acuerdo con los representantes de los maestros y maestras para abordar ya las situaciones más urgentes. Lo siento personalmente como un deber moral, y aunque sé que con esta respuesta aún no basta, creo que es una señal que muestra nuestra voluntad de hacernos cargo de esta deuda histórica. Han sido demasiados años de portazos, de dolores y de despedidas para los profesores. Por ello, los invito a que no juzguemos esto ideológicamente, sino desde el sentido y el fin que queremos otorgarle a estos recursos. Además, como país tenemos otra deuda que saldar: la de quienes cargan con una pesada mochila por haber accedido a la educación superior. Terminar con el crédito con aval del Estado, establecer un nuevo sistema de financiamiento imperativo para quienes no tienen gratuidad y aliviar la carga de las deudas educativas que parecen eternas son compromisos que vamos a abordar con convicción y diálogo. El año pasado me comprometí a ingresar un proyecto en la medida en que seamos capaces de ponernos de acuerdo respecto a un nuevo pacto fiscal. Ese compromiso sigue plenamente en pie. Por último, quiero referirme a los liceos emblemáticos de Santiago. Han sido ustedes —y me dirijo directamente a ustedes—, a lo largo de la historia de Chile, un orgullo para la nación y un semillero de grandes talentos. Los invito a que, junto a todas las comunidades educativas, recuperemos esa tradición. Las puertas del Ministerio de Educación están abiertas para solucionar, con plazos y compromisos concretos, las problemáticas que han identificado, pero sin violencia. Fui dirigente estudiantil y entiendo la frustración que pueden generar las promesas por años no cumplidas. Pero les aseguro también que las molotovs, los overoles blancos y el amedrentamiento a quienes piensan distinto no son —ni serán nunca— el camino para avanzar, sino todo lo contrario. ¡Recuperemos, juntos y juntas, las comunidades escolares, la educación pública y el orgullo de Chile por esta! Estimados y estimadas, ustedes lo habrán visto a lo largo de este año: ha sido evidente el rol y la importancia que para este gobierno han tenido los niños y niñas de Chile. He visto en sus ojos y en su mirada las ganas de ser considerados, de que sean tomados en serio. Sé que hay muchos que, quizás en este momento, nos están escuchando; se sienten protagonistas y exigen su espacio, y les agradezco por la energía que me transmiten en sus cartas y dibujos. Sepan que estamos trabajando firmemente para ustedes, porque sabemos que en Chile los derechos de los niños y niñas no siempre se protegen por igual. El lugar de nacimiento, desgraciadamente, muchas veces determina injustamente que existan infancias brutalmente vulneradas: niños y niñas que sufren abuso, maltrato y abandono, y que son permanentemente testigos o víctimas de violencia.

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En beneficio económico de adultos, y para trabajar por el bienestar de la niñez, vamos a, con el Ministerio de Desarrollo Social y, en particular, con la subsecretaria que tiene una gran experiencia en esta materia, Verónica Silva, ponerlo como una prioridad central del Gobierno. En cada rincón del país que he visitado y en cada una de las cartas que he leído se expresan sueños, preocupaciones e ideas para construir un mejor presente y un mejor futuro para Chile. Y en esto tenemos buenas noticias. En marzo del 2022, tras siete años de tramitación, fue promulgada la Ley sobre Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia, que mandata al Estado a promover, respetar, proteger y asegurar los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Implementar esta ley, a pesar de las dificultades, ha sido una misión importante para nuestro Gobierno. Cuando asumimos, una de nuestras urgencias era poder mejorar las condiciones de los centros administrados por el Estado, donde sabemos que se han vivido situaciones de vulneraciones gravísimas respecto a los derechos de los niños. A propósito de eso, nuestro ministro de Justicia está trabajando para hacerse cargo de ese dolor y encontrar todas esas verdades que aún nos faltan. Durante el 2022 se concretó el cierre de tres de esos centros y se abrieron cuatro nuevas residencias familiares, alcanzando un total de 27 residencias familiares de administración directa en funcionamiento, lo que ha permitido mejorar la calidad de la oferta del cuidado alternativo. Adicionalmente, estamos implementando el Plan de Acción Niñez Protegida, con foco en el resguardo de niños, niñas y adolescentes al cuidado del Estado en situaciones de crisis, mediante un monitoreo y acompañamiento de casos. Este plan cuenta con 85 medidas intersectoriales que fueron acordadas por la Comisión Coordinadora Nacional de Protección y, en marzo de este año, el 66,9 % de las medidas comprometidas por los órganos del Estado se encuentran en progreso, en un trabajo conjunto que no solo involucra al Gobierno. Quiero agradecer, en esta tarea, también a la defensora de la niñez, Patricia Muñoz, quien además hoy cumple su período y deja su cargo. Muchas gracias por su labor en levantar una institución y velar por los derechos de los niños. Además, avanzando decididamente en la implementación efectiva de la ley de garantías, el año pasado iniciamos la instalación de 90 oficinas locales de la niñez, que hoy ya están en funcionamiento, y este año avanzaremos con otras 112. Estas oficinas constituyen una nueva institucionalidad en la que las municipalidades son imprescindibles para prevenir y proteger a nuestros niños, niñas y adolescentes de vulneraciones de derechos. Queremos avanzar lo más rápido posible para llegar a todo el país y, por lo tanto, hoy asumo el compromiso de que las oficinas locales de niñez estarán funcionando en todas las municipalidades de Chile de aquí al 2025, dos años antes de lo que nos mandata la ley. Muchas gracias a los alcaldes y alcaldesas que han apoyado enormemente la implementación de esta nueva institucionalidad como cogarantes de los derechos de la niñez y adolescencia. Pero debemos hacer más aún, porque todos acá nos hemos escandalizado, conmovido y desgarrado al conocer las vulneraciones que sufren estos niños, y aún no hemos hecho lo suficiente. Han existido iniciativas – no las estamos inventando ni partiendo de cero – y tuve la oportunidad de participar en el Acuerdo Nacional por la Infancia, convocado en su momento por el presidente Piñera y dirigido por el exministro Moreno, en el que, con una participación transversal de la sociedad civil, parlamentarios y autoridades, logramos llegar a bastantes consensos para implementar medidas; se ha avanzado, pero falta mucho más. Por ello, velando por el bienestar integral de la niñez de nuestro país, anuncio aquí la implementación de un plan integral para el bienestar de niños, niñas y adolescentes, con énfasis en los territorios más vulnerables y bajo el convencimiento de que es con la participación activa de las familias, las comunidades y los propios niños y niñas que vamos a lograr la satisfacción de sus derechos. Este plan contempla cerca de 20 iniciativas de diferentes ministerios, con una gran inversión adicional de miles de millones de pesos durante la administración, pero que no voy a detallar en toda su fineza por el bien del tiempo, aunque estará disponible en la…

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Cuenta extendida. Espero que esta agenda por la niñez cuente con todo el apoyo transversal, no solo de los parlamentarios y parlamentarias, sino de toda la sociedad. La cultura, la cultura que es el espíritu del pueblo, que lo trasciende y que ha soportado tantas precariedades históricas, especialmente durante la pandemia, ha sido el eje de nuestras acciones. Tal como nos comprometimos en el año 2022, implementamos medidas de apoyo sin concursos para reactivar el sector cultural. Asignamos más de 2.800 millones, impulsando el empleo en ferias, festivales y presentaciones de todas las regiones del país, y además entregamos apoyo a más de 32.000 trabajadores culturales, aliviando la disminución de ingresos durante la pandemia. Además, estamos trabajando intensamente. Ya se realizaron 28 diálogos sociales en los que participaron más de 600 agentes culturales, artísticos y patrimoniales, los cuales sentaron las bases para el Estatuto del Trabajador Cultural, que espero vea la luz prontamente. Y mantengo a firme la decisión de avanzar, durante nuestro mandato, al 1% del presupuesto en cultura. Estimados y estimadas, en algún momento de nuestras vidas cada uno de nosotros requerirá cuidados, y seguramente nos tocará cuidar a alguien. Las personas que requieren cuidados demandan una sociedad más solidaria y justa, que entregue el apoyo necesario para poder desarrollarse de manera íntegra. Mientras tanto, quienes cuidan –principalmente mujeres, las cuidadoras de trabajos no remunerados– deben ser reconocidas y apoyadas en su labor, avanzando paralelamente en corresponsabilidad. Decir que bañar a una persona postrada no es trabajo es negar que cuidar a alguien es, en efecto, un trabajo físico fuerte. La mayoría acaba dejando de trabajar remuneradamente para cuidar a sus personas mayores o a sus hijos enfermos, renunciando al mercado laboral para sostener a sus familias en condiciones de pobreza. Nuestro país inexorablemente envejece y un país desarrollado no puede seguir descansando solamente sobre los hombros de las mujeres, como ha sucedido en gran parte hasta ahora. De eso se trata un sistema nacional de cuidados: de un Estado que protege, acoge, apoya y sostiene tanto a quienes deben cuidar como a quienes requieren ser cuidados. En esto somos realistas: vamos a sentar las bases de un sistema nacional de cuidados, tal como la Presidenta Bachelet en su momento sentó las bases de un sistema solidario de pensiones. Esperamos que otros continúen este legado, aunque todo camino, por difícil que sea, debe comenzar por el primer paso. Por ello, quiero hacer una especial mención a las organizaciones de cuidadoras que, año tras año, han visibilizado y relevado este tema. Pienso, por ejemplo, en Gilda, de la Región Metropolitana, que durante años cuidó a Lucía, su madre, brindándole cariño, protección y dedicación, cubriendo todas las necesidades hasta sus últimos días. Es inevitable, y estoy seguro de que ustedes también, sentir que nuestro país ha hecho muy poco por personas como Gilda y Lucía, y que este drama del cuidado no remunerado debe dejar de vivirse únicamente en el ámbito privado. Queremos que sea un compromiso de toda la sociedad. Por ello, para reconocer las labores de cuidado hemos creado un registro nacional de personas cuidadoras. A la fecha, ya hay más de 50.000 personas inscritas que tienen acceso preferente a distintos servicios públicos. Y cuando voy a regiones, como recientemente en Huasco, me mostraron el carnet con orgullo: yo cuido.

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Además, abrimos 57 nuevos centros diurnos de personas mayores y construimos dos nuevos ELEAM para personas mayores en Tarapacá y Ñuble, cumpliendo con el compromiso de que cada región del país cuente con al menos uno de ellos. La creación del Sistema Nacional de Cuidados requiere de una ley y, por eso, este año presentaremos el proyecto que crea esta red integrada de servicios e instituciones para que nadie más enfrente solo la tarea de cuidar, y esperamos contar para ello nuevamente con todo vuestro apoyo. Una vez más y relacionado con lo anterior, reafirmo que nuestro gobierno es el gobierno de las mujeres de todo Chile. Y estamos, mujeres de nuestra patria, trabajando, no para ustedes, con ustedes, para construir un Chile más justo donde la igualdad sea una frase y no una realidad. Aprovecho de felicitar el aniversario, hoy día, del Ministerio de la Mujer, ministerio Nobel, pero que cumple años y está avanzando. ¿Dónde está la Ministra de la Mujer? Felicitaciones a todo su equipo, a la senadora Pascual —que por ahí está—, a la exministra Carolina Smith, si no me equivoco, a la ministra Plada, a todas quienes formaron parte de la construcción de este ministerio, y, por cierto, a la Presidenta Bachelet, que lo creó. Tenemos una política de transversalización. En cada ministerio, en cada servicio, nos preguntamos cómo llega el Estado a toda la población sin excluir a las mujeres por secretaría, por normas antiguas o por falta de visión. Lo hacemos a través del programa Chile para Todas, en donde, por ejemplo, rebajamos el precio de anticonceptivos, extendimos el postnatal de emergencia, aumentamos en un 51% el número de mujeres conductoras del transporte público regulado y apoyamos a mujeres de la pequeña agricultura con el primer concurso de riego para mujeres. Y en esto destaco también las iniciativas que, desde el sector privado, se están tomando para que no solamente las mujeres recuperen la inserción laboral previa a la pandemia y avancen más allá, sino también para que haya más mujeres en los directorios y representantes en los gremios, que en eso se ha avanzado últimamente. Hoy, estimados y estimadas, la violencia sexual se vive cada vez menos en silencio y las denuncias por violación han aumentado en un 10,6% desde los años prepandemia. Es por esto que, a fines del 2022, incorporamos la violencia sexual a las garantías explícitas en salud (GES) y, este año, dispondremos de los fondos para dos nuevos centros de atención en violencia sexual en Coquimbo y Alto Espicio. Como punto de llegada, vamos a trabajar para que cada región tenga su propio centro. Adicionalmente, financiaremos nuevas casas de acogida en las regiones de Coquimbo, El Paraíso, Bio Bio y la Araucanía. Para poder cumplir con esto, insisto: pongámonos de acuerdo en cómo lograr más recursos. Acá no estamos hablando de llenarnos los bolsillos; estamos hablando de políticas concretas en las que queremos invertir. Necesitamos más. Pongámonos de acuerdo, si es que concordamos en esa necesidad, en conseguir esos recursos. No estamos tan lejos. Se puede. Con esa misma convicción, avanzamos en un mínimo de justicia para madres y sus hijas e hijos, implementando el Registro Nacional de Deudores de Pensiones de Alimentos y aprobando la Ley de Responsabilidad Parental y pago efectivo de estas deudas. Una deuda conocida que es de más de 90 mil millones de pesos. Y, imagínense, ¿cuántas mujeres ustedes conocen, piénsenlo, que no se atreven a denunciar por miedo a la violencia o a tener que transformarse en detectives? Eso es lo que cambia esta ley. Seguramente vamos a tener más denuncias ahora, pero vamos a estar transparentando lo que es verdad: un flagelo inaceptable que es la violencia económica. Estas mujeres ya no están solas.

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En materia de migración, nuestro país –y lo conversábamos recientemente en Brasil con los presidentes de América del Sur– necesita herramientas para que la migración sea ordenada, segura y regular. Por eso, nuestro trabajo se ha enfocado en fortalecer la respuesta y la presencia del Estado en la frontera, también, como decía antes, con la colaboración de las policías y las Fuerzas Armadas, y en mejorar la gestión administrativa de la población extranjera que ya ingresó al país, haciendo esfuerzos por mejorar la convivencia entre la población extranjera y nuestros nacionales. Todo ello, siempre desde una perspectiva de derechos humanos y resguardando la dignidad de todos. En el primer ámbito, desplegamos a las Fuerzas Armadas de la frontera para apoyar la labor de Carabineros y la PDI. Los resultados demuestran que tenemos más y mejor control de nuestras fronteras, ya que la entrada irregular de migrantes –evidenciada en lugares como Chacayuta y Colchane– ha disminuido en un 56% durante los últimos cinco meses de 2023, en comparación con el mismo periodo de 2022. En materia administrativa, cuando llegamos al gobierno había medio millón de solicitudes de residencia pendientes y, tras un año de intenso y difícil trabajo, logramos reducir a la mitad el tiempo de tramitación de los migrantes regulares. Respecto a la migración irregular, en 11 días más comenzará un proceso de empadronamiento biométrico de las personas en esta situación, lo que permitirá conocer las identidades y antecedentes penales de quienes hayan ingresado de manera irregular al país. Para promover una migración ordenada que considere las necesidades de las comunidades, y que fomente la integración armónica y el respeto a los derechos tanto de las comunidades como de las personas migrantes, este mes presentaremos la primera Política Nacional de Migraciones del país. Esta política estará basada en un enfoque responsable de seguridad, respeto a los derechos humanos y en la gestión administrativa y documentación de la población extranjera en nuestro territorio, además de la regulación y el control de los flujos migratorios. Finalmente, ingresaremos un proyecto de ley en esta materia que busca resolver asuntos tan relevantes como la sanción al transporte irregular de personas, el aumento de causales de no ingreso y la facilitación de la expulsión administrativa por reiteración de faltas graves. Pasando a otro tema, la vivienda. ¿Cuántos de ustedes, parlamentarios y parlamentarias, se reúnen cotidianamente con dirigentes, principalmente de comités de viviendas, que llevan años esperando por tener una vivienda propia? Por esa realidad, en julio del año pasado lanzamos, junto con el Ministerio de Vivienda y el ministro Carlos Montes, el plan de emergencia habitacional para entregar 260.000 viviendas durante nuestro mandato. Nos decían que era demasiado ambicioso y que no íbamos a poder cumplirlo; incluso se titularon portadas con ese pesimismo infundado. Es cierto que el plan es ambicioso, pero también es responsable, y lo vamos a lograr: hasta la fecha se han entregado 60.222 viviendas y otras 131.077 se encuentran en construcción. Sabemos que esto no debe ser una competencia entre el gobierno anterior y el actual, sino una continuidad, es tarea de Estado. Muchas de las viviendas que se inauguran comenzaron en el gobierno anterior e incluso algunas en el gobierno anteanterior, y es importante resaltarlo para que, en estos temas, no haya rivalidad, sino colaboración, y nos sintamos orgullosos por los logros alcanzados como Estado. Uno de los principales obstáculos que hemos enfrentado para desplegar este plan ha sido el acceso a terrenos bien ubicados y aptos para construir, pues no se trata de replicar recetas de décadas pasadas en las que a quienes no tienen vivienda o son pobres se les asignaba la periferia sin servicios. Por ello, durante nuestro gobierno, el Ministerio de Bienes Nacionales, dirigido por la ministra Javiera Toro, ya entregó 16 terrenos fiscales en Arica, Antofagasta, Calama, Lobarnechea, San Miguel, Papudo y Cocrán, en los que se construirán más de 3.100 nuevas viviendas.

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Que seguramente le tocará a varias de ellas inaugurar o entregar al próximo gobierno. El Ministerio de Bienes Nacionales ha liderado también en un diálogo con las Fuerzas Armadas, a quienes nuevamente agradezco su colaboración, lo que ha permitido concretar con el Ejército el traspaso de 12 terrenos. El Ejército ha mostrado particularmente una buena voluntad en este tema que es complejo, y se están gestionando 30 terrenos más. Estamos hablando de terrenos bien ubicados, como—y ustedes, que son parte de estas ciudades, lo conocerán—retazos del regimiento Pudeto en Punta Arenas, donde íbamos a patinar cuando chicos; o del campo militar en Valdivia; o del regimiento Buina en Recoleta, en donde vamos a construir más de mil nuevas viviendas. Queremos también ayudar a miles de familias de clase media, esa clase media tan apretada, tan apretada por el Estado y los bancos, por la falta de crédito y la falta de apoyo del Estado. Queremos apoyarlas a acceder a un crédito hipotecario para su primera vivienda. Por ello, es que desde abril es posible postular a una garantía estatal del 10% para el pie del crédito hipotecario para una vivienda con tope de 4.500 UF. Y, para aliviar el endeudamiento de los créditos hipotecarios, vamos también a enfrentar los remates vigentes de viviendas adquiridas con subsidio MIMBU, para que las familias puedan ponerse al día sin la angustia de perder su hogar. Nótese que esta es una realidad que también está empezando a pasar con deudores de CAE, incluso quienes no pudieron terminar sus estudios. Por eso, este tema es una urgencia de la que tenemos que hacernos cargo, no es un capricho. Pero sabemos que no basta con construir viviendas; también tenemos que construir una mejor ciudad. Y ese es el enfoque del Plan Ciudad de Justa, que construirá proyectos habitacionales integrales. Por ejemplo, y con gran orgullo—porque me tocó verlo con la alcaldesa actual, la alcaldesa Erika Martínez de San Miguel, en la Ciudad del Niño de San Miguel, en el sector sur de Santiago—en lo que pretendía ser un conjunto amenazado por voracidad inmobiliaria, se van a construir, a partir de 2024, 1.200 viviendas sociales con acceso a servicios básicos, áreas verdes y transporte público, porque el sector sur de Santiago también tiene derecho a tener áreas verdes. Y, para beneficiar a más de 10.000 familias, en 2025 extenderemos este plan a las regiones de Antofagasta, Atacama, Coquimbo, Maule, Araucanía, Los Ríos y Magallanes, porque todos los compatriotas, sin importar sus ingresos o el tamaño de sus viviendas, tienen derecho a espacios verdes, a parques, a plazas, a lugares de encuentro, a disfrutar la ciudad y compartir su belleza. Hace poco les recomiendo, no la voy a leer porque después me retan, que leo muchos poemas, pero hay una carta de Gabriela Mistral en la revista Mireya, que recogió un columnista hace poco, Rodrigo Guiandre, si no me equivoco, y que habla del derecho a tener una ciudad linda, del derecho a deleitarse con la belleza de la ciudad. Les recomiendo ese texto, está en la revista Mireya. Transporte y conectividad. Hoy son miles de compatriotas, lo saben ustedes; lo hemos sabido nosotros, los que gastan parte importante de su tiempo en traslado sin contar con medios de transporte de calidad y con la frecuencia necesaria, y esto es particularmente duro en los sectores rurales. El año pasado invitamos a nuestro país a soñar y a recuperar nuestra tradición ferroviaria, que nos conecta con nuestra historia a la vez que nos muestra el futuro que queremos para Chile. Y este año dimos un paso significativo, varios pasos significativos: presentamos el trazado del tren que conectará el Gran Santiago con el Branda, el Paraíso y sus ciudades del interior. También, recuerdo que el senador Chaguán me lo había dicho; además, recibimos los trenes más rápidos de Sudamérica, que pronto van a comenzar a transportar pasajeros entre Chillán y Santiago en tan solo 3 horas y 40 minutos. Y hoy...

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Quiero anunciarles que vamos a seguir con esta política, porque vamos a sumar tres nuevos servicios de trenes entre el Maule y los Lagos, que van a conectar las localidades del interior con sus capitales regionales. Ese es nuestro plan de trenes de cercanía 30-30 y comenzará este mes con el recorrido Lautaro en Temuco. Y en el corto plazo pondremos en marcha los recorridos de Curicota al Calinares, en el Maule, y de Yanquibo en La Paloma, en los Lagos. ¡Chileros y chilenas! Recordando orgullosos nuestra historia, no abandonaremos el anhelo de tener un servicio de tren rápido entre Santiago y Concepción. Por eso estamos avanzando en los estudios de pre-factibilidad necesarios para habilitar la construcción del Acceso Norte. Estas no son cosas fáciles y son tareas de Estado; tareas que nosotros iniciamos y asumimos, que se habían realizado en el pasado y que corresponderá continuar a las siguientes generaciones. Pero tenemos que avanzar; Chile no nos demanda. Por eso quiero destacar el gran trabajo del Ministerio de Transporte, con su sempiterna alegría, junto a Juan Carlos Muñoz y su optimismo. Tan extraña es la política, pero este gran trabajo lo está realizando el Ministerio en conjunto con la Empresa de Ferrocarriles del Estado para que el sueño de trenes para Chile sea una realidad, porque queremos más trenes para Chile y lo vamos a lograr. También tenemos buenas noticias en materia de fortalecimiento de la red pública de buses, en donde destinamos más de 250 mil millones de pesos para adquirir buses de calidad, mejorar paraderos y señalización. No voy a detener el detalle, solo decirles que hemos incorporado a comunas como Limacho, El 9, Buin, Paine, Chillán, Chillán Viejo y Tomé a la Red Nacional de Transporte Público regulado, lo que permite mejorar la calidad, la frecuencia y la confiabilidad de los recorridos. Además, en el transporte regulado incorporamos al Gran Concepción, aunque soy consciente de los tremendos problemas que aún persisten en el tránsito al sur del río Ubío, situación que preocupa tanto al gobernador Díaz como a los parlamentarios. También hemos incorporado un sistema innovador en las casas y en las áreas rurales de la región metropolitana, en localidades como Talagante, Melipilla y Peñaflor, lo que beneficiará a más de 5.200.000 personas. Durante el 2024 comenzará a funcionar el esperado electrocorredor que conectará Coquimbo con La Serena, y además incorporaremos buses eléctricos en Antofagasta, Colina y Etictip. Para el 2025 proyectamos implementar, en conjunto con las autoridades locales, un nuevo sistema de transporte público en todo el Gran Valparaíso que tanto se lo merece. ¿Estamos con paciencia todavía? No hablamos de seguridad, entonces. Antes de llegar a ese tema, permítanme referirme brevemente a materias internacionales. Porque mientras hemos trabajado en estos y otros desafíos en el interior del país, también nos hemos ocupado de la arena internacional, poniendo siempre por delante el interés de nuestra patria, su soberanía y el bienestar de los habitantes de Chile. Y una de las características que hace especial a nuestra patria –y que he tenido la oportunidad de apreciar de cerca al representarla– es su condición antártica. Somos uno de los países miembros fundadores del Tratado Antártico y una de las pocas vías de entrada estratégica a este continente de ciencia y de paz. Por eso me enorgullece muchísimo dar cuenta de la reciente inauguración del centro subantártico universitario Cabo de Hornos, en la ciudad de Puerto Williams, en la isla de Navarino, prácticamente lo más al sur, en el sector más poblado de Puerto Toro, el cual será liderado por la Universidad de Magallanes en conjunto con un consorcio de universidades para reforzar nuestra vocación antártica. Y esto lo saben, no es sorpresa, lo hemos conversado.

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Conjunto con los comandantes en jefe de las tres ramas de las Fuerzas Armadas –Ejército, Armada y Fuerza Aérea–, con quienes inspeccionaremos en terreno las áreas de mejora que requieren nuestra presencia en el continente, y esto será durante las próximas semanas. Esto se suma a la reciente votadura al mar, que es el término que se utiliza –no es que lo hayamos tirado a la deriva–, de parte de la Armada, del primer rompellenos construido íntegramente en Chile por nuestro Amar, motivo de orgullo, el buque Oscar Vielle. Tiene especificado un mejor despliegue científico, civil y militar. En materia económica y social, logramos concretar la modernización del acuerdo entre Chile y la Unión Europea. Algunos pensaron que no queríamos hacerlo, pero queríamos hacerlo bien, defendiendo los intereses de Chile, y así lo logramos. Pronto estaré con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, justamente para tratar estos temas. Este avance nos permitirá mejorar nuestro acceso al mercado europeo, fortalecer los estándares de protección ambiental y laboral y establecer un marco jurídico para el comercio digital. Además, pese a que desde el gobierno tuvimos reparos –que son por todos conocidos y sería absurdo negarlo–, respetamos como corresponde en democracia la voluntad expresada por el Honorable Congreso Nacional de hacernos parte plena e íntegramente del Tratado Internacional y Progresista de la Asociación Transpacífico (CPTPP). También estamos estrechando nuestros lazos con América Latina. Hoy puedo anunciar con orgullo que Chile será, junto a Colombia y Brasil, cuantitrión de la primera cumbre latinoamericana para una tributación global incluyente, sostenible y equitativa. Además, estamos participando en la reactivación de la integración sudamericana. Más allá de las ideologías, con los 12 países participantes y aportando propuestas concretas que redunden en beneficio de nuestros pueblos en materia de cultura, migración, coordinación de las policías para el combate a la delincuencia transnacional y en la forma en que enfrentamos juntos la crisis climática. Noten ustedes que el fenómeno del Niño, que se cierne amenazante sobre las costas del Perú, no le importa dónde está la frontera entre Chile y Perú; va a pasar de igual manera y tenemos que trabajar unidos en ello. Nuestra región es la América mestiza y estamos orgullosos de ser latinoamericanos. Desde aquí, desde Latinoamérica, le hablamos a todos. En materia ambiental, gracias al liderazgo de nuestra ministra de Medio Ambiente, Maisa Rojas –quien nos ha representado de una manera impecable en instancias tan importantes como la COP y en reuniones de alto nivel para la protección de los océanos– hemos asumido una posición de liderazgo reconocida en el mundo entero. Junto a importantes socios como Canadá, Estados Unidos, México y Colombia, concretamos el acuerdo para un corredor de protección marina a lo largo del Pacífico Americano. En las próximas semanas se depositará en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York el Tratado de los Océanos, después de 16 años de discusión. Además, Chile, nuestro país, ha presentado su candidatura para ser sede del tratado, apostando a ser la capital mundial de la protección de los océanos, siguiendo nuevamente el legado de la presidenta Bachelet. Desde el retorno a la democracia, nuestro país ha cultivado una tradición basada en la integración y la cooperación internacional. Así lo hicieron los gobiernos del presidente Elwin, del presidente Frey, del presidente Lagos, del presidente Piñera y de la presidenta Bachelet, y siempre hemos promovido y defendido los derechos humanos en todo momento y lugar. Por ello, apostamos a integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para el período 2023-2025, y es un honor para todo el país que hayamos sido electos con la primera mayoría. Por último, en junio del año pasado, Chile depositó ante la Organización de Estados Americanos, a través de la Secretaría General de esa entidad, la ratificación del Protocolo adicional a la Convención Americana de Derechos Humanos en materia de derechos económicos, sociales y culturales, conocido como Protocolo de San Salvador. Quiero que sepan, tal como hemos dado muestras...

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